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Jornada IV
IRCANO, FELICINA, ELIODORA, JUSTICIA, PELORO, ESCRIBANO, IPODAURO,
DEMOLIÓN, DIANA, LEUCINO, FARANDÓN, BETIS.
IRCANO,
padre de Eliodora, determina matar la hija en la cárcel con un bocado;
llévaselo FELICINA, vuélvese en flores. Pronuncian la
sentencia de muerte a ELIODORA; va el ESCRIBANO a notificársela,
halla a la puerta de la cárcel dos salvajes, que le impiden la
entrada. Va la JUSTICIA, sale la diosa DIANA, delante de IRCANO,
el padre de Eliodora, y de la justicia, LEUCINO se retrató de
lo que había dicho contra ELIODORA. Fue condenado a echar en un fuego FARANDÓN,
y LEUCINO en el río, sale BETIS, pide a DIANA que
no mande que en sus ondas echasen tal mal hombre, manda que lo entierren
vivo, y con gran alegría llevan a su casa a la virgen ELIODORA.
IRCANO
Rompa la voz de mi lloroso acento
las
sidéreas regiones, oiga el mundo
mi
mal, y la crueza que hoy intento.
y
nadie entienda que en crueza fundo
dar
a mi hija muerte, cual dar quiero,
ni
que me inspira furia del profundo;
Que
yo no tengo el corazón de acero
ni
nací de los riscos, ni montañas
ni me
crió dragón, ni tigre fiero.
Hombre soy, de hombre
tengo las entrañas.
Tiernamente,
cual hombre, me lastimo
y lloro
mis fatigas tan extrañas.
Mas deste sentimiento me
reprimo,
viéndome
por mi hija en tal afrenta
que
su muerte no siento, y mi honra estimo.
Y
así aunque muera es causa que no sienta
con la terneza que debía su
muerte,
viendo
ser ella la que así me afrenta.
Ejemplo
es éste que al varón más fuerte
y
de mayor constancia pondrá espanto
y le
hará dudar la extraña suerte.
Pudo el honor de
Ipodomante tanto,
viendo su hija, de Archeloo,
forzada,
que le dio muerte, sin oír su
llanto.
Orcamo enterró
viva su hija amada,
porque le robó Apolo su pureza,
dándola
así a su honor sacrificada.
¿Pues
si destos se canta por grandeza,
dar
a sus hijas muerte por su honra,
dársela
yo a la mía no es crueza?
Que
no me ofende menos; ni deshonra
la
maldad que mi hija ha cometido,
si
la nobleza de quien soy me honra.
Al
fin yo estó en que muera resumido
en la
prisión, pues ha de morir cierto
por
justicia, su término cumplido.
Así
será mi daño más cubierto,
que
no verla sacar de las prisiones
a
justiciar, el día descubierto.
Así
confundiré las opiniones
que
en esto hay, pues dándole un bocado
lo
acaba todo, y solas mis pasiones
empezarán
hasta que sea acabado.
FELICINA
El
son de tus tristes quejas
hizo
en mí tal impresión
que
abrasando el corazón,
el
cuerpo sin alma dejas.
Y
no sólo tu dolor
me
tiene de aquesta suerte,
más
ver que quieres dar muerte
a Eliodora con rigor.
IRCANO
Felicina, así conviene,
que
muera por su malicia,
y
no en poder de justicia,
pues
al fin, de morir tiene.
Yo
le tengo aparejado,
aunque
tal crueldad se note,
por
arras, tálamo y dote,
un
mortífero bocado.
Tales
confaciones lleva
y
va hecho de tal modo,
que
no está en comello todo,
para
morir quien lo prueba.
Tú
lo tienes de llevar,
y
mándote que en secreto
lo
pongas luego en efecto,
y
me vengas a avisar.
FELICINA
Señor, mándame otra cosa,
y
hazme desta excusada.
IRCANO
No
hay que replicarme nada,
sino
ir luego presurosa;
esto
es lo que cumple en esto,
y
cumple a ella y a mí.
