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Juan de la Cueva
El infamador

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  • Jornada II
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Jornada II

DIOSA VENUS, DIOS DEL SUEÑO, MORFEO, FARANDÓN. TEODORA. PORCERO. LEUCINO. TERCILO. TERECINDA.

     La DIOSA VENUS se querella de lo poco que puede ELIODORA. Pide al DIOS DEL SUEÑO que lo adormezca a FELICINA, criada de Eliodora. Trasfórmase VENUS en FELICINA, FARANDON, criado de Leucino, por su mandado llama a TEODORA y a TERECINDA, y PORCERO, criado de Eliodora, tratan de irle a hablar. FARANDON cuenta un suceso que le sucedió: conciertan la ida a casa de ELIODORA. TEODORA y TERECINDA la hacen un conjuro del cual sacan prósperos agüeros para el fin de su negocio.

 

   

 

VENUS

¿Tan grande atrevimiento ha de sufrirse,

que a mi deidad temida y acatada

la ofendan, sin que pueda resistirse?

   Ay, triste Venus, ya menospreciada,

tenido en poco tu poder eterno,

de los dioses, y aún hombres maltratada;

   Ay, triste Venus, pues el llanto tierno

se convierten los triunfos que has ganado

del mundo, el cielo, y del horrible infierno.

   ¿Soy Venus yo? ¿No soy la que forzado

truje al gran Jove, y convertirse en toro,

y pasar con Europa el mar a nado?

   ¿No le hice volver en pluvia de oro

por Danae, en cisne por gozar de Leda,

y dejar por Ejina el alto coro?

   Pues si soy Venus yo, ¿quién hay que pueda

resistir el querer y mando mío?

Mas no lo soy, pues Némesis lo veda.

   No vedará, ni en mi deidad confío,

si no saliere en esto con mi intento,

y pagaré su ciego desvarío,

   que no sin causa trascendiendo el viento

vengo a buscar al Sueño perezoso,

aquí a Cimerio, desde mi alto asiento.

   Y pues mi ansia no me da reposo,

quiero llamallo, y dar principio a un hecho

que ha de hacer mi nombre más glorioso.

   ¡Ah! Dios del Sueño, deja el blando lecho,

sal donde estoy, de aquesa cueva oscura,

presto, que así lo cumple a mi derecho,

 

SUEÑO

¿Quién con tan grandes voces me apresura,

y me manda dejar mi blanda cama?

Váyase, no me estorbe mi dulzura.

 

VENUS

La diosa Venus es la que te llama.

Sal, de ti sacudiendo la pereza,

y la flojedad torpe que te ama.

 

SUEÑO

Diosa de Cipre, ¿quién a la aspereza

deste monte Cimerio te ha traído

dejando al sacro Idalio tu grandeza?

 

VENUS

Oye atento, sabrás que yo he venido

a tu horrible caverna, a demandarte

favor, en un negocio sucedido.

   Y porque detenerme en recitarte

el caso, no conviene: solo quiero

de lo que hacer debes avisarte.

   Tú has de enviar un sueño, con ligero

vuelo, a la gran ciudad que Betis riega.

Que es Hispalis, de Marte y Febo impero

   Aquí está una doncella que me niega

el vasallaje, y contra mí se indina

de vana presunción, y altivez ciega.

   Tiene nombre Eliodora, y aunque es dina

de toda gloria, cumple a mi servicio

que se someta a mi deidad divina.

   Y así quiero que usando tu ejercicio,

me aduerma a Felicina su criada,

que cumple para ver lo que codicio.

 

SUEÑO

Gran diosa en Gnido y Pafo celebrada,

hija de Jove, y madre de Cupido,

temida de los dioses, y adorada,

   tu mando será presto obedecido,

y así para cumplirse tu deseo

el sueño enviaré luego que has pedido.

   No será Joeladon, aunque dél creo

que hará lo que mandas, ni a Fantoso;

mas el que allá enviaré, será Morfeo.

   Éste es tan diestro cual conviene al caso,

y así quiero llamallo, porque el vuelo

Levante, y deje ya el terreno paso.

   Ah ministros del Sueño, donde el cielo,

recordad a Morfeo, que dejando

la blanda cama, pise el duro suelo.

   Presto, no aguardéis más, que estó aguardando.

