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| Juan de la Cueva El infamador IntraText CT - Texto |
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Jornada IV
IRCANO, FELICINA, ELIODORA, JUSTICIA, PELORO, ESCRIBANO, IPODAURO, DEMOLIÓN, DIANA, LEUCINO, FARANDÓN, BETIS.
IRCANO, padre de Eliodora, determina matar la hija en la cárcel con un bocado; llévaselo FELICINA, vuélvese en flores. Pronuncian la sentencia de muerte a ELIODORA; va el ESCRIBANO a notificársela, halla a la puerta de la cárcel dos salvajes, que le impiden la entrada. Va la JUSTICIA, sale la diosa DIANA, delante de IRCANO, el padre de Eliodora, y de la justicia, LEUCINO se retrató de lo que había dicho contra ELIODORA. Fue condenado a echar en un fuego FARANDÓN, y LEUCINO en el río, sale BETIS, pide a DIANA que no mande que en sus ondas echasen tal mal hombre, manda que lo entierren vivo, y con gran alegría llevan a su casa a la virgen ELIODORA.
IRCANO Rompa la voz de mi lloroso acento las sidéreas regiones, oiga el mundo mi mal, y la crueza que hoy intento. y nadie entienda que en crueza fundo dar a mi hija muerte, cual dar quiero, ni que me inspira furia del profundo; Que yo no tengo el corazón de acero ni nací de los riscos, ni montañas ni me crió dragón, ni tigre fiero. Hombre soy, de hombre tengo las entrañas. Tiernamente, cual hombre, me lastimo y lloro mis fatigas tan extrañas. Mas deste sentimiento me reprimo, viéndome por mi hija en tal afrenta que su muerte no siento, y mi honra estimo. Y así aunque muera es causa que no sienta con la terneza que debía su muerte, viendo ser ella la que así me afrenta. Ejemplo es éste que al varón más fuerte y de mayor constancia pondrá espanto y le hará dudar la extraña suerte. Pudo el honor de Ipodomante tanto, viendo su hija, de Archeloo, forzada, que le dio muerte, sin oír su llanto. Orcamo enterró viva su hija amada, porque le robó Apolo su pureza, dándola así a su honor sacrificada. ¿Pues si destos se canta por grandeza, dar a sus hijas muerte por su honra, dársela yo a la mía no es crueza? Que no me ofende menos; ni deshonra la maldad que mi hija ha cometido, si la nobleza de quien soy me honra. Al fin yo estó en que muera resumido en la prisión, pues ha de morir cierto por justicia, su término cumplido. Así será mi daño más cubierto, que no verla sacar de las prisiones a justiciar, el día descubierto. Así confundiré las opiniones que en esto hay, pues dándole un bocado lo acaba todo, y solas mis pasiones empezarán hasta que sea acabado.
FELICINA El son de tus tristes quejas hizo en mí tal impresión que abrasando el corazón, el cuerpo sin alma dejas. Y no sólo tu dolor me tiene de aquesta suerte, más ver que quieres dar muerte a Eliodora con rigor.
IRCANO Felicina, así conviene, que muera por su malicia, y no en poder de justicia, pues al fin, de morir tiene. Yo le tengo aparejado, aunque tal crueldad se note, por arras, tálamo y dote, un mortífero bocado. Tales confaciones lleva y va hecho de tal modo, que no está en comello todo, para morir quien lo prueba. Tú lo tienes de llevar, y mándote que en secreto lo pongas luego en efecto, y me vengas a avisar.
FELICINA Señor, mándame otra cosa, y hazme desta excusada.
IRCANO No hay que replicarme nada, sino ir luego presurosa; esto es lo que cumple en esto, y cumple a ella y a mí. Yo voy a traello aquí, aguárdame en este puesto.
FELICINA ¡Ay, triste de ti, Eliodora, sin culpa ofrecida a muerte, cuya miserable suerte Hispalis y el mundo llora! ¿Es posible que he de ser ministro de tal crueldad, y que mi fidelidad tal hecho ha de cometer?
IRCANO Ya te he dicho, Felicina, que cumple que vayas presto; lo que has de llevar es esto, que es la cierta medicina. El secreto y diligencia no tengo que encomendarte, yo voy a casa a aguardarte. Tú, ejecuta con violencia.
