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| Juan de la Cueva Llanto de Venus en la muerte de Adonis IntraText CT - Texto |
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II Los pastores dejaban la manada por venir tras las ninfas congojosas, los sátiros, la rustiquez dejada, acompañaban a las bellas diosas; toda la selva fue desocupada y llena de las voces sonorosas que todas dieron viendo a Adonis muerto, sintiendo tiernamente el daño cierto.
Ven la madre de Amor en aquel suelo tendida, sin acuerdo ni sentido, lloran de verla en su lloroso duelo, alzan a una el llanto entristecido. Las aves paran de su presto vuelo, atrás los ríos su curso han detenido, los vientos no soplaron, los ganados el pasto olvidan de los verdes prados.
Sienten de Adonis la inmatura muerte, venlo sin vida, y a la idalia diosa traspuesta del dolor soberbio y fuerte contra el cual no valió ser gloriosa; que a la fuerza de amor ninguna suerte jamás se vio que fuese poderosa, que ni aun el mismo Amor pudo librarse de Sique, ni su madre reservarse.
Sueltan al aire los cabellos de oro y su fiero dolor y pena aumentan viendo en el suelo el único tesoro de Venus, y sus llantos acrecientan; de los saltantes sátiros el coro acude, y los pastores se presentan con voces, que hiriendo las montañas resonaban por bosques y campañas.
Todo era angustia, todo era quebranto, todos eran acentos dolorosos, no se oye otra cosa sino llanto, clamores, y suspiros congojosos. Las ninfas, desviadas de su canto, del arco, danza, y juegos amorosos andaban por el prado discurriendo ejercicios tristísimos haciendo.
Los retejidos corros olvidaban, la suelta ligereza no seguían, el corvo arco no lo ejercitaban ni a la silvestre caza acometían; todo ya por odioso lo dejaban, todo sino el llorar aborrecían, llamando a voces a su bella diosa que traspuesta en su mal no oye cosa.
La triste y melancólica Angerona diosa de la tristeza, estaba a un lado y un mudo son en un gemido entona, los dos labios sellados de un candado. La rica Flora y cordial Pomona, el ánimo de entrambas lastimado, sintiendo el caso y llorando el daño del dañado culpaban el engaño.
Resonaba en el alto firmamento el llanto, por los aires esparcido, a todas partes en confuso acento andaba haciendo horrísono ruido; arrebata la voz el presto viento, tracendiendo los aires ha herido en el trono de Júpiter tonante, donde Eco la hace resonante.
El padre Jove, que del caso horrendo estaba descuidado, y de la pena que la querida hija está sufriendo de todo su contento y bien ajena, en su celeste audiencia proveyendo lo que su inmensa providencia ordena, así en las cosas del humilde suelo o en las que tocan al sublime cielo,
vuelve aquel rostro con que la fiereza del fiero viento hace sosegarse, y del airado mar, que con braveza suele a las altas nubes levantarse; ve la madre de Amor en la graveza del soberbio dolor, sin remediarse; gime el suceso en el oculto pecho, siente ver a su hija en tal estrecho.
Ve los campestres sátiros y diosas andar haciendo miserable llanto; ve las cerúleas ninfas congojosas y las silvestres en fúnebre canto. Júpiter, suspendido en estas cosas, triste que Venus sienta aquel quebranto, determina bajar en presto vuelo al suelo, a consolar el triste duelo.
Ya los tiernos suspiros habían ido al hondo Huerco do Plutón reinaba; siendo ya el triste caso dél sabido dejando a Proserpina caminaba; porque no era el término cumplido de los seis meses que con él estaba con tierno abrazo della se desparte y del horrible reino apriesa parte.
Guían al rico dios las infernales Euménides, el Sueño y la Pereza; la Codicia inmortal de los mortales y el Avaricia llena de tristeza; los odios, las venganzas, y los males que trae la hambre de adquirir riqueza, y todas las miserias que en el mundo atormentan y llevan al profundo.
El gran Neptuno y el cerúleo bando de tritones y ninfas salen fuera, todos en tristes lágrimas mostrando de Venus el dolor y pena fiera; el ancho prado ya venía ocupando de Baco la compaña placentera, coronada de pámpanos, corriendo, unas veces llorando, otras riendo.
Iba el viejo de Nisa, el dios Sileno con su gran vientre y ojos adormidos, llorando como propio el mal ajeno dando, tras un ¡ay!, otro, y mil gemidos; de netáreo licor un frasco lleno (que el olor regalaba los sentidos) llevaba junto a sí, con que mojaba la lengua que el calor le desecaba.
Los sátiros que en torno del jumento iban acompañándole, volvían a mirar el lloroso sentimiento, casi dando a entender que lo sentían. Yendo en este confuso movimiento por el camino a que su intento guían llegó Momo diciendo: «oh, ayo amado, del que de vides anda coronado:
¿Adónde haces por aquí camino con mustio rostro y con semblante triste? Si desto, oh padre, me hicieres dino, te diré la ocasión que así me viste. Mira cual voy en traje peregrino del que usé siempre, y tú me conociste, por ver si aplaco por tan nuevo modo a Jove, a quien odioso soy en todo.»
