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| Fr. Jean-Jacques Pérennès, OP Algunas impresiones a la vuelta de Irak IntraText CT - Texto |
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Todo pasó sin novedad; sus oraciones y la Providencia ayudaron. Estoy feliz por haber podido hacer este viaje en compañía de Bruno Cadoré, mi Provincial, y poder así manifestar nuestra solidaridad a nuestros hermanos de Irak, a sus familias, a sus amigos, después de los meses de prueba que habían pasado. También queríamos hablar con ellos del porvenir.
El viaje fue bastante corto: una semana en total con desplazamientos incluidos. Salimos de Amman por carretera el sábado 23 de agosto a eso de la una de la mañana en una caravana de varios vehículos, grandes taxis tipo Chevrolet, que nos dejaron en la frontera iraquí a las 4:30 de la mañana. Allí la primera sorpresa: no hay formalismos para entrar en Irak ni visa, ni identificación, ni control de la identidad. No hay ni registro ni ordenador; simplemente nos sellan el pasaporte bajo la mirada indiferente de dos GI americanos. Lo cual quiere decir que cualquiera puede entrar en Iraq incluyendo los provocadores de problemas tipo el Qaeda, que bien pudieran estar en el origen de algunos de los recientes y graves atentados. A nuestro regreso veremos a los jordanos muy vigilantes con los que entran en su país desde Iraq rechazando a muchos de los candidatos. La autopista, de 6 carriles que va de la frontera hasta Bagdad apenas ha sido dañada, salvo en un sitio en el que un puente ha sido bombardeado. Pero los chóferes temiendo los saqueos, al acercarnos a Bagdad nos llevan por la vieja carretera vía Fallouja y Ramadi. Llegamos a Bagdad a las 10 de la mañana : ¡mi record para este trayecto que hago por décima vez !
La llegada a Bagdad es también un shock : un caos total. Imaginad una ciudad de 6 millones de habitantes donde no hay semáforos que funcionen, no hay (o apenas) policía y no hay ejército. Los daños causados por los golpes norteamericanos son menos importantes que los causados por los saqueos posteriores que han quemado y devastado todo lo que recordara el Estado de Sadam: ministerios, banca, administración… La ciudad está invadida por vehículos importados masivamente de los países vecinos habida cuenta de que no hay aduanas. Bagdad se ha convertido en una ciudad peligrosa donde nadie se atreve a salir de noche. En unos momentos entre el paso de la frontera y la llegada a la capital nos hemos dado cuenta de que no hay Estado en Iraq. Las fuerzas norteamericanas parecen estar sobre todo ocupadas en operaciones militares para eliminar el antiguo régimen y poco parecen haber hecho por la reconstrucción del país. Ciertamente un esbozo de policía iraquí aparece pero aún es poco visible.
A nuestra llegada encontramos a uno de nuestros hermanos en duelo por la muerte de su hermano joven que era cocinero en el edificio de las Naciones Unidas. La familia, a la que visitamos de inmediato, ¡tuvo que esperar por el cuerpo durante 6 días ! Es lo que los militares llaman «daños colaterales» La joven esposa de Saad estaba acabada, igual que sus hermanos de los que varios ya hicieron la guerra de Irán, años de servicio militar obligatorio así como el embargo. Al mismo tiempo mucha dignidad. Una hermosa solidaridad familiar es la prueba. ¡Cuánto sufrimiento en los iraquíes sencillos!
Por la tarde me reencuentro con uno de mis amigos iraquíes, Wisam, un joven cristiano caldeo muy comprometido con su Iglesia. Como habla italiano, se presentó voluntario como intérprete durante y después de los ataques en el hospital de la Cruz Roja italiana, que hizo un excelente trabajo de urgencia recuperando enormemente gente quemada a veces muy gravemente. Encontramos también otras ONG´s durante nuestra estancia: en medio de este sufrimiento también hay solidaridad, generosidad, valor. Son necesarios porque la vida cotidiana es difícil. Los numerosos apagones eléctricos impiden funcionar a los acondicionadores de aire e incluso a los simples ventiladores, mientras que hay 45 grados a la sombra. ¡Es espantoso!.
Dormimos en la terraza donde se estaba bien. En el suelo algunas balas perdidas disparadas por los vecinos para manifestar su alegría por el anuncio de la muerte de Ouadaï y Qusaï. Nos despertamos solo por el paso de helicópteros americanos que patrullan mucho. El avituallamiento es más fácil que antes, pero se necesitan muchos empleados del Estado, que han perdido su empleo. Los gigantescos retratos de Sadam que eran omnipresentes han sido rotos a golpes. La población se diría que está mucho mas relajada con la libertad reencontrada. Se habla de 130 periódicos de opinión abiertos después de la caída del régimen. Los tejados están cubiertos de antenas parabólicas hasta ahora prohibidas: no hay otra cosa que el negativo de la situación anterior.
