II
Los
pastores dejaban la manada
por
venir tras las ninfas congojosas,
los
sátiros, la rustiquez dejada,
acompañaban
a las bellas diosas;
toda
la selva fue desocupada
y
llena de las voces sonorosas
que
todas dieron viendo a Adonis muerto,
sintiendo tiernamente el daño
cierto.
Ven la madre de Amor en aquel
suelo
tendida, sin acuerdo ni sentido,
lloran de verla en su lloroso
duelo,
alzan a una el llanto
entristecido.
Las
aves paran de su presto vuelo,
atrás
los ríos su curso han detenido,
los
vientos no soplaron, los ganados
el
pasto olvidan de los verdes prados.
Sienten
de Adonis la inmatura muerte,
venlo
sin vida, y a la idalia diosa
traspuesta
del dolor soberbio y fuerte
contra
el cual no valió ser gloriosa;
que
a la fuerza de amor ninguna suerte
jamás
se vio que fuese poderosa,
que
ni aun el mismo Amor pudo librarse
de
Sique, ni su madre reservarse.
Sueltan
al aire los cabellos de oro
y su
fiero dolor y pena aumentan
viendo en el suelo el único tesoro
de
Venus, y sus llantos acrecientan;
de
los saltantes sátiros el coro
acude,
y los pastores se presentan
con
voces, que hiriendo las montañas
resonaban
por bosques y campañas.
Todo
era angustia, todo era quebranto,
todos
eran acentos dolorosos,
no
se oye otra cosa sino llanto,
clamores,
y suspiros congojosos.
Las
ninfas, desviadas de su canto,
del
arco, danza, y juegos amorosos
andaban
por el prado discurriendo
ejercicios
tristísimos haciendo.
Los
retejidos corros olvidaban,
la
suelta ligereza no seguían,
el
corvo arco no lo ejercitaban
ni
a la silvestre caza acometían;
todo
ya por odioso lo dejaban,
todo
sino el llorar aborrecían,
llamando a voces a su bella diosa
que traspuesta en su mal no oye
cosa.
La triste y
melancólica Angerona
diosa de la tristeza, estaba a un
lado
y un mudo son en un gemido entona,
los
dos labios sellados de un candado.
La rica Flora y cordial Pomona,
el
ánimo de entrambas lastimado,
sintiendo el caso y llorando el
daño
del
dañado culpaban el engaño.
Resonaba
en el alto firmamento
el
llanto, por los aires esparcido,
a
todas partes en confuso acento
andaba
haciendo horrísono ruido;
arrebata
la voz el presto viento,
tracendiendo
los aires ha herido
en
el trono de Júpiter tonante,
donde Eco la hace resonante.
El padre Jove, que del
caso horrendo
estaba
descuidado, y de la pena
que
la querida hija está sufriendo
de todo
su contento y bien ajena,
en su
celeste audiencia proveyendo
lo
que su inmensa providencia ordena,
así
en las cosas del humilde suelo
o
en las que tocan al sublime cielo,
vuelve aquel rostro con que la fiereza
del fiero viento hace sosegarse,
y
del airado mar, que con braveza
suele
a las altas nubes levantarse;
ve la
madre de Amor en la graveza
del soberbio dolor, sin
remediarse;
gime
el suceso en el oculto pecho,
siente
ver a su hija en tal estrecho.
Ve
los campestres sátiros y diosas
andar
haciendo miserable llanto;
ve
las cerúleas ninfas congojosas
y las
silvestres en fúnebre canto.
Júpiter,
suspendido en estas cosas,
triste
que Venus sienta aquel quebranto,
determina
bajar en presto vuelo
al suelo, a consolar el triste
duelo.
Ya los tiernos suspiros
habían ido
al
hondo Huerco do Plutón reinaba;
siendo
ya el triste caso dél sabido
dejando
a Proserpina caminaba;
porque
no era el término cumplido
de
los seis meses que con él estaba
con tierno abrazo della se
desparte
y
del horrible reino apriesa parte.
