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Jornada II
DIOSA VENUS, DIOS DEL SUEÑO, MORFEO, FARANDÓN. TEODORA. PORCERO. LEUCINO.
TERCILO. TERECINDA.
La DIOSA VENUS se querella de lo
poco que puede ELIODORA. Pide al DIOS DEL SUEÑO que lo adormezca
a FELICINA, criada de Eliodora. Trasfórmase VENUS en
FELICINA, FARANDON, criado de Leucino, por su mandado llama a
TEODORA y a TERECINDA, y PORCERO, criado de Eliodora,
tratan de irle a hablar. FARANDON cuenta un suceso que le sucedió: conciertan
la ida a casa de ELIODORA. TEODORA y TERECINDA la hacen un
conjuro del cual sacan prósperos agüeros para el fin de su negocio.
VENUS
¿Tan
grande atrevimiento ha de sufrirse,
que
a mi deidad temida y acatada
la
ofendan, sin que pueda resistirse?
Ay,
triste Venus, ya menospreciada,
tenido
en poco tu poder eterno,
de
los dioses, y aún hombres maltratada;
Ay, triste Venus, pues el
llanto tierno
se
convierten los triunfos que has ganado
del mundo, el cielo, y del
horrible infierno.
¿Soy Venus yo?
¿No soy la que forzado
truje al gran Jove, y convertirse
en toro,
y
pasar con Europa el mar a nado?
¿No
le hice volver en pluvia de oro
por
Danae, en cisne por gozar de Leda,
y
dejar por Ejina el alto coro?
Pues si soy Venus yo, ¿quién
hay que pueda
resistir
el querer y mando mío?
Mas
no lo soy, pues Némesis lo veda.
No vedará, ni en mi deidad confío,
si no saliere en esto con mi
intento,
y pagaré su ciego desvarío,
que no sin causa
trascendiendo el viento
vengo a buscar al Sueño perezoso,
aquí a Cimerio, desde mi alto
asiento.
Y pues mi ansia
no me da reposo,
quiero llamallo, y dar principio a
un hecho
que ha de hacer mi nombre más
glorioso.
¡Ah! Dios del Sueño,
deja el blando lecho,
sal
donde estoy, de aquesa cueva oscura,
presto,
que así lo cumple a mi derecho,
SUEÑO
¿Quién
con tan grandes voces me apresura,
y
me manda dejar mi blanda cama?
Váyase,
no me estorbe mi dulzura.
VENUS
La
diosa Venus es la que te llama.
Sal,
de ti sacudiendo la pereza,
y la
flojedad torpe que te ama.
SUEÑO
Diosa
de Cipre, ¿quién a la aspereza
deste
monte Cimerio te ha traído
dejando
al sacro Idalio tu grandeza?
VENUS
Oye
atento, sabrás que yo he venido
a
tu horrible caverna, a demandarte
favor,
en un negocio sucedido.
Y porque detenerme en recitarte
el caso, no conviene: solo quiero
de
lo que hacer debes avisarte.
Tú has de enviar un sueño, con ligero
vuelo, a la gran ciudad que Betis
riega.
Que
es Hispalis, de Marte y Febo impero
Aquí
está una doncella que me niega
el
vasallaje, y contra mí se indina
de
vana presunción, y altivez ciega.
Tiene
nombre Eliodora, y aunque es dina
de
toda gloria, cumple a mi servicio
que
se someta a mi deidad divina.
Y
así quiero que usando tu ejercicio,
me
aduerma a Felicina su criada,
que
cumple para ver lo que codicio.
SUEÑO
Gran
diosa en Gnido y Pafo celebrada,
hija
de Jove, y madre de Cupido,
temida
de los dioses, y adorada,
tu
mando será presto obedecido,
y
así para cumplirse tu deseo
el
sueño enviaré luego que has pedido.
No
será Joeladon, aunque dél creo
que
hará lo que mandas, ni a Fantoso;
mas
el que allá enviaré, será Morfeo.
Éste es tan diestro cual conviene al caso,
y
así quiero llamallo, porque el vuelo
Levante,
y deje ya el terreno paso.
Ah
ministros del Sueño, donde el cielo,
recordad
a Morfeo, que dejando
la blanda cama, pise el duro
suelo.
Presto, no aguardéis
más, que estó aguardando.
Ea, Morfeo, apriesa, apriesa,
amigo,
apriesa, que la noche va pasando.
