Índice | Palabras: Alfabética - Frecuencia - Inverso - Longitud - Estadísticas | Ayuda | Biblioteca IntraText
Manuel José Quintana
El duque de Viseo

IntraText CT - Texto

Anterior - Siguiente

Pulse aquí para desactivar los vínculos a las concordancias

Escena VI

ENRIQUE, ATAIDE.

ENRIQUE.

        «Para siempre

 

Nos volvemos a unir», la sombra dijo

 

Salid de mí, palabras ominosas;

 

Dejad de retumbar en mis oídos

 

¡Más aún truenan! La muerte y el infierno

 

El premio van a ser de los delitos

 

Con que al mundo espanté... Triunfa, Eduardo,

 

Triunfa de tu frenético asesino;

 

La suerte que le aguarda es tan tremenda,

 

Que de ella al fin te apiadarás tú mismo.

ATAIDE.

Calmaos, señor; el cielo inexorable

 

No rechaza al mortal que arrepentido,

 

Detestando sus crímenes, se vuelve

 

De la virtud al generoso abrigo.

 

Si aquesos sentimientos rencorosos

 

Que en vuestro corazón siempre han vivido

 

Sacudís de una vez, quizá escuchados

 

Serán de la piedad vuestros gemidos.

ENRIQUE.

¿Si me arrepiento? ¡Oh Dios! He aquí mi sangre;

 

Viértela si con este sacrificio

 

Me consigues la paz que tanto anhelo.

ATAIDE.

Vos la obtendréis en fin.

ENRIQUE.

      ¿Cómo?

ATAIDE.

       Si vivo

 

Fuese Eduardo y perdonar quisiese...

ENRIQUE.

¡Eduardo vivir! ¿Qué es lo que has dicho,

 

Ataide?

ATAIDE.

            La verdad.

ENRIQUE.

¡Gracias al cielo

 

Que de tal peso aligerar me miro!

 

Viva Eduardo, Ataide; que su muerte

 

No se escriba en el libro del destino,

 

Y a mi condenación también no sirva.

 

Mas ¿quién le dio la vida, si yo mismo

 

El acero cruel clavé en su pecho,

 

Y en su caliente sangre fui teñido?

ATAIDE.

No fue mortal la herida, y yo salvarle

 

Diligente logré; pero escondido

 

Debajo de la tierra, encadenado,

 

Y ensordeciendo el aire con suspiros,

 

Su mísera existencia ablandarla

 

Las fieras sierpes e insensibles riscos.

 

Ceda ya a tanta lástima la envidia;

 

Dios por mi mano quiere conduciros

 

A la virtud.

ENRIQUE.

         Que él viva y me perdone

 

Que ore al cielo por mí; del pecho mío

 

Salga esta agitación, aquestas sombras

 

Que aún ofuscan y aterran mis sentidos.

 

Puras como él, y nobles, sus plegarias

 

Acogida tendrán: yo no me animo

 

A rogar; fuera en vano: de mi labio

 

¿Qué ruegos ¡ay! saldrán que sean oídos?

 

Mas dime ¿tú lo esperas? ¿Perdonarme

 

Podrá al fin Eduardo?

ATAIDE.

             Yo confío

 

En que mañana el venturoso día

 

Será de paz y de perdón. Tranquilo

 

Vos entre tanto, preparad el pecho

 

A esta acción generosa; ella el destino

 

Va a hacer de vuestra vida; ella desarma

 

Los rayos todos del rigor divino.




Anterior - Siguiente

Índice | Palabras: Alfabética - Frecuencia - Inverso - Longitud - Estadísticas | Ayuda | Biblioteca IntraText

Best viewed with any browser at 800x600 or 768x1024 on Tablet PC
IntraText® (V89) - Some rights reserved by EuloTech SRL - 1996-2007. Content in this page is licensed under a Creative Commons License