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Emilia Pardo Bazán
El cisne de Vilamorta

IntraText - Concordancias

(Hapax Legomena)
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     Parte
1 Pro | La Coruña, septiembre de 1884~ 2 XVI | céltico, algún quejumbroso a-laá-laá... La pagana sensación de 3 II | contrahecho, que aún no había abandonado las sábanas, y le tomaba 4 XXIII | se chapuzan y revuelcan, abandonando la incomodidad y estrecho 5 XVXVIII| cuando supo que era preciso abandonar para siempre aquella casita 6 X | frescota de Agonde... No abandone nunca este país de fruta, 7 XVII | jugaba con las borlas de su abanico, impaciente y aun algo aburrida 8 VI | de todo tenía y todo lo abarcaba y con nada había de a placarse 9 XXIV | en el lóbrego almacén, abarrotado de piezas de paño oscuro, 10 VIII | Leocadia fijó sus ojos abatidos en García, buscando en sus 11 XXVII | entró tal tristeza y tal abatimiento, que pensé que nunca iba 12 VIII | espatarradas, sacando un abdomen blanquecino y cadavérico... ~ ~ 13 XI | y lo enmarañado de los abedules y álamos nuevos que estorbaban 14 IX | hoja, de fruta o de flores. Abejas y mariposas revoloteaban 15 V | entonces que por la tarde. Abiertas se hallaban las tiendas; 16 XXI | la gratitud y la pavura ablandaban el alma de Nieves, haciendo 17 XXV | a ceder a los ruegos, y ablandarse ante las súplicas del niño, 18 XXIII | leona, le inspiraba una abnegación y generosidad sin límites, 19 III | te lleva afición por la abogacía? Segundo se encogió de hombros, 20 IV | don Victoriano un oscuro abogaduelo, enterrado en Vilamorta, 21 X | tengo o no tengo razón en abominar de tanta estupidez y tanta 22 XXIV | gusto! ~ ~ - Psh... con abonar el importe de la hipoteca... 23 IX | con fortuna, y empleaba abonos nuevos que acaso resolviesen 24 XXIII | pendientes del techo... Aborrecía Segundo hasta el nombre 25 VII | luego la mano en Madrid y me abra camino... Pero hija, ir 26 XXIII | tabernero un requiebro bestial; abrasábala el fuego interior de una 27 XXII | congestionándose, y la niña, abrazando la cintura de su padre, 28 XXVII | valor indispensable para abrazarse de una vez al agua fría 29 XVI | bien, chicas!... ¡No se abre ni al Espíritu Santo!... ~ 30 XXIII | región cuyas puertas se abren al morir; seres que gozan 31 X | infierno, el infierno en abreviatura es la política... Querrá 32 XIV | Entre la masa de aldeanos se abría camino frecuentemente un 33 VI | cortejo carretera adelante, abriendo la marcha la yegua y mulas 34 VI | del jaco de Primo Genday, abriéronse los balcones de la botica 35 XV | forasteras de Orense, que abrigaban la pretensión de poner raya 36 IV | un cura con las sienes abrigadas por un pañuelo de algodón 37 VII | jorobadito noche y día, abrigándole con su ternura, distrayendo 38 XXVII | En este tiempo hay que abrigarse: tenemos un día bueno y 39 IV | a pesar del calor, en un abrigo de paño; a su lado una mujer 40 XIX | la imaginación soñadora abrillanta y la musa puede cantar sin 41 III | me muriese de hambre!~ ~Abriose la puerta del abogado: la 42 XXVI | XXVI -~Al abrirla cayeron varios números de 43 XIII | distraído. Segundo había logrado abrirse camino entre los espectadores 44 XIV | once estaban entre pinos abrochándose los cuerpos escotados, prendiéndose 45 XXII | con los pantalones a medio abrochar... ~ ~Segundo, silencioso, 46 XXII | un cadáver, un espectro abrumado de desesperación impotente. 47 XXIII | de Leocadia, de esas que absorben el ser todo, interesan el 48 XIV | visto el pelo, porque le absorbía la desesperada timba que 49 XII | pasados en el bufete; años de abstinencia amorosa, en que los asiduos 50 XX | afirmó Segundo saliendo de su abstracción - . Por cierto que bastante 51 III | suavemente su cigarro, se abstrajo del ruido de la disputa. 52 XI | secretamente halagado hasta por la absurda proposición de incensarle 53 XV | señoritas con sus peinados abultados y pingües en rizos, sus 54 XXV | primavera se anuncia con abundancia de violetas y prímulas, 55 XVI | arenques y el pan de centeno abundasen cuando los reclamaba el 56 XXVII | mimos... Vaya, Leocadia, abur. Váyase a su casa, mujer, 57 XV | bien se le conoce que se aburre; mira, ¡si parece que se 58 XV | Efectivamente, Nieves se aburría! ¡Y si las señoritas censoras 59 XVII | abanico, impaciente y aun algo aburrida y nerviosa. Sucedía esto 60 II | malvado del tío fue quien abusó de la doncella, confiada 61 XIII | momento solemne y crítico: acababan de suspender del palo el 62 III | setenta y se hallaba tan acabadito, que a duras penas podía 63 XXVI | chistes, pero