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| Miguel de Cervantes Saavedra Novela del amante liberal IntraText - Concordancias (Hapax Legomena) |
Parte
1 II | soltando los remos, se abandonaron y se dejaron ir a vista 2 V | y corrió con los brazos abiertos y con señales de grandísimo 3 I | alma, que tanto la tuya aborrece? Y no porque me ofendas 4 I | voluntad con desdeñarme y aborrecerme; y a tanto llegó el estremo 5 II | comunicare; para que, siendo aborrecido dél y dellos, los unos y 6 I | la angustia del desdén y aborrecimiento, la mayor y más cruel rabia 7 V | de grandísimo contento a abrazarle. Llegaron con el gobernador 8 V | a la vela que Leonisa le abrazase, que aquella merced y favor 9 V | principales de la ciudad. Abrazó Ricardo al gobernador y 10 IV | quizá poco contenta de los abrazos flojos de su anciano marido, 11 II | todas las causas, que las abrevia en la uña y las sentencia 12 V | ponerle en la voluntad que abreviase su partida. Y así, solicitado 13 IV | de agua que había bebido. Abrí los ojos, atónita y espantada, 14 II | reventarían por parte que abriesen puerta al alma, que tanto 15 II | aprovechamos de los remos, y, abrigados con la isla, tuvieron lugar 16 II | despuntar la isla y tomar abrigo en ella por la banda del 17 I | tibiamente te solicita. Acaba ya de entregarte a los banderizos 18 IV | desconocida, sino porque habías acabado con la tragedia de tu vida.» ~ ~ - 19 I | por partido dichoso que me acabara a pura fuerza de desdenes 20 III| consonantes necesarios para acabarla; mas el otro caballero, 21 III| alguno, en pocos días se acabaron los de su vida, siempre 22 I | esperanza de alcanzarte, acabe con ella la vida que aborrezco. ¿ 23 V | después de varios y estraños acaescimientos, y después de mil perdidas 24 | acaso 25 III| ventura de Ricardo, sin tener accidente alguno, en pocos días se 26 II | presas que habían hecho. Cada acción déstas fue para mí una dilatada 27 I | el mundo, sino hacer sus acciones siempre de una misma manera, 28 IV | intérprete de sus pensamientos; acepté la empresa, no por darle 29 II | mí tres mil escudos. ~ ~»Aceptó Yzuf este partido, forzado 30 I | resplandecientes armas y acerados alfanjes. Vete, vete, y 31 I | éstas: ~ ~ - Si así como has acertado, ¡oh amigo Mahamut! - que 32 V | qué demonio os ha movido a acometer tan grande insulto? ¿Cómo, 33 V | conoció el cadí los que le acometían, y vio que eran soldados 34 I | decir si los muchos que me acometieron atendían no más de a defenderse, 35 I | puse mano a mi espada y acometíle, no sólo a él, sino a todos 36 V | Alí, que era bajel mayor y acomodado para cualquier cargo o viaje, 37 II | puerta de la tienda. ~ ~Venía acompañado Alí Bajá (que así se llamaba 38 V | cual llegado, salió Hazán acompañándolos hasta la marina con todos 39 II | llegaron a humedecer el suelo. Acompañóle en ellas Mahamut; pero, 40 III| de otra manera, y que la aconsejaba se hubiese bien con Halima, 41 III| que pudiese en servirla, aconsejándola y ayudándola con su ingenio 42 III| esto hecho, después nos aconsejaremos en lo que más nos conviniere. ~ 43 II | has de hacer, amigo, es aconsejarme qué haré yo para caer en 44 V | efeto su determinación; mas aconsejáronle sus esclavos que convenía 45 IV | que le desesperasen y le aconsejasen que lo más presto que pudiese 46 III| de cristiano tenéis, me aconsejéis en mis trabajos; que, puesto 47 IV | respondiese a su amo, se aconsejó con Mahamut de qué le respondería; 48 V | sin sospecha de semejante acontecimiento. ~ ~Dos días había ya que 49 V | las desventuras y tristes acontecimientos suelen mudar las condiciones 50 V | manera: ~ ~ - Bien se os debe acordar, señores, de la desgracia 51 IV | de qué le respondería; y acordaron entre los dos que le desesperasen 52 IV | dispensase con el tiempo y acortase la dilación, que ella le 53 II | hicieron los turcos con su acostumbrada diligencia, y, no muy contentos 54 I | ellos, antes me los han acrecentado estas ruinas que desde aquí 55 V | belleza a belleza, que suele acrecentarse con el contento, se vistió 56 IV | estuviese en casa. Leonisa acrecentó en Halima el torpe deseo 57 IV | cielo, que mientras más se acrisola, queda con más pureza y 58 V | por los infamados riscos Acroceraunos; y desde lejos, al segundo 59 II | soldados de Fetala, jamás he acudido a ello, antes le he dicho 60 V | engaño, tomaron las armas y acudieron al puerto todos los que 61 I | Dios, como yo hago: ¡Él