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| Manuel José Quintana Pelayo IntraText CT - Texto |
AUDALLA. - MUNUZA.
MUNUZA.
¿Es temor? ¿Es desdén? ¿Qué es esto, Audalla?
¿Pude esperar en semejante día
Tal confusión?
AUDALLA.
El sucesor augusto
Del sublime Profeta acá me envía,
No a arreglar tus querellas con tu esclava
Sino a que España nuestro rito siga
De grado o fuerza. Nunca los caprichos
Del amor entendí, ni las caricias
Del sexo engañador rendir pudieron
Un momento jamás el alma mía.
Cercado siempre de armas y soldados,
Entregado a las bélicas fatigas,
Sé pelear, y no amar; sé hacer esclavos.
Nunca servir; que nuestra ley divina
Por siempre triunfe, y que ante el gran profeta
El universo incline la rodilla,
Fue la eterna ambición del pecho mío
Pues ¿qué son con la gloria las delicias?
Por esto siempre vencedor mi brazo
En la guerra triunfó: tú, de esa indigna
Pasión ya poseído, teme al cielo,
Que la flaqueza en el valor castiga
Teme que te abandone la victoria.
MUNUZA.
¡Ah! ¡Si tus ojos vieran a Hormesinda
Cuando, anegada en llanto y desolada,
Por la primera vez ante mi vista
Se presentó! Su tímida hermosura,
Su ademán, sus palabras compasivas,
Llenas de encanto y de dolor, no sólo
Las entrañas de un hombre ablandarían,
Más rindieran también a las serpientes
Que abortan las arenas de la Libia.
Yo la escuché, y venció; Gijón por ella
Del bélico furor libre se mira.
AUDALLA.
¿Y no temes que al fin tanta flaqueza
Llegue a causar tu irremediable ruina?
¡Ay del que es opresor, si abre el oído
A la piedad, y si imprudente olvida
Que ante él deben marchar la servidumbre,
La amenaza, el terror! Si así no humillas
Esta fiera nación que a nuestras plantas
Yace más espantada que vencida,
Teme tu perdición. Goza en buen hora
Del amoroso halago y las caricias
De esa cristiana; los demás perezcan,
O en vergonzosa esclavitud nos sirvan
Mientras el dios del Alcorán no adoren:
Así lo manda nuestro gran califa.
¿Osarás resistir? ¿Olvidar puedes
Que al partir de Damasco, esa cuchilla
Para extender su ley puso en tus manos?
MUNUZA.
¿Y contra quién, Audalla, he de esgrimirla
Contra unos miserables que, rendidos,
Ante mis ojos con pavor se inclinan?
AUDALLA.
Esos que tu arrogancia así desprecia
Serán los que castiguen algún día
Bondad tan temeraria.
(Corta pausa.)
MUNUZA.
Aún soy Munuza;
Pendiente de mis hombros todavía
El formidable alfanje centellea
Que huérfanas dejó tantas familias
Tiemblan de mí velando, aún se estremecen
Si su atemorizada fantasía
Mi aterradora faz les pinta en sueños.