de las que acaban con un autor novel, le hunden, 64 XXVI | países bellos del orbe: acabando por decir que, si Bécquer 65 XXIV | un nido tan cuco, donde acabar su vida solterona. De noche, 66 XXII | era vivir, ni respirar!... Acabaría por volverse loca: ¿pues 67 XX | emprenderla antes de que el sol acabase de ponerse. ~ ~ - Ahora 68 XXI | en cura, hija, porque me acabo si así continúo... He incurrido 69 IX | derredor de la elegante academia de la saltarina. Como los 70 II | otro modo algún venerable académico, saltando de un brinco los 71 XXIII | cualidades propias, trabándose acaloradas discusiones acerca de si 72 I | rumor tenue de los pinos, acariciados por el vientecillo manso 73 XVIII | sosteniéndole la frente, acariciándole, en vez de gozar y loquear 74 XIX | uno al otro, pegaditos, acariciándose y frotando amorosamente 75 II | estrecha y sin jugo, senectud acartonada, silenciosa y espectral, 76 II | de las letras, en sus más accesibles formas - novela y verso -. 77 X | usted aviado! ~ ~Decíalo accionando, metiendo las manos en los 78 IV | Victoriano tenía dinero: acciones del Banco y de vías férreas, 79 XXIV | Vilamorta, vio a Flores que la acechaba en la puerta. Acechar es 80 XXIV | la acechaba en la puerta. Acechar es la palabra exacta, pues 81 XIII | mórbida curva del seno y los acelerados latidos de la víscera, Segundo 82 VIII | llamarle. Pasó de largo y aceleró el andar. Pensaba en su 83 VIII | porque si no... ¿Y los acentos? Si el poeta gozase del 84 XII | marido grave a quien se acepta dócilmente, sin repugnancia, 85 XX | realmente, y que bajo el acerado corsé latía y sentía un 86 I | estaban embaldosadas las aceras; el arroyo lo era de verdad; 87 VI | Segundo con expresivas frases. Acercábase la noche. De pronto la cabalgata, 88 IX | venir... Y ahora, que se acercan las fiestas... Tanto que 89 VIII | con su agria vocecilla, acercando, pegando la tela a la cara 90 VII | el pecho.~ ~- ¿A ver... acércate aquí?~ ~Leocadia se sentó 91 VIII | secos, las mejillas pálidas; acercose a la cama, se desabrochó, 92 XX | No, hija... No te acerques... Es algo expuesto: si 93 I | Tortilla a la francesa! ¿No acertabas, eh? Mira, encontré la receta 94 XVXVIII| En lo que no estuve muy acertado fue en no llamar antes al 95 XIII | angustia, que pronto bajó, no acertando a resistir la expresión 96 XVIII | conseguía el que pandaba acertar con los escondidos. ~ ~Procuraba 97 XXII | deducciones... ~ ~Nadie acertará a decir cuál es el momento 98 VIII | horas de frialdad del Cisne achacábalas Leocadia a malos oficios 99 XVXVIII| gusto de hacerle rabiar, le achacaban la desgracia de la maestra. ~ ~ - 100 XXII | entrevista siempre se podría achacar a casualidad el encuentro... 101 IX | torres cuadrangulares, con achaparrado techo y hondas ventanas: 102 XIX | marido sólo pensaba en sus achaques, en las elecciones... Con 103 XXI | meses ni te acuerdas de ese achaquillo. ~ ~ ~ - ¡Bravo, hija, bravo! 104 II | aventurillas y de no jugar ni achisparse por compañerismo, sino únicamente 105 XVXVIII| tierras vírgenes, al duro acicate de la necesidad que, empujándole 106 XVXVIII| vertientes del Avieiro, y el ácido arsenioso, el matarratones, 107 XIII | una salva de aplausos y aclamaciones triunfales. ¡Oh vanidad 108 XI | chistes de baja ley. No aclaran los cronistas si la autoridad 109 XIII | existía, todo le aconsejaba aclarar una situación tan dudosa 110 XIX | actos indiferentes, que acomete a las personas cuando tienen 111 XX | interponía entre Nieves y él, le acometían violentos impulsos de gritar: - « 112 III | proponiendo mil cosas y no te acomoda ninguna. ¿Quieres empezar 113 XI | boticario. ~ ~Frecuentemente le acompañaba Segundo en semejantes horas 114 XIV | despedirse de las chicas que la acompañaban en el balcón, ellas se reían 115 VI | de las Vides, en persona, acompañado de su mayordomo Primo Genday. 116 XIII | sostenían afanosamente: todo con acompañamiento de gritos, palabrotas y 117 X | casi no es uno dueño de acompañar a su mujer al teatro... 