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Juan de la Cueva
Llanto de Venus en la muerte de Adonis

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  • IV
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IV

   A deplorar su muerte soy venido

con toda esta musaica compañía;

óyela con piadoso y grato oído,

oirás cuanto hay que oír en la poesía;

que Mercurio, a quien esto es remitido

de seguir con ardiente lozanía

la fiera, y de las voces que fue dando

está ronco, y de estar aquí llorando.

 

   También dicen que Marte era la fiera

que al cipro joven le quitó la vida,

y que Mercurio sin saber quién era

le fue siguiendo con veloz corrida;

el jabalí, en furor ardiente espera

en su forma, dejando la fingida,

y que Mercurio cuando vio el denuedo

del tracio dios, enronqueció de miedo

 

   El arcadio cilenio, ardiendo en ira

fue a responder, y Jove dijo: «vete,

vete de aquí, que el vulgo que te mira

un horrible castigo te promete;

no aguardes más, que todo se conspira

contra ti, y a las armas arremete.

Vete, profano Momo, y no respondas

o haré echarte en las marinas ondas

 

   Levantóse un clamor diciendo: «vaya

el enemigo a todos los del cielo

Momo, oyendo la voz, tiembla y desmaya

y con pies prestos va midiendo el suelo.

Acudió el hijo de la bella Maya

y al alboroto hizo alzar el vuelo;

sosegó todo, y Jove en voz suave

a Venus dice en su congoja grave:

 

   «No fui de ti jamás tan olvidado,

ni tus penas me dan tan poca pena

que dellas viva un punto descuidado,

pues lo que a ti te aflige, a mí me pena;

ni me ofende tan poco tu cuidado

cual tu razón, sin ella me condena,

que a la necesidad despareciese

ni al Hado sobre ti poder le diese.

 

   Bien que de mí entiendes otra cosa,

y que la pena del dolor presente

te hace contra mí ser sospechosa,

aunque razón en ello no consiente;

a la ocasión de estar triste y llorosa

no te quiero decir que estuve ausente

pues no hay cosa que haga de mi ausencia

ni parte que no ocupe mi presencia.

 

   Mas quiérote advertir, hija querida,

que de la causa y caso miserable

que a triste sentimiento te convida

tiene la culpa el Hado incontrastable;

el cual, luego que el hombre tiene vida,

el límite le pone irreparable,

sin que deidad ninguna pueda darle

un punto más de vida, ni quitarle.

 

   Mira si Apolo evitó la suerte

que contra el hijo el Hado disponía,

que con mi propia mano le di muerte,

cual en su suerte el Hado proveía.

¿Qué te podré decir de Alcides fuerte?

Con ser mi hijo, no fue suerte mía

remediarlo del fuego riguroso

que en él dispuso el Hado glorioso

 

   El poderoso Hado tiene parte,

ninguno si no es él tiene derecho,

y así puedes a él solo querellarte,

aunque ya son tus quejas sin provecho.

A ti puedes con más razón culparte,

que no te preveniste antes del hecho,

con vivir recatada y temerosa

que no le sucediese adversa cosa.

 

   Y pues ya remediallo no es posible,

consuela tu lloroso desconsuelo,

que no hay dolor ninguno tan terrible

que deje de admitir algún consuelo;

ya que tu dura pena es insufrible,

no permitas que sea inmortal el duelo;

sea tu refrigerio al descontento

que vamos juntos al celeste asiento

 

   Cesó el gran movedor de los Triones,

a la acidalia Venus consolando,

si consuelos consuelan las pasiones

de un alma que en amor se está abrasando;

la cual, condecendiendo a las razones

del que en hombres y en dioses tiene mando

se vuelve al joven ya entregado en muerte

y en una flor purpúrea lo convierte.

 

   Al punto, el prado pareció cubierto

de rojas amapolas producidas

de la sangre real del joven muerto

al nombre suyo desde allí ofrecidas,

porque sabiendo su misterio cierto

fuesen con reverencia conocidas,

trayendo su principio a la memoria

cual dio Venus al cuerpo nueva gloria.

 

   No quiso que la tierra poseyese

el cuerpo que su alma poseía,

ni que sus bellas carnes consumiese

así cual hace cuantas cosas cría;

y porque ufana dél no se atreviese

juntar otra titánea compañía,

que provocase a guerra el alto cielo

y de sangre tiñese el mortal suelo.

 

   Esto movió a la citérea diosa

volver en flor a su querido amante,

y moviendo la lengua gloriosa,

dice a las diosas que tenía delante:

«Oh ilustre compañía religiosa

y la demás terrestre circunstante:

yo os ruego que tengáis en la memoria

este día en que tuvo fin mí gloria.

 

   Y desde hoy más, en religioso oficio

mi Adonis honraréis en este prado

con eterno y solene sacrificio

que sea en el mes de Julio celebrado;

esto, en el nombre suyo y mi servicio

aqueste aniversario sea guardado,

donde todos lloréis la triste muerte

de bello joven de tan alta suerte.

 

   Y rodeando el túmulo funesto,

funestos versos andaréis cantando,

y el alma ilustre honraréis con esto

que en los Elíseos vive reposando.

Y tú, mi Adonis, que en mi alma puesto

quedas, quédate en paz ya descansando;

vale, mi Adonis; vale, mi consuelo;

vale, mi Adonis, gloria deste suelo

 

   Esto diciendo, el carro se levanta

tirado de los cisnes sonorosos,

y con presteza tanto se adelanta

que precede los vientos presurosos.

Las diosas quedan en angustia tanta,

que vuelven a sus llantos dolorosos

y las ninfas renuevan sus querellas,

y el cielo hieren con las voces dellas.

 

   Ida Venus, las ninfas y las diosas

convocan a los faunos y pastores

que esparzan por el suelo frescas rosas,

do murieron de Venus los amores;

y dejando las lágrimas piadosas

suban la tierra en alto con sus flores,

haciendo un alto túmulo, y se escriba

este epitafio en una piedra viva:




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