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| Manuel José Quintana Pelayo IntraText CT - Texto |
MUNUZA, sin alfanje; ISMAEL, MOROS. - DICHOS.
MUNUZA.
Moros cobardes,
No así me aconsejéis: tras de la mengua
De ser vencido, la venganza sola
Es el placer que el cielo me reserva.
¡Oh confusión! ¿Quién de las manos mías
Ha arrancado el alfanje? ¿En dónde quedan
Audalla y sus valientes? ¿Por ventura
Todos han muerto en la fatal pelea,
O todos ya, mirándome caído,
De seguir a Munuza se avergüenzan?
HORMESINDA.
Tu esposa no: por medio a los contrarios,
Sin aterrarse de sus armas fieras,
Ella te salvará; su tierno pecho
Será el escudo en que los golpes hieran
Ellos se acordarán de tus piedades...
MUNUZA.
¿Quién te trae ante mí? ¿Por qué renuevas
En mi mente hostigada la memoria
De mi descuido y criminal flaqueza?
Ella es ahora mi mayor verdugo;
Por ti perdonó un tiempo mi clemencia
A esta ciudad rebelde que al instante
Debió ser igualada con la tierra.
Por ti dejé vivir sus moradores;
Por ti, en fin, sin arbitrio, sin defensa
En la horrenda traición que me asesina
Me miro fenecer.
HORMESINDA.
¡Cómo te ciega
Tu imprudente furor! No desconozcas
La postrera esperanza que te queda
Yo soy tu asilo.
MUNUZA.
¿Tú? Cuando mi imperio,
Cuando mis muertos árabes me vuelvas;
Cuando mi gloria... di por tantos bienes
Como tu desastrado amor me lleva,
Ya ¿qué te resta por hacer?
HORMESINDA.
Salvarte:
Queda en esta mansión de tu grandeza;
Yo saldré, yo a las plantas de Pelayo
Me arrojaré, le rogaré, y es fuerza
Que respete tu vida, o que contigo
Perecer a Hormesinda se conceda.
MUNUZA.
¡De Pelayo! ¿Qué dices? Al instante
Arrástrale, Ismael, a mi presencia.
Quiero partirle el corazón yo mismo,
(Saca un puñal.)
Quiero lanzar al pueblo su cabeza;
Decirle: «Ahí le tenéis;» y complacerme
Cuando se cubran de terror al verla.
HORMESINDA.
No le busquéis.
MUNUZA.
Corred.
HORMESINDA.
Él está libre;
No le busquéis. ¡Oh Dios! quizá se acerca
Ya vencedor aquí: cede a su suerte.
MUNUZA.
Mas ¿quién fue el temerario que las puertas
Abrió de su prisión?
HORMESINDA.
No lo preguntes.
MUNUZA.
¡Ah infeliz! ¿fuiste tú? Muere, perversa,
(La hiere.)
Y que mi mano en el abismo te hunda,
Donde tu aleve ingratitud me lleva.
HORMESINDA.
(Cayendo en los brazos de ALVIDA.)¡Ay de mí!
MUNUZA.
Me vengué; corred conmigo
A encontrarle, a acabar...
(Óyese ruido de los cristianos que llegan.)
ISMAEL.
Pelayo llega;
Los cristianos le siguen vencedores:
¿Qué resolvéis, señor? La resistencia
Es aquí por demás.