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Manuel José Quintana
Pelayo

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Escena II

HORMESINDA, ALVIDA. - DICHOS.

PELAYO.

     ¿Qué buscas,

 

Desventurada? ¿Acaso la fiereza

 

De ese bárbaro atroz aquí te envía

 

Para que a nuestro fin presente seas?

HORMESINDA.

No, Pelayo: tu riesgo y mi cariño

 

Me hacen volar ansiosa a tu presencia.

 

Vengo a salvarte.

PELAYO.

        ¡Oh Dios! Con que ¿vencido

 

Es también nuestro esfuerzo en esta prueba?

HORMESINDA.

Tal vez ya lo será: desde la torre

 

Vi con terrible estrépito las puertas

 

Abrirse del alcázar, y furiosos

 

Arrojarse los árabes por ellas.

 

Ya allí el tumulto bélico llegaba,

 

Cuando al ver a Munuza, al ver su diestra

 

Armada del alfanje irresistible

 

Que tantas veces vencedor le hiciera,

 

En aquel primer ímpetu arrollados

 

Los nuestros, de repente titubean;

 

Y aunque siempre luchando, al fin el campo

 

Les es fuerza ceder. La lid se aleja,

 

Y entre los espantosos alaridos

 

Que al batallar horrísono se mezclan,

 

De cuando en cuando el eco se distingue

 

En que Pelayo y Libertad resuenan.

 

Un momento después esos guerreros

 

A quienes nuestra guardia y la defensa

 

De aqueste alcázar encargada ha sido,

 

Casi todos ardiendo a la pelea

 

Se precipitan; los demás al ruego

 

Cediendo y a mis dádivas, nos dejan

 

La senda libre que hasta el mar conduce.

 

Armas allí tenéis; el tiempo vuela;

 

Venid, huyamos; que Hormesinda al menos...

 

¡Ah, perdona estas lágrimas postreras

 

Que un desdichado amor saca a mis ojos!

 

Que Hormesinda en salvarte feliz sea.

PELAYO.

¿Qué pronuncias? ¿Huir? Leandro...

(En ademán de marchar.)

HORMESINDA.

    ¿Adónde,

(Deteniéndole.)

 

Adónde vas, cruel? ¿No ves mi pena,

 

No contemplas tu riesgo?

PELAYO.

     A la batalla,

 

A la victoria voy: ya nos entrega

 

El Dios omnipotente ese tirano,

 

Pues al fin libres combatir nos deja.

(Dirigiéndose hacia el sitio del combate)

 

Amigos, alentaos; nuestro es el día,

 

Como fue suyo el de Jerez: mi diestra

 

Victoriosa os conduzca hacia este alcázar,

 

Ella os enseñe a derribar sus puertas,

 

A arder sus techos, derrocar sus muros,

 

A no dejar en él piedra con piedra.

(Vanse.)




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