FELICINA Desventurada de mí, ¿Dónde voy? ¿Qué razón sigo? ¿Qué Megera va comigo, qué Alecto me lleva así? No es posible que no sea furor infernal el mío, pues tan ciego desvarío el alma me señorea. Mi señor manda que dé a Eliodora este bocado, que entiende que su mandado puede más que no mi fe. Engañado está en razón, contrario camino sigue, porque no hay ley que me obligue a sacarme el corazón. Mas ¡ay, en qué duda estó, de contrarios combatida, sin poder darle la vida, ni dejar de morir yo! Forzosa ha de ser mi muerte, porque si muere Eliodora, Felicina que la adora Seguirá a la mesma suerte. La cárcel es ésta, ¡ay cielo, como la muerte me cerca, y a Eliodora se le acerca la mesma miseria y duelo! Ambas hemos de acabar, que razón lo manda así, y pues cumple, ¿qué hago aquí? A dársela quiero entrar.
ELIODORA ¿De quién serán mis quejas y mi mal entendido, en estado tan triste y peligroso. Cielo, si tú me dejas, y no les das oído, mostrándote a mi llanto riguroso? Tú, que del afrentoso insulto en que sin culpa soy culpada sabes la verdad pura, tú, en mi angustia y tristura, aclara mi inocencia condenada, ya que pague la vida, que no sea mi pureza así ofendida.
FELICINA ¿Qué haces, señora mía, en tu miserable suerte?
ELIODORA Estó esperando la muerte, por momentos cada día.
FELICINA Ten, señora, confianza, que el cielo a quien tú te quejas oído dará a tus quejas, y a tu inocencia, venganza.
ELIODORA En él pongo mi justicia, pues él sabe la verdad, él guarde mi honestidad, y castigue esta malicia.
FELICINA Sí hará; y así lo entiendo de su bondad y clemencia, que has de salir por sentencia libre deste insulto horrendo. Y en confianza de aquesto, te traigo un regalo aquí.
ELIODORA ¿Regalo? No es para mí, que el mío pasó muy presto. La muerte podrás traerme, que es el regalo que espero, que otro regalo no quiero, ni otro puede apetecerme.
FELICINA Espera en Dios el remedio, y comamos esto agora. Mas con condición, señora, que has de partillo por medio.
ELIODORA Pártelo tú de tu mano.
FELICINA Sí haré, y será igualmente. ¡Oh ánimo de serpiente, con un ángel soberano! Recibe desta tu sierva esta conserva, en regalo.
ELIODORA No ha estado el donaire malo, ¿Flores me das por conserva?
FELICINA Señora, el yerro fue en mí, que turbada en tus dolores, dije conserva por flores.
ELIODORA Bueno está, quédese ahí. Allá dentro nos entremos, porque gente oigo venir.
FELICINA Tras ti voy, bien puedes ir, que no es bien que aquí guardemos. ¡Quién ha visto tal mudanza! Volverse en flor el veneno, prodigio es, y es tan bueno, que me da buena esperanza.
JUSTICIA Doy la palabra, que quisiera en esto hacer, señor Peloro, vuestro mando, cual siempre mi deseo está dispuesto, lo que es serviros sólo deseando. Mas en esta ocasión juro y protesto que ni puedo, ni es justo, contemplando de Reycenio las culpas y maldades, infamias, y otras mil atrocidades.
PELORO Cierto que yo, señor, venía informado muy diferente de eso que os he oído, porque a entenderme dieron que aún pecado para estar preso así, no ha cometido.
JUSTICIA No hay preso que confiese que es culpado, aunque sea en derecho convencido, siempre se justifican de inocentes, aunque cien mil testigos vean presentes. Y porque no entendáis que es pasión mía, o rancor que le tengo, estad atento, oiréis qué se le prucha en solo un día, después que se cumplió mi mandamiento. Una mujer le pide, a quien servía con promesas, que en firme casamiento sería su marido, y dél gozada, con otra se casó, y dejó burlada. Otra presenta dél una querella, diciendo que una hija infamó suya, él se desdice, habiendo dicho della cosas, que es justa ley que lo destruya. No hay casada, viuda, ni doncella, ni hay deuda suya, contra quien no arguya y ofenda con su lengua, y demás desto, con su cuñada cometió un incesto. Esto hay de Reycenio, y más que callo, deste que al mundo con su lengua infama: ¿Mirad vos, si es justicia perdonallo, o si será arrojallo en viva llama?