Yo
voy a traello aquí,
aguárdame
en este puesto.
FELICINA
¡Ay,
triste de ti, Eliodora,
sin
culpa ofrecida a muerte,
cuya
miserable suerte
Hispalis
y el mundo llora!
¿Es
posible que he de ser
ministro
de tal crueldad,
y
que mi fidelidad
tal
hecho ha de cometer?
IRCANO
Ya
te he dicho, Felicina,
que
cumple que vayas presto;
lo
que has de llevar es esto,
que
es la cierta medicina.
El
secreto y diligencia
no
tengo que encomendarte,
yo
voy a casa a aguardarte.
Tú,
ejecuta con violencia.
FELICINA
Desventurada
de mí,
¿Dónde
voy? ¿Qué razón sigo?
¿Qué
Megera va comigo,
qué
Alecto me lleva así?
No
es posible que no sea
furor
infernal el mío,
pues
tan ciego desvarío
el
alma me señorea.
Mi
señor manda que dé
a
Eliodora este bocado,
que
entiende que su mandado
puede
más que no mi fe.
Engañado
está en razón,
contrario
camino sigue,
porque
no hay ley que me obligue
a
sacarme el corazón.
Mas
¡ay, en qué duda estó,
de
contrarios combatida,
sin
poder darle la vida,
ni
dejar de morir yo!
Forzosa
ha de ser mi muerte,
porque
si muere Eliodora,
Felicina
que la adora
Seguirá
a la mesma suerte.
La
cárcel es ésta, ¡ay cielo,
como
la muerte me cerca,
y a Eliodora se le acerca
la mesma miseria y duelo!
Ambas
hemos de acabar,
que
razón lo manda así,
y
pues cumple, ¿qué hago aquí?
A
dársela quiero entrar.
ELIODORA
¿De
quién serán mis quejas
y
mi mal entendido,
en
estado tan triste y peligroso.
Cielo,
si tú me dejas,
y
no les das oído,
mostrándote a mi llanto riguroso?
Tú,
que del afrentoso
insulto
en que sin culpa soy culpada
sabes
la verdad pura,
tú,
en mi angustia y tristura,
aclara
mi inocencia condenada,
ya
que pague la vida,
que
no sea mi pureza así ofendida.
FELICINA
¿Qué
haces, señora mía,
en
tu miserable suerte?
ELIODORA
Estó
esperando la muerte,
por
momentos cada día.
FELICINA
Ten,
señora, confianza,
que
el cielo a quien tú te quejas
oído
dará a tus quejas,
y a tu inocencia, venganza.
ELIODORA
En él pongo mi justicia,
pues
él sabe la verdad,
él
guarde mi honestidad,
y
castigue esta malicia.
FELICINA
Sí
hará; y así lo entiendo
de
su bondad y clemencia,
que
has de salir por sentencia
libre
deste insulto horrendo.
Y
en confianza de aquesto,
te
traigo un regalo aquí.
ELIODORA
¿Regalo?
No es para mí,
que
el mío pasó muy presto.
La
muerte podrás traerme,
que
es el regalo que espero,
que
otro regalo no quiero,
ni
otro puede apetecerme.
FELICINA
Espera
en Dios el remedio,
y
comamos esto agora.
Mas
con condición, señora,
que
has de partillo por medio.
ELIODORA
Pártelo
tú de tu mano.
FELICINA
Sí
haré, y será igualmente.
¡Oh ánimo de serpiente,
con un ángel soberano!
Recibe desta tu sierva
esta
conserva, en regalo.
ELIODORA
No
ha estado el donaire malo,
¿Flores
me das por conserva?
FELICINA
Señora,
el yerro fue en mí,
que
turbada en tus dolores,
dije
conserva por flores.
ELIODORA
Bueno
está, quédese ahí.
Allá
dentro nos entremos,
porque
gente oigo venir.
