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| Manuel José Quintana El duque de Viseo IntraText CT - Texto |
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ASÁN. - ENRIQUE. |
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ASÁN. |
Ataide os ha vendido: |
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Las puertas de la torre han sido abiertas |
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Por él al Conde, y lejos del castillo, |
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Ya de vuestro poder viéndose libre, |
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Se prepara tal vez a combatiros. |
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ENRIQUE. |
¡Cielos! ¡Con que en mis labios infelices |
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El nombre de perdón jamás se ha oído |
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Hasta esta vez, y al pronunciarle ahora |
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Me cercan la perfidia y los peligros! |
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ASÁN. |
¿Qué peligros, señor? |
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ENRIQUE. |
De todos tiemblo: |
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De Eduardo, de Oren, y aún de mí mismo. |
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ASÁN. |
¡De Eduardo! ¿Y por qué? ¿La ilusión vana |
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Que os agitó entre sueños, un prodigio |
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Para vos ha de ser que abra el sepulcro |
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Y anime los cadáveres ya fríos? |
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ENRIQUE. |
¡Ah! que él vive no hay duda; el vil Ataide |
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Le salvó por mi mal; él me lo ha dicho. |
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Mañana intenta que la paz juremos, |
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Mañana mira el mundo mi exterminio. |
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ASÁN. |
¡Entre vosotros paz! ¡Qué error! ¿Acaso |
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Perdonaros podrá? ¿Dar al olvido |
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La muerte de su esposa, sus desgracias, |
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Sus heridas, la causa del delito, |
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Vuestro adúltero amor? ¿Y lo creísteis? |
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¡Oh error! |
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ENRIQUE. |
¿Qué debo hacer? |
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ASÁN. |
En tal conflicto |
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Mengua es dudar: busquemos a Eduardo... |
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ENRIQUE. |
¿Cómo, si ignoro el misterioso asilo |
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Donde respira? Asán, este secreto |
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De Ataide solamente es conocido. |
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ASÁN. |
Pues bien, señor, el crimen siga al crimen, |
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Y la sangre a la sangre: otro camino |
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No tenéis de salud. Que Ataide preso, |
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A vista del tormento y los suplicios |
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Su secreto fatal haga patente. |
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Vos, dueño de Eduardo, a vuestro arbitrio |
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Dispondréis de su vida; que Matilde, |
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Aún antes de que Oren venga en su auxilio, |
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Sufra su suerte rigorosa y dura. |
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ENRIQUE. |
¿Y cuál es? |
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ASÁN. |
¿No nació en vuestros dominios? |
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ENRIQUE. |
Sí. Asán. |
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ASÁN. |
¿De vida y muerte ahora sobre ella |
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No es vuestro el gran poder? |
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ENRIQUE. |
Sin duda es mío. |
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ASÁN. |
¿Quién osará contrarestarle? |
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ENRIQUE. |
Nadie. |
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ASÁN. |
Pues antes que dé el sol su nuevo giro |
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Arrastradla al altar. |
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ENRIQUE. |
¿Y si resiste? |
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ASÁN. |
Si resiste, que muera. |
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ENRIQUE. |
¿Y yo asesino |
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Dos veces he de ser de lo que adoro? |
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ASÁN. |
¿Y sufriréis dos veces que el destino, |
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A despecho de vos, a vuestros ojos |
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Se la entregue a un rival favorecido? |
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¿No vale más vengarse, y presentarle |
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De su adorada amante el cuerpo frío, |
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Y escarneciendo su dolor, decirle: |
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«Ni tú ni yo?» |
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ENRIQUE. |
Sí, Asán: consejo es digno |
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De mí, de ti; mi corazón le aprueba; |
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De todo su furor sé tú el ministro. |
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Anda, sorprende a Ataide; yo entre tanto |
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A Matilde veré. Cielos divinos, |
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¿Por qué de amor el frenesí me arrastra |
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Por tan desesperados precipicios? |
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Vuelve en Matilde a respirar Teodora, |
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Y vuelvo a ser un monstruo... ¿En mis delitos |
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Reposo pues no habrá?... Mas así sea, |
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Puesto que así lo decretó el destino. |
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(Vanse cada uno por diferente lado.) |
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