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Juan de la Cueva
El infamador

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Jornada III

 

 

 

PORCERO. ELIODORA. VENUS. TEODORA. TERECINDA. FELICINA. MORFEO. LEUCINO. ORTELIO. FARANDÓN. JUSTICIA. ESCRIBANO. CORINEO. IRCANO.

 

 

 

     PORCERO va a casa de ELIODORA, y TEODORA y TERECINDA, alcahuetas, entran a hablalle por ruego de PORCERO, dale su recaudo, airase contra todos: VENUS en la figura de FELICINA le ruega por LEUCINO, y sin acabar nada los echa de casa. Descúbrese VENUS quien era. Viene LEUCINO con ORTELIO y FARANDÓN, quieren hacer fuerza a ELIODORA en su casa, mata ELIODORA a ORTELIO, viene la justicia, infama LEUCINO a ELIODORA, delante de la justicia y de sus padres de LEUCINO y ELIODORA: atestigua FARANDÓN, llévanlos a la cárcel a LEUCINO, FARANDÓN y ELIODORA.

 

 

 

PORCERO

Camina yo, Porcero, pues te llama

la próspera ventura, a eternizarte,

en un hecho de honor, provecho y fama,

que promete a los astros levantarte.

Hoy tu nombre en el mundo se derrama,

si tienes a Eliodora de tu parte,

hoy en riqueza alcanzarás más bienes

que Midas, Creso, Craso, ni Aquimenes.

   No es tiempo ya de diferir momento

de verme en la presencia de Eliodora,

y hacerle mudar el casto intento

que tan rebelde estuvo con Teodora

hoy de Leucino acaba el cruel tormento,

y mi triste pobreza se mejora.

Que Eliodora, a quien veo, aunque rehuya,

hará mi voluntad, contra la suya.

 

ELIODORA

¿Qué me dices, Felicina,

de los libros que leímos

anoche, pues ambas fuimos

mohínas de su doctrina?

 

VENUS

Eso te quise decir,

y por no usar de osadía,

llena de melancolía

te dejé, y me fui a dormir.

 

ELIODORA

¿Notaste cual nos ponían

a las míseras mujeres?

 

VENUS

Con bien necios pareceres

los Momos nos ofendían.

 

ELIODORA

Quise, así tengas sosiego,

hacellos ambos pedazos,

y hechos muchos retazos,

arrojallos en el fuego.

 

PORCERO

Yo seguro que he de ser

reprehendido y culpado,

porque tres dios han pasado.

Que no os he venido a ver.

Y aunque conozco en la culpa

que no hay con que me disculpe,

como yo mesmo no culpe,

es bastante por disculpa.

 

ELIODORA

Porcero, de cualquier modo

que lo hagas, es hacernos

merced, mas venir a vernos,

es merced que excede a todo.

 

PORCERO

Esa ilustre voluntad

tengo tan creída así,

cual sabe el mundo de mí,

sin lisonja, y con verdad.

¿Mas, dime, aquello dejando,

pues es negocio tan llano,

que es de mi señor Ircano?

 

ELIODORA

A comer le estó aguardando.

 

PORCERO

¿Está fuera de Sevilla?

 

ELIODORA

Sí, que a un negocio importante,

con Crasilo y con Durante,

tres días ha que fue a Almensilla.

 

PORCERO

¿En qué te has entretenido

en su ausencia estos tres días?

 

ELIODORA

En cien mil melancolías,

con dos libros que he leído.

 

PORCERO

¿Tan grande letora eres?

 

ELIODORA

Sí, más estos me lían cansado,

porque todo su cuidado

fue decir mal de mujeres.

 

PORCERO

Suplícote que me nombres

los nombres de esos autores

que ofenden vuestros loores.

 

ELIODORA

Son dos celebrados hombres.

 

PORCERO

¿Qué hay que celebrar en ellos

si ofenden vuestra bondad?

Mas, dime, con brevedad,

¿Quién son? Para conocellos.

