IV
A
deplorar su muerte soy venido
con
toda esta musaica compañía;
óyela con piadoso y grato oído,
oirás
cuanto hay que oír en la poesía;
que
Mercurio, a quien esto es remitido
de
seguir con ardiente lozanía
la
fiera, y de las voces que fue dando
está
ronco, y de estar aquí llorando.
También dicen que Marte era la fiera
que al cipro joven le quitó la
vida,
y que Mercurio sin saber quién era
le fue siguiendo con veloz
corrida;
el
jabalí, en furor ardiente espera
en
su forma, dejando la fingida,
y
que Mercurio cuando vio el denuedo
del
tracio dios, enronqueció de miedo.»
El
arcadio cilenio, ardiendo en ira
fue
a responder, y Jove dijo: «vete,
vete
de aquí, que el vulgo que te mira
un
horrible castigo te promete;
no
aguardes más, que todo se conspira
contra
ti, y a las armas arremete.
Vete,
profano Momo, y no respondas
o
haré echarte en las marinas ondas.»
Levantóse
un clamor diciendo: «vaya
el
enemigo a todos los del cielo.»
Momo, oyendo la voz, tiembla y
desmaya
y con pies prestos va midiendo el
suelo.
Acudió el hijo de la bella Maya
y al alboroto hizo alzar el vuelo;
sosegó
todo, y Jove en voz suave
a
Venus dice en su congoja grave:
«No fui de ti jamás tan
olvidado,
ni
tus penas me dan tan poca pena
que
dellas viva un punto descuidado,
pues
lo que a ti te aflige, a mí me pena;
ni me ofende tan poco tu cuidado
cual tu razón, sin ella me
condena,
que a la necesidad despareciese
ni al Hado sobre ti poder le
diese.
Bien sé que de
mí entiendes otra cosa,
y que la pena del dolor presente
te hace contra mí ser sospechosa,
aunque razón en ello no consiente;
a la ocasión de estar triste y
llorosa
no
te quiero decir que estuve ausente
pues
no hay cosa que haga de mi ausencia
ni
parte que no ocupe mi presencia.
Mas
quiérote advertir, hija querida,
que
de la causa y caso miserable
que
a triste sentimiento te convida
tiene la culpa el Hado
incontrastable;
el
cual, luego que el hombre tiene vida,
el límite le pone irreparable,
sin que deidad ninguna pueda darle
un punto más de vida, ni quitarle.
Mira si Apolo
evitó la suerte
que
contra el hijo el Hado disponía,
que con mi propia mano le di
muerte,
cual
en su suerte el Hado proveía.
¿Qué
te podré decir de Alcides fuerte?
Con
ser mi hijo, no fue suerte mía
remediarlo
del fuego riguroso
que
en él dispuso el Hado glorioso
El
poderoso Hado tiene parte,
ninguno
si no es él tiene derecho,
y así puedes a él solo
querellarte,
aunque
ya son tus quejas sin provecho.
A
ti puedes con más razón culparte,
que
no te preveniste antes del hecho,
con
vivir recatada y temerosa
que
no le sucediese adversa cosa.
Y
pues ya remediallo no es posible,
consuela
tu lloroso desconsuelo,
que
no hay dolor ninguno tan terrible
que
deje de admitir algún consuelo;
ya
que tu dura pena es insufrible,
no
permitas que sea inmortal el duelo;
sea
tu refrigerio al descontento
que
vamos juntos al celeste asiento.»
Cesó
el gran movedor de los Triones,
a
la acidalia Venus consolando,
si
consuelos consuelan las pasiones
de
un alma que en amor se está abrasando;
la
cual, condecendiendo a las razones
del
que en hombres y en dioses tiene mando
se
vuelve al joven ya entregado en muerte
y en una flor purpúrea lo
convierte.
Al punto, el
prado pareció cubierto
de
rojas amapolas producidas
de
la sangre real del joven muerto
al
nombre suyo desde allí ofrecidas,
porque sabiendo su misterio cierto
fuesen con reverencia conocidas,
trayendo su principio a la memoria
cual dio Venus al cuerpo nueva
gloria.
No quiso que la tierra
poseyese
el
cuerpo que su alma poseía,
ni
que sus bellas carnes consumiese
así
cual hace cuantas cosas cría;
y
porque ufana dél no se atreviese
juntar
otra titánea compañía,
que
provocase a guerra el alto cielo
y
de sangre tiñese el mortal suelo.
Esto
movió a la citérea diosa
volver
en flor a su querido amante,
y moviendo la lengua gloriosa,
dice
a las diosas que tenía delante:
«Oh
ilustre compañía religiosa
y
la demás terrestre circunstante:
yo
os ruego que tengáis en la memoria
este
día en que tuvo fin mí gloria.
Y
desde hoy más, en religioso oficio
mi
Adonis honraréis en este prado
con
eterno y solene sacrificio
que
sea en el mes de Julio celebrado;
esto, en el nombre suyo y mi
servicio
aqueste aniversario sea guardado,
donde
todos lloréis la triste muerte
de
bello joven de tan alta suerte.
Y
rodeando el túmulo funesto,
funestos
versos andaréis cantando,
y
el alma ilustre honraréis con esto
que
en los Elíseos vive reposando.
Y
tú, mi Adonis, que en mi alma puesto
quedas,
quédate en paz ya descansando;
vale,
mi Adonis; vale, mi consuelo;
vale, mi Adonis, gloria deste
suelo.»
Esto diciendo, el carro
se levanta
tirado
de los cisnes sonorosos,
y
con presteza tanto se adelanta
que
precede los vientos presurosos.
Las
diosas quedan en angustia tanta,
que
vuelven a sus llantos dolorosos
y las
ninfas renuevan sus querellas,
y el cielo hieren con las voces
dellas.
Ida Venus, las ninfas y
las diosas
convocan
a los faunos y pastores
que
esparzan por el suelo frescas rosas,
do
murieron de Venus los amores;
y
dejando las lágrimas piadosas
suban la tierra en alto con sus
flores,
haciendo un alto túmulo, y se
escriba
este epitafio en una piedra viva:
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