FELICINA
Tras
ti voy, bien puedes ir,
que
no es bien que aquí guardemos.
¡Quién
ha visto tal mudanza!
Volverse
en flor el veneno,
prodigio
es, y es tan bueno,
que
me da buena esperanza.
JUSTICIA
Doy
la palabra, que quisiera en esto
hacer,
señor Peloro, vuestro mando,
cual
siempre mi deseo está dispuesto,
lo
que es serviros sólo deseando.
Mas
en esta ocasión juro y protesto
que
ni puedo, ni es justo, contemplando
de
Reycenio las culpas y maldades,
infamias,
y otras mil atrocidades.
PELORO
Cierto
que yo, señor, venía informado
muy
diferente de eso que os he oído,
porque
a entenderme dieron que aún pecado
para
estar preso así, no ha cometido.
JUSTICIA
No
hay preso que confiese que es culpado,
aunque
sea en derecho convencido,
siempre
se justifican de inocentes,
aunque
cien mil testigos vean presentes.
Y
porque no entendáis que es pasión mía,
o
rancor que le tengo, estad atento,
oiréis
qué se le prucha en solo un día,
después
que se cumplió mi mandamiento.
Una mujer le pide, a quien servía
con promesas, que en firme
casamiento
sería su marido, y dél gozada,
con otra se casó, y dejó burlada.
Otra presenta
dél una querella,
diciendo
que una hija infamó suya,
él
se desdice, habiendo dicho della
cosas,
que es justa ley que lo destruya.
No
hay casada, viuda, ni doncella,
ni
hay deuda suya, contra quien no arguya
y
ofenda con su lengua, y demás desto,
con su cuñada cometió un incesto.
Esto hay de Reycenio, y
más que callo,
deste
que al mundo con su lengua infama:
¿Mirad
vos, si es justicia perdonallo,
o
si será arrojallo en viva llama?
PELORO
No
tengo que decir, sino dejallo,
y
porque a toda priesa ya me llama
un
negocio, haré de vos ausencia.
JUSTICIA
Siempre
para os servir estó en presencia.
¿Traeisme
la sentencia ya ordenada,
para
notificársela a Eliodora?
ESCRIBANO
Señor
sí, sólo falta ser firmada
de
ti, lo cual podrás hacer agora.
JUSTICIA
Séame
de palabra recitada.
ESCRIBANO
Dice
desta manera, que a la hora
que
todo el pueblo sea congregado
para
el fiero espectáculo ayuntado,
de
la cárcel la saquen con prisiones
sobre
una mula, y lleve de delante
pregoneros,
que digan en pregones
su
crimen en voz alta y resonante.
Vuelta
de andar las calles, y estaciones
que
la ley manda, sea al mesmo instante
en
la pública plaza degollada,
donde
quedando muerta sea dejada.
JUSTICIA
Buena
está, yo la firmo de esa suerte.
Id a notificársela al momento
a Eliodora, y apréstese a la
muerte,
pues ella fue ocasión de su
tormento.
ESCRIBANO
Con la razón que debo obedecerte
voy, señor, a cumplir tu
mandamiento.
JUSTICIA
Cumple,
que sea con presta diligencia.
ESCRIBANO
Será
así ejecutada tu sentencia.
JUSTICIA
Pague
con muerte el crimen cometido,
y
muera la que así con tal torpeza
el
blasón de su padre ha ofendido,
sin
tener advertencia a su nobleza.
ESCRIBANO
Aquí
es la cárcel donde soy venido,
quiero notificarte con presteza
la sentencia a Eliodora. Ah, carcelero,
abrí,
ah de la cárcel, ¿no hay portero?
IPODAURO
¿Quién
sois, qué demandáis aquesta puerta?
ESCRIBANO
Só
escribano real de aquesta audiencia.
IPODAURO
Volveos,
que no os puede ser abierta.
Y
no habléis, ni hagáis más resistencia.