 

ELIODORA

El uno es el arcipreste

que dicen de Talavera.

 

PORCERO

Nunca tal preste naciera,

si no dio más fruto que este.

 

ELIODORA

El otro es el secretario

Cristóbal del Castillejo,

hombre de sano consejo,

aunque a mujeres contrario.

 

PORCERO

Cuánto mejor le estuviera

al reverendo arcipreste,

que componer esta peste,

dotrinar a Talavera;

y al secretario hacer

su oficio, pues dél se precia,

que con libertad tan necia

las mujeres ofender.

 

ELIODORA

Cierto que tienes razón,

y en eso muestras quien eres,

que decir mal de mujeres

ni es saber, ni es discreción,

a la puerta oigo llamar,

ve a responder, Felicina.

 

VENUS

A Venus, diosa divina,

mujer la viene a mandar.

Ya voy, señora, ¿quién llama?

 

TEODORA

Felicina, di a Eliodora

que hablarle quiere Teodora

su sierva, y quien más le ama.

 

VENUS

Yo llevaré tu recado

y traeré luego respuesta.

Venus, la ocasión sea presta,

ten el fuego aparejado

señora, la vieja viene.

 

ELIODORA

¿Qué vieja?

 

VENUS

                  La que mesamos.

 

ELIODORA

¿Que aún osa venir do estamos?

¿Tan poca vergüenza tiene?

¿Díjote qué es lo que quiere?

 

VENUS

Dice que te des licencia

para verse en tu presencia.

 

ELIODORA

No será mientra viviere.

 

PORCERO

Pues sólo quiere hablarte,

permite, señora, vella;

que yo vengo en nombre della

esto mesmo a suplicarte.

Viene a pedirte perdón

si en algo te dio disgusto,

y pues lo que te pide es justo,

acepta su petición.

 

ELIODORA

¿Qué te parece, Porcero,

que es razón que hable yo

a quien tal cosa intentó?

 

PORCERO

Sí, pues yo soy el tercero.

 

VENUS

Conmoverate a piedad

verla cual viene temblando,

su inadvertencia llorando,

y acusando su maldad.

 

PORCERO

Dame lástima y dolor

oír lo que se lastima

de tu enojo, y lo que intima

tu ardiente saña y furor.

Y así después de otorgalle

licencia de entrar a verte,

le has de hablar de tal suerte

que tu habla sea animalle.

 

ELIODORA

Pues tan buen padrino tiene,

Felicina, dale entrada.

 

VENUS

¿Ha de entrar acompañada

con otra vieja que viene?

 

ELIODORA

Dales a entrambas la puerta.

 

VENUS

Sí, daré; y a ti tal fuego,

que des, perdiendo el sosiego,

al amor el alma abierta.

Madres, bien podéis venir,

que licencia os da Eliodora.

 

TEODORA

Dios te haga gran señora,

te logre, y deje vivir.

¿Mas, dime, está ya aplacada

del enojo que tenía?

 

VENUS

Por vuestras vidas, y mía,

que no se acuerda de nada.

 

TEODORA

Dame, señora, esas manos,

con piedad, para besallas,

y con lágrimas regallas,

contra tus enojos vanos.

 

ELIODORA

Madre, ese comedimiento

está en mí muy excusado,

que no merece mi estado

tan honroso cumplimiento.

 

TEODORA

Si lo que en razón mereces,

si te hubiera aquí de dar,

Juno te debe adorar,

pues su deidad lo engrandeces.

Y dejando esto a una parte,

por ser cosa tan sabida,

vengo a que seas hoy servida

de escucharme, y no alterarte.

 

ELIODORA

Como sea tu razón

tal que no ofenda mi oído,

será tu deseo cumplido,

y acepta tu petición.

 

TEODORA

Hija, mi deseo es servirte,

mi ánimo darte gusto,

aborrecer tu disgusto,

y huir de deservirte.

   Y con este presupuesto

podrás, señora, entender

que yo no podré hacer

cosa que se aparte desto.

