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| Juan de la Cueva Llanto de Venus en la muerte de Adonis IntraText CT - Texto |
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A deplorar su muerte soy venido con toda esta musaica compañía; óyela con piadoso y grato oído, oirás cuanto hay que oír en la poesía; que Mercurio, a quien esto es remitido de seguir con ardiente lozanía la fiera, y de las voces que fue dando está ronco, y de estar aquí llorando.
También dicen que Marte era la fiera que al cipro joven le quitó la vida, y que Mercurio sin saber quién era le fue siguiendo con veloz corrida; el jabalí, en furor ardiente espera en su forma, dejando la fingida, y que Mercurio cuando vio el denuedo del tracio dios, enronqueció de miedo.»
El arcadio cilenio, ardiendo en ira fue a responder, y Jove dijo: «vete, vete de aquí, que el vulgo que te mira un horrible castigo te promete; no aguardes más, que todo se conspira contra ti, y a las armas arremete. Vete, profano Momo, y no respondas o haré echarte en las marinas ondas.»
Levantóse un clamor diciendo: «vaya el enemigo a todos los del cielo.» Momo, oyendo la voz, tiembla y desmaya y con pies prestos va midiendo el suelo. Acudió el hijo de la bella Maya y al alboroto hizo alzar el vuelo; sosegó todo, y Jove en voz suave a Venus dice en su congoja grave:
«No fui de ti jamás tan olvidado, ni tus penas me dan tan poca pena que dellas viva un punto descuidado, pues lo que a ti te aflige, a mí me pena; ni me ofende tan poco tu cuidado cual tu razón, sin ella me condena, que a la necesidad despareciese ni al Hado sobre ti poder le diese.
Bien sé que de mí entiendes otra cosa, y que la pena del dolor presente te hace contra mí ser sospechosa, aunque razón en ello no consiente; a la ocasión de estar triste y llorosa no te quiero decir que estuve ausente pues no hay cosa que haga de mi ausencia ni parte que no ocupe mi presencia.
Mas quiérote advertir, hija querida, que de la causa y caso miserable que a triste sentimiento te convida tiene la culpa el Hado incontrastable; el cual, luego que el hombre tiene vida, el límite le pone irreparable, sin que deidad ninguna pueda darle un punto más de vida, ni quitarle.
Mira si Apolo evitó la suerte que contra el hijo el Hado disponía, que con mi propia mano le di muerte, cual en su suerte el Hado proveía. ¿Qué te podré decir de Alcides fuerte? Con ser mi hijo, no fue suerte mía remediarlo del fuego riguroso que en él dispuso el Hado glorioso
El poderoso Hado tiene parte, ninguno si no es él tiene derecho, y así puedes a él solo querellarte, aunque ya son tus quejas sin provecho. A ti puedes con más razón culparte, que no te preveniste antes del hecho, con vivir recatada y temerosa que no le sucediese adversa cosa.
Y pues ya remediallo no es posible, consuela tu lloroso desconsuelo, que no hay dolor ninguno tan terrible que deje de admitir algún consuelo; ya que tu dura pena es insufrible, no permitas que sea inmortal el duelo; sea tu refrigerio al descontento que vamos juntos al celeste asiento.»
Cesó el gran movedor de los Triones, a la acidalia Venus consolando, si consuelos consuelan las pasiones de un alma que en amor se está abrasando; la cual, condecendiendo a las razones del que en hombres y en dioses tiene mando se vuelve al joven ya entregado en muerte y en una flor purpúrea lo convierte.
Al punto, el prado pareció cubierto de rojas amapolas producidas de la sangre real del joven muerto al nombre suyo desde allí ofrecidas, porque sabiendo su misterio cierto fuesen con reverencia conocidas, trayendo su principio a la memoria cual dio Venus al cuerpo nueva gloria.
No quiso que la tierra poseyese el cuerpo que su alma poseía, ni que sus bellas carnes consumiese así cual hace cuantas cosas cría; y porque ufana dél no se atreviese juntar otra titánea compañía, que provocase a guerra el alto cielo y de sangre tiñese el mortal suelo.
Esto movió a la citérea diosa volver en flor a su querido amante, y moviendo la lengua gloriosa, dice a las diosas que tenía delante: «Oh ilustre compañía religiosa y la demás terrestre circunstante: yo os ruego que tengáis en la memoria este día en que tuvo fin mí gloria.
Y desde hoy más, en religioso oficio mi Adonis honraréis en este prado con eterno y solene sacrificio que sea en el mes de Julio celebrado; esto, en el nombre suyo y mi servicio aqueste aniversario sea guardado, donde todos lloréis la triste muerte de bello joven de tan alta suerte.
Y rodeando el túmulo funesto, funestos versos andaréis cantando, y el alma ilustre honraréis con esto que en los Elíseos vive reposando. Y tú, mi Adonis, que en mi alma puesto quedas, quédate en paz ya descansando; vale, mi Adonis; vale, mi consuelo; vale, mi Adonis, gloria deste suelo.»
Esto diciendo, el carro se levanta tirado de los cisnes sonorosos, y con presteza tanto se adelanta que precede los vientos presurosos. Las diosas quedan en angustia tanta, que vuelven a sus llantos dolorosos y las ninfas renuevan sus querellas, y el cielo hieren con las voces dellas.
Ida Venus, las ninfas y las diosas convocan a los faunos y pastores que esparzan por el suelo frescas rosas, do murieron de Venus los amores; y dejando las lágrimas piadosas suban la tierra en alto con sus flores, haciendo un alto túmulo, y se escriba este epitafio en una piedra viva:
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