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| Francisco Martínez de la Rosa La boda y el duelo IntraText CT - Texto |
ESCENA I
DOÑA LUISA, DOÑA JUANA, ambas cosiendo un vestido de gala y otros adornos de boda.
JUANA.
Vamos, ánimo, hija mía.
¿A qué viene esa tristeza?
Si te ve así la señora,
¡no tendremos mala fiesta!
LUISA.
¿Pues qué he de hacer?
JUANA.
¿Qué has de hacer?
Estar alegre y risueña,
como quien se va a casar,
yo me acuerdo..., hará cuarenta
años, poco más o menos,
que en tal noche como ésta
al arreglarse el casorio
con mi Pedro..., bien que era
como un, sol... ¡Si vieras, hija,
qué muchacho! Donde quiera
se llevaba la atención
por su donaire y sus prendas...
No es decir que tu futuro
en nada le desmerezca;
eso no; si le quitaran
treinta años muy bien pudiera
dar dentera al más pintado.
¡Qué caballero! ¡Qué buena
conversación! Franco, noble,
enemigo de etiquetas
y melindres, militar
de los que ya no se encuentran...
¿Qué decías?
LUISA
¿Quién?... ¿Yo?... Nada.
JUANA.
Es lástima que naciera
tan temprano... ¿No es verdad?
LUISA.
Verdad.
JUANA.
¡Y la diferencia
es tan grande!... Pero al cabo
la señora ceba sus cuentas
y tiene razón; tu padre,
el marqués, que gloria tenga,
hizo lo que hacen los más:
os dejó pleitos y deudas;
tu hermanito, el mayorazgo,
cargó con toda la hacienda,
y una escasa viudedad
a su madre regatea...
Por otra parte, las cosas
tan caras... Ya nadie presta
a un usía, aunque lo maten...
La casa es toda goteras,
los criados sin pagar
y las mulas medio muertas...
Yo mil veces se lo he dicho
a la señora; aunque fuera
andar a pie... ¡Pero hay
en Burgos tan malas lenguas!
Y lo que dice tu madre:
«Ya los hombres no se prendan
del talle y los negros ojos,
de la virtud y nobleza,
sino que ajustan las bodas
como chalanes en feria...»
No hay muchos como don Juan:
ni una palabra siquiera
ha hablado de dote... Sabe
el atraso en que se encuentra
la casa ¡y como es tan rico!
Ya se ve, lo que él desea
es pasar como Dios manda
lo que de vida le queda,
cansado ya y aburrido
de rodar por esas tierras.
Halla una mujer bonita,
que le cuide en sus dolencias,
recogida y bien criada,
no casquivana y resuelta,
como se ven hoy en día...
Sin ir muy lejos, pudiera
citar un ejemplo al canto...
LUISA.
¿Quién dice usted?
JUANA.
La condesa,
tu vecinita y amiga...
Yo no he visto una veleta
mayor que la tal viuda:
ya se enoja, ya se alegra,
ya llora, ya canta y ríe;
y según las malas lenguas,
antes de cumplirse el año
ya diz que le galantea
el sobrino de don Juan,
que es una linda pareja;
tal para cual... ¡Virgen Santa!
¡Si levantara cabeza
el que pudre! Hizo muy bien
en morirse tan apriesa;
y aunque esté en el Purgatorio,
mejor está que estuviera.
LUISA.
Calle usted, que suena gente...
JUANA.
¿Quién será? No sino ella.