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| Manuel José Quintana Pelayo IntraText CT - Texto |
PELAYO, LEANDRO, ISMAEL, GUARDIAS. - DICHOS.
LEANDRO.
¿Qué intentas?
¿Por qué así a tu presencia nos arrastran?
¿Por qué se ha hollado el respetable asilo
De la hospitalidad, sin que las canas
De un desarmado anciano librar puedan
Su inocente mansión de vuestras armas?
MUNUZA.
En todos tiempos, en cualquiera sitio,
Al que os venció en el campo, y ahora os manda,
Debéis razón de vuestros pasos todos.
¿Quiénes sois? ¿Dónde vais?
LEANDRO.
Es nuestra patria
Gijón; mi padre el lastimado viejo
Que hoy sin respeto tu violencia ultraja,
Este guerrero, en mis desgracias todas
Amigo fiel, me alivia y me acompaña.
Sin fuerza a quebrantar nuestra coyunda,
Sin paciencia bastante a tolerarla,
Venir y saludar nuestros hogares
Y huir por siempre de la triste España
Ha sido nuestro intento.
MUNUZA.
Alma cobarde,
No encubras la verdad en tus palabras.
Di presto a qué vinisteis.
PELAYO.
Si lo sabes,
¿Para qué lo preguntas? Si en tu alma
Ya las sospechas sin cesar te gritan
La suerte que mereces, ¿a qué aguardas?
Junta a la usurpación la tiranía,
Y ahuyente tu temor nuestra desgracia.
MUNUZA.
Mal el orgullo que tu lengua anima,
Y esa arrogante ostentación de audacia
Con la bajeza infame y alevosa
De tus acciones pérfidas se hermana.
Rebelde vil y miserable espía
Viniste a sorprender mi confianza,
Mi esposa a acongojar, y de este pueblo
A alterar la obediencia a mí jurada.
Pelayo, que os envía, no os defiende
Del peligro mortal que os amenaza;
Y si aún negáis lo que saber deseo,
La muerte y los tormentos os lo arrancan.
¿Dónde está ese insensato? Respondedme:
¿Cuáles son sus intentos y esperanzas?
PELAYO.
Quizá si lo supieses temblarías;
Mas tú, arrogante musulmán, te engañas
Cuando, en la fuerza y el poder fiando,
Piensas que todo a tu querer se allana.
No cuanto sabe ansiar logra un tirano
Talar los campos, demoler las casas,
Inundarlas en sangre, esto le es fácil;
Mas degradar por miedo nuestras almas,
Mas mover nuestro labio a tu albedrío,
Bárbaro, a tanto tu poder no alcanza.
AUDALLA.
No así oscurezcas tu esplendor supremo
Dando ocasión a su arrogancia vana:
Jamás así se explica la inocencia,
Y ya culpables son, pues que te ultrajan.
Mueran, y sirvan de escarmiento a todos.
MUNUZA.
Caerán, pero no solos; también caigan
Los nobles de Gijón, Téudis, Fruela,
Alfonso, Atanagildo...
PELAYO.
De mi audacia,
De mi silencio cómplices no han sido:
Respétalos, tirano.
MUNUZA.
Sin tardanza
Vuela, Ismael, y encadenados todos
Vengan a mi presencia en este alcázar.
(Sale ISMAEL.)
Pelayo allá donde, se esconde tiemble,
Viendo así fenecer sus esperanzas,
Y aguarde con terror la suerte que ellos.