| Índice | Palabras: Alfabética - Frecuencia - Inverso - Longitud - Estadísticas | Ayuda | Biblioteca IntraText |
| Manuel José Quintana El duque de Viseo IntraText CT - Texto |
VIOLANTE, EDUARDO.
VIOLANTE.
¡Oh centro
De silencio y de horror! ¡Prisión acerba!
¡Fúnebre tumba! Al cabo en vuestro seno
Queda ya soterrada esta infelice,
Arrancada a la luz y al universo.
Aquí olvidada, abandonada y sola
Deberé perecer...
(Se deja caer sobre las gradas de la puerta.)
¿Por qué naciendo,
Piadosamente fieras no me ahogaban
Las manos que en la cuna me pusieron?
No así de mal en mal, de pena en pena
Precipitarme viera adonde muero
La más desventurada de los míos;
Adonde sin testigo, sin consuelo...
EDUARDO.
Esto siquiera mientras yo respire
No os faltará, señora, en tanto extremo.
VIOLANTE.
¿Qué oigo? ¡Ay de mí! ¿Quién sois? En este sitio...
EDUARDO.
Otro infeliz cual vos, blanco funesto
De la más espantosa alevosía
Que debajo del sol los siglos vieron.
Del cielo y de la tierra abandonado,
Y sepultado aquí por tanto tiempo,
Al fin de soledad tan congojosa
El primer ser humano en vos contemplo.
No sé si acaso a acrecentar mis males;
Pero entre tanto con placer me entrego
A aliviar vuestra amarga desventura,
Si a tanto alcanzan la piedad y el ruego.
En vuestra edad florece la inocencia,
Y amor inspira vuestro rostro bello
¿Quién puede ser tan duro que os persiga?
VIOLANTE.
¡A la maldita beldad, don que los cielos
Para mi perdición me dispensaron!
Señor, es mi destino tan adverso,
Que un momento seguro de fortuna
En mi carrera señalar no puedo.
Crecí sin conocer mis dulces padres;
Cuando sé quiénes son vengo a perderlos
Mi madre indignamente asesinada
En otro tiempo fue, mi padre preso
Devora su desgracia, y yo inocente
Víctima gimo del furor violento
De un tirano que el cielo por castigo
Lanzó a este clima: Enrique de Viseo...
EDUARDO.
¡Enrique! ¿Y vive aún? ¿Y no se cansa
De verle el sol, de sustentarle el suelo?
¡Ah! Si vuestro infortunio es obra suya,
Pereced, desdichada; Do hay remedio.
La estrella que a ese bárbaro os entrega
Se goza en afligiros y en perderos.
¡Enrique! ¡Ah monstruo!
VIOLANTE.
¡Por piedad! Las ansías
Calmad de mis sentidos; ya en mi pecho
El corazón se agita palpitando,
Entre la duda y la esperanza incierto
Decid, decid quién sois.
EDUARDO.
Soy Eduardo,
Hermano de ese vil.
VIOLANTE.
¡Mi padre! ¡Oh cielos!
EDUARDO.
¿Qué dices?
VIOLANTE.
No dudéis: los ojos míos
La dulce prueba de que el ser os debo
Os dan en estas lágrimas que os bañan.
Y que de gozo y de ternura vierto.
La mano a un tiempo cruda y piadosa
Que nos salvó de los puñales fieros
Nos reservó a este encuentro inesperado
Para acaso otra vez en él perdernos.
Reconocedme: ved en ni la sangre
De vuestra sangre, ved cómo los cielos,
De la desventurada esposa vuestra
En mí la viva semejanza han hecho.
EDUARDO.
Sí, ciertamente es ella. ¡Oh semejanza!
Ni la inefable agitación que siento,
Ni el placer que me inunda en su dulzura,
Ni las caras facciones que en ti veo
Me permiten dudar; ven, hija mía
Ven, y reposa en el paterno seno.
VIOLANTE.
¡Oh inefable placer!
EDUARDO.
Dios de clemencia,
Tú, que me diste un corazón de acero,
Bastante a resistir las tristes plagas
Que sobre mí tan sin piedad cayeron,
Dame también un corazón que pueda
Sufrir la inmensidad de este contento.
¡Hija mía!
VIOLANTE.
¡En qué estado miserable,
En qué penosa situación te encuentro,
Señor! Aquí sumido, respirando
De este ambiente el mortífero veneno,
¿Cómo en tal soledad y desamparo
Pudisteis resistir?
EDUARDO.
El que en su pecho
De la inocencia el sentimiento abriga
No se rinde, hija mía, al desaliento.
Vino el azote a sepultarme en vida
Y una nueva virtud sentí aquí dentro,
Una fuerza que, igual a mis destinos,
Bastaba sola a contrastar con ellos.
Crecía el mal, y mi valor crecía
A par que su violencia. ¡Ah! Si los cielos
Quisieron esta lucha formidable,
Los cielos de Eduardo están contentos.
VIOLANTE.
De admiración, señor, y de ternura
Me hacéis estremecer.
EDUARDO.
Tal vez en sueños
La bella imagen de tu madre amada
Y la tuya también con dulce afecto
Consolaban mi afán. ¡Oh Dios piadoso!
¡Y tras tanta ilusión, tras tanto tiempo,
Mi adorada Violante al fin me envías!
Abrázame otra vez: este consuelo
No nos le robarán.
VIOLANTE.
¡Oh padre mío!
(Óyese ruido como de gente que baja al subterráneo...)
¿Qué siento? ¡Qué rumor!.. El riesgo inmenso
En que estáis se acrecienta; a devorarnos
Se precipita el tigre
EDUARDO.
No tu esfuerzo
Desmaye así, hija mía: nuestra suerte
Está en manos de Dios en estos senos,
Que tan oscuros son como ignorados,
Algún arbitrio a nuestro bien busquemos
Y si el hado le niega...
VIOLANTE.
Sí, muramos;
Pero juntos ¡oh padre! moriremos.
(Abraza a EDUARDO, y sosteniéndole, salen de la escena.)