118 XXI | fácilmente el sueño, la acompañó Carmen Agonde dispuesta 119 VI | incidente nuevo en su existencia acompasada. Segundo le parecía un detalle 120 XVXVIII| náuseas levantaban su pecho acongojado, y tras de las náuseas y 121 XXIII | Roberto Blánquez, que me lo aconseja desde Madrid... Ya sabes 122 XVIII | blandamente sus cuerpos, como aconsejándoles aproximarse. Pero Segundo 123 XVXVIII| terrible para Leocadia. ~ ~Acontece a veces que un prisionero, 124 VIII | peor que las anteriores. Acontecía también que una sílaba inoportuna 125 XXIV | y para ella misteriosos acontecimientos. La maestra adivinó una 126 XXI | servicio de los amantes. Así aconteció la noche de aquel memorable 127 XVIII | a corta distancia la voz acontraltada de Teresa Molende, haciendo 128 VI | fingió mirar a otra parte, acordándose de la rápida y nerviosa 129 IV | charanga sumamente afinada y acorde ya, dispuesta a atronar 130 II | escuela, pensando sólo en acortarles la tarea para quedarse más 131 XIX | de ella, la perseguía, la acosaba tiernamente de mil modos, 132 III | los que le sostenemos nos acostamos, se la juegan de puño los 133 XIX | extrañarían su ausencia. ¿Se acostaría Nieves ya? Con estos pensamientos 134 VII | No, hombre.~ ~- Como te acostaste...~ ~- Tengo así un poco 135 XXIV | y más tarde se desnudó y acostó sin probar bocado. ~ 136 VIII | chiquita y débil como era, acostumbraba solfear al hercúleo marido? 137 XXVII | acostumbra.~ ~ - Ya se irá acostumbrando. Ya se ve... estaba hecho 138 III | el bienestar del cuerpo acrecienta la actividad de la fantasía. 139 XXII | los ojos, en una de esas actitudes de horror que ni se fingen 140 XI | y circulación se habían activado, y hasta la transpiración, 141 V | madrugadora de suyo, vivía más activamente entonces que por la tarde. 142 I | permiten nuestras severas modas actuales. La faz, descarnada, fina 143 XVXVIII| crónica del Cisne que en la actualidad podemos recoger. ~ ~Mucho 144 XXIII | sabía ya dónde meterse, y se acuartelaba en su aposento con las puertas 145 XVI | sin que de este sistema de acuartelamiento quedase exento más que el 146 XI | helechos, y graciosa flora acuática. Segundo se arrodilló en 147 XXVII | imponen al Gobierno, que acuden a votar cuando se les llama, 148 VII | mismo que en otros días, acudiendo al dialecto como a un arrullo: ~ ~- ¡ 149 XXI | dentro de dos meses ni te acuerdas de ese achaquillo. ~ ~ ~ - ¡ 150 VIII | Si viene por más anisete, acuérdese de las tres botellas que 151 XII | Anda, hijita, que te acuesten pronto... Mademoiselle, ¡ 152 XI | pala de los mineros había acumulado por todas partes, ofrecía 153 XXIV | y, al parecer, dormido, acunado por el traqueteo del coche 154 XVIII | alteraba. Al desecarse el humor acuoso del ojo, se le iba empañando 155 XV | Consistorio lleno de gente acurrucada, a la cual era necesario 156 X | gesticulando acaloradamente. Clodio acusaba, defendíase Primo, y conciliaba 157 IX | demás cosecheros del país le acusaban de olvidar las sanas tradiciones; 158 Pro | Acaso hoy se me dirigirá la acusación opuesta, afirmando que El 159 XXI | señora intachable... no te acuso... ni le doy importancia 160 IV | unas hogazas preparadas ad hoc, sin ningún elemento 161 II | escuela de Leocadia por no adecentarse un poquillo. En cuanto a 162 XI | buscarle en Madrid colocación adecuada a sus propósitos. ~ ~ - 163 XXV | así, tan fáciles y con tan adecuados consonantes y sin enmiendas 164 IX | descubrimientos científicos, los adelantos de la química moderna, proscribiendo 165 VII | Cuando estaba en pie sus ademanes eran vacilantes y torpes. 166 II | comía mal, y se dedicó a aderezar para él platos apetitosos 167 XV | valenciennes: traje plegado, adherente y dúctil lo mismo que una 168 XI | su distrito, en recoger adhesiones y testimonios de simpatía, 169 XVII | desde el primer instante se adhirió al poeta como la enredadera 170 XXVI | esta son ciertos trozos... adicionados con los comentarios que 171 XXII | realidades concretas del vivir, adivina todo lo que más tarde le 172 XXIII | el instinto natural, han adivinado la moral de Epicuro y la 173 XXIV | acontecimientos. La maestra adivinó una historia de amor, cuya 174 VIII | buscar otro adverbio, otro adjetivo, porque si no... ¿Y los 175 IV | férreas, en cuyo consejo de administración figuraba el hábil jurisconsulto... 176 II | cocina el furioso porrazo administrado a la chocolatera para sentarla 177 IV | también solía su tío el cura administrarle buenos azotes, volvió la 178 XXV | hacía artículos de carácter administrativo; Madrid le ilustraba; y 179 XXVII | sinceridad obliga a decir que le administró remedios no enteramente 180 XV | y fino de los saraos, se admiraba de la fe y resolución con 181 XI | lago; un punto de vista admirable y no fatídico, como la charca. ~ ~ 182 II | estrecho círculo del aula, admiradores y envidiosos. Desde entonces 183 XXIV | estipularon las condiciones de la admisión de Minguitos. Le mantendrían, 184 II | alguna: leyó creyendo y admitiéndolo todo, unimismándose con 185 IV | trigo grano por grano, y no admitir ninguno picado del gorgojo; 186 VIII | proponerme cosas por ese estilo. Admito tus