Índice | Palabras: Alfabética - Frecuencia - Inverso - Longitud - Estadísticas | Ayuda | Biblioteca IntraText
Manuel José Quintana
El duque de Viseo

IntraText CT - Texto

Anterior - Siguiente

Pulse aquí para desactivar los vínculos a las concordancias

Escena VII

EDUARDO, en medio de los GUARDIAS. - DICHOS.

EDUARDO.

¡Oh justo Dios! Conduélete de un padre,

 

Tiende de tu poder las grandes alas

 

Sobre aquella infeliz.

ENRIQUE.

 Ya está presente.

 

¡Ah! ¡Que la tierra ante mis pies no se abra!

EDUARDO.

Héme, Enrique, a tu vista conducido

 

Como un vil criminal: los ojos alza,

 

Y contemplando los inmensos males

 

Que amontonaste sobre mí, tu alma

 

Digna de su intención goce un deleite,

 

Pues tales son, que a tu crueldad se igualan.

 

¿Qué más quieres? La víctima que hundida

 

Para siempre en la tumba imaginabas,

 

Resucita a segundo sacrificio

 

Y a doblarte el placer de degollarla.

 

¡Privilegio infernal dado a ti solo!...

 

Gózale pues: la atrocidad pasada

 

Renueva, y en la sangre de tu hermano

 

Baña otra vez tu mano ensangrentada.

 

Termina, en fin, mi deplorable suerte.

 

¿Qué esperas?

ENRIQUE.

               Temerario, ¿así mi saña

 

Osarás despreciar?

EDUARDO.

                    Yo la provoco.

 

La muerte misma, con que atroz me amagas

 

De ti me va a librar; ella me lleva

 

Ante el trono de Dios, que ya me aguarda,

 

A darme el galardón dulce y eterno

 

De tanto afán y de opresión tan larga.

 

Tú en tanto el vaso a su venganza apura;

 

Su sentencia en tu frente está pintada,

 

El terror en tus ojos, y el infierno

 

Ya arde en tu pecho.

ENRIQUE.

  Tu insolente audacia

 

Ocupa en insultarme los momentos

 

En que fuera mejor que te humillaras.

 

Quizá Enrique triunfante y poderoso

 

Viniera en conceder a tus plegarias

 

Un perdón que rechazan tus injurias.

EDUARDO.

¿Perdón tú a mí, vil parricida? ¿A tanta

 

Ignominia Eduardo descendiera,

 

Que vida a costa de su honor comprara?

 

Mi honor siempre fue puro, y a la tumba

 

También conmigo bajará sin mancha.

 

vive; del cruel remordimiento

 

Las sierpes roedoras te deshagan,

 

Entre tanto que el rayo en estallidos

 

El cielo, en fin, a castigarte lanza.

 

Acaba: yo ni espero ni te imploro.

ENRIQUE.

Dices bien: no te resta otra esperanza

 

Ya que la de morir: eterno objeto

 

Para mí de rencor, de envidia y rabia,

 

¿Qué otro don que la muerte y exterminio

 

De mi terrible corazón buscaras?

 

Muere, Eduardo; a mi pesar aún vives.

 

El vil traidor que te ocultó a mi saña

 

No te librará ya; sólo el sepulcro

 

Alzar podrá la insuperable valla

 

Que entre nuestras discordias haber debe.

 

Muere pues, yo lo mando.

EDUARDO.

             Así en ti haya

 

Igual valor a contemplar mi muerte,

 

Como yo tengo en recibirla.

ENRIQUE.

          Basta.

 

Soldados, arrastradle, y que al instante

 

En medio de esas fúnebres moradas

 

Lejos de mí fenezca: yo no quiero

 

Verle espirar.




Anterior - Siguiente

Índice | Palabras: Alfabética - Frecuencia - Inverso - Longitud - Estadísticas | Ayuda | Biblioteca IntraText

Best viewed with any browser at 800x600 or 768x1024 on Tablet PC
IntraText® (V89) - Some rights reserved by EuloTech SRL - 1996-2007. Content in this page is licensed under a Creative Commons License