MORFEO
¿Qué
es lo que quieres? Ya me ves contigo,
desviándome
así de mi reposo.
SUEÑO
Oye,
Morfeo, y advierte lo que digo.
Conviene
que dejando el perezoso
sueño,
a Hispalis vayas con presteza,
los
vientos precediendo presuroso.
Allí
has de aquejarle con graveza
a
Felicina, moza de Eliodora,
con sueño profundísimo, y pereza.
Has de tenerla así, sin
que señora
sea
de sí, sin que se mueva o sienta,
hasta
que a Venus le parezca hora.
MORFEO
Dios
de Cimerio, si eso te contenta,
ne
me detengas, déjame ir corriendo,
que
detenerme tanto me atormenta.
SUEÑO
Así
cumple, y alas descogiendo,
haz
camino por esa sombra obscura.
MORFEO
Así
será, tu mandado obedeciendo.
SUEÑO
Venus,
diosa de eterna hermosura,
ya
que a cumplir tu mando va Morfeo,
¿Qué
quieres más desta caverna dura?
VENUS
Que
a tu reposo vuelvas, que el deseo
de
ver el fin que intento, concluido,
me
llama, y la ocasión que acercar veo.
SUEÑO
Así
cual lo deseas veas cumplido,
y
queda, excelsa diosa, en paz agora.
Que
a restaurar el sueño voy perdido.
VENUS
Yo
quiero ir a casa de Eliodora,
y
la forma tomar de Felicina,
y
ayudar a Porcero y a Teodora;
que
teniendo Eliodora tan vecina
la
llama de mi fuego poderoso,
el
odio perderá, y será benina
con
Leucino, y yo habré triunfo glorioso.
FARANDÓN
Bien
medrarás, Farandón,
en
esta mercadería,
que
aun bien no se muestra el día
y
vas hecho postillón.
Mal
haya quien se sujeta,
pudiendo
libre vivir,
por
no venir a servir
de
alcahuete y estafeta.
Mi
amo quiere hoy hacer
de
alcahuetas una junta,
y
desque la tenga junta
pedilles
su parecer.
Vengo
a llamar a Teodora
que
vive aquí, llamar quiero,
luego
avisaré a Porcero,
y
a Terecinda si hay hora.
Durmiendo
debe de estar,
¿No
oye? ¿Quién está acá?
TEODORA
¿Quién
llama? ¿Quién está allá?
Han
visto que golpear.
FARANDÓN
Abre,
madre, que yo soy;
¿Teodora,
no me conoces?
¿Tan
presto me desconoces?
TEODORA
Ya
te conozco, ya voy.
FARANDÓN
¡Cuán
sin cuidado dormía!
Mal
haya quien la parió,
y
estoy levantado yo,
antes
que saliese el día.
TEODORA
De
aquí me puedes hablar,
que
abrirte no puedo agora,
que
he menester más de un hora
para
vestirme, y bajar.
FARANDÓN
Buena
estás a esa ventana,
madre,
a lo que vengo aquí,
es
a que vayas tras mí.
TEODORA
Harelo
de buena gana.
¿Quieres
otra cosa, amigo?
FARANDÓN
Díjome
más que te diga
que
a Terecinda tu amiga
llames
y lleves contigo.
TEODORA
Hijo
di que su demanda,
al
momento cumpliré,
y
comigo llevaré
a
mi comadre, cual manda.
FARANDÓN
Madre,
yo voy a aguardarte.
TEODORA
Ve,
hijo, que tras ti voy.
FARANDÓN
A
los diablos te doy,
y aun
a quien me envía a llamarte.
Esto
queda negociado,
resta
llamar a Porcero,
que
vive allí; llegar quiero,
que
ya estará levantado.
Ah
de casa, ¿aún duerme agora?
PORCERO
¿Quién
llama? ¿Quién está ahí?
FARANDÓN
Yo
llamo, yo estoy aquí.
PORCERO
¡Oh
qué venturosa hora!
¿Qué
hay por acá, Farandón?
FARANDÓN
Mi
amo te envía a rogar
que
le vayas a hablar
luego,
sin mas dilación.
PORCERO
Vamos,
¿mas quieres que echemos
Un
par de rehilanderas,
con
una tajada, y peras?
FARANDÓN
No,
que en casa lo haremos.