Aunque el otro día alterada,

aguardar no me quisiste,

agora que me admitiste,

sabrás que esta es mi embajada.

   Leucino te quiere y ama,

el cual envía a pedirte

que le permitas servirte,

sin ofensa de tu fama.

Bien conoces su nobleza,

su ilustre sangre y valor,

la fuerza del casto amor

con que adora tu belleza.

 

ELIODORA

¿Qué hablas, desvariada

maldita vieja enemiga

de mi gloria. ¿quién te instiga?

Dime, ¿estás endemoniada?

Vete, no pares aquí,

y tu boca no se abra,

que en respondiendo palabra,

tomaré venganza en ti.

 

TEODORA

Tiempla, Eliodora, esa ira,

no te alteres con tal furia,

que hasta agora no te injuria

mi razón, que así te otra.

 

ELIODORA

Traidora, no hables más,

deja fuego mi presencia.

 

PORCERO

Modérate con paciencia,

y tu sinrazón verás.

 

ELIODORA

¿Esto llamas sinrazón?

 

PORCERO

Sí, porque en lo que te dice,

no hay porque te escandalice,

ni te prive de razón.

Que si Leucino te pide

por su mujer, ya le ha sido

de tu padre concedido,

y así no se descomide.

 

ELIODORA

¿También sigues tú su parte?

 

PORCERO

En esto la razón sigo,

 

ELIODORA

Pues lo a ti como a enemigo

debo en todo recusarte.

 

VENUS

No te alteres de esa suerte,

mira que el señor Porcero

es amigo verdadero,

si en su proceder se advierte.

 

TERCILO

Así tengo yo la vida

cual el señor le aconseja.

 

ELIODORA

¿Dígame en qué, buena vieja?

 

TERCILO

diré, si soy oído.

 

ELIODORA

, que yo te daré oído.

 

TERCILO

Pues que tú me das licencia,

como quien tiene experiencia,

te diré lo que he sentido.

   Que demandarte Leucino

por su mujer, no te ofende

si en matrimonio pretende

gozar tu valor divino.

Y así debes conceder

la demanda de Teodora;

y a Porcero desde agora

por más amigo tener.

 

VENUS

Deja esa ciega pasión,

deja esa riguridad,

admite en tu mocedad

compañía de varón.

Vuelve el odio riguroso

en placer y regocijos,

torna esposo, y habrás hijos

de Venus don glorioso.

 

ELIODORA

Venus no tiene en mi parte,

y así quiero carecer

de su fruto y su placer.

 

VENUS

Mira no sea en castigarte.

 

ELIODORA

No puede en mí su castigo.

 

PORCERO

Señora, pueda razón,

que dejando la pasión,

vengas a lo que te digo.

 

VENUS

Siendo lo que te conviene

razón será que lo hagas,

y que en fe le satisfagas

al que no es razón que pene.

Trujérate mil ejemplos

de reinas, ninfas y diosas,

que amando son hoy gloriosas,

con estatuas, aras, templos.

 

ELIODORA

Enemigos de mi honor

haced de mi larga ausencia:

no estéis más en mi presencia,

que me encendéis en furor.

Y tú, falsa Felicina,

que tal consejo me das,

no me hables ni veas más,

y con los demás camina.

 

PORCERO

Sin efecto hemos venido,

mal lance echamos, Teodora;

nada conmueve a Eliodora

ella nos dejó, y se ha ido.

 

VENUS

No es parte el irse, advertí,

y conocedme quien soy,

que soy Venus, aunque estoy

en traje mortal, y así.

Id luego, y decí a Leucino

lo que pasa, y que por fuerza

la saque, que esfuerzo, fuerza

le daré, y favor divino.

No os detengáis, partid luego.

 

PORCERO

A cumplir vamos tu mando.

 

VENUS

Id, que en caso tan infando

se me abrasa el alma en fuego.

