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P. J. Rovira, CMF
La pobreza evangélica

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2) Se ha ampliado el concepto antropológico y socio-económico de pobreza; y no todo es negativo.

 

Podemos distinguir entre un significado o contenido negativo y otro positivo de pobreza en cuanto realidad humana. En cambio, la miseria tiene siempre y únicamente un significado negativo, es siempre indigna del hombre. La pobreza, en cambio, puede incluso ayudarle a vivir ciertos valores humanos.

 

 

a.         En nuestra sociedad, cuando se habla de pobreza, se tiende a pensar de inmediato en algo negativo: la falta de bienes, en particular los económicos; y, en general, la relación del hombre con las cosas materiales que están fuera de él.

 

            A decir verdad, la actual realidad humana de pobreza es muy amplia y articulada. En efecto, la pobreza – como en seguida veremostiene también aspectos positivos, desde el punto de vista humano. Y, por otra parte, en lo referente a los aspectos negativos, abraza mucho más que el simple hecho socio-económico.

 

            De hecho, aa pobreza económica, o falta de bienes materiales, es un aspecto externo, aunque importante para el hombre, y también decisivo para su supervivencia biofísica. Esta es una pobreza primaria, de base. Pero también hay pobreza cuando hay bienes, pero se encuentran distribuidos de forma desigual; por ejemplo, en una sociedad rica puede haber muchos pobres5.

 

            Por consiguiente, podemos hablar de pobreza económicarelativa”, no cuando los bienes no son suficientes para vivir una vida humanamente digna, sino cuando las posibilidades económicas y culturales podrían permitir a todos los ciudadanos un nivel superior, si no lo impidiera la corrupción o la mala administración. Bastaría pensar, por ejemplo,  que algunos “pobres” en ciertas países industrializados serían considerados poco menos que “ricos” en zonas del Tercer Mundo, y ciertos personajesricos” de otros tiempos sería considerados hoy pobres: no tenían corriente eléctrica, ni agua corriente en casa, ni frigoríficos, radio, televisión, teléfono, ordenador, ni podían irse de vacaciones al extranjeroquizá ni sabían que existía ...!), no tenían la variedad de alimentos que tenemos hoy, ni de vestidos, ni calefacción o aire acondicionado, ni tren, coche, avión, etc., muchos de ellos eran incluso analfabetos. Finalmente, a veces la gente habla de pobreza o de estrecheces simplemente cuando no logra comprar bienes más o menos ficticios, o los últimos aparecidos en el mercado, espoleada por la propaganda consumista. De hecho, el capitalismo moderno necesita personas que consuman de forma tranquila, continua, estandarizada y masiva; que tenga gustos tipificados y modificables. Compraposesión - consumo rápidoeliminación - nueva compra ..., son las fases y las cadenas del círculo cerrado instaurado por el consumismo reinante6.

 

            Pero hay otros tipos de pobreza humana no menos profunda. Por ejemplo, la falta de poder decisional (sobre la propia vida, familia, sociedad ...); el paro (falta de trabajo), porque no sólo priva de obtener bienes, sino que va contra la dignidad y los derechos de la persona: ganarse el pan; es algo humillante, indigno. Está la pobreza del enfermo físico o psíquico, el discapacitado, el anciano: le falta el bien de la salud; los drogadictos, los enfermos de sida ...; la pobreza del inculto o analfabeto: le falta el bien de la cultura; de quien no tiene casa o no tiene familia o debe emigrar por motivos económicos o políticos, en especial el emigrante clandestino, el perseguido, el nómada, el vagabundo. Más aún, la pobreza de quien no tiene a nadie a quien amar ni se siente amado por nadie; de quien se siente solo sin poder satisfacer la necesidad de pertenecer a un grupo, la necesidad de ser reconocido en su propia inconfundible identidad individual, cultural y social (cf. ChL 28); la necesidad de seguridad individual y colectiva, la necesidad de ser valorado, amado en cuanto persona, y de verjustificada” así su existencia. Y, en general, la pobreza de quien se siente abandonado, olvidado, despreciado, odiado, mirado con desconfianza, indiferencia o desprecio; de quien se siente explotado, instrumentalizado, manipulado, marginado, plagiado, incapacitado para pensar y decidir por su cuenta, dependiente, impotente, atemorizado, aplastado por estructuras o por los poderosos de turno; de quien se siente pobre de cualidades y de recursos humanos personales; de quien se siente víctima de sus limitaciones, de su mal carácter, de su fragilidad psicológica, de sus incoherencias y pecados personales, o de los ajenos; de quien no le ve sentido a la vida ni salida a sus problemas, a sus sufrimientos ... 7. También la pobreza de los “pobres opulentos”, es decir, de quienes son ricos en cosas, pero pobres en valores; cuya vida se ahoga en un trabajo aplastante, del que son incapaces de desengancharse; una vida llena de cosas, pero vacía de espíritu, de amor, e incluso de salud ... 8. ¡Son tantas las “nuevas pobrezas” (cf. VC 63b)!