Ea, Morfeo, apriesa, apriesa, amigo,

apriesa, que la noche va pasando.

 

MORFEO

¿Qué es lo que quieres? Ya me ves contigo,

desviándome así de mi reposo.

 

SUEÑO

Oye, Morfeo, y advierte lo que digo.

Conviene que dejando el perezoso

sueño, a Hispalis vayas con presteza,

los vientos precediendo presuroso.

   Allí has de aquejarle con graveza

a Felicina, moza de Eliodora,

con sueño profundísimo, y pereza.

   Has de tenerla así, sin que señora

sea de sí, sin que se mueva o sienta,

hasta que a Venus le parezca hora.

 

MORFEO

Dios de Cimerio, si eso te contenta,

ne me detengas, déjame ir corriendo,

que detenerme tanto me atormenta.

 

SUEÑO

Así cumple, y alas descogiendo,

haz camino por esa sombra obscura.

 

MORFEO

Así será, tu mandado obedeciendo.

 

SUEÑO

Venus, diosa de eterna hermosura,

ya que a cumplir tu mando va Morfeo,

¿Qué quieres más desta caverna dura?

 

VENUS

Que a tu reposo vuelvas, que el deseo

de ver el fin que intento, concluido,

me llama, y la ocasión que acercar veo.

 

SUEÑO

Así cual lo deseas veas cumplido,

y queda, excelsa diosa, en paz agora.

Que a restaurar el sueño voy perdido.

 

VENUS

Yo quiero ir a casa de Eliodora,

y la forma tomar de Felicina,

y ayudar a Porcero y a Teodora;

   que teniendo Eliodora tan vecina

la llama de mi fuego poderoso,

el odio perderá, y será benina

con Leucino, y yo habré triunfo glorioso.

 

FARANDÓN

Bien medrarás, Farandón,

en esta mercadería,

que aun bien no se muestra el día

y vas hecho postillón.

Mal haya quien se sujeta,

pudiendo libre vivir,

por no venir a servir

de alcahuete y estafeta.

   Mi amo quiere hoy hacer

de alcahuetas una junta,

y desque la tenga junta

pedilles su parecer.

Vengo a llamar a Teodora

que vive aquí, llamar quiero,

luego avisaré a Porcero,

y a Terecinda si hay hora.

   Durmiendo debe de estar,

¿No oye? ¿Quién está acá?

 

TEODORA

¿Quién llama? ¿Quién está allá?

Han visto que golpear.

 

FARANDÓN

Abre, madre, que yo soy;

¿Teodora, no me conoces?

¿Tan presto me desconoces?

 

TEODORA

Ya te conozco, ya voy.

 

FARANDÓN

¡Cuán sin cuidado dormía!

Mal haya quien la parió,

y estoy levantado yo,

antes que saliese el día.

 

TEODORA

De aquí me puedes hablar,

que abrirte no puedo agora,

que he menester más de un hora

para vestirme, y bajar.

 

FARANDÓN

Buena estás a esa ventana,

madre, a lo que vengo aquí,

es a que vayas tras mí.

 

TEODORA

Harelo de buena gana.

¿Quieres otra cosa, amigo?

 

FARANDÓN

Díjome más que te diga

que a Terecinda tu amiga

llames y lleves contigo.

 

TEODORA

Hijo di que su demanda,

al momento cumpliré,

y comigo llevaré

a mi comadre, cual manda.

 

FARANDÓN

Madre, yo voy a aguardarte.

 

TEODORA

Ve, hijo, que tras ti voy.

 

FARANDÓN

A los diablos te doy,

y aun a quien me envía a llamarte.

Esto queda negociado,

resta llamar a Porcero,

que vive allí; llegar quiero,

que ya estará levantado.

Ah de casa, ¿aún duerme agora?

 

PORCERO

¿Quién llama? ¿Quién está ahí?

 

FARANDÓN

Yo llamo, yo estoy aquí.

 

PORCERO

¡Oh qué venturosa hora!

¿Qué hay por acá, Farandón?

 

FARANDÓN

Mi amo te envía a rogar

que le vayas a hablar

luego, sin mas dilación.

 

PORCERO

Vamos, ¿mas quieres que echemos

Un par de rehilanderas,

con una tajada, y peras?

 

FARANDÓN

No, que en casa lo haremos.