   Quiero esta forma dejar

a Felicina su dueño,

y enviar al dios del Sueño,

que no es tiempo de aguardar.

 

ELIODORA

La falsa de mi criada

que también me persuadía,

sin duda que ella venía

con los demás conjurada.

   Dar quiero aviso a las amas,

que si a casa se viniere,

cuando tal maldad hiciere,

la arrojen en vivas llamas.

 

VENUS

Morfeo, parte volando,

no te detengas aquí.

 

MORFEO

Yo me voy, cumpliendo así,

Venus, tu precioso mando.

 

VENUS

A mí me conviene ir luego

a darle a Leucino aliento,

y que venga en un momento,

en ira y coraje ciego.

Que no cumple a mi deidad

que Eliodora se resista

de mi amorosa conquista

sin hacer mi voluntad.

 

ELIODORA

¿Traidora, osaste volver

ante mí? Vuelve huyendo.

 

FELICINA

Señora, yo no te entiendo

si no te das a entender.

 

ELIODORA

¿Que no me entiendes, traidora?

Vete, no me des respuesta,

que mi voluntad es ésta,

sigue a Porcero y Teodora.

 

FELICINA

¿A quién me mandas seguir

si no a ti para servirte?

 

ELIODORA

Ya no sirve el comedirte,

que a mí no me has de servir.

 

FELICINA

Señora, ¿que es tu pasión?

¿En qué te ofendí jamás?

Si no es amarte más

Que a la vida y corazón.

 

ELIODORA

¿Di, falsa, si tú me amabas,

cómo agora el ruego fiero

de las viejas y Porcero,

seguiste, y me aconsejabas?

 

FELICINA

De eso todo estó inocente,

¿No me hallaste en la cama?

 

ELIODORA

Después de urdida la trama

se quiere hacer que no siente.

¿No estuviste agora aquí,

con las dos viejas Claudinas?

 

FELICINA

Señora, ¿echas bernaldinas?

¿Qué dices? ¿Estás en ti?

Yo, desde que me acosté

hasta agora, he estado envuelta

en las sábanas, que suelta

del sueño jamás quedé.

 

LEUCINO

Ortelio y Farandón, amigos míos,

armas y corazones aprestemos,

que ya acabó mi ruego a los desvíos

de Eliodora, mi ansia en sus extremos,

pague los insolentes desvaríos

que siempre usó comigo, y no aguardemos

a razones, mas haga el duro apremio

que por fuerza me el rogado premio.

   Ésta es la casa, sus, ganad la puerta,

no nos tardemos más, que así conviene,

que viva ha de ir comigo, o quedar muerta

aunque en su guardia Némesis la tiene.

 

ELIODORA

Agora veo la horrible muerte cierta,

¡Ay sin ventura! Que Leucino viene;

cierra esa puerta apriesa, amiga amada.

 

FELICINA

No puedo, que la tienen ya ganada.

 

LEUCINO

Tu dureza, Eliodora rigorosa,

me trae cual ves a la presencia tuya

a pedirte que elijas una cosa:

morir aquí, o que mi mal concluya.

 

ELIODORA

No será tu amenaza poderosa,

para que por temor mi honor destruya.

Que no me espanta la espantosa muerte,

la cual recibiré con pecho fuerte.

 

LEUCINO

Recibirás con muerte triste afrenta.

 

ELIODORA

Ando, que no hay afrenta que me afrente

estando de tu vano intento esenta,

ni hay cosa que mi ánimo amedrente.

 

ORTELIO

Desta suerte has de ir, pues te contenta.

 

FELICINA

¿Justicia, tal insulto se consiente?

 

LEUCINO

Calla, traidora.

 

FELICINA

                      Guarte tú, inhumano.

 

ORTELIO

Ay, que me ha muerto, ay, cielo soberano.

 

LEUCINO

Con esta mano le daré venganza

a mi criado, a quien, cruel, has muerto.

 

ELIODORA

Si llegares a mí, de tu esperanza

verás el fin con ver tu pecho abierto.

