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Emilia Pardo Bazán
El cisne de Vilamorta

IntraText - Concordancias

segundo

    Parte
1 I | baja. -¿Quién es, hom...? -Segundo. -¿El del abogado? -El mismo. -¿ 2 I | pared devolvía irónicas, Segundo, el del abogado, se volvió 3 I | provisión de centenes. ~ ~Segundo se enhebró por una calle 4 I | por los vecinos. Evitaba Segundo dos cosas: pisar el arroyo 5 I | precauciones higiénicas; Segundo, al verle, se pegó a las 6 I | árbol. Entre la casita y Segundo se interponía un desvencijado 7 I | como para embestir. Rodeó Segundo el obstáculo, y al dar la 8 I | que convidaba a entrar. Segundo empujó la cancilla, y casi 9 I | Sin duda experimentaba Segundo la nostalgia de la luna, 10 I | en volvía la plazoleta; Segundo abrió el diálogo, en esta 11 I | bocanada de humo, volvió Segundo a preguntar: ~ ~- ¿Pues 12 I | periódicos hablan de ti? ~ ~Segundo se rio irónicamente, encogiéndose 13 I | más da... Lo mismo que de Segundo García, pueden hablar del 14 I | para andar en papeles! ¡Segundo García! El poco público 15 II | II -~Segundo García, el del abogado y 16 II | Ante aquel coro de ninfas, Segundo recitó poesías más de dos 17 II | de carcajadas; Leocadia y Segundo detrás, de bracero, parándose 18 II | poco antes de conocer a Segundo. Era Leocadia mujer por 19 II | Al tropezar Leocadia con Segundo, la casualidad aplicó encendida 20 II | desahogo para sus afectos. Segundo era la poesía hecha carne; 21 II | Leocadia la idea de que Segundo pudiese ser su marido: aunque 22 II | miró atrás ni adelante. ~ ~Segundo había tenido en Santiago, 23 II | matarla de extenuación, Segundo tenía el espíritu mucho 24 II | con todo, bien adivinaba Segundo el lento martirio de aquella 25 II | Componíase la familia de Segundo del padre, una tía vieja, 26 II | gracias que no lo pidiera. Segundo, que lo era en el orden 27 II | su clientela y asuntos a Segundo. Sólo que el muchacho no 28 II | gusto. ~ ~Sobre la mesa de Segundo se besaban tomos de Zorrilla 29 II | menos heterogéneos. No era Segundo un lector incansable; elegía 30 II | movimiento romántico del segundo tercio del siglo, y en un 31 II | prendado de Lidia. ~ ~Rimó Segundo sus primeros versos, desengañados 32 II | Empezó a inquietarse así que Segundo, ya graduado, se opuso a 33 II | protocolos, ahuyentaron a Segundo de su casa. La de Leocadia 34 II | las cavidades cardíacas, Segundo era el más melodioso cisne 35 II | otras esferas de la vida de Segundo. Ni el abogado García ni 36 II | tía Gaspara, entendió que Segundo comía mal, y se dedicó a 37 II | más pronto en compañía de Segundo. Había en su cariño mucha 38 II | recostada en el hombro de Segundo, los versos que este recitaba 39 III | del Casino de la Timba. ~ ~Segundo no ponía los pies en la 40 III | sabían, pudo ver a Leocadia y Segundo en el balcón, y entreoyó 41 III | y bien equilibrado, leyó Segundo tal desdén hacia las nimiedades 42 III | la asamblea. El padre de Segundo, recostado en el diván, 43 III | alcalde. Al entrar notó Segundo algo de inusitado en la 44 III | juego como Dios manda. ~ ~Segundo miraba con indiferencia 45 III | distrito. ¿Qué le importaba a Segundo la llegada de semejante 46 III | palpitante de la jugada, menos a Segundo, absorto en una de las perezosas 47 III | levantó también, y le imitó Segundo. ~ ~Los tresillistas se 48 III | despedían luz cariñosa, y Segundo, en quien era inmediata 49 III | afición por la abogacía? Segundo se encogió de hombros, sonriendo. ~ ~- 50 III | penetró hasta el cerebro de Segundo. Experimentó una reacción 51 III | estos señoritos... ¡vaya! ~ ~Segundo, parado y con las facciones 52 III | he propuesto no pasar de Segundo García, el hijo del abogado? 