 

VENUS

Quiero ver si puedo algo,

y que se entienda quien soy,

haciéndolo saber hoy

a Eliodora, lo que valgo

mudáreme en Felicina,

a quien el sueño detiene,

y pues al hecho conviene,

Venus, ¿qué aguardas? Camina.

 

LEUCINO

Camina, pensamiento, donde vivo.

No te deviertas, ni el camino tuerzas,

dile a Eliodora el mal que sufro esquivo,

y que tú sólo en mi dolor te esfuerzas;

que las vitales fuerzas

desfallecen, y el cuerpo miserable,

la parte corruptible

le deja, en el terrible

dolor que sufre, al mundo ya notable,

y que el alma desierta ando vagando,

el alma donde vive procurando.

 

FARANDÓN

Por buena priesa que traído habemos,

fuera de casa es ido ya Leucino.

 

PORCERO

Bien cerca está, pues desde aquí le vemos,

y aun a nosotros tuerce su camino.

 

LEUCINO

Ah Farandón, ¿qué haces? ¿Qué tenemos?

Que ya me tienes de aguardar mohíno.

 

FARANDÓN

Señor, ya vengo, y el señor Porcero.

 

LEUCINO

Vengo, que a él solo por remedio espero.

 

PORCERO

Beso, señor, tus manos generosas.

 

LEUCINO

Porcero amigo, el cielo te acompañe

y repare mis ansias trabajosas,

de suerte que quien digo no me dañe.

 

FARANDÓN

Teodora y Terecinda presurosas

vendrán fuego, y permíteme que engañe

el sueño, con dormir solo un momento.

 

LEUCINO

Anda, vete, oye tú mi pensamiento.

Ya sabes, oh Porcero amigo mío,

el deseo que enciende mi cuidado,

la pena, el odio, el áspero desvío,

con que soy de Eliodora desdeñado.

Y pues lo sabes, sabe que confío

que ha de ser mi tormento remediado

mediante tu favor, siguiendo un orden

que reduzca a razón este desorden.

   Ya te conté, que habiéndole a Eliodora

dado un recaudo mío, las criadas,

viendo airarse de oírlo a su señora,

contra la vieja fueron indignadas.

Acordándome desto, quiero agora

venidas las dos viejas, que llamadas

son, para que tú y ellas deis un medio

que conmueva a Eliodora a mi remedio.

 

PORCERO

Muchas veces pidiéndome consejo,

sobre este caso, he dicho abiertamente

lo que te cumple, como astuto y vicio,

y como aquel que más tus ansias siente,

y tú, sin advertir lo que aconsejo,

acudes al remedio diferente

de tu salud, de suerte que ahora dudo,

que haga el ruego lo que mando pudo.

 

LEUCINO

Porcero, no me hagas imposible

lo que consiste en soloquerello,

que bien sabes que que esto es posible,

y más que esto queriendohacello,

remedia mi dolor, y mal terrible,

que yo te doy la fe, si alcanzo habello,

que de mí hayas tan honrosa paga,

que el galardón al hecho satisfaga.

 

PORCERO

No es cosa nueva usar, señor, comigo

en mi necesidad de tu largueza

que las obras presento por testigo,

pues han enriquecido mi pobreza.

Mas volviendo al negocio yo te digo

que me tiene perplejo su graveza;

mas ten cierto de mí, que aunque perece

he de hacer que hoy tu mal fenezca.

   El tiempo es conveniente cual demanda

la pretensión del caso que seguimos,

que el padre no está en Hispalis, que anda

en su hacienda, que es lo que pedimos.

 

LEUCINO

¿Que el padre no está aquí? Yo veo mi banda

prevalecer, y el premio conseguimos.

Sus, ¿amigo, qué aguardas? Sigue un modo.

 

PORCERO

Vendrán las viejas que han de ser el todo.

 

LEUCINO

¿Eso aguardas no mas? Tercilo, parte

llámale a Farandón que venga luego,

que las torne a llamar; ve sin tardarte,

que estoy aquí, y estoy ardiendo en fuego.

 

TERCILO

Bien puedes de esa llama resfriarle,

si en su venida pones tu sosiego;

veslo allí donde viene voceando,

con la espada en la mano amenazando.