se acuerde de mí por quien Él es! Por 62 V | El cadí volvió en su acuerdo, y le curaron como la ocasión 63 III| cual dijo a Mahamut: ~ ~ - Acuérdome, amigo Mahamut, de un cuento 64 II | poderoso caballo ricamente aderezado, y, trayéndole a la redonda 65 II | ni de Marruecos, que en aderezarse llevan la ventaja a todas 66 V | esperanzas, dentro de veinte días aderezó un bergantín de quince bancos, 67 V | eran soldados de Nicosia y adivinó lo que podía ser, y diose 68 III| Parte III~Admirados desta primera vista el cadí 69 II | llegamos a Trípol de Berbería, adonde a mi amo (antes de haber 70 IV | cual me ha dicho que te adora; hame puesto por intercesora 71 IV | humilde, especialmente para adorarte; y sin que tú pusieras término 72 I | deidad a quien sirviese ni adorase. Sabían sus deudos y sus 73 I | no sólo la amé, mas la adoré y serví con tanta solicitud 74 V | las cuales hizo Ricardo adornar la galeota. Poco después 75 V | suplicado a Leonisa que se adornase y vistiese de la misma manera 76 III| muchos me han hecho algo advertida, sobrevienen cada momento 77 III| Ricardo - ; y vuélvote a advertir que los cinco versos dijo 78 IV | la que yo te tratare; y advierte que podría ser que el habernos 79 III| enviasen a Constantinopla, advirtiéndola de la condición de Halima; 80 III| ingenio y con sus fuerzas; advirtióla de la diferencia que por 81 III| ver lo que ella sentía; advirtióle la tibieza y la malicia 82 IV | al Gran Turco. Con tales afectos decía su pasión el religioso 83 I | riesgo de descomponer la afeitada compostura de tu galán vestido. 84 III| tiempo la había tenido alguna afición. ~ ~ - Bien poca debía de 85 IV | manera que ahora me vees, por aficionarles la voluntad a que me comprasen. 86 I | las curiosas lenguas, y afirmaban los más raros entendimientos, 87 III| cual fue píctima para el afligido corazón de Ricardo, el cual 88 I | entenderle: propia condición de afligidos, que, llevados de sus imaginaciones, 89 I | vuestros valerosos y mal afortunados defensores! Si como carecéis 90 II | llevan la ventaja a todas las africanas, aunque entren las de Argel 91 IV | quien ya quería mucho por su agradable condición y proceder discreto, 92 I | el de Cornelio, ni quiso agradecer siquiera mis muchos y continuos 93 III| dejes. ~ ~ - Tanto más es de agradecerme a mí - respondió Hazán - 94 V | traído a tales términos, les agradecía la libertad que le daban, 95 V | mostrándome yo siquiera agradecida. Tuya soy, Ricardo, y tuya 96 V | que, en otro sujeto más agradecido, pudieran ser cargos de 97 II | cuando la deje. ~ ~ - Yo te agradezco - respondió Ricardo - , 98 IV | respondió Ricardo - , y agradézcote infinito el desengaño que 99 V | quejarse al Gran Señor del agravio que de Hazán y de Alí había 100 IV | me sacaron a tierra casi ahogada; solas ocho personas se 101 III| de la Pantanalea se había ahogado, cuya muerte siempre lloraba 102 II | italiano como el arraéz mandaba ahorcar a aquel cristiano, señalándome 103 II | capitana bajar la entena para ahorcarme. ~ ~»Todo esto estaba mirando 104 II | dijese a los turcos que no me ahorcasen, porque perderían un gran 105 III| tal es el tu rostro, Aja, ~ dura lanza de Mahoma, ~ 106 | ajenas 107 V | puede ni debe redundar en mi alabanza, pues la daba por el rescate 108 III| pasar tanto la raya en las alabanzas de tu bella Leonisa que, 109 I | labios rubíes, su garganta alabastro; y que sus partes con el 110 II | reforzando las voces y los alaridos, y luego le volvieron a 111 V | alegría en sus corazones, alborotáronse sus espíritus con el nuevo 112 IV | Pero, como ella estaba alborozada con las esperanzas que Leonisa 113 II | en toda su hacienda, y el alcaide de los muertos que allí 114 I | discurso de mi pretensión, alcancé a saber que un día del mes 115 IV | y de la que daré por no alcanzalla la vida, que ahora estimo 116 I | si así fuera, pero no le alcanzaran, sin arrogancia sea dicho, 117 IV | por grado o por fuerza, alcanzaría su deseo; y que, para el 118 III| parecer, firme esperanza de alcanzarla y de gozarla; y así, sin 119 IV | Viéndose, pues, desesperado de alcanzarlos, determinó de deshacerse 120 I | perdiendo yo la esperanza de alcanzarte, acabe con ella la vida 121 III| Hazán dice lo mismo; tú alegas que por ser el primero en 122 IV | pensamientos, que le suspendieron y alegraron, considerándose veinte pasos, 123 V | alzando de cuando en cuando alegres voces y gritos, se iban 124 V | retrato de su