53 III | Si yo nada pido - gritó Segundo con salvaje cólera -. ¿Le 54 III | distinguían las hurañas facciones. Segundo retrocedió ante aquella 55 III | volverse a su domicilio, Segundo, preocupado y excitado, 56 IV | aya-niñera ultrapirenaica. Segundo, que al llegar la diligencia 57 IV | García, Genday, el alcalde y Segundo. ~ ~En la salita de Agonde 58 IV | que robase uvas su papá. Segundo no hizo más que sonreírse. 59 IV | personaje: a la edad de Segundo era también don Victoriano 60 IV | de Méndez de las Vides... Segundo se preguntaba si colmaría 61 IV | estas ideas el cerebro de Segundo, la señora de Comba se entretenía 62 IV | García. Por último se posó en Segundo, investigando algún pormenor 63 V | un peñasco, estaba de pie Segundo García, distraído, con su 64 VI | armarse aquí un Cristo... Tú, Segundo, ¿cuando lo montaste... 65 VI | con él. ~ ~- No, le objetó Segundo... Yo lo montaré, ya que 66 VI | crucero. ~ ~Dicho y hecho: Segundo, provisto de una vara fuerte, 67 VI | de la humedad del río. ~ ~Segundo callaba. Victorina, contentísima 68 VI | Momentos embarazosos. Por fin Segundo comprendió la necesidad 69 VI | suavidad, y entretanto Nieves y Segundo, riéndose confidencialmente 70 VI | sitio precioso - declaró Segundo - ... Un sitio que tiene 71 VI | su existencia acompasada. Segundo le parecía un detalle original 72 VI | preguntas, a que respondía Segundo con expresivas frases. Acercábase 73 VI | despidiéndose de la comitiva, y Segundo le imitó. ~ ~Conforme iba 74 VI | de las borriquillas, notó Segundo una inexplicable impresión 75 VI | Mientras cavilaba Segundo, el boticario se le acercaba, 76 VI | qué no había de bastarle a Segundo lo que satisfacía a Agonde 77 VI | de a placarse quizá? ~ ~- Segundo.~ ~- ¿Eh? -contestó volviendo 78 VI | aproximarse a la encañada del río, Segundo lo puso otra vez al paso; 79 VI | subía más húmedo y pegajoso. Segundo recordó que llevaba dos 80 VI | el espíritu ulcerado de Segundo. ¡Le quería tanto Leocadia! ¡ 81 VI | tan ilimitado y absoluto, Segundo no se había dignado nunca 82 VI | calderilla, el ochavo más roñoso. Segundo regateaba los tesoros de 83 VII | hacia la plazuela, por si a Segundo le daban ganas de pasar. 84 VII | ganas de pasar. Ni rastro de Segundo. Las moscas, zumbando, se 85 VII | me aturdes más. ~ ~Venía Segundo un tanto encapotado, y después 86 VII | Leocadia clavó en el rostro de Segundo su mirada canina. ~ ~- ¿ 87 VII | Dice que son muy guapas? ~ ~Segundo entornó los ojos para ver 88 VII | La madre, sí... -contestó Segundo, hablando con la sinceridad 89 VII | la sala donde aguardaba Segundo, y no tardó Flores en traerles 90 VII | velador. Hacia el café, Segundo fue mostrándose algo más 91 VII | anisete. Gozaba viendo a Segundo servirse dos tazas seguidas 92 VIII | algún garrapato a trechos. Segundo no pegaría los ojos en toda 93 VIII | sagrado, en la mente de Segundo; pero en tratándose de que 94 VIII | que crispa los nervios... Segundo apenas se fijaba en las 95 VIII | cerebro. Indudablemente Segundo estaba enamorado de la señora 96 VIII | además, ¿quién resistiría a Segundo, a un poeta émulo de Bécquer, 97 VIII | puesto de rodillas delante de Segundo pidiéndole un poco de amor, 98 VIII | tantas cosas podía decir? Segundo no iría a las Vides. Mejor. 