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167 era
165 si
165 sin
156 o
Emilia Pardo Bazán
El cisne de Vilamorta

IntraText - Concordancias

era

    Parte
1 I | de los pinos. El sendero era barrancoso, dando señales 2 I | ver la poca luz difusa, era joven y no mal parecido. 3 I | Lo más suave que se oía era por este estilo: -¡Re... ( 4 I | las aceras; el arroyo lo era de verdad; había en él pozas 5 I | amenazaba lluvia: sin duda era un agüista, un convaleciente 6 I | desvencijado armatoste: era un coche de línea, un cajón 7 I | casita, algo se sosegó. Era la casa chiquita, linda, 8 I | apacible y franca fealdad, era lógico tomarles por hijo 9 I | la ceniza, y recitó. ~ ~Era una becqueriana el parto 10 I | Como te había oído que era cosa buena, estuve de ensayo... 11 II | reparar el delito porque era casado y vivía su mujer, 12 II | antes de conocer a Segundo. Era Leocadia mujer por todo 13 II | Lo que salía al exterior era prosa neta: gobierno de 14 II | para sus afectos. Segundo era la poesía hecha carne; en 15 II | juergas. Sin embargo, no era vicioso. Hijo de una madre 16 II | pidiera. Segundo, que lo era en el orden cronológico, 17 II | tía..., misia Gaspara..., era el alma de aquella casa, 18 II | amorosa solicitud un cerdo, y era respetada en Vilamorta por 19 II | despejo: aprendiéndose, cuando era menester, páginas y páginas 20 II | no menos heterogéneos. No era Segundo un lector incansable; 21 II | nodrizas del vigor mental, la era clásica, la literatura castiza, 22 II | nueve siglos de nuestra era, se alegra ahora con lo 23 II | solamente para zurcir versos? No era delito zurcirlos, pero así... 24 II | cavidades cardíacas, Segundo era el más melodioso cisne del 25 III | botica de doña Eufrasia era lóbrega; la alumbraba a 26 III | botica reaccionaria que era un foco de perpetuas conspiraciones, 27 III | la botica reaccionaria, era la de Agonde punto de cita 28 III | hombre: posición endiablada. Era el alcalde de esos viejos 29 III | cariñosa, y Segundo, en quien era inmediata la percepción 30 IV | pudo verse que la de Comba era linda y fresca, pareciendo, 31 IV | ya el pan decaía; que no era como en otros tiempos, y 32 IV | ojos el pan, y si caliente era indigesto. ~ ~Don Victoriano, 33 IV | personaje: a la edad de Segundo era también don Victoriano un 34 IV | natal, donde su influencia era incontestable y robusta, 35 IV | de seguro, a su dueño. Era hija del segundón de las 36 V | lo que allí se advertía era la virilidad; pero atormentada, 37 V | un hierro rápidamente. ~ ~Era despejada la mañanita, y 38 V | una exclamación de júbilo. Era la misma hilera doble de 39 V | estancamiento del agua sulfurosa, era cuanto allí encontraba el 40 VI | aquel en un mediano jaco. ~ ~Era el señor de las Vides viejecito, 41 VI | entre los radicales: Primo era el sostén del partido carlista, 42 VI | chiquito y miró la hora que era. Momentos embarazosos. Por 43 VI | boticario! Aquel hombre era feliz en su cómoda y limpia 44 VI | aquella sed de algo que no era precisamente ni dinero, 45 VI | quería tanto Leocadia! ¡Era tan extraordinaria su alegría, 46 VII | torcido por el huracán. No era congénita la joroba de Minguitos: 47 VII | cuerpo, buscando la pupa. ~ ~¡Era cierto! ¡Habíase levantado 48 VII | desahogó su mal humor: vamos, era cosa insufrible andar en 49 VII | mostrándose algo más comunicativo. Era aquel café el triunfo de 50 VIII | faltaba la rima tercera, era indispensable cazarla, llenar 51 VIII | señora de Comba; pero ella era una mujer casada... ¡Bah! 52 VIII | destinos, su gloria... Lo demás era un delirio, una convulsión, 53 VIII | verdadero cónclave mosquil era la dulcería de Ramón. Daba 54 VIII | que chiquita y débil como era, acostumbraba solfear al 55 VIII | empeñaba en que una lanilla era algodón, y la restregaba 56 VIII | que había nacido Segundo! Era lóbrega