finezas a veces por 187 XXII | niño, convirtiéndose en adolescente, nota en sí ese algo inexplicable 188 VI | invencible mutismo de las adolescentes, en quienes la sensibilidad 189 XXV | los domingos; de Orense, adonde Leocadia no se atrevía a 190 I | hablar del seudónimo que he adoptado. ¡Bonito nombre el mío para 191 XXV | conciben magnos proyectos y se adoptan resoluciones decisivas. ~ ~ 192 XVXVIII| y fueron desechadas para adoptar otras no menos efímeras; 193 I | alarmante, la encubre y adorna el pelo copioso, algo más 194 V | enormes pamelas de paja tosca, adornadas con un lazo colosal de lanilla 195 XII | pasión, en cambio deseaba adornarse con los soñadores no me 196 XV | remangaban la cola, arrancaban el adorno todo alrededor rápidamente, 197 XXII | solamente a la vida exterior, adquieren facultades para escudriñar 198 XVII | país, los versos gallegos adquirían algo de lo que la saeta 199 XXIV | lisonjeado con la esperanza de adquirir por la mitad de su valor 200 Pro | autor, rara vez produce adrede libros muy crudos o muy 201 VIII | y la otra pequeñita del Adro...? Estos años dan poco... ~ ~ 202 IX | catorce tomos de Feijóo. Quedó adscrito y sellado hasta en lo físico. 203 X | verá usted lo que es bueno: adular a los cómicos, dejar el 204 IX | las sanas tradiciones; de adulterar y componer el vino. ¡Como 205 VII | únicamente en el hijo ya adulto, el niño que lactaron y 206 VIII | échese usted a buscar otro adverbio, otro adjetivo, porque si 207 VI | nerviosa presión de mano advertida la víspera, al bajarse del 208 VI | Gayarre! Y Nieves se rio afablemente, disimulando sus raros pensamientos, 209 XXI | de una vez que aquellos afanes, desvelos e intrigas eran 210 XIII | varias manos lo sostenían afanosamente: todo con acompañamiento 211 VII | indeleble de eterna desventura, afeaba y a aquel pedazo de las 212 V | el curso natural de las afecciones... Descansar algún tiempo 213 IV | almacén de arriba abajo, afectando olímpica indiferencia. Refrenó 214 XVI | conversación a que era muy afecto, y al verle entretenido 215 XIII | de aldea alicaídos, mal afeitados y enfermos, de jugadores 216 XXVII | quedaban ya parroquianos que afeitar, y se moría de hambre... 217 XII | tocado; y aun esa, libre de afeites o de saliños tentadores, 218 XI | del banquero se crispaba aferrando los naipes, y con nervioso 219 XIX | solícita de Genday había afianzado la tranca. El contratiempo 220 VI | cabalgata. Las señoras se afianzaron en sus jamúas y los hombres 221 XIX | castañuelas. El señorito afianzó el cordón entre los dedos, 222 III | Míralo bien: ¿no te lleva afición por la abogacía? Segundo 223 XVII | las Vides. Como era poco aficionado a juegos y Nieves tampoco 224 IV | letargo reparador, los músicos aficionados de la banda popular ensayaban 225 VII | poco y no corría nunca; se aficionó a sentarse a lo moro, jugando 226 VI | Arandas. Con su fisonomía afilada y sutil, contrastaba la 227 IV | estaba la charanga sumamente afinada y acorde ya, dispuesta a 228 III | seguro... ~ ~- Y yo lo mismo -afirmaba Genday -. Si es preciso 229 XIX | Cedió Teresa, no sin afirmar por última vez su incompetencia. 230 V | falta todo el tiempo. -Y al afirmarlo, el médico se apeaba, atando 231 XII | se declaró esta, con sus aflictivos síntomas, Nieves, por extraño 232 XIV | pellizcar a las mozas. Estas, afligidas, levantaban el grito, no 233 X | Orense, que está dispuesto a aflojar la mosca... Pero ¿dónde 234 XIII | cansancio pudo más, sus dedos se aflojaron, su brazo cayó inerte, y 235 XXII | día más que de costumbre: afortunadamente, don Victoriano parecía 236 XX | el coro de obispos de La Africana... Si hasta dicen palabras... 237 XXI | Segundo, situado a la parte de afuera, entre las vidrieras y no 238 III | Agonde, en la mejor calle. Agachada en el ángulo tenebroso de 239 XIII | hincasen en el corazón; agarrándolo rojo, humeante y sangriento, 240 VII | decías - insistió la maestra, agarrándose al pretexto para enojarse -. 241 II | silenciosa y espectral, ágil a despecho de sus sesenta, 242 IX | y lo hacía con notable agilidad, a pies juntillas, sin moverse 243 XIII | es que muchos brazos se agitaban extendidos, y cuando el 244 XXI | no servía ella para tales agitaciones... Una cosa es que agrade 245 XXI | ojeroso, deshecho, un cuerpo agitado por escalofríos y espasmos, 246 X | cigarro y midiendo a pasos agitados el salón, rompió a hablar 247 XXIII | esqueleto desnudo hasta el codo, agitando en un barreñón un líquido 248 XIII | por la luz de la mecha, agitándose, encorvándose, subiéndose 249 VI | reaccionaria y dos o tres manos se agitaron en señal de bienvenida cariñosa. 