 

FARANDÓN

Cualquiera que dijere que este agravi

puede satisfacerse sin castigo,

digo que miente, y salga luego al campo,

donde al contrario le haré que diga,

o a bofetones le haré que lance

la lengua, con el ánima revuelta.

 

LEUCINO

Déjalo, oigamos qué ocasión lo indina.

 

FARANDÓN

Reñegaré de cuanto el duelo escribe.

De las leyes germanas y birlescas,

y de cuanto aprendí del padre Lorca,

si hombre dejare en esta calle a vida,

si no es que Dios lo libra por milagro,

o a mí me traga el centro de la tierra.

 

LEUCINO

Echando viene fieras amenazas.

Sosiégate, veamos en qué para.

 

FARANDÓN

Otro goce el abrazo, y los regalos

de doña Magancia mis amores,

si en la venganza del agravio hecho,

no hiciere hoy en hombres más estrago,

que hizo sobre Troya el poder griego.

 

TERCILO

Historiador se hace, o yo me engaño,

o viene con la carga delantera,

y antes que caiga, es bien que lo llamemos,

si saber quieres qué lo trae colérico.

 

LEUCINO

Ah Farandón.

 

FARANDÓN

                    ¿Quién llama?

 

LEUCINO

                                           Yo te llamo.

 

FARANDÓN

O señor, que me coges de tal suerte,

que por mejor tuviera no encontrarte,

porque según la cólera me enciende,

el no verme te fuera más seguro.

 

LEUCINO

Deja el enojo, y dime qué te enoja.

 

FARANDÓN

Haré lo que me mandas como debo,

que a ser otro, llevara otra respuesta.

Sabrás, señor, que vino, como suele,

a la posada, doña Magancia

de Zúñiga, mi moza de respeto;

trújome unos arenques de Galicia,

con una media que mercó en el pósito,

y un pedazo de queso de Mallorca,

un plato de aceitunas, con pimienta,

con mucho alcaparrón y berenjenas,

curtidas en vinagre con especias,

y un gran jarro de mosto de Cazalla,

que pasaba de más de cinco hojas,

y más de un azumbro la medida.

Tendió el canto del manto sobre el poyo

por manteles, sirvió de servilleta

el mandil del caballo, y desta suerte,

muy a nuestro sabor le dimos fondo,

y como hubiese en esto deteníose,

salió para volverse a su botica.

 

LEUCINO

¿Es boticaria doña Magancia?

 

FARANDÓN

No, mas llaman botica adonde gana.

 

LEUCINO

Eso no sabía yo, pasa adelante.

 

FARANDÓN

Al fin, señor, poniéndose en la calle

para ir su camino, volvió a verme,

y Argelilla, la moza del vecino,

sin respeto ninguno, le echó encima

una caldera de agua del fregado,

llena de berzas verdes, brodio y mugre,

que la cubrió de arriba abajo toda

aquel nublado espeso de cocina.

Yo que vi tal agravio, salí fuera

diciendo que era hecho de ruines,

lo cual sustentarla con la espada.

Aparose Argelilla, y sonriéndose

de vella cual estaba, dijo: Amigo,

tenga en esas razones más templanza,

o haránle que sea menos bravo.

Alcé el rostro, que nunca yo lo alzara,

queriendo responder, y a este punto

trastornó sobre mí un noturno vaso

con un hedor pestífero, que el rostro

me cubrió, y me dejó de suerte,

que conocerme nadie no pudiera,

si aún se llegara nadie a conocerme,

según era el olor que de mí echaba.

Que he menester mudar hasta los cueros

si quiero despedillo, que la ropa

a tiro de arcabuz no hay aguardalla.

Aquí acudieron más de mil muchachos,

y empiézanme a dar grita, y con palmitos,

y suelas de zapatos, a tirarme,

unos por una parte otros por otra,

de suerte, que temiendo su violencia

me encerré en casa, en su poder dejando

a doña Magancia mis amores,

que tomándola a cargo, la pusieron

peor que a mí, y sobre aqueste agravio

vengo a dar muerte a toda aquesta calle.

Y aún estoy por matar a los poetas

y a los historiadores, porque oyendo

tal hazaña, no quieran escrebilla,

y della hagan la memoria eterna.

 

LEUCINO

Si hubieras de matar los que conozco,

tenías que hacer doscientos años,

aunque mataras cada día un ciento.