PELORO No tengo que decir, sino dejallo, y porque a toda priesa ya me llama un negocio, haré de vos ausencia.
JUSTICIA Siempre para os servir estó en presencia. ¿Traeisme la sentencia ya ordenada, para notificársela a Eliodora?
ESCRIBANO Señor sí, sólo falta ser firmada de ti, lo cual podrás hacer agora.
JUSTICIA Séame de palabra recitada.
ESCRIBANO Dice desta manera, que a la hora que todo el pueblo sea congregado para el fiero espectáculo ayuntado, de la cárcel la saquen con prisiones sobre una mula, y lleve de delante pregoneros, que digan en pregones su crimen en voz alta y resonante. Vuelta de andar las calles, y estaciones que la ley manda, sea al mesmo instante en la pública plaza degollada, donde quedando muerta sea dejada.
JUSTICIA Buena está, yo la firmo de esa suerte. Id a notificársela al momento a Eliodora, y apréstese a la muerte, pues ella fue ocasión de su tormento.
ESCRIBANO Con la razón que debo obedecerte voy, señor, a cumplir tu mandamiento.
JUSTICIA Cumple, que sea con presta diligencia.
ESCRIBANO Será así ejecutada tu sentencia.
JUSTICIA Pague con muerte el crimen cometido, y muera la que así con tal torpeza el blasón de su padre ha ofendido, sin tener advertencia a su nobleza.
ESCRIBANO Aquí es la cárcel donde soy venido, quiero notificarte con presteza la sentencia a Eliodora. Ah, carcelero, abrí, ah de la cárcel, ¿no hay portero?
IPODAURO ¿Quién sois, qué demandáis aquesta puerta?
ESCRIBANO Só escribano real de aquesta audiencia.
IPODAURO Volveos, que no os puede ser abierta. Y no habléis, ni hagáis más resistencia.
ESCRIBANO ¿Que es esto? ¿Estoy durmiendo? ¿Es cosa cierta la que he visto delante mi presencia? Sin duda estoy soñando, no estoy cierto, que claramente veo que estoy despierto. Quiero volver y dar razón desto al juez que aguardándome ha quedado. Que yo no sé qué haga o diga en esto, que voy sin mí, de ver lo que ha pasado.
JUSTICIA Huélgome que venido hayas tan presto.
ESCRIBANO Si vengo presto, traigo mal recado.
JUSTICIA ¿De qué suerte?
ESCRIBANO De suerte que temiendo estoy aquí, de lo que vi tremiendo.
JUSTICIA ¿Qué traes? ¿Qué te alborota, qué te altera? Sosiega el sobresalto, ¿di, qué ha sido la ocasión que te trae de tal manera, sin color, sin aliento, sin sentido?
ESCRIBANO Yendo a notificar la muerte fiera a Eliodora, el entrar me fue empedido por dos salvajes, que hallé a la entrada de la cárcel que dellos es guardada.
JUSTICIA ¿Salvajes, has soñado esa locura?
ESCRIBANO ¿Soñado? Ve allá, tú verás si es cierto. Porque des a mi sueño la soltura, si duermo, oh tú, señor, estás despierto.
JUSTICIA Ella es melancolía si se apura, vamos allá, reiré tu desconcierto.
ESCRIBANO Igual me reiré yo; ésa es la puerta, clama a priesa, serate luego abierta.
JUSTICIA Ah de la cárcel, ¿no hay quien dé respuesta?
DEMOLIÓN Quien responda sí hay, más tú ¿qué quieres? Que tu jurisdicción aquí no presta, y así te puedes ir, que no hay que esperes. Por Diana esta guarda fue aquí puesta, para defensa, si ofender quieres a Eliodora su virgen, cuyo apremio quitará, como a virgen de su gremio.
JUSTICIA ¿Qué rumor oigo? ¿Qué clamor resuena? Dame noticia desto, justo cielo, que el temor de sentido me enajena, y la vista me ofusca un negro velo.