VENUS
Quiero
ver si puedo algo,
y que
se entienda quien soy,
haciéndolo
saber hoy
a
Eliodora, lo que valgo
mudáreme en Felicina,
a quien el sueño detiene,
y
pues al hecho conviene,
Venus,
¿qué aguardas? Camina.
LEUCINO
Camina,
pensamiento, donde vivo.
No
te deviertas, ni el camino tuerzas,
dile
a Eliodora el mal que sufro esquivo,
y que
tú sólo en mi dolor te esfuerzas;
que
las vitales fuerzas
desfallecen,
y el cuerpo miserable,
la
parte corruptible
le
deja, en el terrible
dolor
que sufre, al mundo ya notable,
y
que el alma desierta ando vagando,
el
alma donde vive procurando.
FARANDÓN
Por
buena priesa que traído habemos,
fuera
de casa es ido ya Leucino.
PORCERO
Bien
cerca está, pues desde aquí le vemos,
y aun
a nosotros tuerce su camino.
LEUCINO
Ah
Farandón, ¿qué haces? ¿Qué tenemos?
Que
ya me tienes de aguardar mohíno.
FARANDÓN
Señor,
ya vengo, y el señor Porcero.
LEUCINO
Vengo,
que a él solo por remedio espero.
PORCERO
Beso,
señor, tus manos generosas.
LEUCINO
Porcero
amigo, el cielo te acompañe
y
repare mis ansias trabajosas,
de
suerte que quien digo no me dañe.
FARANDÓN
Teodora
y Terecinda presurosas
vendrán
fuego, y permíteme que engañe
el sueño, con dormir solo un
momento.
LEUCINO
Anda, vete, oye tú mi pensamiento.
Ya
sabes, oh Porcero amigo mío,
el
deseo que enciende mi cuidado,
la
pena, el odio, el áspero desvío,
con
que soy de Eliodora desdeñado.
Y
pues lo sabes, sabe que confío
que
ha de ser mi tormento remediado
mediante
tu favor, siguiendo un orden
que
reduzca a razón este desorden.
Ya
te conté, que habiéndole a Eliodora
dado
un recaudo mío, las criadas,
viendo airarse de oírlo a su
señora,
contra
la vieja fueron indignadas.
Acordándome
desto, quiero agora
venidas
las dos viejas, que llamadas
son,
para que tú y ellas deis un medio
que
conmueva a Eliodora a mi remedio.
PORCERO
Muchas
veces pidiéndome consejo,
sobre
este caso, he dicho abiertamente
lo
que te cumple, como astuto y vicio,
y
como aquel que más tus ansias siente,
y
tú, sin advertir lo que aconsejo,
acudes
al remedio diferente
de
tu salud, de suerte que ahora dudo,
que
haga el ruego lo que mando pudo.
LEUCINO
Porcero,
no me hagas imposible
lo que consiste en solo tú
querello,
que bien sabes que sé que esto es
posible,
y más que esto queriendo tú
hacello,
remedia mi dolor, y mal terrible,
que yo te doy la fe, si alcanzo
habello,
que
de mí hayas tan honrosa paga,
que
el galardón al hecho satisfaga.
PORCERO
No
es cosa nueva usar, señor, comigo
en
mi necesidad de tu largueza
que
las obras presento por testigo,
pues
han enriquecido mi pobreza.
Mas
volviendo al negocio yo te digo
que
me tiene perplejo su graveza;
mas
ten cierto de mí, que aunque perece
he
de hacer que hoy tu mal fenezca.
El
tiempo es conveniente cual demanda
la
pretensión del caso que seguimos,
que
el padre no está en Hispalis, que anda
en
su hacienda, que es lo que pedimos.
LEUCINO
¿Que
el padre no está aquí? Yo veo mi banda
prevalecer,
y el premio conseguimos.
Sus,
¿amigo, qué aguardas? Sigue un modo.
PORCERO
Vendrán
las viejas que han de ser el todo.
LEUCINO
¿Eso
aguardas no mas? Tercilo, parte
llámale
a Farandón que venga luego,
que
las torne a llamar; ve sin tardarte,
que
estoy aquí, y estoy ardiendo en fuego.
TERCILO
Bien
puedes de esa llama resfriarle,
si en
su venida pones tu sosiego;
veslo allí donde viene voceando,
con la espada en la mano
amenazando.
FARANDÓN
Cualquiera
que dijere que este agravi
puede
satisfacerse sin castigo,
digo
que miente, y salga luego al campo,
donde al contrario le haré que
diga,
o a bofetones le haré que lance
la lengua, con el ánima revuelta.