y destartalada, 57 VIII | recelosa en el padre, cuanto era soñadora y concentrada en 58 IX | terreno, calcinado por el sol, era quebradísimo; las casas, 59 IX | registrar el huerto en detalle. Era también el huerto una serie 60 IX | un costado del comedor; era cuadrilonga, y los convidados, 61 IX | Caramba, estas cosas de cuando era uno joven!... Don Victoriano 62 X | distante del zenit, el calor era menos pesado. ~ ~ - ¡Y lo 63 X | consigo mismo hablaba. Era aquel un monólogo, traducción 64 X | Sánchez del Abrojo: aquello era un desorden fisiológico 65 X | cortesía, figurábase que era preciso detener al huésped; 66 X | menuda saltó allí cerca. Era Victorina que traía las 67 XI | las veredas y los atajos era mucho más divertido y se 68 XI | crecían nunca vistas flores. Era el tal lago, en realidad, 69 XI | Nieves y Segundo rezagados. Era la primera vez que tal cosa 70 XI | que siguieron al otro día era muy lindo, aunque difícil, 71 XII | XII -~Era Nieves lo que suele llamarse 72 XII | esencial del matrimonio era la vida en común de los 73 XII | almohada. ¡Qué tiempos! Era pollita... ~ ~No había vuelto 74 XIII | agradaba la situación, que era delicadísima mezcla de riesgo 75 XIII | ardiente todo lo que ya era hora de decir, y se inclinaba... 76 XIII | simplezas estaba ensartando! ¿No era mejor bajarse otro poco 77 XIII | que rodeaban su cuello. Era Victorina, ebria de entusiasmo, 78 XIII | comprendiendo que por entonces no era dueño de sí mismo, ni capaz 79 XIII | la arrastraba al balcón. Era el momento solemne y crítico: 80 XIII | bermellón o de azul. ~ ~Lo malo era que tuviese el globo tan 81 XIII | pólvora; pero la inquina mayor era contra el globo, por llevar 82 XIV | ver nada? El chal argelino era largo y cubría todo el cuerpo... 83 XIV | espejillo, estremeciéndose. ~ ~Era su marido, más que nunca 84 XIV | ojos. Nieves convino en que era cosa molestísima: también 85 XIV | racionales y bestias, y era fatigoso el doliente mugir 86 XIV | baba. Y lo más aterrador era ver a unas cuantas criaturas 87 XV | gente acurrucada, a la cual era necesario pisar para llegar 88 XV | alumbrado. La mucha gente era causa de que el calor rayase 89 XV | sudor con el pañuelo, pero era inútil; cuellos y pecheras 90 XV | manos, como indicando que era preciso respetar las extravagancias 91 XV | de la vieja.~ ~La verdad era que el poeta, dadas las 92 XVI | representadas todas las clases y era como microcosmos o breve 93 XVI | eco el de los huéspedes. Era imposible resistir a la 94 XVI | desafiando? ~ ~La que así hablaba era por lo regular Teresa Molende, 95 XVI | mesa, por las tardes, todo era solaz y jarana. Teresa se 96 XVI | ceremonias, conversación a que era muy afecto, y al verle entretenido 97 XVI | excitados aún por el juego, y era la hora más tremenda, la 98 XVII | hospitalidad de las Vides. Como era poco aficionado a juegos 99 XVII | canciones: don Eugenio, que era rayano, sabía fados portugueses; 100 XVIII | tenía ni señales de oidium: era limpia, gruesa, y tan sazonada, 101 XVIII | azúcar! ¡La secreción glicosa era, pues, incoercible, y por 102 XVIII | camelias como una chiquilla! Si era linda y fresca y su marido 103 XVIII | Que se aguantase, como era su deber... ¡Bah, qué disparate! ¡ 104 XVIII | alboroto aumentaban abajo. Era que, agotados los versos, 105 XVIII | Tulé... panda Segundo! - Era el huerto muy adecuado para 106 XIX | abogado de Vilamorta. Ella era una dama de distinción, 107 XIX | aire de dominio el suyo! Y era lisonjero un perseguidor 108 XIX | recuerdo del veraneo... El caso era evitar, evitar... ~ ~No 109 XIX | repique, entró en escena. Era la propia estampa de don 110 XIX | movimientos de ataque. ~ ~Era el amor primitivo, el galanteo 111 XIX | había dicho ¡que sí! No era, pues, vano sueño, ni aspiración 112 XIX | Indudablemente el ingreso más fácil era el del