Guían
al rico dios las infernales
Euménides,
el Sueño y la Pereza;
la
Codicia inmortal de los mortales
y
el Avaricia llena de tristeza;
los
odios, las venganzas, y los males
que
trae la hambre de adquirir riqueza,
y
todas las miserias que en el mundo
atormentan
y llevan al profundo.
El gran Neptuno y el cerúleo bando
de
tritones y ninfas salen fuera,
todos
en tristes lágrimas mostrando
de
Venus el dolor y pena fiera;
el
ancho prado ya venía ocupando
de
Baco la compaña placentera,
coronada
de pámpanos, corriendo,
unas
veces llorando, otras riendo.
Iba
el viejo de Nisa, el dios Sileno
con
su gran vientre y ojos adormidos,
llorando
como propio el mal ajeno
dando,
tras un ¡ay!, otro, y mil gemidos;
de
netáreo licor un frasco lleno
(que
el olor regalaba los sentidos)
llevaba
junto a sí, con que mojaba
la
lengua que el calor le desecaba.
Los
sátiros que en torno del jumento
iban
acompañándole, volvían
a
mirar el lloroso sentimiento,
casi
dando a entender que lo sentían.
Yendo
en este confuso movimiento
por
el camino a que su intento guían
llegó
Momo diciendo: «oh, ayo amado,
del
que de vides anda coronado:
¿Adónde
haces por aquí camino
con
mustio rostro y con semblante triste?
Si
desto, oh padre, me hicieres dino,
te
diré la ocasión que así me viste.
Mira
cual voy en traje peregrino
del
que usé siempre, y tú me conociste,
por
ver si aplaco por tan nuevo modo
a
Jove, a quien odioso soy en todo.»
Reconoció
la voz y abrió los ojos
Sileno,
y como vio al pungiente Momo,
dijo:
«¿de qué proceden tus enojos
que
yo a mi cargo su remedio tomo?
Bien
sabes que te puedo dar despojos
del
que dijiste, y que sus fuerzas domo;
y con este seguro, dime presto:
¿qué ha sido la ocasión que así te
ha puesto?»
Dio un gran
bostezo y la cabeza inclina
sobre
el pecho, y volvió a decir: « ¿qué aguardan
los
míos?, ¿en qué ocupan la divina
bebida?,
¿para cuándo nos la guardan?»
Al
punto, cada sátiro camina
(que
un solo instante en acudir no tardan)
con
frascos, y otros vasos revertiendo
el
nisio humor, que él se venía moviendo.
Tomó Sileno un frasco, y Momo apaña
otro, y a una entrambos comenzaron
con un sediento ardor y un ansia
estraña,
que
con ser propia en ellos, se admiraron;
dábanse
a su labor tan buena maña
que aún al resuello el paso le
negaron,
y
como por estorbo lo tenían
felicemente
sin cesar bebían.
Como
acabasen la porción vinática,
Sileno
respiró y dijo: «amigo,
diestro
estás en la vídica gramática
que
yo con todos mis alumnos sigo;
y
volviendo a la ya dejada plática
quiero
saber adónde va contigo
tanto
enlutado y qué te enluta tanto,
porque
me da la novedad espanto.
Yo
voy, cual ves, por este prado ahora
con lento paso y con aspeto triste
a
donde Venus a su amante llora,
que
es decir donde voy cual me pediste;
tú,
que por horas crece y se mejora
de
tu dolor el ansia que dijiste
que
te acrecienta, el odio del potente
Jove,
aguardo a saber atentamente.»