ESCRIBANO
¿Que
es esto? ¿Estoy durmiendo? ¿Es cosa cierta
la que he visto delante mi
presencia?
Sin
duda estoy soñando, no estoy cierto,
que
claramente veo que estoy despierto.
Quiero
volver y dar razón desto
al
juez que aguardándome ha quedado.
Que
yo no sé qué haga o diga en esto,
que
voy sin mí, de ver lo que ha pasado.
JUSTICIA
Huélgome
que venido hayas tan presto.
ESCRIBANO
Si
vengo presto, traigo mal recado.
JUSTICIA
¿De
qué suerte?
ESCRIBANO
De
suerte que temiendo
estoy
aquí, de lo que vi tremiendo.
JUSTICIA
¿Qué
traes? ¿Qué te alborota, qué te altera?
Sosiega
el sobresalto, ¿di, qué ha sido
la
ocasión que te trae de tal manera,
sin color, sin aliento, sin
sentido?
ESCRIBANO
Yendo
a notificar la muerte fiera
a
Eliodora, el entrar me fue empedido
por
dos salvajes, que hallé a la entrada
de
la cárcel que dellos es guardada.
JUSTICIA
¿Salvajes,
has soñado esa locura?
ESCRIBANO
¿Soñado?
Ve allá, tú verás si es cierto.
Porque des a mi sueño la soltura,
si
duermo, oh tú, señor, estás despierto.
JUSTICIA
Ella
es melancolía si se apura,
vamos
allá, reiré tu desconcierto.
ESCRIBANO
Igual
me reiré yo; ésa es la puerta,
clama
a priesa, serate luego abierta.
JUSTICIA
Ah de
la cárcel, ¿no hay quien dé respuesta?
DEMOLIÓN
Quien
responda sí hay, más tú ¿qué quieres?
Que
tu jurisdicción aquí no presta,
y
así te puedes ir, que no hay que esperes.
Por
Diana esta guarda fue aquí puesta,
para
defensa, si ofender quieres
a
Eliodora su virgen, cuyo apremio
quitará,
como a virgen de su gremio.
JUSTICIA
¿Qué
rumor oigo? ¿Qué clamor resuena?
Dame
noticia desto, justo cielo,
que
el temor de sentido me enajena,
y la vista me ofusca un negro
velo.
DIANA
Juez, que tienes puesta en tu
cadena
mi virgen sin tener de mí recelo;
¿Dime, en qué ley fundaste tu
sentencia?
¿Cómo procedes con tan gran
violencia?
Sólo el dicho de un
bárbaro inhumano,
disfamador
de la bondad inmensa
de
las mujeres, tuvo tanta mano
contigo,
que les hagas tal ofensa,
que
temiendo tu ira de tirano
del
cintio monte venga a ser defensa
de
la intacta Eliodora, yo Diana,
Diosa
de descendencia soberana;
y
porque el hecho horrible sea punido,
y
en su gloria Eliodora restaurada,
su
padre Ircano aquí me sea traído.
JUSTICIA
Llevad
vos, escribano, esta embajada.
ESCRIBANO
De
mí será ese mando obedecido.
JUSTICIA
Tú,
Diana, en los bosques adorada,
en el
infierno, y en alto cielo,
servida
en el Parnaso, en Cintio, en Delo,
suplícote
que a ira no te mueva
porque contra Eliodora di
sentencia,
pues la muerte de un hombre se le
prueba,
y della es confesada sin
violencia.
La ley sola me guía, ella me
lleva;
Ella
es, y no yo quien la sentencia
de
suerte, oh pura virgen, que no hay culpa
en
mí, pues la justicia me disculpa.
DIANA
No
merece por esa muerte muerte,
sino
vida, y eterno nombre, y gloria,
cual
se verá en el fin de aquesta suerte,
en
la declaración de nuestra historia.
IRCANO
Diosa,
que facultad me das de verte,
y
a mi bajeza ofreces tal victoria
obedeciendo
tu preciso mando,
estoy
do me mandaste en ti adorando.