250 IV | gran armatoste en la plaza, agitáronse los grupos; varios chiquillos, 251 VII | reblandecérsele el alma y agitarse en el fondo de ella algo 252 XIII | balcón, por las chicas que se agolpaban en él, por la plaza donde 253 XIX | sobresaltos deleitosos que agolpan toda la sangre al corazón 254 XXIII | atropellaban alrededor del agonizante cerdo, en cuyo corazón y 255 I | fresco estremeció las hierbas agostadas y los polvorientos zarzales 256 XVIII | aumentaban abajo. Era que, agotados los versos, Victorina y 257 II | las repetidas lactancias agotaron, hasta matarla de extenuación, 258 XIII | que daban a momentos tan agradables un colorido veneciano. Cuando 259 XXIII | el poeta de algo que le agradase y divirtiese, le preguntó 260 XXI | agitaciones... Una cosa es que agrade parecer bonita y oírlo, 261 XIII | pero evidentes; indicios de agrado y benevolencia, todo existía, 262 XIII | parte a proteger de todo agravio el enorme corpachón del 263 VII | o tres baños, el mal se agravó: el niño no podía doblarse, 264 IV | pila a la señora de Comba y agregando un cariñoso diminutivo al 265 XIII | interjección de un borracho agresivo, que quería tener por suyos 266 XVII | aumentarse su frescura y agreste aroma al decirlas una mujer, 267 II | el santuario, vereditas agrestes, entapizadas de grama y 268 III | No porfíes, Clodio -dijo agriamente el abogado - . Este no quiere 269 XVI | henchido de uva por las cuestas agrias; importaba que el espeso 270 Pro | el título de idealismo, agrupan lo delicado, suave y poético. 271 XXIII | la interminable noche, el aguacero terco, el frío lúgubre, 272 XVIII | peor para ella... Que se aguantase, como era su deber... ¡Bah, 273 IX | pasaron al comedor, donde les aguardaban Genday y Tropiezo. La última 274 XIX | el portal de las Vides, aguardando el regreso de Segundo. Mas 275 XX | con loco ardimiento, sin aguardar respuesta, Segundo arrastró 276 III | hacérselo. ~ ~- ¿Y luego, a qué aguardas? El tío te está proponiendo 277 V | leí de eso... Se llama... aguarde, hom... di... diabetes sacarina, 278 XI | brillantes, y los romeristas aguarlas si fuese posible. En el 279 IV | la niña soltó su risilla aguda ante la idea de que robase 280 XXIII | y el hocico más o menos agudo, prometen carne más suculenta 281 I | lluvia: sin duda era un agüista, un convaleciente que respiraba 282 VIII | los negros celos, con su aguijón que se clava en el alma, 283 VII | maquinilla, desobstruía con una aguja de calceta el filtro, ponía 284 VIII | Trató de estarse quieta. Mil agujas le punzaban el cuerpo: dio 285 I | la viruela algo curtido y agujereado, como la piel de una criba: 286 XIII | roncaba un labriego chispo, ahíto de pulpo, o contaba cuartos 287 XV | con sus manías. ~ ~Y el ahogado agitó las manos, como indicando 288 IV | almacén de paños vagaban los ahogados suspiros de un figle. Los 289 V | médico; miró a Agonde, y ahogando otra explosión de risa, 290 X | su laringe se revolvían, ahogándose, imprecaciones y blasfemias. 291 XIII | deseoso, al contrario, de ahogarla. ~ ~Sobrecogida por la audacia 292 XXIII | ya ha estado a punto de ahogarse con su propia gordura: sus 293 XVIII | pero más duraderos y que ahorraban la pesada faena de preparar 294 II | sobraba la razón a Flores: sus ahorritos, su par de miles de reales 295 I | Con tal que no me des nada ahumado, ni grasiento... ~ ~- ¡Tortilla 296 II | enredijo de los protocolos, ahuyentaron a Segundo de su casa. La 297 II | sentarla sobre el fuego y el airado voltear del molinillo en 298 VII | fregaba platos y tacillas, con airados choques de loza y coléricas 299 VI | subía de la encañada un airecillo regalado, portador de la 300 Pro | costumbres. Mas como fenómeno aislado, como enfermedad, pasión 301 XVII | muy activa, encontraríanse aislados a no ser por Victorina, 302 XIII | del salón y la especie de aislamiento en que se hallaban ella 303 XXIII | ventanas bien cerradas, aislándose del mundo exterior, para 304 IV | pedacito de esponjado tostado? ¡Ajajá! De esto no hay por Madrid, ¿ 305 | ajenos 306 X | los curas metidos en el ajo: el de Lubrego, el de Boán, 307 XXI | la legislación inglesa, alabando la sabiduría de aquella 308 XIII | el suelo con su boca de alambre, donde empezaba a encenderse 309 XI | enmarañado de los abedules y álamos nuevos que estorbaban a 310 Pro | del mismo ser! ~ ~No es alarde de impenitencia, sino confesión 311 IX | adentro. Méndez, al contrario, alardeaba de instruido y culto. Escribía 312 XX | principio, se resistió algo, alardeando de persona formal. ~ ~ - 313 