huerto, al cual podía 113 XIX | pierna. Como el montecillo era es cueto y sin vegetación, 114 XIX | consentía ilusiones ópticas; era Elvira Molende, con su peinador 115 XX | intolerable que le consumía era no pasar del fugitivo sí, 116 XX | con claros desdenes. No era el ansia brutal de victorias 117 XX | latía y sentía un corazón. Y era tal su locura, que cuando 118 XX | menos en la subida, que era como al cielo, por lo pendiente, 119 XX | la cima. La perspectiva era hermosa, con ese género 120 XX | Nieves en que efectivamente era musical y muy solemne el 121 XX | de la vereda que pisaban. Era un senderillo excavado en 122 XX | grupo caería en el vacío... Era un final muy bello, digno 123 XX | amor como para la muerte... Era la yerta boca de Nieves, 124 XXI | mano; ella se cogió, y como era así, medrosa, se asustó 125 XXI | haber peligro! ¡Pues si era un milagro que Nieves no 126 XXI | entrevista: comprendía que era preciso aprovechar el primer 127 XXI | tarde, de lo curioso que era el ruido del pinar... Y 128 XXI | fácilmente al huerto... ¿Que no? Era muy medrosa... ¿Hacer mal? ¿ 129 XXI | oscuros, resultaba que... Ya era axiomático en el país que 130 XXI | de su existencia. Si eso era el amor, a la verdad tenía 131 XXI | También le tenía miedo a él... Era capaz de matarla: sus hermosos 132 XXI | cita en la solana? Lo cual era una grandísima locura, siendo 133 XXI | Dios mío! ¡Todo aquello era terrible, terrible! ¡Y mañana 134 XXI | comprometerla de aquel modo, eso era inaudito; le rogaría que 135 XXII | primera edad. Para Victorina era evidente que su papá se 136 XXII | papá se moría y que su mamá era muy mala... y Segundo un 137 XXII | fuese leve! ¿Y si no lo era?... ¿Y si se quedase vi...? 138 XXII | marido andaba receloso, y era comprometido el lance, aunque 139 XXII | no la comprometiese... Era lo mejor. ~ ~Pasó Nieves 140 XXII | grata para el ave marina, era mortal para el lindo pájaro 141 XXII | lindo pájaro doméstico. No era vivir estar siempre así, 142 XXII | cuajada por el susto. ¡No era vivir, ni respirar!... Acabaría 143 XXII | de ella infundía miedo, era cabalmente su actitud de 144 XXII | de su persona: el irse, era desairado; el quedarse... 145 XXII | Vides. Opinó que el caso no era extraordinario: la diabetes 146 XXII | enfermedad... Añadió que era conveniente trasladar a 147 XXIII | nerviosa que le consumía, era para él no imaginado suplicio 148 XXIII | mayores sus ojos; ya no era la mujerona de buenas carnes, 149 XXIII | dinero; y al ver al poeta era su alegría tan franca, tan 150 XXIII | cuerdas de guitarra... Y no era su pasión por Nieves como 151 XXIV | entender ni explicarse, era cómo estando ya la señora 152 XXIV | arrancarlas pronto. Todo era por bien del chico, por 153 XXIV | de un par de años... ¿Y era muy jorobado?, porque eso 154 XXIV | poco a la clientela... ¿Y era honradito? Nunca le había 155 XXV | copioso llanto de gozo. ¡Era la gloria de su poeta, obra 156 XXVI | Roberto, de cuatro carillas... Era su contenido tan importante 157 XXVI | recibiese, porque siempre era mala hora... - No recibirá 158 XXVII | planes nuevos de Segundo... ¡Era capaz de allanar la casa 159 XXVII | que Segundo tenía mérito y era poeta - a cruzar los procelosos 160 XXVII | conversación favorita, que era renegar del funesto influjo 161 XXVII | él, el ideal del diputado era aquel famoso hombre político 162 XVXVIII| acerbamente se censuraba, era el abandono en que dejaba 163 XVXVIII| Leocadia, cuando supo que era preciso abandonar para siempre 164 XVXVIII| se vendían los cedazos. Era una especie de cajón de 165 XVXVIII| se apurase, que esto no era de broma... Cuando vino 166 XVXVIII| cantidad de arsénico, que ni era tanta que la pudiese arrojar, 167 XVXVIII| despachada... Si tomase más, era más fácil gobernarlo, señores.


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