DIANA Juez, que tienes puesta en tu cadena mi virgen sin tener de mí recelo; ¿Dime, en qué ley fundaste tu sentencia? ¿Cómo procedes con tan gran violencia? Sólo el dicho de un bárbaro inhumano, disfamador de la bondad inmensa de las mujeres, tuvo tanta mano contigo, que les hagas tal ofensa, que temiendo tu ira de tirano del cintio monte venga a ser defensa de la intacta Eliodora, yo Diana, Diosa de descendencia soberana; y porque el hecho horrible sea punido, y en su gloria Eliodora restaurada, su padre Ircano aquí me sea traído.
JUSTICIA Llevad vos, escribano, esta embajada.
ESCRIBANO De mí será ese mando obedecido.
JUSTICIA Tú, Diana, en los bosques adorada, en el infierno, y en alto cielo, servida en el Parnaso, en Cintio, en Delo, suplícote que a ira no te mueva porque contra Eliodora di sentencia, pues la muerte de un hombre se le prueba, y della es confesada sin violencia. La ley sola me guía, ella me lleva; Ella es, y no yo quien la sentencia de suerte, oh pura virgen, que no hay culpa en mí, pues la justicia me disculpa.
DIANA No merece por esa muerte muerte, sino vida, y eterno nombre, y gloria, cual se verá en el fin de aquesta suerte, en la declaración de nuestra historia.
IRCANO Diosa, que facultad me das de verte, y a mi bajeza ofreces tal victoria obedeciendo tu preciso mando, estoy do me mandaste en ti adorando.
DIANA Ircano, solamente la injusticia que te hacían, y la ofensa horrible me trae a ser ministro de justicia, y a dar castigo a un caso tan terrible. Pague el fiero Leucino su malicia, pague, que ya a los dioses no es sufrible. Ipodauro, Demolión.
IPODAURO Señora.
DIANA De la cárcel sacadme aquí a Eliodora. Verás, Ircano, abierta y claramente, la poca culpa que tu hija tiene, verás que en todo siempre fue inocente, y verás a quien desto el daño viene.
IPODAURO Ya tienes a Eliodora aquí presente.
DIANA Quitalde esas prisiones, ¿qué os detiene? Que no es razón que el duro hierro apremie a quien espera que mi mano premie. Llégate acá, Eliodora gloriosa, vivo esplendor de mi virgíneo coro, por quien tengo mi suerte por dichosa y por quien me engrandezco, y más me honoro; y esta corona ciña tu espaciosa frente, adornada de esas hebras de oro, y esta virginal palma este en tu mano premio dino a tu intento soberano.
ELIODORA ¿Cuándo fue, excelsa diosa, a mi bajeza merced tan generosa concedida?
DIANA Vista, Eliodora, bien vuestra pureza, a vuestro casto ánimo es debida, y para que se entienda su grandeza, los presos de quien sois así ofendida saquen aquí, verán su maldad clara y lo que en gloria vuestra se declara. Justo es que muera el hombre que ha infamado mujer, o sea casada, o sea doncella, viuda honesta, o de cualquier estado que sea, ora la sirva, o huya della.
LEUCINO Traído só ante ti, por tu mandado.
DIANA De ti ante mí Eliodora se querella, en razón que con ánimo atrevido infamada de ti sin causa ha sido. Si tienes que alegar, responde luego, pues del callar gran daño te resulta, y que digas verdad te pido y ruego, que a Dios, cual sabes, cosa no hay oculta.
LEUCINO Virgen, a quien el casto y puro fuego la gente más remota y más inculta del mundo te consagra, en culto eterno, haciéndote del cielo guía y gobierno; ya que así soy en tu presencia puesto y puesto acusación por Eliodora, debo decirte la verdad en esto, que la verdad ha de aclararse agora, y así digo, y declaro, que el honesto cuidado, que en el casto pecho mora de Eliodora, jamás dio al ruego mío cabida ni me oyó sin dar desvío. Y así digo, que fue de mí infamada injustamente, en cuanto dije della, sin que debiese en cosa ser culpada, y esto es verdad que fue por ofendella.
DIANA ¿Fuete della ocasión alguna dada?
LEUCINO No, sino viendo no poder movella a mi querer, determiné vengarme con disfamalla, pues huía de amarme.
DIANA ¿Al fin que por enojo y corrimiento, la disfamaste, y no por culpa suya?