 

FELICINA

Justicia, no hay justicia, la tardanza

en irla yo a llamar es desconcierto.

 

LEUCINO

Mira que morirás si te defiendes.

 

ELIODORA

morirás si a mí llegar pretendes.

 

JUSTICIA

Tened a la justicia, ¿quién ha sido?

¿Quién ha privado de la vida este hombre?

 

LEUCINO

Esta mujer, ajena de sentido,

por haber de crueza tal renombre.

 

JUSTICIA

¿Es verdad que este insulto has cometido?

 

ELIODORA

Sí, yo le di la muerte, y no te asombre,

que si un punto a venirte detuvieras,

muertos a esos dos, cual ese, vieras.

 

ESCRIBANO

Bien claro dice que ella le dio muerte,

y la sangrienta daga lo declara.

 

JUSTICIA

Sin apremio confiesa el hecho fuerte,

que en decir la verdad no ha sido avara.

 

CORINEO

¿Hijo, que es esto? ¿Qué contraria suerte

te ha sucedido?

 

LEUCINO

                       Una hazaña rara

en maldad, que esta pérfida le ha dado

sin ocasión la muerte a mi criado.

 

IRCANO

¿Súfrese tal maldad? ¡Tan dura afrenta,

tal suceso en mi casa! O justo cielo,

dame venganza, o haz que yo no sienta

tal infamia, dejando el mortal velo.

 

JUSTICIA

Ilustre Ireano, el caso que atormenta

tu ánimo, y provoca a triste duelo,

no se remedia con hacer extremos,

pues estorban que el hecho averigüemos.

   Dime, Leucino, ¿qué ocasión tuviste

de haber venido adonde estás agora,

si este muerto contigo lo trujiste,

y por qué causa lo mató Eliodora?

Ella confiesa, y pues presente fuiste

al suceso, declara, si en ti mora

verdad, todo el suceso desta historia.

Porque yo la encomiende a la memoria.

 

LEUCINO

Pluguiera a Dios se abriera aquí la tierra,

y a mí sólo en su centro me tragara,

y en el sulfúreo reino que en sí encierra,

en cuerpo y alma como estoy lanzara,

antes que yo viniera a darte guerra,

tu maldad, oh Eliodora, haciendo clara;

mas soy forzado, y por apremio digo,

la verdad, recelando el cruel castigo.

   El caso es, que yo hallando un día

a Eliodora, en la bélica ribera,

quedé en ver su belleza y lozanía,

cual nieve al sol, o cual al fuego cera;

hablele, y con honrosa cortesía,

me respondió, y preguntó quién era,

yo satisfice a su pregunta, y luego

los dos nos encendimos en un fuego.

   Levantose, y poniéndose en camino

para volverse, dile yo la mano,

y ella me dio la suya, y hizo dino

del primer don que da el amor tirano.

Llegando aquí, me dijo: Ve, Leucino,

pegando al mío su rostro soberano,

y esta noche podrás volver a verme

si piensas en amor corresponderme.

   Hícelo así, y luego que la oscura

sombra ocupó con su tiniebla el suelo,

inspirado de amor y mi ventura,

seguí la suerte que me daba el cielo.

Hallela a una ventana que la pura

luna miraba, y luego sin recelo

me bajó a abrir, y yendo a solo vella,

gocé a mi gusto aquella noche della.

   Desta suerte han pasado ya dos años

que ella a mi casa, y yo a la suya yendo,

hemos vivido, usando mil engaños,

nuestro fuego con ellos encubriendo.

Tras desto añadió a un daño muchos daños

esta cruel, su natural siguiendo;

y fue, que en este amor que me fingía,

Por ese muerto sin descanso ardía.

   Viéndose el triste mozo combatido

desta inconstante, me llamó en secreto,

y el caso me aclaró, y de mí sabido

de otras personas, la dejó en cielo.

Ella de ira el ánimo encendido,

la venganza eligiendo, por decreto,

a llamarme envió, y que me rogaba

trujese a Ortelio, porque así importaba.