99 VIII | mejor... ¿Y qué, si al fin Segundo no la amaba; si se desviaba 100 VIII | en cosas semejantes? Que Segundo fuese feliz, eso tan sólo 101 VIII | casa en que había nacido Segundo! Era lóbrega y destartalada, 102 VIII | puertecilla alguna ropa de Segundo, colgada de una percha, 103 VIII | semblante. Sí que se parecía a Segundo, salvo la expresión, muy 104 VIII | Aquella tarde le dijo a Segundo Leocadia:~ ~- ¿Sabes una 105 VIII | después me los volvías. ~ ~Segundo se irguió con arranque sincero 106 VIII | todos! ¿Y quién le privaba a Segundo de restituir, hasta con 107 VIII | llanto: ~ ~- ¿Me desairas?~ ~Segundo cogió con ambas manos la 108 IX | su ociosa existencia. ~ ~Segundo, para bajar a las Vides, 109 IX | pelo una gitana. A veces Segundo cruzaba un pinar; respiraba 110 IX | y a menudo experimentaba Segundo la impresión de bienestar 111 IX | encontraban dos o tres vereditas, Segundo refrenaba el caballo buscando 112 IX | de los pinares. Ya veía Segundo a sus pies las tejas de 113 IX | sin mangas. Al divisar a Segundo dio un grito, soltó la cuerda 114 IX | que nos interesan poco. Segundo observó que la señora del 115 IX | bretón de la enagua, recorrió Segundo varias piezas: cocina, comedor, 116 IX | cosa oportuna que decir, Segundo callaba. Tranquila ya la 117 IX | respaldaba en la pared, y Segundo se azotaba con el latiguillo 118 IX | Tardó poco en volver, y Segundo la ofreció el brazo. Bajaron 119 IX | protestó contra la idea de que Segundo se volviese la misma tarde 120 IX | una mano en el hombro de Segundo. Los demás cosecheros del 121 IX | aquel pegote. En fin, si Segundo quería ver las bodegas y 122 IX | escalerillas difíciles. Segundo dio el brazo a Nieves y 123 IX | usted hacia allí - dijo Segundo, señalando a su izquierda 124 IX | Quién sabe? -respondió Segundo mirándola fijamente -. Acaso 125 IX | escalón más arriba. Notó Segundo el movimiento, y con imperiosa 126 IX | servicio. Sobrio por instinto, Segundo reparó con sorpresa la inverosímil 127 IX | duerme la siesta? -preguntó a Segundo.~ ~- No, señor.~ ~- Yo tampoco. 128 X | Restalló el fósforo, y Segundo se meció imitando a don 129 X | persona tan inteligente... ~ ~Segundo vio propicio el momento. 130 X | Sepamos.~ ~Vaciló Segundo, con el sentimiento de pudor 131 X | en pleno romanticismo. ~ ~Segundo, contrariado, preguntó con 132 X | plata, tiempo perdido. ~ ~Segundo, muy silencioso, se ensañaba 133 X | Yo... - articuló Segundo al cabo - no tengo cifradas 134 X | manos en los hombros de Segundo, y pegando casi al rostro 135 X | esperan a usted! ~ ~Y como Segundo callase, atónito de aquella 136 X | política... ¡Ah! ~ ~Oía Segundo sin despegar los labios, 137 X | imprecaciones y blasfemias. Segundo, por hacer algo, abrió de 138 X | Victoriano la presencia de Segundo, que había olvidado casi. 139 X | naciendo a usted hermanitos! ~ ~Segundo sonreía:~ ~ - Pero, señor 140 X | Primo!~ ~A poco rato vio Segundo que los dos hermanos y el 141 X | no pasó inadvertido para Segundo, que clavando los ojos en 142 X | inteligentes de trompa de elefante. Segundo intervino. ~ ~ - Hija, va 143 X | envolvía la cara y hombros de Segundo, que la sujetaba por debajo 144 XI | mediaron entre la visita de Segundo a las Vides y el regreso 145 XI | Frecuentemente le acompañaba Segundo en semejantes horas de soledad. 