El domingo 24 tomamos la ruta de Mossoul donde se encuentra nuestra segunda comunidad. Aproximadamente 300 kilómetros jalonados por inmensos campamentos militares hoy día abandonados. Lo que no ha sido bombardeado, ha sido quemado y saqueado. Los tanques y los blindados más o menos destruidos taponaban las entradas a estos campamentos dando una extraña impresión después de la batalla. Nos encontramos con muchos convoyes: convoyes militares americanos muy protegidos que permiten realizar la tremenda logística que supone un ejército de 140.000 hombres; convoyes de combustible que vienen de Turquía hacia Iraq exportando su petróleo bruto; convoyes de vehículos importados de los países vecinos aprovechando la ausencia de aduanas. Todo ello protegido por GI armados hasta los dientes; muchachos de 18-20 años, claramente sin experiencia, probablemente aterrorizados por este mundo hostil del cual no conocen ni la lengua ni la cultura. «Conseguimos bastante dinero», me dice el joven militar que me encuentro en la frontera. Puede ser, pero entre 10 y 15 convoyes son atacados cada día según el portavoz militar americano en la CNN.
En Mossoul, tenemos la alegría de encontrar a nuestros hermanos con buena salud ; han sufrido menos que en Bagdad; su convento, recientemente renovado es ahora un lugar magnífico. Sin embargo una granada explotó en la casa de al lado hace una semana, mientras los soldados norteamericanos, acompañados por su capellán, asistían a la misa en nuestra iglesia. Por suerte no hubo daños. No es fácil encontrar la relación exacta con las fuerzas de la coalición: son ocupantes, pero también la única fuerza organizada que existe actualmente. A las hermanas dominicas, a las que visitamos, también les cayó un cohete en el dormitorio de las novicias, pero no hirió a nadie de milagro. ¿Qué buscaban romper? ¿Lo que representan las hermanas o la tienda de bebidas en la planta baja del edificio? Es preciso tener nervios de acero y tomar cierta distancia para no caer en explicaciones «clásicas»: la «maldad de los musulmanes» que no quieren a los cristianos etc. Fácil decirlo desde lejos. Doce años de embargo han puesto a dura prueba los nervios de todo el mundo y es verdad que ciertos viejos demonios pueden despertarse rápidamente. Mossoul, sin embargo parece casi estar gobernado por un consejo municipal donde se sientan los jefes tradicionales de la población (cristianos, musulmanes, kurdos…). Los helicópteros USA sobrevuelan constantemente Mossoul, donde muchos creen se esconde Saddam disfrazado de imán con barba blanca. ¿Rumores? Comentamos entre nosotros la oportunidad que supondría la recompensa de 25 millones de dólares: ¡hay tanta gente a la cual ayudar aquí viviendo en la miseria!
Con nuestros hermanos nos planteamos los desafíos para el porvenir: cómo sostener la esperanza del pueblo, cómo alimentar el debate en una sociedad que está por reconstruir, cómo promover la reconciliación para evitar que el engranaje de la violencia no haga más que agravar la desgracia de unos y otros. Los cristianos de Iraq, que no son más que el 3 % de la población, pueden jugar un papel muy positivo más allá de su valor numérico. Es importante apoyarlos pero también atreverse a encontrar «al otro»: los líderes chiitas de Najaf, por ejemplo a los que es preciso evitar satanizar. Por supuesto éstos han invitado a los obispos. Será interesante tener noticias de este encuentro al que algún que otro obispo se ha negado a asistir.
Los encuentros con los hermanos y las hermanas y sus familias nos dejan poco tiempo para otros encuentros. De todas formas no es hora de paseos en el actual Iraq, donde ningún extranjero circula. Pero haría falta evidentemente encontrarse con más gente para tener una verdadera visión y evaluar las posibilidades de encauzar una situación que parece, en este momento, catastrófica: intelectuales iraquíes, autoridades locales tradicionales, gente de las Naciones Unidas y de las ONG´s (nos encontramos con algunas), militares americanos, periodistas extranjeros. Uno de ellos que ha seguido toda la guerra, nos pone alerta sobre un asunto poco claro: la toma del aeropuerto de Bagdad donde se habría utilizado un arma nueva, del tipo de la bomba de neutrones, que habría matado todo tipo de vida (hombres y animales) en un radio de varios kilómetros sin herir los cuerpos y sin destruir las infraestructuras. La prensa estuvo mantenida durante varios días a una distancia de kilómetros: ¿tiempo para “hacer limpieza”? Si esto se verifica, ¡cuántas preguntas añadidas se plantean sobre la moralidad y los métodos de una guerra así!
A mitad de camino entre Bagdad y Mossoul vimos un retrato de Saddam no solamente destruido sino transformado: niños jugando al borde del río Tigris
Parece urgente que la comunidad internacional se implique de nuevo en la reconstrucción de Iraq para que sea ésta una realidad y no solamente un sueño. No se puede abandonar a Iraq. Cuatro de nuestros hermanos jóvenes, tres iraquíes y un francés van a reforzar nuestras comunidades en septiembre. Un buen signo de nuestra confianza en el porvenir a pesar de todo
El Cairo, 30 de agosto de 2003
(por cortesía de CIDAL)