 

            Por tanto, la pobreza negativa es una realidad muy compleja y extendida, de la que en cierta medida todos somos víctimas.

 

 

b.         Pero, decíamos, la pobreza humana puede ser también fuente de valores, el espacio donde aparecen determinadas virtudes humanas.

 

            Haciendo referencia como antes, ante todo, a la relación del hombre con las cosas y las otras personas, pobreza quiere decir ayudar al hombre a mantener su función e importancia en la creación, sin hacerse esclavo (dependiente) de nada o de nadie, en forma no conforme con su dignidad.

 

            Así ocurre, por ejemplo, cuando el hombre se mantiene libre frente a las cosas, no se apega a ellas, no se dejar arrastrar por el anhelo de posesión de cosas o del dominio sobre las personas; cuando usa de los bienes y lleva adelante sus responsabilidades, pero se mantiene libre y deja o hace libres a los demás. Cuando no se deja arrastrar por la ambición, la avidez de posesión, la explotación, el despilfarro ... Cuando sabe prescindir de cosas fútiles, de bienes ficticios, necesidades creadas artificialmente (fruto del consumismo desenfrenado e insensato), sea para salvar su libertad frente a las cosas, sea frente a quien querría explotarlo. Cuando comprende que es más importante ser que tener. Pobreza como liberación del ser: 1) libres del yo: autoposesión, 2) libres de las cosas: dominio, 3) libres para servir a los demás, 4) libres para abrirse y acoger a Dios. En resumen, pobreza como libertad y liberación.

 

            Pobre en sentido positivo es aquél que, consciente de sus propios límites, se abre a los demás para recibir de ellos con sencillez y humildad, y es capaz de compartir con ellos, de darse a sí mismo, lo poco o mucho que tiene, convencido de que la relación entre las personas es el bien más grande, y que la persona del otro es más valiosa que las cosas. Se siente y se reconoce necesitado de los demás y, al mismo tiempo, capaz de dar algo, de ser enriquecido y de enriquecer, de recibir con gratitud y de dar con generosidad: sabe que es, al mismo tiempo, hambre y pan9. Pobre, pues, no en el sentido de quien no tiene, sino de quien “en su propia humanidad se convierte en un dispensador de bien” (RD 5c). Pobreza como solidaridad, coparticipación, comunión; no como privación, sino como oblatividad10. Así, un “corazón pobre” se convierte también inevitablemente en un “corazón fraterno”. Comunica, pues, no sólo los bienes materiales, sean pocos o muchos, sino, sobre todo y ante todo, a sí mismo, su persona (¡el bien más grande que cada uno tiene, no la cartera!), su tiempo personal (¡que quiere decir la única vida que tiene!), sus propias cualidades y capacidades, su propia humanidad, su propio amor. Es tan pleno y libre que puede dar lo que humana y espiritualmente tiene, viendo en este darse él mismo no una pérdida, un empobrecimiento, sino un manantial incesante de enriquecimiento humano: ¡al dar de su pobreza, recibe! (como decía San Francisco de Asís). Se percata de que precisamente el egoísmo, el encerrase en sí mismo, es el proceso más trágico de empobrecimiento humano, puesto que aprisiona a la persona en el cascarón de sus límites, le impide recibir y crecer; mientras que en el compartir y amar a las personas y las cosas encuentra la fuente inagotable de su plenitud y felicidad humana. Así pues, pobreza como amor, humanización, fraternidad, solidaridad.

 

            Pobreza significa, por consiguiente, aceptación de sí mismo, de los demás y de la realidad tal como son, con las posibilidades y las limitaciones de cada cual y de cada cosa. Aceptación que no es resignación pasiva, sino un “sí” a la vida, a las personas (comenzando por la propia), a la creación entera. Pero es asimismo un punto de partida porque después, mediante la propia donación, coparticipación y amor, la persona intenta llevarse ella misma, y a los demás y la realidad creada, a una plenitud cada vez mayor. Por tanto, pobreza como sencillez de vida, apertura, acogida, empuje, promoción, vida.

 

            Entendida de ese modo, la pobreza se presenta como una virtud humana de entre las más fundamentales. Significa liberación de la concupiscencia o codicia de la posesión, liberación del egoísmo y del poder, de la explotación, del narcisismo y de la instrumentalización de los otros o de la creación; significa dominio de sí y frente a las cosas: humanización. La sencillez y aun una cierta austeridad de vida son una ayuda para que el hombre siga siendo plenamente él mismo, humano, digno, señor de la creación, no destrozador; libre, no esclavo ni destructor; amante, no explotador.