146 XI | Escudriñaremos... Observaba Segundo en el rostro desecado del 147 XI | Victorina, exclamando: ~ ~ - ¡Segundo te sabe paseos preciosos! ~ ~ 148 XI | cintura. ~ ~ - Eh... tú... Segundo... no te escapes, que bien 149 XI | de la hora de la siesta, Segundo se le incorporó haciendo 150 XI | Unas veces las llevaba Segundo por caminos hondos, costaneros, 151 XI | hendido por la vejez, podía Segundo esconderse, mientras las 152 XI | real, dejando a Nieves y Segundo rezagados. Era la primera 153 XI | ojos, encontrando los de Segundo puestos en ella, interrogadores 154 XI | Sentía detrás las pisadas de Segundo, y cuando por fin se detuvo, 155 XI | venía alegre y cariñosa con Segundo; dos o tres veces se tropezaron 156 XI | paso. A cada momento tenía Segundo que dar la mano a Nieves 157 XI | graciosa flora acuática. Segundo se arrodilló en el encharcado 158 XII | de recogerse - : ¿te dio Segundo esas flores tan monas, di? ~ ~ - 159 XIII | unos versos!, yo animo a Segundo García para que se le declare: 160 XIII | su rostro el aliento de Segundo. De pronto se estremecieron 161 XIII | mientras la sentimos... ~ ~Segundo renegaba en su interior 162 XIII | la noche de palique con Segundo. Empezaba a arder el árbol 163 XIII | Interrumpiose, viendo a Segundo en pie detrás de la silla 164 XIII | ella en cuanto la miraba Segundo. Dos arbolitos más ardían 165 XIII | dejando solos a Nieves y Segundo. Este se sentó como cosa 166 XIII | delirio. No se contentaba Segundo con menos. Su alma ambiciosa 167 XIII | corazón hasta que expiran: Segundo lo había hecho mil veces 168 XIII | tranquila de Nieves indicaban a Segundo que la señora de Comba se 169 XIII | él su espíritu distraído. Segundo había logrado abrirse camino 170 XIII | acelerados latidos de la víscera, Segundo encontró la dureza de uno 171 XIII | esbeltez. ~ ~¡Maldito corsé! Segundo desearía que sus dedos fuesen 172 XIII | como pájaros al tocarles. Y Segundo, desesperado, apoyaba la 173 XIII | Sobrecogida por la audacia de Segundo, Nieves callaba, no atreviéndose 174 XIV | aquella singular osadía de Segundo, aquella toma de posesión 175 XIV | fuegos. Había temido ver a Segundo entre la multitud, pero 176 XIV | al pronto que el brazo de Segundo le dejaría señal en el talle, 177 XIV | en el baile. Allí estaría Segundo, de hecho. ~ 178 XV | adivinar la causa! ~ ~No veía a Segundo en parte alguna, por más 179 XV | por aquí!~ ~ - ¿Quién? ¿Segundo? Segundo es allá... tan 180 XV | Quién? ¿Segundo? Segundo es allá... tan raro... ¡ 181 XV | pronunciar Agonde el nombre de Segundo, Nieves alzó los ojos, su 182 XVII | XVII -~Segundo fue el último en gozar la 183 XVII | madre apenas veía próximo a Segundo, y también por Elvira Molende, 184 XVII | Al punto y hora en que Segundo pisó las Vides, perdió Elvira 185 XVII | druídicas, de lunar. ~ ~Segundo tembló de vanidad cuando, 186 XVII | periódicos de Vigo o de Orense. Segundo no había escrito nunca en 187 XVII | párvulo declara su hambre. Segundo daba tormento al bigote; 188 XVII | tres días de la llegada de Segundo, el cual todavía no había 189 XVIII | panda Teresa! ¡Tulé... panda Segundo! - Era el huerto muy adecuado 190 XVIII | exclamó enérgicamente Segundo, penetrando en el albergue 191 XVIII | lo puede usted negar! ~ ~Segundo estaba al lado de Nieves, 192 XVIII | aconsejándoles aproximarse. Pero Segundo se acordaba de las frías 193 XVIII | llamar a la gente; pero si Segundo no se desviaba, qué disgusto, 194 XVIII | estaba cogida. ¿Y qué haría Segundo después de oír el sí? El 195 XVIII | lanzó a los ecos: ~ ~ - ¡Segundo! ¡Segundo! ¡Nos retiramos!