alma; todavía me alegro de la general alegría que 125 III| así deslumbró los ojos y alegró los corazones de los circunstantes, 126 I | todo hecho de ámbar y de alfeñique, guarnecido de telas y adornado 127 II | entró un chauz, que es como alguacil, y dijo que estaba a la 128 I | hallado compañía en ellas aliviara nuestro tormento. Esta esperanza 129 I | para saber qué remedios o alivios puede tener tu desdicha, 130 I | sus parientes, criados o allegados, dio muestras de levantarse; 131 III| perlas. El vestido era una almalafa de raso verde, toda bordada 132 IV | dieron señal de lo que sus almas habían sentido. Ricardo 133 III| que está en la ciudad de Almedina, y al tiempo de la partida 134 III| Ricardo de ver andar en almoneda su alma, y los pensamientos 135 I | duda alguna, y se ha de alojar en unas tiendas que están 136 IV | suya; era de barraganes y alquiceles y de otras cosas que de 137 IV | estimo en lo que vale la alta ventura de verte. ~ ~ - 138 I | quiero decir, que este mozo, altivo por su riqueza, arrogante 139 II | que estando desde lo más alto de la isla puesta a la guarda 140 I | condición que la mía, ni de más altos pensamientos, ni de más 141 V | con aquel bajel se habían alzado. A la postre de todos salieron 142 V | Ricardo que en el camino se alzasen con el bergantín; pero no 143 V | ahora. ~ ~Y, diciendo esto, alzó la mano y con honesto comedimiento 144 IV | volviésemos a ver. Halima, nuestra ama, creo que nos escucha, la 145 V | de golfo lanzado, y, sin amainar velas, y sin tener necesidad 146 V | tiro de cañón. Viendo esto, amainaron, soltaron los remos, tomaron 147 V | galeota. Poco después de amanecer sería, cuando se hallaron 148 V | cautiva del Gran Señor. ~ ~Amaneciendo, pues, el día en que, según 149 V | conoció las intenciones de los amantes y traidores, comenzó a grandes 150 II | que en aquella luenga y amarga noche tuve y pasé, por no 151 II | la memoria renovada en el amargo cuento, quiso Mahamut consolar 152 I | tanto llegó el estremo de amarla, que tomara por partido 153 I | finalmente, todo hecho de ámbar y de alfeñique, guarnecido 154 I | uso de razón, no sólo la amé, mas la adoré y serví con 155 II | la vista se nos ofrecían, amenazando de inevitable muerte a nuestras 156 II | oírme, con un grueso palo me amenazó que, si no callaba, me maltrataría. 157 V | cincuenta soldados, todos amigos y conocidos suyos, y a quien 158 I | a valerse de sobornos ni amistades, si ya primero no lo ha 159 I | saber guardar firmeza en sus amores, ni estimar lo inestimable, 160 III| sin quedarse esento de la amorosa llaga el del cadí, que, 161 V | Halima, y la arrojasen al mar amortajada, diciendo ser la cautiva 162 IV | lo que hacían sus mismos amos. ~ ~Tomado, pues, entre 163 II | viento, de manera que el amparo de la isla no fue de algún 164 V | Mahoma? ~ ~Estas palabras añadieron fuerza a fuerza a las primeras, 165 II | timón, se dejó correr por el ancho mar, seguro que ningún impedimento 166 II | al viento y echar las dos áncoras a la mar, para entretener 167 I | gente que por la huerta andaba, y se pusieron a escuchar 168 V | vida. Mas, cuando ellos andaban más encendidos y más atentos 169 V | Cornelio en el tiempo que tú andabas de mí enamorado y celoso, 170 IV | duda tantos caminos como he andado, y tantos combates como 171 III| que sintió Ricardo de ver andar en almoneda su alma, y los 172 IV | quiera. ~ ~ - Como ella ande conmigo - replicó Halima - , 173 II | que la galeota tardaba en anegarse o en embestir en las peñas, 174 I | pues, si llegándose a la angustia del desdén y aborrecimiento, 175 V | mudar las condiciones y aniquilar los ánimos valerosos, no 176 I | que éste de hoy hace un año, tres días y cinco horas, 177 III| respondió Ricardo. ~ ~Y ansí, anduvo huyendo de que sus 178 II | sobresaltos, los temores, las ansias, los pensamientos que en 179 I | entran en la ciudad donde su antecesor habita hasta que él salga 180 I | alcanza el cargo que más se le antoja, porque no se dan allí los 181 II | tomando otra derrota, se apartaba de nosotros, llevándose 182 V | fuerza las velas que le apartaban y llevaban el alma. Mas 183 IV | y, apenas le vio Halima apartado de los umbrales de casa, 184 IV | a cabo de un día que nos apartamos, volvió el bajel de Yzuf 185 IV | o, por mejor decir, me apartaron. ~ ~Con esto, se despidieron, 186 III| versos; pero, dejando esto aparte, dime qué piensas hacer 187 IV | estado, después que de ti me