LEUCINO
Déjalo,
oigamos qué ocasión lo indina.
FARANDÓN
Reñegaré
de cuanto el duelo escribe.
De
las leyes germanas y birlescas,
y
de cuanto aprendí del padre Lorca,
si
hombre dejare en esta calle a vida,
si
no es que Dios lo libra por milagro,
o
a mí me traga el centro de la tierra.
LEUCINO
Echando
viene fieras amenazas.
Sosiégate,
veamos en qué para.
FARANDÓN
Otro
goce el abrazo, y los regalos
de
doña Magancia mis amores,
si
en la venganza del agravio hecho,
no
hiciere hoy en hombres más estrago,
que
hizo sobre Troya el poder griego.
TERCILO
Historiador
se hace, o yo me engaño,
o viene con la carga delantera,
y
antes que caiga, es bien que lo llamemos,
si
saber quieres qué lo trae colérico.
LEUCINO
Ah
Farandón.
FARANDÓN
¿Quién
llama?
LEUCINO
Yo
te llamo.
FARANDÓN
O
señor, que me coges de tal suerte,
que
por mejor tuviera no encontrarte,
porque
según la cólera me enciende,
el
no verme te fuera más seguro.
LEUCINO
Deja
el enojo, y dime qué te enoja.
FARANDÓN
Haré
lo que me mandas como debo,
que
a ser otro, llevara otra respuesta.
Sabrás,
señor, que vino, como suele,
a
la posada, doña Magancia
de
Zúñiga, mi moza de respeto;
trújome
unos arenques de Galicia,
con una media que mercó en el
pósito,
y un pedazo de queso de Mallorca,
un plato de aceitunas, con
pimienta,
con mucho alcaparrón y berenjenas,
curtidas en vinagre con especias,
y un gran jarro de mosto de
Cazalla,
que
pasaba de más de cinco hojas,
y
dé más de un azumbro la medida.
Tendió
el canto del manto sobre el poyo
por
manteles, sirvió de servilleta
el mandil del caballo, y desta
suerte,
muy a nuestro sabor le dimos
fondo,
y
como hubiese en esto deteníose,
salió
para volverse a su botica.
LEUCINO
¿Es
boticaria doña Magancia?
FARANDÓN
No,
mas llaman botica adonde gana.
LEUCINO
Eso
no sabía yo, pasa adelante.
FARANDÓN
Al fin, señor, poniéndose en la
calle
para ir su camino, volvió a verme,
y Argelilla, la moza del vecino,
sin respeto ninguno, le echó
encima
una
caldera de agua del fregado,
llena
de berzas verdes, brodio y mugre,
que
la cubrió de arriba abajo toda
aquel
nublado espeso de cocina.
Yo
que vi tal agravio, salí fuera
diciendo
que era hecho de ruines,
lo cual sustentarla con la espada.
Aparose
Argelilla, y sonriéndose
de
vella cual estaba, dijo: Amigo,
tenga
en esas razones más templanza,
o
haránle que sea menos bravo.
Alcé
el rostro, que nunca yo lo alzara,
queriendo
responder, y a este punto
trastornó
sobre mí un noturno vaso
con
un hedor pestífero, que el rostro
me
cubrió, y me dejó de suerte,
que
conocerme nadie no pudiera,
si aún se llegara nadie a
conocerme,
según
era el olor que de mí echaba.
Que
he menester mudar hasta los cueros
si quiero despedillo, que la ropa
a
tiro de arcabuz no hay aguardalla.
Aquí
acudieron más de mil muchachos,
y
empiézanme a dar grita, y con palmitos,
y
suelas de zapatos, a tirarme,
unos
por una parte otros por otra,
de
suerte, que temiendo su violencia
me
encerré en casa, en su poder dejando
a
doña Magancia mis amores,
que
tomándola a cargo, la pusieron
peor
que a mí, y sobre aqueste agravio
vengo
a dar muerte a toda aquesta calle.
Y
aún estoy por matar a los poetas
y
a los historiadores, porque oyendo
tal
hazaña, no quieran escrebilla,
y della hagan la memoria eterna.
LEUCINO
Si
hubieras de matar los que conozco,
tenías
que hacer doscientos años,
aunque
mataras cada día un ciento.
Mas
dejando esto aparte, al punto parte,
y
tráeme aquí las viejas que llamaste.