   Yo triste, inadvertido de mi daño,

vine, y nunca viniera, porque al punto

que llegué, le dio a Ortelio un golpe extraño,

que en tierra lo arrojó, cual veis, difunto.

Revolvió sobre mí; yo con engaño

le hurté el cuerpo, porque estaba junto.

Y pasó el golpe, entonces della asiendo

entrastes, a las voces acudiendo.

 

CORINEO

Calla, fiero, no pases adelante,

que lo dicho a mil muertes te condena,

y al infierno el gran Júpiter tonante

te arroje a padecer eterna pena.

 

JUSTICIA

¿Esto es verdad?

 

FARANDÓN

                          Señor, verdad bastante

no dice cosa de verdad ajena.

 

JUSTICIA

Eliodora, ¿qué dices tú sobre esto?

 

ELIODORA

Que todo es falsedad cuanto ha propuesto.

 

LEUCINO

¿Falsedad? Verdad pura es lo que digo.

 

JUSTICIA

Y tú que entiendes desto, ¿sabes algo?

 

FELICINA

Que es maldad cuanto dice ese enemigo.

 

LEUCINO

La verdad digo a fe de hijodalgo;

Farandón está ahí, que es buen testigo

de todo lo que pasa, pues no valgo,

en este caso yo, él te lo diga

que ha sido el secretario en nuestra liga.

 

JUSTICIA

¿Qué dices, Farandón?

 

FARANDÓN

                                     Señor, que es cierto

cuanto Leucino mi señor declara,

que yo me hallé en todo, y fui al concierto

la primer noche, y ésta es verdad clara.

 

JUSTICIA

¿Por qué, y de quién ha sido este hombre muerto?

 

FARANDÓN

De celos que Eliodora en crueldad rara

tuvo dél, Y porque dio a Leucino

cuenta de su amoroso desatino.

 

ELIODORA

Ésa es traición, que no le di la muerte

sino por evitarla injusta fuerza

que me quiso hacer, y en esto advierte

que es verdad, y tu vara no se tuerza.

 

JUSTICIA

No torcerá, mas yo haré ponerte

donde tu voz que así a hablar se esfuerza,

habiendo hecho un crimen semejante,

cese; y quita ese cuerpo de delante.

   Llevad esta a la cárcel, y sea puesta

en estrecha prisión, do esté segura.

 

CORINEO

Será de mí una razón propuesta.

Si a hablar tu licencia me asegura.

 

JUSTICIA

Di, que nunca jamás me fue molesta.

 

CORINEO

Digo que no sea puesta en prisión dura

Eliodora, más libre, y sea llevado

mi hijo, y crudamente castigado.

 

IRCANO

Ella es digna de muerte, y no Leucino.

Y así mi hija sea castigada

como rea, pues ella abrió el camino

para este mal, y así sea ejecutada.

 

CORINEO

Mi hijo solamente es el que es dino

de muerte, pues por él es infamada,

quebrantando tu casa, cual ha dicho,

si se tiene memoria de su dicho.

 

IRCANO

Si ella a él la entrada no le diera,

no la infamara él, ni la gozara,

y pues ella la puerta le dio, muera,

y él quede libre, que es justicia clara.

 

CORINEO

Esa mesma razón a muerte fiera

le condena.

 

IRCANO

                    Esa ley mesma lo ampara,

que el hombre puede entrar donde quisiere,

o do lo dan la entrada si pudiere.

 

JUSTICIA

Cese vuestro alboroto, y sea cumplido

lo que tengo mandado, partid luego

con ella, y a ese mozo lleva asido,

y oh Leucino también por preso entrego.

 

IRCANO

Que castigues mi hija sólo pido.

 

CORINEO

Que la sueltes y muera mi hijo ruego,

 

JUSTICIA

Lo que en ley debo ejecutar sobre esto,

vamos, que todos lo veréis muy presto.

 

 

 

 

 




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