aparté, o, por mejor decir, me 188 I | Jesucristo, de quien me apartó mi poca edad y menos entendimiento, 189 II | en un soplo, sin que haya apelación de su sentencia para otro 190 V | saltaron en crujía; y, apellidando «¡libertad, libertad!», 191 V | insulto? ¿Cómo, por cumplir el apetito lascivo del que aquí os 192 V | y despachar a su mujer y aplacar el fuego que las entrañas 193 III| y me preguntó si había aportado por esta isla una cristiana 194 IV | Estaba Halima cerrada en su aposento, rogando a Mahoma trujese 195 I | cristiano, le dijo: ~ ~ - Apostaría yo, Ricardo amigo, que te 196 V | Ricardo de balde, cuyo rescate apreciaba en dos mil escudos; facilitábale 197 II | fue la causa por que nos apreció a los dos en diez mil escudos. 198 IV | el deseo de ver a Leonisa apretaba tanto a Ricardo, que no 199 V | Válame Dios, y cómo los apretados trabajos turban los entendimientos! 200 I | del cautivo) - ; mas, ¿qué aprovecha, si en ninguna parte a do 201 II | modo que más fácilmente nos aprovechamos de los remos, y, abrigados 202 V | estas dádivas y promesas aprovecharon con el cadí no más de ponerle 203 V | y sin tener necesidad de aprovecharse de los remos, llegaron a 204 IV | quisieres corresponder, aprovecharte ha más para el cuerpo que 205 IV | Gran Señor de modo que le aprovechase para sus pretensiones. Prometióselo 206 IV | pues, entre los tres este apuntamiento, quien primero le puso en 207 V | turquesca que qué bajel era aquél. Respondiéronle que era 208 IV | Alí y Hazán, estaban en aquesta isla, donde podía vender 209 I | reposada condición tuviera Aquiles, bien seguro estuviera Ulises 210 II | voces en lengua turquesca, arábiga y griega, que todos los 211 II | se llaman las manillas en arábigo), al parecer de puro oro; 212 II | mandó poner el trinquete al árbol y hacer un poco de vela; 213 III| que no menos que los dos ardía, temeroso de quedar sin 214 V | y los encuentros de mis ardientes cuanto honestas importunaciones; 215 II | africanas, aunque entren las de Argel con sus perlas tantas. Venía 216 V | turco voces diciendo: ~ ~ - ¡Arma, soldados!, que un bajel 217 V | otro puerto había hecho armar, puso en él cincuenta soldados, 218 III| de llevarla, una galeota armaré con sola mi chusma y mis 219 V | con las buenas boyas le armarían su mismo bajel, y le darían 220 V | juicio. En resolución, le armaron su mismo bajel y le proveyeron 221 V | bergantín de quince bancos, y le armó de buenas boyas, moros y 222 I | maravillosa y concertada armonía, esparciendo naturaleza 223 II | y más, cuando vi que los arráeces saltaron en tierra y se 224 V | ojos y los oídos a todo, y arremetiendo al cadí, le dio una tal 225 I | pero no le alcanzaran, sin arrogancia sea dicho, de mejor condición 226 I | soberbia; la vanidad, en los arrogantes, y en los hermosos, el desdén; 227 V | suspiros que el enamorado moro arrojaba impelía con mayor fuerza 228 IV | cuya naturaleza es fácil y arrojadiza para todo aquello que es 229 II | viese si la mar lo había arrojado a la orilla. Pero, como 230 V | dando fondo junto a tierra y arrojando en ella la plancha, soltando 231 IV | sí. Yo no tuve ánimo para arrojarme, que otro turco me impelió 232 V | concluyesen con Halima, y la arrojasen al mar amortajada, diciendo 233 V | Hallóse presente el obispo o arzobispo de la ciudad, y con su bendición 234 II | tendidos en el suelo. Este asalto hicieron los turcos con 235 IV | una esperanza tal, que me asegura que presto hemos de alcanzar 236 I | la relación del enfermo, asegurándote que la depositaré en lo 237 IV | vida o en la muerte pudiera asegurarme mi deseo. El que tiene mi 238 II | noche, que venía cerca, se aseguraron del miedo que habían cobrado. ~ ~» 239 III| de hacer un hecho que le aseguró salir con lo que deseaba. 240 V | como le conoció y se vio asido dél, perdió la color del 241 III| Llegóse el cadí a ella, y, asiéndola de la mano, se la entregó 242 V | en ellas tal vez hicieron asiento. De todo esto que he dicho 243 III| Como cuando el sol asoma ~ por una montaña baja ~ 244 IV | de la boca de Leonisa sin aspereza. ~ ~Estaba Halima cerrada 245 III| espaldas sueltos traía y parte atados y enlazados por la frente, 246 II | descubiertos de los corredores o atajadores de la costa. Cuando mis 247 III| cristiana, imaginó cómo poder atajar el gran fuego que se había 248 II | que supo; mas él se las atajó, diciéndole: ~ ~ - Lo que 249 II | más seguridad suya se hizo atar fuertemente al estanterol. 