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| Manuel José Quintana Pelayo IntraText CT - Texto |
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HORMESINDA. - DICHOS |
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HORMESINDA. |
¡Padre mío! |
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Con que ¿aun no me olvidáis? -Pero ¿que mirar |
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(Viendo a PELAYO.) |
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Mis ojos?... ¡Ay! Él es: ¡valedme, cielos! |
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VEREMUNDO. |
¿La ves a tu presencia confundida? |
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Calle la indignación; hable, hijo mío, |
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La sangre solamente. |
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HORMESINDA. |
Ya a tu vista |
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Tienes a esta infeliz, esta culpable, |
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A quien Dios en su cólera dio vida; |
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A quien antes de verse en tal momento |
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La negra muerte aniquilar debía. |
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No imploro tu piedad, no la merezco, |
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Ni cabe en el honor que en ti respira; |
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Pero permite que tu hermana ahora |
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Con lágrimas rescate de alegría |
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Las lágrimas que un tiempo dio a tu muerte |
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En luto acerbo y en dolor vertidas; |
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Sufre que al gozo me abandone. |
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PELAYO. |
Aparta. |
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¿Mi hermana tú? Jamás. Quien aquí habita, |
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Quien se complace en la estación odiosa |
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De la superstición y tiranía |
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No puede ser mi sangre. En otro tiempo |
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Tuve una hermana yo que era delicia |
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De Pelayo y de España; virtuosa, |
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Inocente y leal, siempre fue digna |
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De todo mi cariño y mis cuidados, |
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Que con mi patria la infeliz partía. |
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El cielo, encarnizado en perseguirme, |
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Me la robó; la que mis ojos miran |
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Es una infame apóstata que ahora |
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Mi vista indignamente escandaliza. |
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Ella insulta a los males de la patria, |
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Ella desprecia las desgracias mías, |
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Ella, en fin, me aborrece. |
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HORMESINDA. |
¿Y qué? ¿No basta |
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Ya mi pasión para encender tus iras, |
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Sin que también destierres de mi seno |
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A la naturaleza, que en él grita |
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Con más fuerza que nunca? |
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PELAYO. |
¿Y no gritaba |
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Cuando la vil pasión que te perdía |
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Te atreviste a escuchar, y te entregaste |
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Al árabe feroz que te esclaviza? |
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¿No pensabas en mí? No contemplabas |
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Que era clavar en las entrañas mías |
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Un acero mortal, y atar la patria |
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Al yugo atroz del musulmán tú misma? |
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HORMESINDA. |
¿Qué peso puede hacer en la balanza, |
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Que los reinos del mundo alza o inclina, |
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De una flaca mujer la resistencia? |
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Pelayo ¡ah! ¡Cuánta compasión tendrías |
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De esta desventurada, en quien ahora |
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Tu enojo todo sin piedad fulminas, |
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Si vieras mi amargura y mis combates! |
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Yo pudiera decirte... |
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PELAYO. |
¿Y qué dirías? |
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HORMESINDA. |
Que este amor a la patria que te enciende |
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Es la sola ocasión de mi desdicha. |
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Yo inocente viví, nunca en mi pecho |
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La llama del amor se vio encendida: |
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En todas tus fatigas y peligros |
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Mi llanto y mi memoria te seguían; |
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Cayó España, Pelayo, y ya aguardaba |
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A verme sepultada en sus cenizas, |
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A que me arrebatase en su violencia |
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El torrente feroz de la conquista, |
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Cuando Gijón amenazada... El cielo... |
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Perdona... El ciclo mismo mi caída |
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Consiente... España opresa, los cristianos |
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Mi favor implorando, y cada día |
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De ese moro tan bárbaro a tus ojos |
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La generosidad siempre más viva. |
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Los ejemplos, tu muerte... ¡Oh cuántas veces |
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Dije: «Pelayo, a defender camina |
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Tu amada hermana de tan fiera lucha»! |
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Y Pelayo implorado no venía; |
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Y la triste Hormesinda, abandonada |
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Del cielo y de la tierra... |
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PELAYO. |
¿Y qué? ¿Por dicha, |