 

            Pobreza que lleva a la gratuidad, a darse y a compartir superando la permanente tentación de la utilidad, del cálculo egoísta, de la explotación y manipulación de los demás, de uno mismo o de las cosas. Al contrario, encontrando la propia felicidad en comunicarse uno mismo, en echar una mano, en amar. Una virtud así, la encontramos a menudo precisamente entre la gente económicamente débil: esa gente comparte de buena gana, con espontaneidad, lo que tiene, entre ellos y con los huéspedes; más aún, se siente feliz y honrada al poder compartir, ¡no aceptar su generosidad espontánea y sincera lo considera incluso ofensivo! Las palabras atribuidas a Jesús: “Hay más dicha en dar que en recibir” (Hch 20,35) se nos aparecen como correspondientes a la naturaleza humana, antes aún de ser revelación de algo sobrenatural.

 

            En conclusión, la pobreza resulta algo positivo cuando es fruto y manifestación del amor del hombre al otro hombre (incluido él mismo) y a la creación entera. Ésta es la base humana de todo lo que vamos a decir a continuación. Una vez más, la gracia supone la naturaleza, aunque la supere y la perfeccione, como decía Santo Tomás. Pobreza humana y pobreza cristiana no son lo mismo; pero la humana es ciertamente la base adecuada – la premisa – sobre la que después se empalma el don sobrenatural.

 




5 En los Estados Unidos, primera potencia económica mundial, hay millones de pobres. Además, muchos países del Tercer Mundo no sonpobres” de por sí, sino “países con pobres”; tienen potencialidades no desarrolladas adecuadamente, la falta de una distribución justa, la corrupción política y económica, etc. Prueba de ello es el hecho de que en casi todos esos países hay una minoría de población rica, e incluso a veces muy rica. Los países verdaderamentepobresson ,en realidad, pocos. Por eso, el Magisterio, mientras exhorta a los países ricos a no explotar a los países pobres, pone en guardia a estos últimos para que cambien ciertas realidades internas, ya que no pocas veces la explotación comienza, precisamente dentro del país, por parte de algunos conciudadanos. Cf. Ecclesia in Asia, 40b.



6 Para comprender lo contraria que es al espíritu cristiano esta mentalidad (que nos la encontramos también en no pocos religiosos -, basta pensar que, según ella, cuanto más se tiene más se es: en el tener está el ideal y la meta de la vida y de la felicidad; mientras que para el cristiano: “Hay más dicha en dar que en recibir” (Hch 20,35), y “Dios se lo agradece al que da de buena gana” (2 Co 9,7): ¡no sólo el que da, sino el que siente feliz no en comprar sino en dar! En total contraposición a la promesa consumista (“Cuanto más tengas, más contento estarás”), Jesús y Pablo proclaman que ¡la felicidad no está en tener, sino en dar!



7 Citando la NMI, “Caminar desde Cristohabla de “la desesperación del sin sentido, la insidia de la droga, el abandono en la edad avanzada o en la enfermedad, la marginación o la discriminación social” (35b; cf. NMI 50).



8 Cristina Onassis (hija del multimillonario Onassis que en un determinado momento se desposó con Jacqueline Kennedy) dijo en el trance de su muerte: “Soy tan pobre que sólo me queda el dinero ...”.



9Sólo aceptándose uno como pobre se hace uno hombre” (U. VIVARELLI, citado por A. PRONZATO, Tra le braccia del Padre, Milano 1999, 71). Reconociéndose y aceptándose como necesitados se supera la arrogancia y el orgullo, la inconsciencia de las propias limitaciones. Pero precisamente descubriéndose y acogiéndose como “hambre”, se convierte uno poco a poco en “pan”: humanidad que ha de ser compartida.



10 Por lo demás, la comunidad primitiva de Jerusalén es alabada, en el libro de los Hechos, no porque es pobre, sino porque comparte lo que tiene cada uno (Hch 2-4). Efectivamente, leemos en el texto: “... Entre ellos ninguno pasaba necesidad, ya que los que poseían tierras o casas las vendían, llevaban el dinero y lo ponían a disposición de los apóstoles; luego se distribuía según lo que necesitaba cada unoHch 4,34-35). Los cristianos no somos pauperistas, sino copartícipes, personas que comunican: nos sentimos en comunión en todos los sentidos: místico, teológico, humano y material. No amamos la pobreza, el hecho de no tener, como si fuera ya un bien en sí mismo; sino a los pobres, a los hermanos. No estamos contra las mejoras socio-económicas, sino contra las injusticia y las explotaciones.






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