250 I | Puesto que las manos se ataron con el respecto, a mi parecer, 251 II | entendía ni se hacía; sólo se atendía a no dejar los remos de 252 I | muchos que me acometieron atendían no más de a defenderse, 253 II | ofrecieron de su parte nada, atenidos a la promesa que de mi parte 254 IV | ojos en los de Mario, que atentamente la miraba. Mas, cuando la 255 I | conoces (mancebo galán, atildado, de blandas manos y rizos 256 IV | barril entre los brazos, se ató con un cordel el cuerpo, 257 IV | agua, tapólos muy bien, y atólos con cuerdas el uno con el 258 IV | había bebido. Abrí los ojos, atónita y espantada, y vi a Yzuf 259 I | razón que creyesen, que atraído el mozo de su incomparable 260 I | habrá en él persona que se atreva, no sólo a hallarle remedio, 261 IV | señora, y baja, y si te atreves a hacer lo que nunca hiciste, 262 III| veamos ahora quién será el atrevido que me la quite. ~ ~ - Yo 263 III| mi derecho y castigará tu atrevimiento. ~ ~El cadí, que a todo 264 IV | licencia para estar tanto ausente y sin veros. ~ ~No la quiso 265 III| enviarla a mi costa, con la autoridad y decencia que se debe a 266 II | traslado a la parte, sin autos, demandas ni respuestas; 267 III| que no sé cómo me he de avenir con ellos. ~ ~A lo cual 268 V | sola quería por despojo aventajado a los muchos haberes que 269 II | palabras, ora ellas se le aventajen, siempre has de hallar en 270 V | determinaron de ponerlo todo en aventura; y, comenzando uno y siguiéndole 271 III| parecer de no dejarla, aunque aventurase en ello la vida, dijo: ~ ~ - 272 V | di traza en su libertad y aventuré por ella, más que por la 273 IV | por hombres cabales. ~ ~Avino, pues, que un día la señora 274 III| Constantinopla, que él me avisaría cuando allá estuviese. Pero 275 II | verdadero amigo, o para ayuda o para consejo; que, aunque 276 V | libertad, libertad!», y ayudados de las buenas boyas, cristianos 277 III| servirla, aconsejándola y ayudándola con su ingenio y con sus 278 V | embarcar consigo para que ayudasen a levantar el bajel, y con 279 III| esclavos que la lleve. ~ ~Azoróse con estas razones Alí, y, 280 V | leño. ~ ~En resolución, bajando la isla, de allí a cuatro 281 IV | temerosos ellos que no bajasen de una fuerza de cristianos 282 II | galeras de quien temer, o bajeles a quien robar. Movióles 283 III| relaja; ~ como la piedra balaja, ~ que no consiente carcoma, ~ 284 V | habiéndole dado a Ricardo de balde, cuyo rescate apreciaba 285 II | sentada por los bancos y ballesteras, sin que en toda la galeota 286 V | por fuerza muchas veces, bañándoselas en tiernas y amorosas lágrimas. 287 II | tomar abrigo en ella por la banda del norte, mas sucedióle 288 V | galeota una caja llena de banderetas y flámulas de diversas colores 289 V | alguno. Mandó poner luego una banderita blanca de paz en el peñol 290 I | Acaba ya de entregarte a los banderizos años dese mozo en quien 291 IV | la más, era suya; era de barraganes y alquiceles y de otras 292 V | esto y habiendo dado un barreno al bajel de Hazán, favoreciéndoles 293 IV | desnudóse luego, y, tomando otro barril entre los brazos, se ató 294 II | brevemente mi desventura. Basta decirte que fueron tantos 295 V | ya le parecía al cadí que bastaba el fingimiento de la enfermedad 296 V | tan turbada como la mía; baste deciros por ahora que, después 297 IV | cantidad de agua que había bebido. Abrí los ojos, atónita 298 III| raya en las alabanzas de tu bella Leonisa que, dejando de 299 I | mozo de su incomparable y bellísima hermosura, la escogería 300 V | arzobispo de la ciudad, y con su bendición y licencia los llevó al 301 II | mujer vestida en hábito berberisco, tan bien aderezada y compuesta 302 IV | pequeña cruz del seno, la besaba muchas veces, y se santiguó 303 V | hicieron como los demás, besándola postrados por el suelo. 