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| Escena II
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AUDALLA. - MUNUZA.
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MUNUZA.
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¿Es temor? ¿Es desdén? ¿Qué es esto, Audalla?
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¿Pude esperar en semejante día
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Tal confusión?
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AUDALLA.
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El sucesor augusto
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Del sublime Profeta acá me envía,
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No a arreglar tus querellas con tu esclava
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Sino a que España nuestro rito siga
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De grado o fuerza. Nunca los caprichos
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Del amor entendí, ni las caricias
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Del sexo engañador rendir pudieron
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Un momento jamás el alma mía.
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Cercado siempre de armas y soldados,
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Entregado a las bélicas fatigas,
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Sé pelear, y no amar; sé hacer esclavos.
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Nunca servir; que nuestra ley divina
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Por siempre triunfe, y que ante el gran profeta
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El universo incline la rodilla,
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Fue la eterna ambición del pecho mío
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Pues ¿qué son con la gloria las delicias?
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Por esto siempre vencedor mi brazo
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En la guerra triunfó: tú, de esa indigna
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Pasión ya poseído, teme al cielo,
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Que la flaqueza
en el valor castiga
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Teme que te
abandone la victoria.
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MUNUZA.
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¡Ah! ¡Si tus ojos vieran a Hormesinda
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Cuando, anegada en llanto y desolada,
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Por la primera vez ante mi vista
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Se presentó! Su tímida hermosura,
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Su ademán, sus
palabras compasivas,
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Llenas de
encanto y de dolor, no sólo
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Las entrañas de
un hombre ablandarían,
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Más rindieran también a las serpientes
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Que abortan las
arenas de la Libia.
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Yo la escuché,
y venció; Gijón por ella
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Del bélico furor libre se mira.
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AUDALLA.
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¿Y no temes que al fin tanta flaqueza
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Llegue a causar tu irremediable ruina?
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¡Ay del que es opresor, si abre el oído
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A la piedad, y si imprudente olvida
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Que ante él deben
marchar la servidumbre,
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La amenaza, el terror! Si así no humillas
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Esta fiera
nación que a nuestras plantas
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Yace más espantada que vencida,
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Teme tu
perdición. Goza en buen hora
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Del amoroso halago y las caricias
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De esa cristiana; los demás perezcan,
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O en vergonzosa esclavitud nos sirvan
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Mientras el dios del Alcorán no adoren:
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Así lo manda nuestro gran califa.
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¿Osarás resistir? ¿Olvidar puedes
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Que al partir de Damasco, esa cuchilla
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Para extender
su ley puso en tus manos?
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MUNUZA.
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¿Y contra quién, Audalla, he de esgrimirla
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Contra unos
miserables que, rendidos,
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Ante mis ojos con pavor se inclinan?
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AUDALLA.
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Esos que tu arrogancia así desprecia
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Serán los que
castiguen algún día
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Bondad tan temeraria.
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(Corta pausa.)
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MUNUZA.
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Aún soy Munuza;
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Pendiente de
mis hombros todavía
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El formidable alfanje centellea
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Que huérfanas
dejó tantas familias
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Tiemblan de mí velando,
aún se estremecen
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Si su atemorizada fantasía
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Mi aterradora faz les pinta en sueños.
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