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| Luis Quiñones de Benavente El abadejillo IntraText CT - Texto |
¡Catalina, Francisca, Estefanía!
¡Qué ligeras, qué agudas que vinieron!
5
Tales las voces que nos diste fueron.
Ayer fue Navidad, amigas mías,
y hoy es Carnestolendas; que los días
son navíos, que a los que nos trajinan
parece que están quedos, y caminan.
10
No hay más alegre tiempo en todo el año
que las Carnestolendas.
Es picaño,
mazas, tizne, salvado y naranjazos,
15
También es caballero:
el agua convertida en galanteo,
pues hay galán que remojar se deja
embobado a los hierros de una reja,
20
y el que para mirar su sol divino
águila viene, vuelve palomino.
También es propio tiempo de señores,
confituras, azahar, huevos de olores,
25
Él es señor, picaño y caballero,
pues para todas gentes
tiene entretenimientos diferentes.
Llamóle al tiempo yo, en Carnestolendas,
mar de comidas, golfo de meriendas,
30
sanguinolento estrago de morcillas,
plaga de quesadillas,
convalecencia en que mujeres y hombres
35
que hasta las herraduras nos tragamos;
campo formado, en que pelea la gula,
ya asada, ya cocida, ya fiambre,
y en fin, un cierra España de la hambre,
40
adonde los alegres tragantones,
sin poder la templanza resistillo,
pasan tantas gallinas a cuchillo,
sin perdonar mujeres, niños, viejos,
que son pavas, perdices y conejos.
45
Saquean, sin pertechos ni defensas,
los bagajes de plazas y despensas,
por cautiva se da, sin más porfía,
50
Hacen notables presas de fiambreras,
como está ya la gente encarnizada,
caen mil monas de cada rociada.
Ahí te dejas, por olvido o yerro,
55
tanta persecución de todo perro,
que en maza y manta cruel corre fortuna.
mas ¿qué han hecho los gallos afligidos
que andan en este tiempo perseguidos
60
de maestros de escuelas, de muchachos,
que sin poder un punto reportallos,
todas sus fiestas son correr los gallos?
Pues si los gallos, siendo tan discretos,
en aquesta ocasión se corren todos,
65
en otras ocasiones
no es mucho que se corran los capones.
En efeto, ¿qué haremos cuatro mozas,
solas en casa y en Carnestolendas?
Ponte un rato a la puerta de la calle,
70
y a la primera figura de mal talle
asle del brazo y métele acá dentro,
que si a puerta cerrada le tenemos,
las prevenidas burlas lograremos.
75
Francisca, tira dél, métele en casa.
Entre, galán.
(Métenle del brazo a GONZÁLEZ.)
quedo, ¡cuerpo de Dios!; suelte la manga,
80
que tirándome tanto de su tela,
sin serlo, me la hace de tirela.
Contra mi voluntad, fregona mía.
85
¿Cómo no he de llegar tan estirado?
Con tentaciones
de repartillas ciertos mojicones,
¿Qué tiene?
90
General es el hombre por lo hablado.
No soy ni aun capitán; hase engañado.
Y a mí, que no la pido.
Y a mí, señor.
95
¿Hay tal prisa? ¿Soy tabla de abadejo,
pescadillo tan ruin, que se ha ensanchado
porque ve que la gente le ha buscado,
y haciéndose del grave, ha dado traza
de no salir en público a la plaza?
100
¡Oh, bien haya el atún, que nunca falta!,
antes por agradable, en cierto modo,
para venderse se hace ijadas todo,
y sin perderse nada,
todo se vende, y todo es de la ijada.
105
Que se haga de rogar una lamprea,
dama con la ventura de la fea,
con su buen gusto trata de encubrillo,
vaya con Dios; ¡mas el abadejillo!
110
Que se entone un besugo, porque tiene
sangre en el ojo, y de Vizcaya viene,
y sea, aunque muchacho, de tal brío,
que se las tenga tiesas con el frío,
yéndole la opinión en resistillo,
115
vaya con Dios; ¡mas el abadejillo!
Que el congrio haga estimarse, si se ofrece
que está delante dél el congricida,
según brota la sangre por la herida;
120
que se engría el salmón de ver pagados
por cada libra suya mil ducados,
con la lengua muda el mismo salmón diga:
125
de vergüenza de verme venderme caro,
vaya con Dios; ¡pero el abadejillo,
por andarle buscando locos todos!
130
Miren por quién tenemos ya mohínas;
la culpa desto tienen las gallinas,
que inventando usos nuevos,
y se sale con ello ya cualquiera;
135
mas ¡vive Dios!, si un día gallo fuera,
que todas...
¿Qué, cuitado?
Habían de poner, mal de su grado.
Dejen conversaciones de Cuaresma,
En tiempos tales
140
ya no pueden los hombres ser carnales.
¿Por qué?
Porque no hay carne para ello;
que se hace de rogar hoy el carnero
más que en tiempo de nieve un panadero.
145
ni es a podrirse de nada,
ni a echar a perder el tiempo.
A que con él nos holguemos.
150
yo perdono el pasatiempo.
Tarde es de Carnestolendas.
TODOS
155
Más de los que ellos se esconden,
160
pero yo le esconderé.
(Véndaselos.)
165
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¿Iré?
(Apartada.)
(Escóndele en el sombrero y cúbrese.)
¿Iré?
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(A mí se me encara; aquí es ello.)
(Aparte.)
Aquí le tiene.
(Tiéntale todo el cuerpo, y luego sube la mano, dale una palmada en el sombrero y quiébrale el huevo.)
¡Jesús!
Picarona, ¡cuál me has puesto!
Juro a Dios que me has guisado
180
las liendres, que sorben huevos.
Niego para guarnición,
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Dios mío, ¿qué ha de ser esto?
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Hacer el candil vislumbres.
Pronosticarlo los huesos.
No.
Diga, pues.
Mas ¿que lo acierto?
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(Bájase a mirar al suelo, y tíranle un jeringazo por debajo.)
200
¿suelo con quiebras? ¿si ha sido
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Pues, ¿a mí?... suelo enfermero,
que aciertas con las jeringas,
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¡plegue a Cristo! Venga el paño.
(Dale un paño lleno de harina, y límpiase con él la cara.)
Con esto me desenojan.
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que en las esquinas del pueblo
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con tal prisa, que en el susto
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pues desamparando asientos,
sin saber cómo o por qué,
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soltaban los ferreruelos,
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y que lo quemen por ello,
hasta que los alarifes
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remedien su sentimiento.
(Cantan.)
pues son propias deste tiempo;
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y, al son de los instrumentos,
hablando las castañetas,
publiquen lo airoso y diestro.
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de su poco sufrimiento,
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De las Carnestolendas
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