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Emilia Pardo Bazán
El cisne de Vilamorta

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poeta

   Parte
1 I | fielmente como las estrofas del poeta. Al oír las vociferaciones 2 I | entre pelo y sienes del poeta. Este alzó los ojos, se 3 I | ardía el cigarro: tiró el poeta la colilla, y encendió uno 4 I | Sí - respondió el poeta, volviendo lentamente la 5 I | Estrechaba maquinalmente el poeta la mano de su interlocutora, 6 II | superioridad intelectual del joven poeta, pusieron límite infranqueable 7 III | salmodia de los versos que el poeta declamaba. Desde entonces, 8 III | donde elogiaban mucho a un poeta principiante. ~ ~Entretanto, 9 III | disimulaba los defectos del poeta elogiado. ¿Cuándo le llegaría 10 III | eso, papá... - declaró el poeta -. ¿Usted se figura que 11 III | empezar por ministro? ~ ~El poeta dio nuevo tormento a su 12 IV | posición. ¡Vive Dios! El poeta no envidiaba al político. ¿ 13 VI | se dijo a sí mismo el poeta -. ¿Qué tengo yo que ver 14 VI | del crepúsculo mostró al poeta la plácida sonrisa de Agonde, 15 VI | palabras y los versos del poeta! ¿Y a él, por qué no se 16 VII | tardado tanto en venir? El poeta desahogó su mal humor: vamos, 17 VII | copa de cumen, viendo al poeta afable y propicio, Leocadia 18 VIII | injerir el ripio. Deteníase el poeta, mirando al techo y buscando 19 VIII | Y los acentos? Si el poeta gozase del privilegio de 20 VIII | expresando cuanto sentía el poeta, condensando un mundo de 21 VIII | resistiría a Segundo, a un poeta émulo de Bécquer, joven, 22 VIII | granel, y lo entregaba al poeta, preguntándole con voz velada 23 IX | propietario rural, se apoderó del poeta, consagrándose a enseñar 24 X | creen que un escritor o un poeta, en el mero hecho de serlo, 25 X | pegando casi al rostro del poeta su cara amojamada, exclamó 26 X | hombros, y fijando en los del poeta sus ojos áridos, que requemaba 27 X | Avemaría de gracia! ~ ~El poeta les miraba pasar, observando 28 X | cantan ahora - contestó el poeta - . Yo los oiré desde la 29 XI | en las Vides, alentaba al poeta, ofreciéndose de muy buen 30 XI | bien te vemos.~ ~Dio el poeta familiar encontrón a su 31 XI | cosa ocurría, porque el poeta evitaba las ocasiones. Nieves, 32 XII | soñadores no me olvides del poeta... Parecíale a Nieves que 33 XIII | tampoco, Nieves - murmuró el poeta, inclinándose para hablarla 34 XIII | oscuro, atrevíase a mirar al poeta, sin verle, pues sus pupilas, 35 XIII | distinguían los contornos. El poeta, en cambio, tenía las suyas 36 XIII | Me gustan mucho! Si fuese poeta como usted, diría de ellos 37 XIII | les miraba entonces, y el poeta, sin más preámbulos; pasó 38 XIII | expresión de los ojos del poeta. Este proseguía buscando 39 XIV | la ponía el atrevido del poeta! ¿Y si alguien lo había 40 XIV | señal en el talle, y que el poeta aprovecharía el primer momento 41 XV | La verdad era que el poeta, dadas las circunstancias, 42 XVII | primer instante se adhirió al poeta como la enredadera al muro, 43 XVIII | vaya?... - pronunció el poeta - . Pero señora, aunque 44 XVIII | vergüenza. Después de todo, el poeta llevaba razón: la noche 45 XVIII | estaban húmedas de relente; el poeta se inclinó y sus manos encontraron 46 XIX | Qué atrevimiento el del poeta! Imposible parecía que fuese 47 XIX | satisfacía su delicado egoísmo de poeta, ávido de pasión, de goces 48 XIX | amaba... ¡Lo había dicho! El poeta sonrió desdeñosamente pensando 49 XIX | fuera del balcón. Jurara el poeta que hasta le llamaba por 50 XX | centinela en la solana miraba al poeta con ojos entre satíricos 51 XX | en su madre, sino en el poeta, cuyas palabras bebía la 52 XX | murmuró Nieves, regalando al poeta una sonrisa con más azúcar 53 XX | Por qué? - preguntó el poeta, que se detuvo de repente. ~ ~ - 54 XX | aprisa! Latía de miedo. El poeta se inclinó, y derramó en 55 XX | la chispa eléctrica... El poeta estaba de frente al precipicio, 56 XX | un alma ambiciosa, de un poeta... Pensándolo, Segundo lo 57 XX | movimiento para apartarse del poeta. ~ 58 XXI | explícitamente al arrebato del poeta, y Segundo quería concertar 59 XXI | negociación diplomática del poeta seguía su curso... Una entrevista, 60 XXII | No se lo consintió el poeta, que pronunciaba tiernas 61 XXIII | en su misma casa!... El poeta cogió el sombrero y salió 62 XXIII | Segundo el dinero; y al ver al poeta era su alegría tan franca, 63 XXIII | ella se desviviese por el poeta. Tampoco él andaba bueno. ¿ 64 XXIII | perfección. Para hablar con el poeta de algo que le agradase 65 XXV | mundo y pudiese servir al poeta de guía y mentor. También 66 XXV | por tal conducto sabía el poeta algo de su dama. No ignoraba 67 XXV | gozo. ¡Era la gloria de su poeta, obra suya en cierto modo! 68 XXVI | lamentaba, que la musa del poeta fuese la infecunda nostalgia, 69 XXVII | cobarde hoy!, pensaba el poeta, llamando en su ayuda desesperadas 70 XXVII | No notaba siquiera el poeta que aquellas mismas gotas 71 XXVII | muchacho de tanto mérito, un poeta - aquella noche toda la 72 XXVII | Segundo tenía mérito y era poeta - a cruzar los procelosos 73 XVXVIII| durante la enfermedad del poeta; se aseguraba que había


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