XVXVIII| cuánto costaban, la mujer alardeó de generosa, y cogiendo 314 X | ofrecérselos al jaco. Este alargaba ansiosamente sus belfos, 315 V | los ojos! Don Victoriano alargó ambas manos, las sumió en 316 VII | cachorro. Había llorado con alaridos, maldiciendo al médico, 317 XXIII | a Segundo, preguntándole alarmada si le sucedía algo. Nada, 318 XIX | tranca. El contratiempo no alarmó a Segundo: tendría que escalar 319 XVIII | Segundo, penetrando en el albergue de Nieves con tanta impetuosidad, 320 XXIV | armaría un escándalo que alborotase a la vecindad... Y había 321 VI | llegada de don Victoriano, alborotó a Vilamorta la del señor 322 XVIII | que el juego producía gran alborozo, pues difícilmente conseguía 323 II | habían obtenido sus versos, alcanzándole homenaje tan desinteresado 324 XX | murmuró con angustia.~ ~ - Les alcanzaremos antes de diez minutos... 325 II | llevaba! Imposible: jamás alcanzaría su caletre, por mucho que 326 XVIII | de la uva, destilaría un alcohol refinado, que le había de 327 XXIII | de la cafetera, el vaho alcohólico del ponche, la quietud, 328 VIII | abogado García. ~ ~Al primer aldabonazo abrió la tía Gaspara. ¡Qué 329 XIII | van tan contentos a sus aldeitas... ~ ~Saltaron como pudieron 330 XVI | la encerraban a usted - alegó Carmen.~ ~ - ¡A mí! - exclamó 331 IX | gran marco de ébano, con alegorías de dorado latón, que representan 332 XXV | represente una cosa bonita, algo alegórico?»... Así por este estilo 333 II | siglos de nuestra era, se alegra ahora con lo que regocijaba 334 I | en el Amanecer. ~ ~- ¡Me alegro! ¡Tendrás tú más fama, corazón 335 IX | bien, calándose las gafas, alejando el periódico o el libro, 336 XV | pericón negro, tratando de alejar la atmósfera pestilente 337 XX | Las voces y los pasos se alejaron, y Segundo y Nieves prosiguieron 338 XIII | desalentado e incapaz de alejarse de la tierra, se dejaba 339 VI | abandono, cual si de él se alejasen para siempre personas muy 340 XXVII | su casa. ~ ~Don Fermín se alejó, subiéndose la bufanda hasta 341 I | cacerolas en un trozo de música alemana. Lo más suave que se oía 342 XVII | como la de algunas baladas alemanas; música labial, salpicada 343 XIII | favorables! Nieves le había alentado: él no lo soñaba, no señor; 344 XIX | penetrante, y la inspiración alentaría más poderosa, y las estrofas 345 XX | desdichado si, en lugar de alentarle, Nieves le pagase con claros 346 XVXVIII| temblaba como si tuviese alferecía; y lo más singular fue que, 347 XIII | quiere poseer les clava un alfiler o les aprieta fuertemente 348 XIV | quejándose del dolorcillo del alfilerazo. ~ ~ - Pero has visto, hija... ¿ 349 XIX | después de recogerse con alfileres la falda del vestido para 350 IX | la resina, y pisaba una alfombra de hojas secas que asordaba 351 XV | Puenteancha, de mármol, alfombrada por el centro, con macetas 352 XX | cierta distancia empezaba a alfombrarse de hoja de pino, bruñida, 353 II | muebles de rejilla y una alfombrita delante del sofá, en su 354 XX | húmeda, que resbala como las algas marinas, y Nieves, al apoyar 355 III | Carcajadas homéricas, algazara general. Habla Genday el 356 II | soñador reposaba en los algodones que sabe mullir el cariño 357 IX | central, llamado del balcón, alhajado con sillas de paja y respaldo 358 XIII | emperejiladas, de curas de aldea alicaídos, mal afeitados y enfermos, 359 Pro | Noroeste, el espíritu romántico alienta más de lo que parece a primera 360 XXII | Pensar en eso, parece ya alimentar malos deseos... No, pero 361 XXV | manantial de ensueños, alimento único de la fantasía de 362 XXI | y Mademoiselle recogía y alineaba las horquillas primorosamente 363 V | misma hilera doble de olmos, alineada sobre el río, el espumante 364 IX | catedral, con sus magnas cubas alineadas a ambos lados. Esta pieza 365 XXI | bajó los ojos y fingió alisarse el pelo con el batidor de 366 VIII | resolución, Leocadia se lavó, se alisó el pelo, se echó el vestido 367 VIII | Bécquer, prestar al verso esas alitas palpitantes, diáfanas y 368 XXI | dos o tres lagrimillas se alivió su crisis. Pensó en acostarse, 369 XXVII | Segundo... ¡Era capaz de allanar la casa si tal supiese! 370 II | ni una triste seguidilla. Almacenada se quedaba tanta poesía 371 II | si bien ciertos pasajes, almibarados o fogosos, produjeron entre 372 II | enaguas gordas, tiesas de puro almidonadas, muy bordadas a ojetes. 373 II | Y mamá, ¿qué hace?~ ~- Almidonando unas enaguas.~ ~Clavaba 374 I | nocturno como repique de almireces y cacerolas en un trozo 375 IV | se oía el sonsonete del almirez y el chirriar del aceite. 