Mas dejando esto aparte, al punto parte,

y tráeme aquí las viejas que llamaste.

 

FARANDÓN

Ya vienen, mil diablos se las lleven,

y a quien con un amen no me ayudare,

 

TEODORA

Salud tengas, señor mío,

tú, y la noble compañía,

convenciendo la porfía

de Eliodora, y cruel desvío.

 

LEUCINO

Madre, seas muy bien venida,

a dar vida a quien te espera,

tú, y la honrada compañera.

 

TERCILO

Honrada sea tu vida.

 

LEUCINO

Dejemos comedimientos,

y al propósito vengamos,

que lo que en hablar tardamos

es atajar mis intentos.

Y así quiero proponeros

en dos razones el caso,

que esto solo hace al caso,

sin cansarme, y deteneros.

   Ya sabéis cómo Eliodora,

ocasión de mi cuidado,

en oyendo mi recado,

se volvió contra Teodora.

Resta agora, que no obstante

su ira, busquemos medio

que de ablandar sea remedio

aquel pecho de diamante.

   Ésta ha sido la ocasión,

en vuestras manos he puesto

mi honra, y por lo propuesto,

entenderéis mi intención.

Conformaos en un acuerdo,

y este acuerdo sea de suerte

que acabe mi pena fuerte,

y admire al hombre más cuerdo.

 

TEODORA

Parecerá cobardía

decir lo que de esto entiendo,

como quien estuvo viendo

su constancia en mi osadía.

Mas con todo esto no huyo

de tornarme a ver con ella,

y aún hacer si alcanzo a vella

mover el intento suyo.

 

PORCERO

Yo, como quien tiene entrada,

me profiero a dar la puerta,

cuando quisieres, abierta,

y a Eliodora apaciguada.

Haré que oiga tu razón,

y si se altera de oírte,

podré también acudirte,

y aplacar su alteración.

 

TEODORA

Como la entrada me des,

y a Eliodora que me aguarde,

yo quedaré por cobarde,

si hoy rendida no la ves.

 

TERECINDA

Espantada estoy de oírle,

comadre, ¿do tu buen seso?

¿Que en cosas de tanto peso

al fin osas proferirte?

   Promete verte con ella,

no rendilla tan de presto,

que es mucho lo que has propuesto,

conociendo el valor della.

 

TEODORA

Terecinda, ¿estás burlando?

¿ tu sutileza y maña,

tu esfuerzo, tu industria extraña,

que ha sido absoluto en mando?

 

TERECINDA

Teodora, con la experiencia

he ya alcanzado a saber

que es vanidad prometer

las cosas en contingencia.

Que Eliodora no es quienquiera

para prometella luego,

pues por interés, ni ruego,

convencella no se espera.

 

TEODORA

¿No es esa costumbre tuya?

¿Tú que habías de animarnos,

eres en desanimarnos?

No a qué me lo atribuya.

 

TERECINDA

Esto no es quitarte el ánimo,

ni enflaquecer de mi esfuerzo,

por que en los riesgos esfuerzo,

y al flaco hago magnánimo.

   No impido lo que acometes,

más digo que sea de suerte,

que aunque recibas la muerte

salgas con lo que prometes.

 

TEODORA

Bien sabes que si me aguarda,

aunque mas arisca esté,

que tan mansa la pondré,

que sufra silla y albarda.

 

TERCILO

Que tú hagas ese extremo

aguardándote Eliodora,

no me espantará, Teodora,

mas si te ha de aguardar, temo.

Y esta es la dificultad

que en este negocio hallo,

para poder acaballo

con mucha facilidad.

 

PORCERO

Yo he dicho, y torno a decir

que la puerta haré daros,

y a Eliodora haré escucharos.

 

TERCILO

Eso sólo hay que pedir.

Que si la puerta nos da,

y nos oye, yo aseguro

que el pecho de mármol duro

más que cera se pondrá.

 

PORCERO

Pongamos mano en la obra,

vámosle luego a hablar,

porque en dejando pasar

la ocasion, tarde se cobra.

 

TEODORA

Bien dices, vete con Dios,

y de aquí a un cuarto de hora

que tú estés con Eliodora,

iremos ambos a dos.

 

PORCERO

A aguardaros allá voy,

queda en paz, y tú, Leucino.

