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| Francisco Martínez de la Rosa La boda y el duelo IntraText CT - Texto |
ESCENA I
DON JUAN. Entra con varias cartas en la mano.
JUAN.
Parezco un primer ministro,
pero sin sueldo y sin bolsa...
¡Tres cartas en veinte pasos!
Y muy importantes todas. (Leyendo despacio una de ellas.)
«La que con viejo se casa,
derecha al cielo se va;
porque antes de ir por allá,
el Purgatorio aquí pasa:
El niño no la despierta
con su llanto o su gracejo;
y a no ser la tos del viejo,
durmiera como una muerta.
Aprende a hacer muchas cosas,
y todas a cual mejor:
a preparar lamedor,
dar friegas y echar ventosas.
Sin celos que la den pena,
descansa en su fiel esposo;
porque nada hay tan juicioso
como una gota serena.
Y si el cielo le depara
hijitos de bendición,
le dice algún socarrón:
¡Se os parecen en la cara!» (Rompiendo el papel.)
Pues no es mala desvergüenza:
¡a mí venirme con coplas!...
Algún tunante que quiso
divertirse hoy a mi costa... (Abriendo otra carta.)
Si estotro papel también...
Mas no son versos, es prosa...
Carlos... ¡Ah! Será el hermano
de la condesa... Esta es otra... (Leyendo.)
«Señor brigadier: No es tiempo de disimulo ni de miramientos: usted va a robarme mi bien, y yo estoy resuelto a traspasarle antes el corazón...»
¿Está loco este muchacho?
«Bien sea que muera usted a mis manos, o bien que yo muera a las suyas, Luisa no será su esposa...»
Luisa no será su esposa...
¿Pues de quién?... Juicio, Juan, juicio,
que la sangre se alborota.
¡Y a tu edad! Hasta en la cara
temo que me lo conozcan...
«Nos amamos desde la niñez; no puede amar más que a mí, a mí solo en el mundo; y si otra cosa dice, miente. Yo tengo sus palabras, sus promesas, y no las suelto sino con la vida...»
¡Con la vida!... Juicio, juicio,
que nunca estará de sobra.
«Yo a usted no le culpo; sé que es un hombre de bien, un caballero; y por eso le pido la satisfacción que en tales casos se acostumbra. Sólo culpo a su madre, que así abusa de su autoridad; la culpo a ella, que va a faltar indignamente a su fe y a sus juramentos; culpo a mi mala suerte, que me ha hecho tan infeliz... Espero esta misma noche la respuesta o yo iré por ella; la hora, el sitio, las armas; antes que sufrir este tormento prefiero mil vecesla muerte. Carlos de Guevara.»
(Después de una pausa, paseándose con agitación.)
¿Estoy despierto o soñando?...
¿Es cierto lo que en mis propias
manos tengo, lo que veo?...
Esta carta..., escrita toda
con tal desorden...; las señas...,
la amistad entre una y otra....
vecinos y de una edad...,
tratándose a todas horas...,
él muy triste al despedirse...,
ella siempre cavilosa..., que
la madre..., mil circunstancias
que ahora traigo a la memoria...
Pero ¿y si no fuese cierto?
¿Si alguna mano alevosa
ha fingido...?¿Y con qué fin?...
¡Quién sabe! Suceden cosas
en el mundo!... Pero no;
sea lo que fuere, importa
averiguarlo ahora mismo,
pues que va en ello mi honra.