Levantó
(Momo) el ala del sombrero
respondiendo:
«oh Sileno, quién tuviera
la
lengua de aquel nuncio palabrero
que
estima el regidor de la alta esfera
mas
ya que me acompaña este grosero
modo,
y es fuerza en él que te refiera
los
festivos sucesos que a mi cuenta
están
de pesadumbres y de afrenta,
oye
con atención la nueva historia
por
ventura de ti jamás oída,
y
aunque es verdad que aflige mi memoria,
tal
vez la veo de gozo enriquecida;
sabrás,
que en menosprecio de mi gloria
el
aula de los dioses conmovida
pronunció que del cielo me
lanzasen
y
de estar entre ellos me privasen.
La
causa fue que el hijo poderoso
de
Saturno, mandó subir al cielo
todos
los dioses con deseo amoroso
de
complacer a Juno su consuelo,
convidando
a un banquete suntuoso
que
admiración pusiese a los del suelo
y
a los que se concede en su presencia
el
néctar por honor o perminencia.
La fama desto divulgó la Fama
con
sus cien lenguas de metal nombrando
a
quien la permisión de Jove Dama
para
su lauta mesa convidando.
Yo,
como sé del modo que me ama,
saber
quise a quién iba señalando
y
dijéronme: Momo, a ti te escluyen
del
banquete y de ti los dioses huyen.
Cuando
hirió tal voz en mis oídos
se me anudó la lengua a la
garganta,
prívame
el sentimiento los sentidos
y
de horror el cabello me levanta;
en
suspensión mis pasos detenidos
sin
poder resistir congoja tanta
caí,
donde juzgara quien me viera
que
estaba muerto, si morir pudiera.
Estando
de la suerte que te digo
un grande espacio, al fin volví en
mi acuerdo
dando
voces a Jove, mi enemigo,
y
todos mis agravios le recuerdo;
desafiélo
a pelear comigo
diciendo
(pues por ti la gloria pierdo):
¿Donde
tantos adúlteros se alojan
no
cabe Momo, y sólo dél se enojan?
¿Qué
estrupo o qué maldad no se comete
de
ésos tus aliados, Jove fiero?
Cuál en
la piel de un sátiro se mete,
cuál
en un lince y cuál en un carnero,
estos
son dinos de ir a tu banquete,
estos
tendrán asiento en lo primero;
Momo
es el malo por decir verdades
ellos
son buenos por hacer maldades.
Estando
en este frenesí encendido
se
resfrió la cólora herviente,
reducí
la razón que había perdido
y
entender quise la razón urgente,
por
donde me vía ser aborrecido
de
los dioses y Júpiter potente;
y
acordéme que fue de mis enojos
no
mi lengua la causa, mas mis ojos.
Sabrás
que un día, entrando descuidado
en
donde Juno tiene su aposento,
sin
saber de quién pude ser llevado
presente
me hallé en su acatamiento
estaba
el bello espíritu entregado
al
cimerio dulzor», sin ornamento,
tendida
en su regalo y blanda cama,
que
el regalado en ella, adora y ama.
Estaba,
cual la vio el pastor ideo
en
Ida con las otras bellas diosas
cuando
aspiró a salir con el trofeo
de
más hermosa que las dos hermosas;
quedé cuando la vi cual hoy me
veo,
estimulado
de ansias pavorosas,
convertido
en un Bato, sin moverme,
sin
discurso ni ser para valerme.
Embelesado
cual te digo estaba
y
ella durmiendo con descuido y gusto,
bien
ajena del bien que yo gozaba
que
le sobresaltó con tal desgusto,
porque
abriendo las luces que cerraba
el blando sueño, y viendo el caso
injusto,
dejó
salir la voz, con altas voces
llamando
a sus sirvientes, a los dioses.
Con
la mayor presteza que te puedo
sinificar,
huí de su presencia,
prestando
alas a mi fuga el miedo,
ayudando
a la presta diligencia;
púseme en salvo vitorioso y ledo
sin
aguardar a nueva competencia;
quedó
el suceso sin saberse oculto,
que
fue encubrir la culpa del insulto.
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