DIANA
Ircano,
solamente la injusticia
que
te hacían, y la ofensa horrible
me
trae a ser ministro de justicia,
y a dar castigo a un caso tan
terrible.
Pague el fiero Leucino su malicia,
pague,
que ya a los dioses no es sufrible.
Ipodauro,
Demolión.
IPODAURO
Señora.
DIANA
De
la cárcel sacadme aquí a Eliodora.
Verás,
Ircano, abierta y claramente,
la
poca culpa que tu hija tiene,
verás
que en todo siempre fue inocente,
y verás a quien desto el daño
viene.
IPODAURO
Ya
tienes a Eliodora aquí presente.
DIANA
Quitalde
esas prisiones, ¿qué os detiene?
Que
no es razón que el duro hierro apremie
a quien espera que mi mano premie.
Llégate acá, Eliodora
gloriosa,
vivo
esplendor de mi virgíneo coro,
por
quien tengo mi suerte por dichosa
y
por quien me engrandezco, y más me honoro;
y
esta corona ciña tu espaciosa
frente,
adornada de esas hebras de oro,
y
esta virginal palma este en tu mano
premio
dino a tu intento soberano.
ELIODORA
¿Cuándo
fue, excelsa diosa, a mi bajeza
merced
tan generosa concedida?
DIANA
Vista,
Eliodora, bien vuestra pureza,
a
vuestro casto ánimo es debida,
y
para que se entienda su grandeza,
los
presos de quien sois así ofendida
saquen
aquí, verán su maldad clara
y
lo que en gloria vuestra se declara.
Justo
es que muera el hombre que ha infamado
mujer,
o sea casada, o sea doncella,
viuda
honesta, o de cualquier estado
que sea, ora la sirva, o huya
della.
LEUCINO
Traído
só ante ti, por tu mandado.
DIANA
De
ti ante mí Eliodora se querella,
en
razón que con ánimo atrevido
infamada
de ti sin causa ha sido.
Si
tienes que alegar, responde luego,
pues
del callar gran daño te resulta,
y
que digas verdad te pido y ruego,
que
a Dios, cual sabes, cosa no hay oculta.
LEUCINO
Virgen, a quien el casto y puro
fuego
la
gente más remota y más inculta
del
mundo te consagra, en culto eterno,
haciéndote del cielo guía y
gobierno;
ya que así soy en tu
presencia puesto
y
puesto acusación por Eliodora,
debo decirte la verdad en esto,
que
la verdad ha de aclararse agora,
y
así digo, y declaro, que el honesto
cuidado,
que en el casto pecho mora
de
Eliodora, jamás dio al ruego mío
cabida
ni me oyó sin dar desvío.
Y
así digo, que fue de mí infamada
injustamente,
en cuanto dije della,
sin
que debiese en cosa ser culpada,
y
esto es verdad que fue por ofendella.
DIANA
¿Fuete
della ocasión alguna dada?
LEUCINO
No, sino viendo no poder movella
a mi querer, determiné vengarme
con disfamalla, pues huía de
amarme.
DIANA
¿Al
fin que por enojo y corrimiento,
la
disfamaste, y no por culpa suya?
LEUCINO
Ése
fue sólo mi final intento.
DIANA
Oye
pues la final sentencia tuya:
a
ése que afirmó con juramento
lo
que no fue verdad, porque concluya
su
mala vida, sea llevado luego
y
echado vivo como está en un fuego.
FARANDÓN
O virgen della, muévale mi llanto,
y ten
piedad de la miseria mía.
DIANA
Ministros
míos, ¿qué aguardáis ya tanto?
Andad con él, acabe su porfía.
DEMOLIÓN
Hoy tendrá fin su vida y su
quebranto.
FARANDÓN
Hoy es mi fin, y postrimero día,
y
es justo, pues que fui testigo falso
contra Eliodora, cuya gloria
ensalzo.
