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Dichos, JUAN, EL POSADERO y SU MUJER.
JUAN.- (Al marqués.) No me parece que he tardado...
MARQUÉS.- No, por cierto...
JUAN.- Con lo poco que traíamos y lo poco que hemos hallado aquí...
POSADERA.- No habrá mucho; pero lo que es limpio...
JUAN.- Como tu cara... ¡Posadero!
POSADERO.- Ciudadano me llamo...
JUAN.- Perdona, hombre... ¿Ciudadano qué?
POSADERO.- Ciudadano Marco Bruto...
M. LOYZEROLE.- ¡Hola!... ¡Nada menos que eso!...
POSADERO.- Yo me llamaba Marcos... porque nací el día de San Marcos, cuando había santos...
POSADERO.- Y luego me añadí lo de Bruto...
JUAN.- ¡Y qué bien que le sienta!...
POSADERO.- Porque dicen que fue un gran republicano, que mató a no sé quién...
M. LOYZEROLE.- ¡Verdad!... (Aparte.) ¡Qué simple!
JUAN.- Ciudadano Bruto, trae un par de botellas del tinto de Borgoña..., y que no esté bautizado...
POSADERO.- Ya no se bautiza...
JUAN.- A las criaturas puede ser; pero lo que hace al vino, aún no ha entrado en la moda republicana...
MARQUÉS.- Déjate de tonterías. (A Juan.) ¿Está todo listo?
MARQUÉS.- (Levantándose.) No sé si es el aire del campo, o el ejercicio, o el vernos todos reunidos, la cierto es que tengo más apetito que hace muchos meses.
M. LOYZEROLE.- ¿No es verdad que cuando se recobra un antiguo amigo parece como que se quita una losa del corazón?
MARQUÉS.- Así es... (Se sientan a la mesa.) Tú, Matilde, harás los honores de la mesa, como si fueras el ama de casa; ¡es menester ir aprendiendo!... ¿Por qué te pones tan encendida, muchacha? ¿Y tú también? ¡Qué edad tan dichosa, en que todos los sentimientos se asoman al rostro!... Después, con los años y con la experiencia del mundo...
M. LOYZEROLE.- Y aun todas las precauciones no bastan...
MATILDE.- (Al posadero.) ¿Para aquí mucha gente?
POSADERO.- Poca, y ahora menos.
POSADERO.- Porque la gente pobre no está para gastos, y los ricos... harto hacen en esconderse en sus huroneras... para no pagar todo el mal que han hecho...
JUAN.- (Aparte.) Me están dando unas tentaciones de dar un puntapié al ciudadano Marco Bruto..., allá..., hacia el remate de la quilla, donde principia la cámara de popa...
MARQUÉS.- Juan... ¿Qué estás ahí gruñendo?
JUAN.- Estoy repasando una cuenta...
MARQUÉS.- ¿No quieres que probemos ese vino? (Lo sirve Juan.)
M. LOYZEROLE.- Yo desearía echar un brindis..., si lo permitís...
MARQUÉS.- ¿Por qué no?
M. LOYZEROLE.- ¡A la felicidad de entrambos!...
MARQUÉS.- ¡A su felicidad!... (Beben los dos.)
MATILDE.- (A Eduardo.) Me parece que estoy soñando...
EDUARDO.- ¡Es tan grande mi dicha, que me pesa en el alma!...
M. LOYZEROLE.- ¿A qué vienen ahora esas lágrimas?
EDUARDO.- Son de placer, de ternura... ¡No las trocaría yo por todos los tesoros del mundo!...
MARQUÉS.- ¡Dios os haga tan dichosos, hijos míos, como merecéis serlo!...
M. LOYZEROLE.- ¿También vos?... Entre todos, yo solo tengo juicio..., y eso... con sus trabajos... (Levantándose Juan, el posadero y su mujer retiran la mesa y se van.)