Índice | Palabras: Alfabética - Frecuencia - Inverso - Longitud - Estadísticas | Ayuda | Biblioteca IntraText
Manuel José Quintana
El duque de Viseo

IntraText CT - Texto

Anterior - Siguiente

Pulse aquí para desactivar los vínculos a las concordancias

EscenaVIII

ASÁN. - ENRIQUE.

ASÁN.

     Ataide os ha vendido:

 

Las puertas de la torre han sido abiertas

 

Por él al Conde, y lejos del castillo,

 

Ya de vuestro poder viéndose libre,

 

Se prepara tal vez a combatiros.

ENRIQUE.

¡Cielos! ¡Con que en mis labios infelices

 

El nombre de perdón jamás se ha oído

 

Hasta esta vez, y al pronunciarle ahora

 

Me cercan la perfidia y los peligros!

ASÁN.

¿Qué peligros, señor?

ENRIQUE.

    De todos tiemblo:

 

De Eduardo, de Oren, y aún de mí mismo.

ASÁN.

¡De Eduardo! ¿Y por qué? ¿La ilusión vana

 

Que os agitó entre sueños, un prodigio

 

Para vos ha de ser que abra el sepulcro

 

Y anime los cadáveres ya fríos?

ENRIQUE.

¡Ah! que él vive no hay duda; el vil Ataide

 

Le salvó por mi mal; él me lo ha dicho.

 

Mañana intenta que la paz juremos,

 

Mañana mira el mundo mi exterminio.

ASÁN.

¡Entre vosotros paz! ¡Qué error! ¿Acaso

 

Perdonaros podrá? ¿Dar al olvido

 

La muerte de su esposa, sus desgracias,

 

Sus heridas, la causa del delito,

 

Vuestro adúltero amor? ¿Y lo creísteis?

 

¡Oh error!

ENRIQUE.

       ¿Qué debo hacer?

ASÁN.

                     En tal conflicto

 

Mengua es dudar: busquemos a Eduardo...

ENRIQUE.

¿Cómo, si ignoro el misterioso asilo

 

Donde respira? Asán, este secreto

 

De Ataide solamente es conocido.

ASÁN.

Pues bien, señor, el crimen siga al crimen,

 

Y la sangre a la sangre: otro camino

 

No tenéis de salud. Que Ataide preso,

 

A vista del tormento y los suplicios

 

Su secreto fatal haga patente.

 

Vos, dueño de Eduardo, a vuestro arbitrio

 

Dispondréis de su vida; que Matilde,

 

Aún antes de que Oren venga en su auxilio,

 

Sufra su suerte rigorosa y dura.

ENRIQUE.

¿Y cuál es?

ASÁN.

 ¿No nació en vuestros dominios?

ENRIQUE.

Sí. Asán.

ASÁN.

               ¿De vida y muerte ahora sobre ella

 

No es vuestro el gran poder?

ENRIQUE.

              Sin duda es mío.

ASÁN.

¿Quién osará contrarestarle?

ENRIQUE.

              Nadie.

ASÁN.

Pues antes que el sol su nuevo giro

 

Arrastradla al altar.

ENRIQUE.

¿Y si resiste?

ASÁN.

Si resiste, que muera.

ENRIQUE.

      ¿Y yo asesino

 

Dos veces he de ser de lo que adoro?

ASÁN.

¿Y sufriréis dos veces que el destino,

 

A despecho de vos, a vuestros ojos

 

Se la entregue a un rival favorecido?

 

¿No vale más vengarse, y presentarle

 

De su adorada amante el cuerpo frío,

 

Y escarneciendo su dolor, decirle:

 

«Ni tú ni yo?»

ENRIQUE.

            Sí, Asán: consejo es digno

 

De mí, de ti; mi corazón le aprueba;

 

De todo su furor tú el ministro.

 

Anda, sorprende a Ataide; yo entre tanto

 

A Matilde veré. Cielos divinos,

 

¿Por qué de amor el frenesí me arrastra

 

Por tan desesperados precipicios?

 

Vuelve en Matilde a respirar Teodora,

 

Y vuelvo a ser un monstruo... ¿En mis delitos

 

Reposo pues no habrá?... Mas así sea,

 

Puesto que así lo decretó el destino.

(Vanse cada uno por diferente lado.)




Anterior - Siguiente

Índice | Palabras: Alfabética - Frecuencia - Inverso - Longitud - Estadísticas | Ayuda | Biblioteca IntraText

Best viewed with any browser at 800x600 or 768x1024 on Tablet PC
IntraText® (V89) - Some rights reserved by EuloTech SRL - 1996-2007. Content in this page is licensed under a Creative Commons License