376 XII | las metían debajo de la almohada. ¡Qué tiempos! Era pollita... ~ ~ 377 VII | respiraba bien y alzarle las almohadas... Al evocar estos recuerdos 378 XIV | gastar grasa ni hacer caldo, almuerza sopa en vino... El mollete 379 XVI | huéspedes varones les había alojado Méndez en otra sala muy 380 XVI | de distantes parroquias a alquilarse, distribuirles la labor, 381 XVIII | alarmante síntoma. Su vista se alteraba. Al desecarse el humor acuoso 382 VII | terminó la poesía, dijo en alterada voz, fingiendo serenidad: ~ ~- 383 XXVII | presentes, y promoviose un altercado que demostró de modo irrefragable 384 XXI | Yo... yo...~ ~ - No te alteres, hija; no llores... Tú eres 385 XIII | También a Nieves le gustaba la alternativa de la luz con las tinieblas, 386 XXII | Nieves exhaló un chillido altisonante, y Segundo, con hermoso 387 VIII | convenía; que realizase sus altos destinos, su gloria... Lo 388 XIII | impaciente ya por lanzarse a las alturas del cielo. Los combistas 389 IV | un magistrado: se casaría alucinada por la posición. ¡Vive Dios! 390 I | el quinqué tan bien como alumbra, es preferible contemplar 391 III | Eufrasia era lóbrega; la alumbraba a las horas de conciliábulo 392 XIII | de danza macabra. Ya no alumbraban los cohetes la oscuridad 393 XIII | operación. Veíanse las siluetas alumbradas por la luz de la mecha, 394 XV | bujías formaban un espléndido alumbrado. La mucha gente era causa 395 Pro | novela. A la misma luz que me alumbró por los rincones de la Fábrica 396 XXIV | allí, con reticencias y alusiones trasparentes, de ciertas 397 I | parecían muelas fuera de sus alveolos. La tristeza del crepúsculo 398 XXIII | herraduras baten el suelo y alzan un chapoteo de fango. Ya 399 II | jorobadito los ojos en Flores, alzando trabajosamente la cabeza 400 XIX | desprendía la falda, Nieves, alzándose del piano, reparó que en 401 XIX | en la vida; y el canto se alzaría más penetrante, y la inspiración 402 VII | oír si respiraba bien y alzarle las almohadas... Al evocar 403 XIX | repinica? ¡A ver, a ver! Alzáronse varias voces delatoras. ~ ~ - 404 VIII | permitía respirar. Quiso alzarse y no pudo: la convulsión 405 XIII | combistas rugían de júbilo. Alzose un rumor, un hondo rumor 406 XXII | hunde cuando perdemos lo que amábamos, entonces casi no existe 407 XX | quería persuadirse de que le amaban realmente, y que bajo el 408 VIII | curtidas los rasgos de un amado semblante. Sí que se parecía 409 XVII | de los poetas conocidos y amados en el país, recitó Elvira 410 I | Docena y media por junto pude amañarte. Ya te completaré las dos 411 V | semejante a un ramillete de amapolas y heno. Colgábale a la niña 412 XXI | y creo... - añadió con amarga sonrisa - que me ha embromado... 413 X | Y el ex-ministro se reía amargamente. Y quiere usted pararse, 414 VIII | inquietud horrible, gran amargor en la boca. En medio del 415 XXI | desazón, qué momentos tan amargos! Había visto la muerte cara 416 XXVI | inmediato... Segundo sonreía con amargura. Allá va la gloria... pensó. 417 XVIII | de la suerte, todas las amarguras de su existencia venían 418 XVXVIII| Regresará con el rostro amarillento, el hígado estropeado, con 419 IV | las sienes, realzaba la amarillez de la piel; amarillo también 420 XXI | para que se contuviese: amarla, concedido; no se oponía, 421 XXVII | minuto inolvidable pudo amarle de veras... ~ ~¡Cobarde 422 III | Para que no digan que me amarro. ~ ~Y sucedía todo lo previsto; 423 IV | panadero de la plaza, lo amasaba a conciencia, teniendo la 424 I | con la nariz gruesa, mal amasada, parecida a las que los 425 XIII | pudieron por encima de aquel amasijo, donde en repugnante promiscuidad 426 XIII | arriba una caja llena de amatistas, esmeraldas y rubíes. Caían 427 X | forzada, pronunció una frase ambigua: ~ ~ - ¿Pero qué prisa tiene 428 XIII | quería tener por suyos los ámbitos de la feria. Agonde daba 429 XI | Jacinto Ruedas, famoso tahúr ambulante, conocido en todo el universo, 430 II | apetitosos y nutritivos, amén de encargarle a Orense libros, 431 XIII | concentrado subía a su garganta amenazando sofocarle; y al ver allí 432 I | levanta a toda prisa un americano gallego, recién venido con 433 XI | horas de soledad. Hablaban amigablemente, y el hombre político, lejos 434 XXVI | desahogaba toda la bilis de su amistad y patriotismo herido, poniéndole 435 VI | limpia farmacia, con su amistosa tertulia, su gorro y sus 436 X | rostro del poeta su cara amojamada, exclamó con lástima no 437 II | de nadie. Estas continuas amonestaciones, en que empleaba la misma 438 XXI | en que los