LEUCINO
Si
en ti, diosa Diana, veo que falta
piedad,
¿adónde iré a pedir consuelo?
¿Si en tu glorioso corazón se
esmalta
tal
dureza, y se olvida que es del cielo?
DIANA
Leucino, agora la crueza asalta
mi tierno pecho, y con sangriento
celo
quiero
vengar mi virgen ofendida
por
ti, y su honra restaurar perdida.
No
te podrás quejar que nunca fuiste
avisado
de aqueste trance duro,
pues
a la diosa Némesis oíste
que
huir desto te sería seguro.
Una corona y una muerte viste,
haciendo
las dos viejas su conjuro,
y
atribuiste el caso prodigioso
a
tu favor, con disponer dudoso.
IPODAURO
Del
modo que mandaste, ha sido hecho
tu
mando, y en ceniza convertido
queda
aquel, que huyendo el leal derecho
testificó
lo nunca sucedido.
DIANA
Éste,
que sin piedad en duro estrecho
puso
a Eliodora, a un grave peso asido
lo
arrojad en el Betis, y allí muera,
porque
tal muerte, tal maldad espera.
LEUCINO
¿Es
posible, que no has de conmoverte,
Delia Diana, al tierno llanto mío,
y que
remisa en darme cruda muerte,
así
me mandas arrojar al río?
DIANA
Eso
no te repara de tu suerte.
LEUCINO
Repáreme
tu eterno señorío.
DIANA
¿No
hay lugar ya, Demolión, qué aguardas?
¿Y
tú, Ipodauro, en qué razones tardas?
DEMOLIÓN
Sin
hablar más razón, vamos, Leucino.
LEUCINO
O
dioses inclementes e inhumanos,
que
entre tantos no hubo un dios benino,
sino
todos crueles y tiranos.
IPODAURO
No blasfemes con tanto desatino,
Átale
ya, Demolión, las manos,
y
desde aquí podemos arrojallo.
BETIS
Teneos,
salvajes, suspendé el echallo.
Diana,
no permitas que sea echado
en
mis líquidas ondas ese fiero,
ni
su maldito cuerpo sepultado
en el bélico seno de mi impero;
manda
que sea a las fieras arrojado,
o al fuego, cual su horrible
compañero,
no
en mí, que volveré a lanzallo fuera,
como
lo echaren, vivo a la ribera.
DIANA
Betis,
honor de la vandalia gente,
entre
los ríos del mundo el más famoso,
no
me niegues en esto tu corriente,
muera
en ella este infame, al cielo odioso.
BETIS
Diana,
no es razón, ni se consiente
dar
sepulcro a ese injusto tan honroso,
que
cuando sea tu voluntad cumplida,
valdrá
más esa muerte que su vida.
DIANA
Llevaldo luego, y vivo así en la
tierra
dalde el último fin y alojamiento.
LEUCINO
¿Virgen, porque tu pecho así
destierra
la piedad que tiene en él su
asiento?
DEMOLIÓN
No
demande piedad el que así yerra.
Vamos
de aquí, que es gran detenimiento,
y
falta celebrar el alegría
de
tan alegre y venturoso día.
BETIS
Excelsa
virgen, dame tú licencia
que
en vuelo baje a mi húmido profundo,
y
mis ninfas envíe a tu presencia
a
celebrar la fiesta, y día jocundo,
DIANA
Anda,
que bien merece esa excelencia,
y
que la fama esparza por el mundo
el
casto y claro nombre de Eliodora,
cantando del Betis al Aurora.
¿Estás,
Ircano, satisfecho de esto?
IRCANO
Nunca
yo fui capaz de tan gloria.
DIANA
Y
tú, juez. aprende a ser modesto,
y
esculpe este alto ejemplo en tu memoria;
y pues la noche viene en vuelo
presto,
dando aquí fin a nuestra ilustre
historia,
vamos
con esto en Hispalis entrando,
el triunfo de Eliodora celebrando.
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