Francisco Martínez de la Rosa
Amor de padre

Acto segundo

Escena III

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Escena III

 

Dichos, JUAN, EL POSADERO y SU MUJER.

JUAN.- (Al marqués.) No me parece que he tardado...

MARQUÉS.- No, por cierto...

JUAN.- Con lo poco que traíamos y lo poco que hemos hallado aquí...

POSADERA.- No habrá mucho; pero lo que es limpio...

JUAN.- Como tu cara... ¡Posadero!

POSADERO.- Ciudadano me llamo...

JUAN.- Perdona, hombre... ¿Ciudadano qué?

POSADERO.- Ciudadano Marco Bruto...

M. LOYZEROLE.- ¡Hola!... ¡Nada menos que eso!...

POSADERO.- Yo me llamaba Marcos... porque nací el día de San Marcos, cuando había santos...

M. LOYZEROLE.- Ya...

POSADERO.- Y luego me añadí lo de Bruto...

JUAN.- ¡Y qué bien que le sienta!...

POSADERO.- Porque dicen que fue un gran republicano, que mató a no quién...

M. LOYZEROLE.- ¡Verdad!... (Aparte.) ¡Qué simple!

JUAN.- Ciudadano Bruto, trae un par de botellas del tinto de Borgoña..., y que no esté bautizado...

POSADERO.- Ya no se bautiza...

JUAN.- A las criaturas puede ser; pero lo que hace al vino, aún no ha entrado en la moda republicana...

MARQUÉS.- Déjate de tonterías. (A Juan.) ¿Está todo listo?

JUAN.- Ya está...

MARQUÉS.- (Levantándose.) No si es el aire del campo, o el ejercicio, o el vernos todos reunidos, la cierto es que tengo más apetito que hace muchos meses.

M. LOYZEROLE.- ¿No es verdad que cuando se recobra un antiguo amigo parece como que se quita una losa del corazón?

MARQUÉS.- Así es... (Se sientan a la mesa.) Tú, Matilde, harás los honores de la mesa, como si fueras el ama de casa; ¡es menester ir aprendiendo!... ¿Por qué te pones tan encendida, muchacha? ¿Y tú también? ¡Qué edad tan dichosa, en que todos los sentimientos se asoman al rostro!... Después, con los años y con la experiencia del mundo...

M. LOYZEROLE.- Y aun todas las precauciones no bastan...

MATILDE.- (Al posadero.) ¿Para aquí mucha gente?

POSADERO.- Poca, y ahora menos.

M. LOYZEROLE.- ¿Por qué?

POSADERO.- Porque la gente pobre no está para gastos, y los ricos... harto hacen en esconderse en sus huroneras... para no pagar todo el mal que han hecho...

JUAN.- (Aparte.) Me están dando unas tentaciones de dar un puntapié al ciudadano Marco Bruto..., allá..., hacia el remate de la quilla, donde principia la cámara de popa...

MARQUÉS.- Juan... ¿Qué estás ahí ?

JUAN.- Estoy repasando una cuenta...

MARQUÉS.- ¿No quieres que probemos ese vino? (Lo sirve Juan.)

M. LOYZEROLE.- Yo desearía echar un brindis..., si lo permitís...

MARQUÉS.- ¿Por qué no?

M. LOYZEROLE.- ¡A la felicidad de entrambos!...

MARQUÉS.- ¡A su felicidad!... (Beben los dos.)

MATILDE.- (A Eduardo.) Me parece que estoy soñando...

EDUARDO.- ¡Es tan grande mi dicha, que me pesa en el alma!...

M. LOYZEROLE.- ¿A qué vienen ahora esas lágrimas?

EDUARDO.- Son de placer, de ternura... ¡No las trocaría yo por todos los tesoros del mundo!...

MARQUÉS.- ¡Dios os haga tan dichosos, hijos míos, como merecéis serlo!...

M. LOYZEROLE.- ¿También vos?... Entre todos, yo solo tengo juicio..., y eso... con sus trabajos... (Levantándose Juan, el posadero y su mujer retiran la mesa y se van.)




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