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| Manuel José Quintana Pelayo IntraText CT - Texto |
HORMESINDA, ALVIDA. - DICHOS.
PELAYO.
¿Qué buscas,
Desventurada? ¿Acaso la fiereza
De ese bárbaro atroz aquí te envía
Para que a nuestro fin presente seas?
HORMESINDA.
No, Pelayo: tu riesgo y mi cariño
Me hacen volar ansiosa a tu presencia.
Vengo a salvarte.
PELAYO.
¡Oh Dios! Con que ¿vencido
Es también nuestro esfuerzo en esta prueba?
HORMESINDA.
Tal vez ya lo será: desde la torre
Vi con terrible estrépito las puertas
Abrirse del alcázar, y furiosos
Arrojarse los árabes por ellas.
Ya allí el tumulto bélico llegaba,
Cuando al ver a Munuza, al ver su diestra
Armada del alfanje irresistible
Que tantas veces vencedor le hiciera,
En aquel primer ímpetu arrollados
Los nuestros, de repente titubean;
Y aunque siempre luchando, al fin el campo
Les es fuerza ceder. La lid se aleja,
Y entre los espantosos alaridos
Que al batallar horrísono se mezclan,
De cuando en cuando el eco se distingue
En que Pelayo y Libertad resuenan.
Un momento después esos guerreros
A quienes nuestra guardia y la defensa
De aqueste alcázar encargada ha sido,
Casi todos ardiendo a la pelea
Se precipitan; los demás al ruego
Cediendo y a mis dádivas, nos dejan
La senda libre que hasta el mar conduce.
Armas allí tenéis; el tiempo vuela;
Venid, huyamos; que Hormesinda al menos...
¡Ah, perdona estas lágrimas postreras
Que un desdichado amor saca a mis ojos!
Que Hormesinda en salvarte feliz sea.
PELAYO.
¿Qué pronuncias? ¿Huir? Leandro...
(En ademán de marchar.)
HORMESINDA.
¿Adónde,
(Deteniéndole.)
Adónde vas, cruel? ¿No ves mi pena,
No contemplas tu riesgo?
PELAYO.
A la batalla,
A la victoria voy: ya nos entrega
El Dios omnipotente ese tirano,
Pues al fin libres combatir nos deja.
(Dirigiéndose hacia el sitio del combate)
Amigos, alentaos; nuestro es el día,
Como fue suyo el de Jerez: mi diestra
Victoriosa os conduzca hacia este alcázar,
Ella os enseñe a derribar sus puertas,
A arder sus techos, derrocar sus muros,
A no dejar en él piedra con piedra.
(Vanse.)