~ ~ 196 XVIII | los ecos: ~ ~ - ¡Segundo! ¡Segundo! ¡Nos retiramos!~ ~Caía, 197 XVIII | Nieves para desviarse de Segundo, estaban húmedas de relente; 198 XVIII | aspiración, una s prolongada. Segundo le deshacía las muñecas. ~ ~ - ¿ 199 XVIII | articuló un sí redondo. Segundo le soltó las manos, se llevó 200 XIX | presión de los dedos de Segundo, y se compuso el pelo, mojado 201 XIX | de sí misma. ¡Decirle a Segundo que sí! Ello había salido 202 XIX | descalzas a veces... El mismo Segundo, a la verdad... se le notaba 203 XIX | comprometerla aquel empeño de Segundo. ¿Se enterarían las gentes? ¿ 204 XIX | A Elvira le gustaba Segundo! A él... no; él no le hacía 205 XIX | caso... Y los versos de Segundo sonaban bien, eran lindos; 206 XIX | el salón no se encontraba Segundo. La misma observación, pero 207 XIX | aguardando el regreso de Segundo. Mas como este no volvía, 208 XIX | si se lo pide el cuerpo. Segundo, en efecto, subía hacia 209 XIX | contratiempo no alarmó a Segundo: tendría que escalar alguna 210 XIX | solana para orientarse, Segundo vio a su vez algo que le 211 XX | Tropiezo, médico de cámara, y Segundo, que bien podía ser el paje 212 XX | con sus endechas. ~ ~Ardía Segundo en impaciencia febril, nunca 213 XX | resolvía la situación. ~ ~Y Segundo sufría en su amor propio, 214 XX | marcharse cuanto antes; y aunque Segundo contaba con colocarse luego 215 XX | le preguntó Victorina a Segundo: ~ ~ - ¿Cuándo hemos de 216 XX | cabeza...~ ~ - Mamá, cuando Segundo dice que los pinos cantan... 217 XX | más azúcar que sal - que Segundo hace versos, y que los que 218 XX | No señora - exclamó Segundo - : no enseñe usted a su 219 XX | Nieves, Victorina, Carmen, Segundo y Tropiezo. Quedose la gente 220 XX | el murmurio de los pinos. Segundo, apoyado en un tronco, miraba 221 XX | Hay otro camino - afirmó Segundo saliendo de su abstracción - . 222 XX | andar por vericuetos... ~ ~Segundo la ofreció el brazo, murmurando 223 XX | los pasos se alejaron, y Segundo y Nieves prosiguieron su 224 XX | perpendicular con el río. Aunque Segundo dejaba a Nieves el lado 225 XX | otro camino - respondió Segundo, sin añadir más palabra 226 XX | sin aguardar respuesta, Segundo arrastró a Nieves, torció 227 XX | vaso no lo tenemos - indicó Segundo. ~ ~Nieves obedeció maquinalmente, 228 XX | y soltando el brazo de Segundo, quiso acercarse al manantial; 229 XX | cabeza sobre el hombro de Segundo, y este sintió por vez primera 230 XX | cruzó por el cerebro de Segundo cierta idea poderosa, destructora, 231 XX | un poeta... Pensándolo, Segundo lo encontraba tentador y 232 XX | momentáneo en el cerebro. Segundo advertía en sí un hielo, 233 XXI | senado consulto de las Vides. Segundo guardaba cierta reserva 234 XXI | muerte chiquita... ~ ~Ansiaba Segundo decirle dos palabras, para 235 XXI | al arrebato del poeta, y Segundo quería concertar algo, arbitrar 236 XXI | también que llega siempre otro segundo período en que la fuerza 237 XXI | charlar diez minutos con Segundo, situado a la parte de afuera, 238 XXI | de valor para decirle a Segundo: ¡acabemos, no puedo con 239 XXI | aquel enredo, a decir a Segundo cuatro verdades para que 240 XXII | disgustado y quejoso porque Segundo se había enamorado de su 241 XXII | guardaba todas las flores de Segundo como reliquias! ~ ~Las penas 242 XXII | su mamá era muy mala... y Segundo un bribón... y que se acababa 243 XXII | Bien; ¿y si sucedía? Segundo... ¡Jesús, qué desatino! 