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Aunque tu hermano perecido hubiese, |
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La gloria de su nombre no vivía? |
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¿No reflejaba en ti?¿Tú no debiste |
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Defenderla, guardarla sin mancilla, |
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Y antes morir que recibir los dones |
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Con que el moro doró nuestra ignominia? |
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Yo vi, yo vi la patria desplomarse |
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Del Guadalete en la funesta orilla, |
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Y sin perder aliento, a sostenerla |
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El hombro puse y la constancia mía. |
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Tres años siempre combatiendo, España |
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De mi sangre y sudor toda teñida, |
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El rencor de los árabes, al mundo |
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Mi celo y mi fervor publicarían. |
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Todo es ya por demás. ¿Qué soy ahora? |
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Un vil aliado de la gente impía |
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Que oprime mi país. ¡Desventurada! |
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Los ojos vuelve en derredor y mira; |
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No bailarás sino mártires: los unos |
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Pereciendo al rigor de las cuchillas |
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Del atroz sarraceno en las batallas, |
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Los otros en las cárceles agitan |
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Su pesada cadena, otros, desnudos, |
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Opresos, de hambre y de miseria espiran. |
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Todos te enseñan a sufrir: ¿qué importa |
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Que otras mujeres débiles o indignas |
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Se hayan rendido al musulmán halago? |
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En medio del contagio debería |
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Mantenerse Hormesinda ilesa y pura, |
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Como a su hermano el universo mira, |
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Cuando el Estado se desquicia y cae, |
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Impertérrito y firme entre sus ruinas. |
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HORMESINDA. |
Pues bien: tú ves mi error y le detestas; |
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Yo también le detesto, y a mí misma. |
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He aquí mi seno: hiere, y en un punto |
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Acaba con tu afrenta y con mi vida. |
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PELAYO. |
¿Tienes valor?¿Eres mi sangre? Aún tiempo |
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Es de enmendar tu ofensa: esas vecinas |
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Montañas van a ser el fuerte asilo |
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De los cristianos que a vivir aspiran |
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Libres de la opresión. Deja ese moro |
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Que con su infame seducción fascina |
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Tu corazón, y atrévete a seguirme |
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Adonde lejos del oprobio vivas. |
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¿No respondes? |
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HORMESINDA. |
Pelayo, es doloroso |
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Sin duda aqueste lazo que abominas; |
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Mas ya la suerte le estrechó, y... |
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PELAYO. |
Acaba |
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HORMESINDA. |
El deber no consiente que te siga. |
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PELAYO. |
¿El deber? ¡el amor! |
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HORMESINDA. |
Yo llamo al cielo |
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En testimonio... |
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PELAYO. |
Calla, y no su ira |
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Despiertes contra ti. |
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HORMESINDA. |
Si, yo le llamo; |
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Él ve mi corazón y tu injusticia. |
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PELAYO. |
Él ve triunfar tu abominable llama |
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De tu sangre y su ley. Pues qué, ¿no miras |
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Que no es tuyo su dios? |
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HORMESINDA. |
Yo ofrecí al mío |
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Vivir siempre con él |
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PELAYO. |
¡Promesa impía! |
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HORMESINDA. |
Yo la dije, él la oyó, mi pecho nunca |
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La negará. |
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PELAYO. |
¡Qué horror! |
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VEREMUNDO. |
Tu ardor mitiga, |
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Y acuérdate que la infeliz España |
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De ti su bien y su esperanza fía. |
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Huyamos de la vista del tirano. |
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PELAYO. |
Adiós, mujer sacrílega; acaricia |
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Al insolente moro a quien adoras, |
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Conságrale tu abominable vida; |
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Será por poco. Escucha: los valientes |
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Se van a levantar; la tiranía |
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Contrastada va a ser, y si vencemos, |
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Fuerza será que al ver a la justicia |
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Alzar su brazo inexorable tiemble |
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La prevaricación. Tú de ti misma |
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Quéjate entonces si el horrendo crimen |
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En el estrago universal expías. |
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(Vase con VEREMUNDO.) |
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HORMESINDA. |
¡Bárbaro! Mi suplicio está aquí dentro; |
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No es posible mayor para Hormesinda. |