FARANDÓN
Ya
vienen, mil diablos se las lleven,
y a quien con un amen no me
ayudare,
TEODORA
Salud
tengas, señor mío,
tú, y
la noble compañía,
convenciendo
la porfía
de
Eliodora, y cruel desvío.
LEUCINO
Madre,
seas muy bien venida,
a
dar vida a quien te espera,
tú,
y la honrada compañera.
TERCILO
Honrada
sea tu vida.
LEUCINO
Dejemos
comedimientos,
y
al propósito vengamos,
que
lo que en hablar tardamos
es
atajar mis intentos.
Y
así quiero proponeros
en
dos razones el caso,
que esto solo hace al caso,
sin
cansarme, y deteneros.
Ya
sabéis cómo Eliodora,
ocasión
de mi cuidado,
en
oyendo mi recado,
se
volvió contra Teodora.
Resta
agora, que no obstante
su
ira, busquemos medio
que
de ablandar sea remedio
aquel
pecho de diamante.
Ésta
ha sido la ocasión,
en
vuestras manos he puesto
mi
honra, y por lo propuesto,
entenderéis
mi intención.
Conformaos
en un acuerdo,
y
este acuerdo sea de suerte
que
acabe mi pena fuerte,
y
admire al hombre más cuerdo.
TEODORA
Parecerá
cobardía
decir
lo que de esto entiendo,
como
quien estuvo viendo
su
constancia en mi osadía.
Mas
con todo esto no huyo
de
tornarme a ver con ella,
y aún hacer si alcanzo a vella
mover
el intento suyo.
PORCERO
Yo,
como quien tiene entrada,
me
profiero a dar la puerta,
cuando
quisieres, abierta,
y
a Eliodora apaciguada.
Haré
que oiga tu razón,
y
si se altera de oírte,
podré
también acudirte,
y
aplacar su alteración.
TEODORA
Como
la entrada me des,
y
a Eliodora que me aguarde,
yo
quedaré por cobarde,
si
hoy rendida no la ves.
TERECINDA
Espantada
estoy de oírle,
comadre,
¿do tu buen seso?
¿Que
en cosas de tanto peso
al fin osas proferirte?
Promete verte
con ella,
no
rendilla tan de presto,
que
es mucho lo que has propuesto,
conociendo
el valor della.
TEODORA
Terecinda,
¿estás burlando?
¿Dó
tu sutileza y maña,
tu
esfuerzo, tu industria extraña,
que
ha sido absoluto en mando?
TERECINDA
Teodora,
con la experiencia
he
ya alcanzado a saber
que
es vanidad prometer
las
cosas en contingencia.
Que
Eliodora no es quienquiera
para
prometella luego,
pues
por interés, ni ruego,
convencella
no se espera.
TEODORA
¿No
es esa costumbre tuya?
¿Tú
que habías de animarnos,
eres
en desanimarnos?
No
sé a qué me lo atribuya.
TERECINDA
Esto
no es quitarte el ánimo,
ni
enflaquecer de mi esfuerzo,
por
que en los riesgos esfuerzo,
y al flaco hago magnánimo.
No impido lo que
acometes,
más
digo que sea de suerte,
que
aunque recibas la muerte
salgas
con lo que prometes.
TEODORA
Bien
sabes que si me aguarda,
aunque
mas arisca esté,
que
tan mansa la pondré,
que
sufra silla y albarda.
TERCILO
Que
tú hagas ese extremo
aguardándote
Eliodora,
no
me espantará, Teodora,
mas
si te ha de aguardar, temo.
Y
esta es la dificultad
que
en este negocio hallo,
para
poder acaballo
con
mucha facilidad.
PORCERO
Yo
he dicho, y torno a decir
que
la puerta haré daros,
y
a Eliodora haré escucharos.
TERCILO
Eso
sólo hay que pedir.
Que
si la puerta nos da,
y
nos oye, yo aseguro
que
el pecho de mármol duro
más
que cera se pondrá.
PORCERO
Pongamos
mano en la obra,
vámosle
luego a hablar,
porque
en dejando pasar
la
ocasion, tarde se cobra.
TEODORA
Bien
dices, vete con Dios,
y
de aquí a un cuarto de hora
que
tú estés con Eliodora,
iremos
ambos a dos.
PORCERO
A
aguardaros allá voy,
queda
en paz, y tú, Leucino.
LEUCINO
Al cielo tengas benino,
porque
acabe mi mal hoy.