244 XXII | parentela, el modo de vivir de Segundo... ~ ~De buena gana haría 245 XXII | parte, si faltaba, aquel Segundo tan apasionado sería muy 246 XXII | prudente asistir, y rogar a Segundo... que... que la olvidase... 247 XXII | no miró ni una sola vez a Segundo, temerosa de que su marido 248 XXII | inteligencia. Para mayor desgracia, Segundo, deseoso de recordarla con 249 XXII | pisadas veloces, juveniles; y Segundo, audaz, enloquecido, vino 250 XXII | chillido altisonante, y Segundo, con hermoso arranque varonil 251 XXII | pantalones a medio abrochar... ~ ~Segundo, silencioso, quieto en mitad 252 XXIII | de arremangados brazos. Segundo, encerrado en su dormitorio, 253 XXIII | pendientes del techo... Aborrecía Segundo hasta el nombre del cerdo, 254 XXIII | cerdo, a vaho de mondongada: Segundo no sabía ya dónde meterse, 255 XXIII | espumante. Al ver salir a Segundo, las hermanas soltaron el 256 XXIII | prestamente abrió la puerta a Segundo, preguntándole alarmada 257 XXIII | la verdad... En casa de Segundo estaban matando el cerdo: 258 XXIII | tiempo en que apenas veía a Segundo, en que le constaba que 259 XXIII | le pesó de haber dado a Segundo el dinero; y al ver al poeta 260 XXIII | imprimiese en Orense... Segundo no se mostró entusiasmado 261 XXIII | y suavizar el ambiente. Segundo sentía apoderarse de su 262 XXIV | noche, Leocadia pidió a Segundo que le enseñase el cuaderno 263 XXIV | para premiar el amor de Segundo, no lo hacía inmediatamente... 264 XXV | Con qué interés leía Segundo las cartas de Roberto Blánquez 265 XXV | práctica... Profesaba a Segundo fanática admiración y cariño 266 XXV | las aulas y duran siempre. Segundo le escribía con absoluta 267 XXV | único de la fantasía de Segundo en aquel largo invierno, 268 XXV | lino blancas nubes, cuando Segundo recibió esa cosa inefable, 269 XXV | Enigmas del corazón humano! Segundo, que desdeñaba el lugar 270 XXV | importancia que concediese Segundo al dictamen de los vilamortanos, 271 XXV | pasaron días y días, y Segundo fue todas las mañanas a 272 XXVI | tal nombre dio en la pila Segundo a sus renglones desiguales. ~ ~ 273 XXVI | contenido tan importante para Segundo, de tal manera había de 274 XXVI | es en El Día le pegaban a Segundo un varapalo en regla; pero 275 XXVI | encareciendo el libro de Segundo y declarándolo digna pareja 276 XXVI | EL CISNE DE VILAMORTA. ~ ~Segundo cogió el manojo de periódicos 277 XXVI | de lodo más inmediato... Segundo sonreía con amargura. Allá 278 XXVI | papel... Con los restos hizo Segundo una bolita, y la despidió 279 XXVI | A qué?~ ~ - A comer.~ ~Segundo tomó su sombrero, y se lanzó 280 XXVII | que a todos prefería, así Segundo, del ayer desvanecido ya, 281 XXVII | Tropiezo una noche de visitar a Segundo, e iba muy arrebujado en 282 XXVII | don Fermín? ¿Cómo le va a Segundo? ~ ~ - ¡Ah! Buenas noches, 283 XXVII | contarle los planes nuevos de Segundo... ¡Era capaz de allanar 284 XXVII | sesión desembuchó la nueva. Segundo García se marchaba a América 285 XXVII | tertulia convenía en que Segundo tenía mérito y era poeta - 286 XVXVIII| cuando salió de Vilamorta Segundo García, dejando a la maestra 287 XVXVIII| Viéronla rondar la casa de Segundo varias noches, durante la 288 XVXVIII| donde había pasado con Segundo horas únicas en su existencia;


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