Francisco Martínez de la Rosa
Amor de padre

Acto cuarto

Escena XV

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Escena XV

 

EDUARDO, EL HIJO DEL ALCAIDE

EDUARDO se asoma a lo alto de la escalera

EDUARDO.- ¿Eras tú? Sentí ruido en la sala... y no me atreví a bajar, temiendo que fuesen otros... ¿Ves cómo ha salido bien? ¡Cuánto te agradezco esta fineza!... Pero ¿qué tienes que me miras así? (Vuelve la cara hacia el cala. bozo.) ¿Quién ha abierto la puerta?... (Corre allá, entra y vuelve a salir desatentado.) ¡Mi padre!... ¡Mi padre!... ¿Dónde está mi padre?... ¡Responde!... ¡Padre mío de mi alma!... ¿Dónde estás? (Coge la lista, que está en una mesa, la lee para sí con la mayor agitación, se le cae de las manos y permanece inmóvil. En esto se oye estrépito hacia el fondo del teatro y se oye gritar: «¡Viva la República!... ¡Viva!...» Pasan por detrás de la verja el comisario del Tribunal, y en un grupo, M. Loyzerole, con otros presos y los agentes de dicho Tribunal; algunos llevan hachas encendidas. Eduardo, al oír el ruido, dirige hacia allá, y al aproximarse al a reja retrocede y cae sin sentido.)

EDUARDO.- ¡Jesús mil veces!...


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