obstáculos se amontonan y las dificultades renacen 439 XV | de grueso cabrito, que amorcillaban las manos... Acordábase 440 IX | de noviazgos efímeros, de amorcillos de quince días con señoritas 441 VI | placer, ni triunfos, ni amoríos, y de todo tenía y todo 442 II | no sin elegir antes, para amortajarla, la sábana más usada de 443 VIII | compradora. Parecía tan amostazado Cansín, que Leocadia no 444 IX | vegetales, y trotaba al amparo de un túnel de verdura, 445 I | embozado, a pesar del calor, en amplio montecristo, y con enorme 446 XVI | rancho. ~ ~Si a esto se añade la presencia de huéspedes 447 III | chiquito, eso sí, y por añadidura destartalado, pero con su 448 IV | fachas de los presentes. Analizó, con los ojos entornados, 449 XX | en el país; y por razones análogas fueron despidiéndose Saturnino 450 XIX | cortés, pero apremiante, análogo a una declaración de amor. 451 I | ojuelos negros y chicos, análogos a dos pulgas, emparejan 452 XIII | mano sobre el lugar donde anatómicamente está situado el corazón. 453 XXIII | Gaspara, la de García. Las ancas de tan magnífico bestión 454 I | sombreros de fieltro, de anchas alas. Uno de los hombres 455 III | balandranes, sombreros anchos, dos o tres tonsuras sacerdotales, 456 XV | niños barbiponientes, de un anciano calvo con una inmensa jamona. 457 XXVI | desventurado, un país más bello que Andalucía, que Suiza y que todos los 458 XVII | algo de lo que la saeta andaluza en la boca sensual de la 459 Pro | y de la humana sociedad andan mezcladas la prosa y la 460 I | No saben de quién son. Andarán discurriendo... ~ ~- Qué 461 IX | el ministro, racionalista añejo ya, sorprendiose de la devoción 462 IX | manera de gradas de colosal anfiteatro, hileras de paredones de 463 IX | devorando.~ ~Protestaba el anfitrión, y Tropiezo y Genday, por 464 XXIV | chiquillo? ¿Dónde está, ángel de Dios? ¿Dónde lo tienes, 465 XIII | rojas, igual que si los angelitos volcasen desde arriba una 466 IX | dos vallados, aparecía un angosto sendero, orillado de zarzamora, 467 IV | en ellos con coleteos de anguila, y dio palmadicas en los 468 XXI | apasionado, y otra estas angustias incesantes, estas aventuras 469 VII | Me he partido! -repetía angustiosamente, mientras las manos trémulas 470 II | sus planes de porvenir; le animaba a que escribiese, a que 471 XIII | quien su madre sostenía animado diálogo, como para entretenerla 472 I | la vuelta distraído, dos animalazos, dos cochinos monstruosamente 473 VI | escape hasta Vilamorta. ¿Te animas, Saturno? ~ ~- ¿Escapes 474 I | los decías! Anda, por las ánimas... anda, recita, que los 475 IX | no contábamos con que se animase a venir... Y ahora, que 476 XIII | otra hace unos versos!, yo animo a Segundo García para que 477 XXIV | encendido luz... Leocadia, sin ánimos para hacerlo, se echó en 478 XV | central se destacaban los animosos bailarines, lanzándose en 479 XIII | estrujarlo y deshacerlo y aniquilarlo para siempre. ¿Porqué no 480 I | Los que hice, los hice anoche, después de retirarme. ~ ~- ¡ 481 XI | la carretera, después de anochecido, y como si Nieves pretendiese 482 VIII | nuevo, se arropó, y quedó anonadada, sin cerebro, sumida en 483 XXII | su actitud de estupor y anonadamiento: parecía un cadáver, un 484 XI | llegar a alguna robleda añosa, a algún castaño dentro 485 XX | claros desdenes. No era el ansia brutal de victorias positivas 486 XXI | llaman muerte chiquita... ~ ~Ansiaba Segundo decirle dos palabras, 487 XXIII | gentil y halagüeña, sus ansias de gloria, su ambición artística. ~ ~ 488 X | ofrecérselos al jaco. Este alargaba ansiosamente sus belfos, con ondulaciones 489 III | antitéticas eran también antagónicas; se habían declarado guerra 490 V | ahora?~ ~- No; si ya fui anteayer... y le puse dos docenas 491 I | localizar un punto fijado de antemano. Al fin se paró, orientándose. 492 XIII | primera fila, apoyándose en el antepecho del balcón, desafiando el 493 XXI | ofreció un poco de poción anti-histérica. Tragola Nieves, y con algunos 494 XIII | especie de penumbra? - añadió, anticipándose a sonreírse de lo muy selecto 495 VI | sitio que tiene aspecto de antigüedad, aire así... señorial. Me 496 XVI | encerrar uno tan feo como antiguo; sin que de este sistema 497 XVXVIII| continente joven ese temeroso mal antillano, verdugo de los íberos que 498 II | su madre, conservaba una antipatía invencible hacia su padre. 499 III | gutapercha. Estas dos boticas antitéticas eran también antagónicas; 500 VIII | apasionado cuando se le antojaba serlo? ~ ~¿Qué podía Leocadia


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