TEODORA
Terecinda,
consultemos
este
negocio, y veamos
las
señales que hallamos
o
lo que en contra tenemos.
TERCILO
Paréceme
que conviene.
Tercilo,
éntrate tú allá;
tú,
Leucino, ponte acá,
y
aguarda a ver lo que viene.
Deste
modo se asegura
nuestro
negocio; está quedo,
oyemos
sin tener miedo,
que
en esta está tu ventura.
TEODORA
Pon la vista al oriente,
en
cuanto que aderezo
estos
lizos, mojados en la onda
de
Flegeton ardiente,
y
pongo el aderezo,
para
que el triste Averno me responda,
si de la estancia honda
donde tiene su asiento
del Erebo la reina poderosa,
espíritu saliere, y otra cosa,
ten cuenta, y mira el viento,
si cuervo o si paloma pareciere,
o
siniestra corneja se ofreciere.
TERCILO
Con
prósperas señales
de
fatídico agüero
se
nos demuestra el cielo generoso,
en
ocasiones tales;
si en
esto es verdadero
el disponer del hado venturoso,
hoy
será victorioso
Leucino
desdeñado:
que en este punto con ligero vuelo
dos
palomas bajar vide del cielo,
que
Venus ha enviado,
y
sobre un verde mirto se pusieron,
y
cogiendo dos ramos dél se fueron.
TEODORA
Tiende
en torno esos lizos,
por
donde yo derramo
estas
cenizas del trinacrio monte
y
con fuertes hechizos,
a
responderme llamo
los
espíritus negros de Aqueronte.
Antes
que el horizonte
se
cubra, oh triste Huerco,
a quien con ronca voz fuerzo y apremio,
date
a mis obras el debido premio,
y
ponme en este cerco
una
señal, que el fin que intento aclare
por
donde yo lo que será declare.
TERCILO
Por
la virtud que tiene
esta
esponjosa piedra,
desde
el nevado Cáucaso traída,
que
en este vaso viene;
por
esta blanca hiedra,
que
en la cumbre del Hemo fue cogida,
que
luego sea movida
tu
voluntad al ruego,
oh
Plutón, oh Prosérpina hermosa,
y
sin negarnos deste caso cosa,
nos
deis aviso luego
si la
demanda mía, y de Teodora,
moverán
hoy el pecho de Eliodora.
TEODORA
No
pases adelante,
Terecinda,
en tu apremio,
que
siento estremecerse el hondo centro
que
tu voz resonante
forzó
que nos de el premio
que
pedimos al dios que vive dentro.
TERCILO
¡Oh
congojoso encuentro!
La
muerte nos envía
por
respuesta, ¿qué es esto, infierno duro?
¿Tan
poco es lo que puede mi conjuro?
¿Ésta
es la fuerza mía?
Que
hacer suele que ese reino tema
y
de ver enojarme de horror trema.
TEODORA
Refrena
tu aspereza,
que
con la dura muerte,
también
se nos demuestra una corona.
Que
el temor y crueza
deshace,
y dulce suerte
promete,
conque el miedo se abandona;
a
Leucino corona
dando
a su pena dura
descanso;
ve, Leucino, y esas sienes
rodea con ella, que seguro tienes
el premio, y tu ventura
te concede, que en triunfo de
vitoria
des muerte a tus trabajos hoy con
gloria.
LEUCINO
Pues amor corresponde
a mi deuda, debida,
quiero con ella laurear mi frente,
¿Mas
cómo se me absconde?
¿Cómo
la veo perdida,
ante
mis ojos viéndola presente?
¿Cómo
agora está ausente?
Sin duda se fue al cielo,
o
algún dios la llevó para ponerse.
Quiero
apartarme aquí; ya deja verse,
para
el bien de mi duelo.
Desta
vez no es posible no cogella,
ya
la tengo; ay de mí, ¿do ésa? ¿Qué es della?
TERCILO
Leucino,
no te quejes,
por
ver que se te absconda
esa
corona, vuelve acá, y advierte,
que
no está en que la dejes.
Que
no te corresponda
a
tu deseo la piadosa suerte.
Toma,
y lleva esa muerte,
que
declara que muere
hoy
tu trabajo, y vamos ya, Teodora,
veremos
la respuesta de Eliodora.
TEODORA
Al
caso se requiere
que
vamos ya, y más punto no tardemos,
pues
señales tan prósperas tenemos.
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