Francisco Martínez de la Rosa
Amor de padre

Acto quinto

Escena XIII

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Escena XIII

 

El PRESO viene seguido de un grupo de gente por la callea donde se dirigen los otros.

PRESO - ¿Dónde vais?

PRESO - A la Convención.

PRESO - La Convención ya se ha salvado...

PRESO - ¿Cómo?... (El grupo se abre y le rodea para oírle.)

PRESO - Yo no sabré deciroslo... Todo ha cambiado en un instante... Los cañones estaban ya asentados, y el comandante Henriot, ebrio y fuera de sí, dio la voz de ¡fuego!, pero los artilleros se aterraron a la idea de sepultar entre las ruinas a los representantes del pueblo... Algunos de éstos se presentan en aquel terrible momento y leen en voz alta el decreto contra los rebeldes... Pareció cosa de encanto: a un tiempo resonó en todas las filas: «¡Viva la Convención Nacional!...» Y las armas que estaban dirigidas contra ella se vuelven contra los traidores y van a exterminarlos...

HOMBRE - Todos se hallan reunidos en la Casa de la Ciudad.

HOMBRE - ¿Pues hay más que volar el edificio y que den un salto a los infiernos?...

PRESO - ¡Vamos allá!... Y que al salir mañana el sol, no halle vivo a ninguno.

VOCES EN EL GRUPO.- ¡Ninguno !(Se dirigen hacia la última calle de la derecha; de la inmediata sale corriendo Juan y se encara con, el preso )




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