 

LEUCINO

Al cielo tengas benino,

porque acabe mi mal hoy.

 

TEODORA

Terecinda, consultemos

este negocio, y veamos

las señales que hallamos

o lo que en contra tenemos.

 

TERCILO

Paréceme que conviene.

Tercilo, éntrate tú allá;

tú, Leucino, ponte acá,

y aguarda a ver lo que viene.

Deste modo se asegura

nuestro negocio; está quedo,

oyemos sin tener miedo,

que en esta está tu ventura.

 

TEODORA

Pon la vista al oriente,

en cuanto que aderezo

estos lizos, mojados en la onda

de Flegeton ardiente,

y pongo el aderezo,

para que el triste Averno me responda,

si de la estancia honda

donde tiene su asiento

del Erebo la reina poderosa,

espíritu saliere, y otra cosa,

ten cuenta, y mira el viento,

si cuervo o si paloma pareciere,

o siniestra corneja se ofreciere.

 

TERCILO

Con prósperas señales

de fatídico agüero

se nos demuestra el cielo generoso,

en ocasiones tales;

si en esto es verdadero

el disponer del hado venturoso,

hoy será victorioso

Leucino desdeñado:

que en este punto con ligero vuelo

dos palomas bajar vide del cielo,

que Venus ha enviado,

y sobre un verde mirto se pusieron,

y cogiendo dos ramos dél se fueron.

 

TEODORA

Tiende en torno esos lizos,

por donde yo derramo

estas cenizas del trinacrio monte

y con fuertes hechizos,

a responderme llamo

los espíritus negros de Aqueronte.

Antes que el horizonte

se cubra, oh triste Huerco,

a quien con ronca voz fuerzo y apremio,

date a mis obras el debido premio,

y ponme en este cerco

una señal, que el fin que intento aclare

por donde yo lo que será declare.

 

TERCILO

Por la virtud que tiene

esta esponjosa piedra,

desde el nevado Cáucaso traída,

que en este vaso viene;

por esta blanca hiedra,

que en la cumbre del Hemo fue cogida,

que luego sea movida

tu voluntad al ruego,

oh Plutón, oh Prosérpina hermosa,

y sin negarnos deste caso cosa,

nos deis aviso luego

si la demanda mía, y de Teodora,

moverán hoy el pecho de Eliodora.

 

TEODORA

No pases adelante,

Terecinda, en tu apremio,

que siento estremecerse el hondo centro

que tu voz resonante

forzó que nos de el premio

que pedimos al dios que vive dentro.

 

TERCILO

¡Oh congojoso encuentro!

La muerte nos envía

por respuesta, ¿qué es esto, infierno duro?

¿Tan poco es lo que puede mi conjuro?

¿Ésta es la fuerza mía?

Que hacer suele que ese reino tema

y de ver enojarme de horror trema.

 

TEODORA

Refrena tu aspereza,

que con la dura muerte,

también se nos demuestra una corona.

Que el temor y crueza

deshace, y dulce suerte

promete, conque el miedo se abandona;

a Leucino corona

dando a su pena dura

descanso; ve, Leucino, y esas sienes

rodea con ella, que seguro tienes

el premio, y tu ventura

te concede, que en triunfo de vitoria

des muerte a tus trabajos hoy con gloria.

 

LEUCINO

Pues amor corresponde

a mi deuda, debida,

quiero con ella laurear mi frente,

¿Mas cómo se me absconde?

¿Cómo la veo perdida,

ante mis ojos viéndola presente?

¿Cómo agora está ausente?

Sin duda se fue al cielo,

o algún dios la llevó para ponerse.

Quiero apartarme aquí; ya deja verse,

para el bien de mi duelo.

Desta vez no es posible no cogella,

ya la tengo; ay de mí, ¿do ésa? ¿Qué es della?

 

TERCILO

Leucino, no te quejes,

por ver que se te absconda

esa corona, vuelve acá, y advierte,

que no está en que la dejes.

Que no te corresponda

a tu deseo la piadosa suerte.

Toma, y lleva esa muerte,

que declara que muere

hoy tu trabajo, y vamos ya, Teodora,

veremos la respuesta de Eliodora.

 

TEODORA

Al caso se requiere

que vamos ya, y más punto no tardemos,

pues señales tan prósperas tenemos.

 

 

 

 

 




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