Reconoció la voz y abrió los ojos Sileno, y como vio al pungiente Momo, dijo: «¿de qué proceden tus enojos que yo a mi cargo su remedio tomo? Bien sabes que te puedo dar despojos del que dijiste, y que sus fuerzas domo; y con este seguro, dime presto: ¿qué ha sido la ocasión que así te ha puesto?»
Dio un gran bostezo y la cabeza inclina sobre el pecho, y volvió a decir: « ¿qué aguardan los míos?, ¿en qué ocupan la divina bebida?, ¿para cuándo nos la guardan?» Al punto, cada sátiro camina (que un solo instante en acudir no tardan) con frascos, y otros vasos revertiendo el nisio humor, que él se venía moviendo.
Tomó Sileno un frasco, y Momo apaña otro, y a una entrambos comenzaron con un sediento ardor y un ansia estraña, que con ser propia en ellos, se admiraron; dábanse a su labor tan buena maña que aún al resuello el paso le negaron, y como por estorbo lo tenían felicemente sin cesar bebían.
Como acabasen la porción vinática, Sileno respiró y dijo: «amigo, diestro estás en la vídica gramática que yo con todos mis alumnos sigo; y volviendo a la ya dejada plática quiero saber adónde va contigo tanto enlutado y qué te enluta tanto, porque me da la novedad espanto.
Yo voy, cual ves, por este prado ahora con lento paso y con aspeto triste a donde Venus a su amante llora, que es decir donde voy cual me pediste; tú, que por horas crece y se mejora de tu dolor el ansia que dijiste que te acrecienta, el odio del potente Jove, aguardo a saber atentamente.»
Levantó (Momo) el ala del sombrero respondiendo: «oh Sileno, quién tuviera la lengua de aquel nuncio palabrero que estima el regidor de la alta esfera mas ya que me acompaña este grosero modo, y es fuerza en él que te refiera los festivos sucesos que a mi cuenta están de pesadumbres y de afrenta,
oye con atención la nueva historia por ventura de ti jamás oída, y aunque es verdad que aflige mi memoria, tal vez la veo de gozo enriquecida; sabrás, que en menosprecio de mi gloria el aula de los dioses conmovida pronunció que del cielo me lanzasen y de estar entre ellos me privasen.
La causa fue que el hijo poderoso de Saturno, mandó subir al cielo todos los dioses con deseo amoroso de complacer a Juno su consuelo, convidando a un banquete suntuoso que admiración pusiese a los del suelo y a los que se concede en su presencia el néctar por honor o perminencia.
La fama desto divulgó la Fama con sus cien lenguas de metal nombrando a quien la permisión de Jove Dama para su lauta mesa convidando. Yo, como sé del modo que me ama, saber quise a quién iba señalando y dijéronme: Momo, a ti te escluyen del banquete y de ti los dioses huyen.
Cuando hirió tal voz en mis oídos se me anudó la lengua a la garganta, prívame el sentimiento los sentidos y de horror el cabello me levanta; en suspensión mis pasos detenidos sin poder resistir congoja tanta caí, donde juzgara quien me viera que estaba muerto, si morir pudiera.
Estando de la suerte que te digo un grande espacio, al fin volví en mi acuerdo dando voces a Jove, mi enemigo, y todos mis agravios le recuerdo; desafiélo a pelear comigo diciendo (pues por ti la gloria pierdo): ¿Donde tantos adúlteros se alojan no cabe Momo, y sólo dél se enojan?
¿Qué estrupo o qué maldad no se comete de ésos tus aliados, Jove fiero? Cuál en la piel de un sátiro se mete, cuál en un lince y cuál en un carnero, estos son dinos de ir a tu banquete, estos tendrán asiento en lo primero; Momo es el malo por decir verdades ellos son buenos por hacer maldades.
Estando en este frenesí encendido se resfrió la cólora herviente, reducí la razón que había perdido y entender quise la razón urgente, por donde me vía ser aborrecido de los dioses y Júpiter potente; y acordéme que fue de mis enojos no mi lengua la causa, mas mis ojos.
Sabrás que un día, entrando descuidado en donde Juno tiene su aposento, sin saber de quién pude ser llevado presente me hallé en su acatamiento estaba el bello espíritu entregado al cimerio dulzor», sin ornamento, tendida en su regalo y blanda cama, que el regalado en ella, adora y ama.
Estaba, cual la vio el pastor ideo en Ida con las otras bellas diosas cuando aspiró a salir con el trofeo de más hermosa que las dos hermosas; quedé cuando la vi cual hoy me veo, estimulado de ansias pavorosas, convertido en un Bato, sin moverme, sin discurso ni ser para valerme.
Embelesado cual te digo estaba y ella durmiendo con descuido y gusto, bien ajena del bien que yo gozaba que le sobresaltó con tal desgusto, porque abriendo las luces que cerraba el blando sueño, y viendo el caso injusto, dejó salir la voz, con altas voces llamando a sus sirvientes, a los dioses.
Con la mayor presteza que te puedo sinificar, huí de su presencia, prestando alas a mi fuga el miedo, ayudando a la presta diligencia; púseme en salvo vitorioso y ledo sin aguardar a nueva competencia; quedó el suceso sin saberse oculto, que fue encubrir la culpa del insulto.
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