LEUCINO Ése fue sólo mi final intento.
DIANA Oye pues la final sentencia tuya: a ése que afirmó con juramento lo que no fue verdad, porque concluya su mala vida, sea llevado luego y echado vivo como está en un fuego.
FARANDÓN O virgen della, muévale mi llanto, y ten piedad de la miseria mía.
DIANA Ministros míos, ¿qué aguardáis ya tanto? Andad con él, acabe su porfía.
DEMOLIÓN Hoy tendrá fin su vida y su quebranto.
FARANDÓN Hoy es mi fin, y postrimero día, y es justo, pues que fui testigo falso contra Eliodora, cuya gloria ensalzo.
LEUCINO Si en ti, diosa Diana, veo que falta piedad, ¿adónde iré a pedir consuelo? ¿Si en tu glorioso corazón se esmalta tal dureza, y se olvida que es del cielo?
DIANA Leucino, agora la crueza asalta mi tierno pecho, y con sangriento celo quiero vengar mi virgen ofendida por ti, y su honra restaurar perdida. No te podrás quejar que nunca fuiste avisado de aqueste trance duro, pues a la diosa Némesis oíste que huir desto te sería seguro. Una corona y una muerte viste, haciendo las dos viejas su conjuro, y atribuiste el caso prodigioso a tu favor, con disponer dudoso.
IPODAURO Del modo que mandaste, ha sido hecho tu mando, y en ceniza convertido queda aquel, que huyendo el leal derecho testificó lo nunca sucedido.
DIANA Éste, que sin piedad en duro estrecho puso a Eliodora, a un grave peso asido lo arrojad en el Betis, y allí muera, porque tal muerte, tal maldad espera.
LEUCINO ¿Es posible, que no has de conmoverte, Delia Diana, al tierno llanto mío, y que remisa en darme cruda muerte, así me mandas arrojar al río?
DIANA Eso no te repara de tu suerte.
LEUCINO Repáreme tu eterno señorío.
DIANA ¿No hay lugar ya, Demolión, qué aguardas? ¿Y tú, Ipodauro, en qué razones tardas?
DEMOLIÓN Sin hablar más razón, vamos, Leucino.
LEUCINO O dioses inclementes e inhumanos, que entre tantos no hubo un dios benino, sino todos crueles y tiranos.
IPODAURO No blasfemes con tanto desatino, Átale ya, Demolión, las manos, y desde aquí podemos arrojallo.
BETIS Teneos, salvajes, suspendé el echallo. Diana, no permitas que sea echado en mis líquidas ondas ese fiero, ni su maldito cuerpo sepultado en el bélico seno de mi impero; manda que sea a las fieras arrojado, o al fuego, cual su horrible compañero, no en mí, que volveré a lanzallo fuera, como lo echaren, vivo a la ribera.
DIANA Betis, honor de la vandalia gente, entre los ríos del mundo el más famoso, no me niegues en esto tu corriente, muera en ella este infame, al cielo odioso.
BETIS Diana, no es razón, ni se consiente dar sepulcro a ese injusto tan honroso, que cuando sea tu voluntad cumplida, valdrá más esa muerte que su vida.
DIANA Llevaldo luego, y vivo así en la tierra dalde el último fin y alojamiento.
LEUCINO ¿Virgen, porque tu pecho así destierra la piedad que tiene en él su asiento?
DEMOLIÓN No demande piedad el que así yerra. Vamos de aquí, que es gran detenimiento, y falta celebrar el alegría de tan alegre y venturoso día.
BETIS Excelsa virgen, dame tú licencia que en vuelo baje a mi húmido profundo, y mis ninfas envíe a tu presencia a celebrar la fiesta, y día jocundo,
DIANA Anda, que bien merece esa excelencia, y que la fama esparza por el mundo el casto y claro nombre de Eliodora, cantando del Betis al Aurora. ¿Estás, Ircano, satisfecho de esto?
IRCANO Nunca yo fui capaz de tan gloria.
DIANA Y tú, juez. aprende a ser modesto, y esculpe este alto ejemplo en tu memoria; y pues la noche viene en vuelo presto, dando aquí fin a nuestra ilustre historia, vamos con esto en Hispalis entrando, el triunfo de Eliodora celebrando. |
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