304 V | de rodillas ante ella y besarle las manos, que le tomó por 305 V | con lágrimas de alegría besaron una y muchas veces, señal 306 V | confusa, esperando llegase el bizarro bajel; pero, cuando vieron 307 IV | cautivasen; sustentáronse con el bizcocho mojado que la mar echó a 308 V | poner luego una banderita blanca de paz en el peñol de la 309 V | porque se divisaban los blancos turbantes de los que moros 310 I | mancebo galán, atildado, de blandas manos y rizos cabellos, 311 V | una legua de la ciudad, y, bogando a cuarteles, y alzando de 312 III| almalafa de raso verde, toda bordada y llena de trencillas de 313 V | me tiene, desde aquí las borro, las cancelo y doy por ningunas; 314 IV | de la mano derecha y el brazo sobre las rodillas, los 315 II | mar, y a vela y remo en breve espacio se pusieron en la 316 I | guarnecido de telas y adornado de brocados), no quiso ponerlos en mi 317 V | más valor y entereza que buenamente decirse puede, ha pasado 318 IV | con el Gran Señor, sería bueno comprar otra esclava, y 319 V | quería hacer una graciosa burla a sus padres. Hízolo así, 320 I | ese inútil tronco que te busca; peina o ensortija aquellos 321 II | quería desembarcarse que le buscase y viese si la mar lo había 322 IV | no los tienen por hombres cabales. ~ ~Avino, pues, que un 323 III| entre otros muchos, dos caballeros españoles: el uno era andaluz 324 II | sustentaba de un delgado cabello, todavía, todavía...» ~ ~ 325 IV | arrojó tras Yzuf, donde caí sin ningún sentido, ni volví 326 V | también no se os habrá caído de la memoria la diligencia 327 V | le hiciese Gran Cadí del Cairo o de Constantinopla. Halima 328 V | hallado en la galeota una caja llena de banderetas y flámulas 329 II | cosarios de Biserta, que en una cala, que allí cerca estaba, 330 III| dijo Ricardo. ~ ~ - Pues calla y no la descubras - dijo 331 II | palo me amenazó que, si no callaba, me maltrataría. Reprimí 332 I | todas estas razones estuvo callando Ricardo; y, viéndose obligado 333 IV | Ricardo que era señal de que callase o hablase más quedo; y, 334 V | por el escutillón de la cámara de popa, por ver en qué 335 IV | facilitó, diciendo que en cambio de la cristiana que habían 336 V | había ya que el bergantín caminaba, que al cadí se le hicieron 337 IV | podían poner en duda tantos caminos como he andado, y tantos 338 II | brazos, que asimismo por una camisa de cendal delgado se descubrían 339 III| respecto que tienen a sus canas los de aquella dañada secta. 340 V | desde aquí las borro, las cancelo y doy por ningunas; y así, 341 II | Pero la ingrata fortuna, no cansada de maltratarme, ordenó que 342 I | la por quien mis razones cansan al cielo que las escucha 343 I | una por quien los poetas cantaban que tenía los cabellos de 344 III| llorar endechas, como cantar himnos, y todo es decir 345 I | suyas, como si ellas fueran capaces de entenderle: propia condición 346 II | así, mandó el arráez de la capitana bajar la entena para ahorcarme. ~ ~» 347 IV | descaradamente; yo le hice la cara que merecían sus torpes 348 IV | moros, que ellos llaman caramuzales; viéronle los turcos, y 349 III| balaja, ~ que no consiente carcoma, ~ tal es el tu rostro, 350 I | afortunados defensores! Si como carecéis de sentido, le tuviérades 351 I | cuando en Trápana estabas, carecías de sentido. ~ ~ - En verdad, 352 V | aquella para él tan pesada carga. ~ ~No se descuidaba en 353 II | pensamiento, porque el viento cargó con tanta furia que, todo 354 II | primera y aun será la última caridad que usó conmigo Leonisa, 355 V | aún no había perdido el cariño y amor que a Ricardo tenía, 356 III| honra le hizo el Emperador Carlos Quinto, a quien siempre 357 II | en tierra a hacer leña y carne, como ellos dicen; y más, 358 I | oidores, o le premian o le castigan, según la relación de la 359 III| empuño defenderá mi derecho y castigará tu atrevimiento. ~ ~El cadí, 360 I | dineros rescata y escusa el castigo; si no viene culpado y no 361 V | que no ha de haber quien castigue tu crueldad y tu grande 362 V | Alejandría, o al entrar de los castillos de la Natolia. Pero fue 363 III| era andaluz y el otro era catalán, ambos muy discretos y ambos 364 II | dos días, en poco más de catorce horas nos vimos a seis millas 365 II | por el que mis heridas me causaban, cuanto por imaginar el 366 II | pasándose aquel parasismo, causado de la memoria renovada en 367 V | vistió de modo que de nuevo causó admiración y maravilla. 