Francisco Martínez de la Rosa
Amor de padre

Acto quinto

Escena V

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Escena V

 

Dichos, menos el ALCAIDE.

PRESO - ¡A ponernos en salvo!... Seguidme todos... Nuestros amigos ya estarán a la puerta...

PRESO - Aprovechemos la ocasión...

PRESO - (A un grupo de mujeres.) No hay que vacilar... ¿Quién sabe lo que puede suceder?... Y si Robespierre llegara a triunfar... ¡capaz sería de anegar a París en sangre!...

EL GRUPO DE MUJERES.- ¡Vamos!... ¡Vamos!...

PRESO - Ánimo y seguidnos... Nosotros os abriremos paso...

MUJER lª- (A Matilde.) ¡Ved que todos se van y os vais a quedar solos!...

MATILDE.- ¿Y cómo abandonamos a ese infeliz?...

MUJER lª- ¿Y qué adelantáis con quedaros?...

MATILDE.- Si fuera posible, llevarle con nosotros...

MARQUÉS.- ¿Cómo, hija mía?...

MATILDE.- Intentémoslo siquiera... ¡Eduardo!... ¡Eduardo!... Nos han puesto en libertad, y a ti también...

EDUARDO.- ¡A mí!

MATILDE.- ¡Vámonos fuera de esta prisión; verás qué placer disfrutas al respirar el aire del campo!...

EDUARDO.- ¿Y mi padre?...

MATILDE.- Ya está libre.

EDUARDO.- No... Me engañas... Yo no le dejo aquí...

MATILDE.- Créeme, Eduardo... Se halla fuera y te está esperando.

EDUARDO.- No... No... ¿Quién me lo asegura?...

MARQUÉS.- ¿Conoces este libro de memorias?

EDUARDO.- Sí... Es el de mi padre. (Lo arrebata y lo besa.)

MARQUÉS.- Pues te lo envía en señal de que está aguardando...

EDUARDO.- Vámonos corriendo... ¿Dónde está?... ¡Pronto, que lo estreche en mis brazos!... (Sale apresuradamente y se detiene de pronto al pasar por delante del calabozo donde estuvo su padre; va y se asoma por la rejilla.) ¿Ves como me engañabas?

MATILDE.- No te hemos engañado...

EDUARDO.- ¡Allí está!... ¡Allí está!... Yo no me muevo de aquí si no viene mi padre...

MATILDE.- ¡Por Dios, Eduardo!... Te lo pido con las lágrimas de mis ojos... Que te pierdes... Y nos pierdes a todos...

MARQUÉS.- Hija mía...

MATILDE.- Yo no le dejo así, aunque me costara la vida...

MARQUÉS.- Es preciso salvarle cualquier manera que sea... El infeliz está lejos de conocer el daño que hace... (A su criado.) Juan y tú, a ver si podéis apartarle de esa puerta...

MATILDE.- ¡ Por Dios, con tiento!... Cuidado no le hagáis mal... (Bajan algunos presos por la escalera.)

PRESO - ¿Aún estáis aquí?...

MARQUÉS.- Por no abandonar a ese desgraciado...

PRESO - ¡Pobre mozo!...

PRESO - Todos ayudaremos a salvarle...

MATILDE.- ¡Dios os lo premiará!...

EDUARDO.- ¿Adónde me lleváis? Dejadme... Dejadme...

MATILDE.- Ven con nosotros, Eduardo... ¿No quieres seguir a tu Matilde?...

EDUARDO.- ¡No, yo no dejo a mi padre!... (Matilde va delante al lado de su padre; detrás Juan y el otro criado, llevando de ambos brazos a Eduardo y ayudándoles algunos presos. A los pocos instantes se oye ruido de pasos y entra Eduardo precipitadamente, echa el cerrojo de la puerta y se asoma a la verja.)




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