368 III| y con él dijo que habían cautivado a una doncella que nunca 369 II | no pudieron los turcos cautivar más de a tres personas y 370 IV | que está en la isla y los cautivasen; sustentáronse con el bizcocho 371 IV | que ha de hacer con él la cautividad lo que la libertad no pudo: 372 III| con un cosario que le cautivó estando en un jardín de 373 III| al tiempo de la partida cayó Ricardo muy enfermo y indispuesto, 374 V | vela y remo les venía dando caza. Temieron fuese de cosarios 375 II | dejándome solo, con presta celeridad se pusieron en cobro: de 376 V | andabas de mí enamorado y celoso, imagina que fue tan honesto 377 IV | los moros son en estremo celosos y encubren de todos los 378 II | asimismo por una camisa de cendal delgado se descubrían o 379 V | varas de toca con que venía ceñida, sin duda se la partiera 380 IV | porque las tenía hechas ceniza por la cautiva. Ido Alí 381 II | isla puesta a la guarda una centinela de los turcos, bien dentro 382 II | sin ser sentidos de las centinelas de las torres de la marina, 383 IV | esforzado, se iba llegando al centro donde estaba el de su alegría, 384 V | y aun le dieron algunos cequíes de los que habían sido suyos; 385 II | tan manifiesto peligro, cercado de mis enemigos, que ya 386 I | jardín de Ascanio, que está cercano a la marina, en el camino 387 II | pues, Ricardo, y verás las ceremonias con que se reciben; que 388 III| como el sol que, por entre cerradas nubes, después de mucha 389 II | hizo pedazos. Comenzaba a cerrar la noche, y fue tamaña la 390 V | desamayaron los ánimos. Sólo Alí cerró los ojos y los oídos a todo, 391 V | mas, cuando el cadí le certificó que le había de llevar consigo 392 IV | vida, y que decían que era chilibí (que quiere decir caballero) 393 III| galeota armaré con sola mi chusma y mis esclavos que la lleve. ~ ~ 394 IV | más provechosa. Estaba tan ciego el mísero y anciano cadí 395 V | que le viesen los que, ya ciegos y codiciosos, venían con 396 V | la defensa que hicieron cien varas de toca con que venía 397 | ciertas 398 V | hecho armar, puso en él cincuenta soldados, todos amigos y 399 V | tal vez cubre la hermosa claridad del sol, y prosiguió diciendo: ~ ~ - 400 I | ventura te concede; y véese claro que le tienes en poco, en 401 III| en tanto que esto pasaba, clavados en el suelo, derramando 402 II | aseguraron del miedo que habían cobrado. ~ ~»A tu buena consideración 403 II | celeridad se pusieron en cobro: de cuantos en el jardín 404 V | indicio de su perdición. La codicia del saco les puso alas en 405 III| que por ella quería. ~ ~El codicioso judío respondió que cuatro 406 V | viesen los que, ya ciegos y codiciosos, venían con gran furia a 407 II | estaba desmayada. A mí me cogieron con cuatro disformes heridas, 408 IV | teniéndolos solícitos y colgados de la respuesta que esperaba 409 V | cuanto llenos de contento, colmados de riquezas; y no nace dellas 410 IV | como he andado, y tantos combates como he sufrido. El hablarnos 411 I | dos tan mortales pestes combatida! Disimulaban los padres 412 III| Ricardo, y más valiente y comedido; Dios perdone a quien fue 413 V | alzó la mano y con honesto comedimiento quitó el antifaz del rostro 414 II | que toda se hizo pedazos. Comenzaba a cerrar la noche, y fue 415 II | las obras que Alí dejaba comenzadas. De allí a poco tiempo salió 416 V | ponerlo todo en aventura; y, comenzando uno y siguiéndole todos, 417 II | tierra, cuál guisando de comer, cuál lavando su ropa; y, 418 III| por tres años, pues hoy comienzas a mandar y a gobernar este 419 II | otra persona que la del cómitre, que por más seguridad suya 420 II | enmudece la lengua; pero, comoquiera que ello sea, Ricardo, ora 421 II | de las persuasiones de su compañero y de lo que todos sus soldados 422 II | esto, el cadí es el juez competente de todas las causas, que 423 III| mismos del sol en ser rubios competían: cosa nueva en las moras, 424 III| Tuviéronlo por bien los dos competidores, creyendo cada uno que todo 425 III| aquí, que sabré y podré componer vuestras diferencias de 426 I | descomponer la afeitada compostura de tu galán vestido. Si 427 I | todo se vende y todo se compra. Los proveedores de los 428 IV | noche echarían la cristiana comprada a la mar, diciendo que era 429 III| y, habiendo sido yo el comprador primero, está puesto en 430 IV | aficionarles la voluntad a que me comprasen. He sabido que me ha comprado 431 III| Gran Señor, para quien se compró, a él toca disponer della; 432 II | berberisco, tan bien aderezada y compuesta que no lo pudiera estar 433 I | no suelen rendirse a las comunes desdichas tanto que den 434 V | Halima, que con ella había comunicado; encomendáronse los dos 435 II | todos aquellos con quien yo comunicare; para que, siendo aborrecido 436 IV | comunique con ellos, que más comunico yo, y no dejo por eso de 437 IV | casa de mis padres, ni que comunique con ellos, que más comunico 438 I | el bien que la ventura te concede; y véese claro que le tienes 439 I | la felicidad humana puede conceder a los hombres, y ahora los 440 II | mas aún no quiso el cielo concederme el alivio que esperaba tener 441 IV | término devoto, como él concediera con su deseo; y así, rogó 442 V | pensó, con la misma se lo concedieron Mahamut y Ricardo; y, quedando 443 IV | primero dos lunes, antes que concediese con lo que deseaba él mucho 444 I | hacían una maravillosa y concertada armonía, esparciendo naturaleza 445 III| así, me parece ser bien concertaros en esta forma: que la esclava 446 IV | bajó de la fuerza a coger conchas a la marina. A los ocho 447 II | tiempo ocasión para que el concierto no pasase adelante; y, volviéndose 448 V | sus esclavos que otro día concluyesen con Halima, y la arrojasen 449 V | pero, en efeto, hubo de condecender con el parecer de los dos. ~ ~ 450 V | acontecimientos suelen mudar las condiciones y aniquilar los ánimos valerosos, 451 I | cuando más no pueda, tengo de confesar y publicar a voces la fe 452 I | entendimiento, puesto que sé que tal confesión me ha de costar la vida; 453 I | inexperto por su edad poca, confiado por su linaje, ha de querer, 454 IV | algo más de lo que debías. Confieso también que me engañaba, 455 IV | que desde aquí las firma y confirma mi fingida voluntad. Y, 456 V | nada, pues no puedo; sólo confirmo la manda de mi hacienda 457 V | debajo de una bandera; y, confundiéndose con las razones del cadí 458 V | Estaba toda la gente confusa, esperando llegase el bizarro 459 III| sois vos, señor, que los conocéis y por ellos me preguntáis? ~ ~ - 460 I | inestimable, ni conocer lo que conocen los maduros y experimentados 461 V | soldados, todos amigos y conocidos suyos, y a quien él tenía 462 IV | del lugar que dicen, yo le conociera, más dese nombre Mario no 463 V | a otros se miraron y se conocieron, porque todos habían sido 464 III| ventura - preguntó Mahamut - , conocistes también en la misma ciudad 465 III| del que yo solía traer, y conózcolos porque no ha muchos días 466 III| que por aquel camino no conseguían su deseo, hubieron de pasar 467 IV | la intención de los dos consejeros no fuera levantarse con 468 III| que el cadí quiso, y, de consentimiento y voluntad de los dos, se 469 II | lado la galeota de nuestra conserva, donde estaba Leonisa, y 470 III| por favor del cielo, he conservado en él la entereza de mi 471 II | lágrimas; mira tú ahora y considera si es bastante para sacarlos 472 IV | su felicidad y contento: considerábase cautivo, y a su gloria en 473 I | ventura, soberbia y mal considerada doncella, que contigo sola 474 I | muestra de que les pesase, considerando que iban encaminados a fin 475 IV | suspendieron y alegraron, considerándose veinte pasos, a su parecer, 476 III| piedra balaja, ~ que no consiente carcoma, ~ tal es el tu 477 III| diferencias de manera que los dos consigáis vuestros intentos, y el 478 II | amargo cuento, quiso Mahamut consolar a Ricardo con las mejores 479 II | habemos de hacer, así para consolarte, si quisieres o pudieres 480 II | pueda tener cosa que me consuele, y quiero que, juntándose 481 II | quisieres o pudieres tener consuelo, y a mí para salir désta 482 V | entrañas poco a poco le iba consumiendo; pero, en efeto, hubo de 483 III| precian de tenerlos negros. Contaba que en aquella ocasión se 484 I | que en breves razones te contaría mi desventura, por ser ella 485 I | hombres, y ahora los vee o contempla, o desterrados della o en 486 I | el turco - , si en esas contemplaciones entras, porque los que vieron 487 I | años dese mozo en quien contemplas, porque, perdiendo yo la 488 V | y de la de entrambos se contentaran; con todo esto que se imaginaban, 489 IV | más pureza y más limpio. Conténtate con que he dicho que no 490 IV | y entereza el rigor que contino has usado conmigo. Sosiégate, 491 III| ni pudieron, ni quisieron contradecirle los dos enamorados turcos; 492 III| de ser tuya; Hazán te lo contradice; y, aunque él no sabe fundar 493 IV | rodillas, los ojos a la parte contraria de la puerta por donde entró 494 II | Viendo esto Fetala, no quiso contrastar contra la fortuna, que tanto 495 IV | su engaño vieres que más convenga; y, pues yo pongo mi honor 496 IV | después se daría traza conveniente y más provechosa. Estaba 497 IV | que se le ha de quitar que converse con cristianos, pues sabéis 498 II | le dan y le dan lo que le conviene. No hay en toda esta ciudad 499 I | cosa que me puso en mayor coraje y mayor despecho. Y no te 500 I | Leonisa, para mí leona y mansa cordera para otro, es la que me