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Juan de la Cueva
La Muracinda

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III

   Ellos en esto, la hermosa Aurora,

coronada de rosas, dio principio

en su dorado carro al claro día,

restituyendo al mundo la belleza

que la oscura tiniebla le usurpaba.

795

   Al punto que de luz se llenó el aire,

los canes vieron el contrario campo;

sobresaltados del horror, ladrando,

escavando la tierra, dando aullidos,

a dar noticia fueron a Lautaro

800

del caso, y el primero fue Corrusco,

un lebrel islandés de grande estima,

que lleno de furor, así le dice:

   «Paréceme, Lautaro, que entregamos

al descuidado sueño nuestras cosas,

805

y cuando al enemigo procuramos

son nuestras diligencias perezosas;

ayer, a dura muerte condenamos

de los gatos las fuerzas temerosas,

mas hoy, con menosprecio nos procuran

810

y poco de amenazas nuestras curan.

   Mira un formado ejército, que viene

buscándonos, y enfrente se te ha puesto;

mira en qué estima y mira en qué nos tiene,

pues nos busca y se pone por opuesto.

815

No hay que aguardar, ni sé qué nos detiene

en embestillos; vamos, que no es presto

ir luego, pues su vida difirimos

un punto desde el punto que los vimos.»

   Bufó Lautaro, y dio un ladrido, horrible

820

que a todos puso en pavoroso espanto,

aunque indinados y de rabia llenos,

entorno dél, al punto se pusieron

pidiéndole que fuesen asaltados

antes que les viniesen nuevas fuerzas.

825

Mas Lautaro, en voz alta, así responde:

   «Ir, y hacer pedazos esos gatos,

y otros tantos diez veces, ¿qué hacemos?

Deshacelles sus locos aparatos

sólo con que con ira los miremos;

830

es a nosotros propios ser ingratos

y no darnos la gloria que debemos,

si nos ven, que las armas levantamos

y con tan vil canalla peleamos.

   Quiéroos decir, que un hecho tan oscuro

835

lo remitamos a la noche oscura;

no ofendamos con él el aire puro,

ni del día la eterna hermosura.

Apercebíos, que ante todos juro

que esta noche ha de ser su sepoltura,

840

la diligencia y el secreto encargo,

y en dar más advertencias no me alargo.»

   Llenos de orgullo y ufanez quedaron

dando de gozo saltos y ladridos,

juzgando ya por suya la vitoria;

845

y entre todos, Corrusco se la aplica

con más seguridad y confianza,

y queriendo mostrar su grande esfuerzo

una cosa haciendo señalada,

que fuese vista de uno y otro campo,

850

a Lautaro llegó con tal demanda:

   «No me parece cosa conveniente

al honor nuestro, que el contrario tenga

levantada bandera, y puesta enfrente

de ti y de tu campo, la mantenga.

855

Y así, si tu grandeza me consiente

que arrastrándola aquí con ella venga,

irétela a traer, y voy, no entienda

que hay quien te la defienda y nos ofenda.»

   Luego, en diciendo esto, con fiereza,

860

precipitado de un furor rabioso,

su camino siguió, dando ladridos

que en el real contrario los oyeron;

y así, se apercibieron y aguardaron

qué podía ser, y puesto enfrente,

865

junto al guión, con alta voz les dijo:

«Oíd gatos, oíd, si no os ha muerto

el temor de mi vista, que es la muerte

para vosotros; y tened por cierto

que ésta ha de ser vuestra segura suerte.»

870

Nusco le respondió: «tu desconcierto

nos ha dado ocasión a responderte:

di que vivos estamos y te oímos,

no muertos cual dijiste, aunque te vimos.

   Hablá con más prudencia, y menos fieros,

875

llevarás la respuesta que pidieres,

y entiende, que hemos visto perros fieros

y no tan insolentes cual tú eres.»

«Gatillo, ¿contra mí muestras aceros?»

Corrusco replicó. «Sé quién quisíeres,

880

perrón», respondió Nusco, «y no hablemos

tanto, pues ocasión y armas tenemos.»

«Oh triste gato, ¿contra mí te muestras

con tanto brío? Pues escucha atento

a lo que vengo, y ocupad las diestras

885

de armas, en no dándome contento.

Esta bandera y las insignias vuestras

que están en ella abatiré al momento,

porque la tengo de llevar comigo,

que lo manda Lautaro, y yo lo digo.»

890

   Riose Nusco y dijo: «a tu demanda

respondo. Escucha atento la respuesta:

dile a Lautaro, que eso que te manda

que nos digas, oímos con gran fiesta;

que muy errado, y sin acuerdo anda

895

en pedir la bandera que está puesta

por blasón nuestro; y que tenga cierto

que antes que allá la vea, estará muerto.»

   «Yo tengo de llevalla si el profundo

todo junto se pone a defendella»,

900

le respondió Corrusco, «y esto fundo

en que es mi voluntad, y he de hacella.»

«Tu voluntad, y la de todo el mundo,

con su defensa puedo deshacella,

que cuatro gatos tiene que la guardan

905

que de diez como tú, no se acobardan.»

   De oír esta razón se airó Corrusco,

y sin responder cosa, asió del asta;

al punto Nusco se le asió a los lomos,

y otros tres juntos, levantando el pelo,

910

cara a cara con él arremetieron.

El asió al uno, y los demás le asieron

de los ojos, y luego largó al gato

por acudir a su defensa, dando

fuertes gemidos, sin poder valerse,

915

que Nusco le iba abriendo por los lomos

y los demás los ojos le arrancaban;

y ya de todo punto estaba ciego,

ambos ojos sacados de sus cuencas

y todo lo demás hecho pedazos,

920

vertiendo tanta sangre, que sin fuerzas,

con un pesado golpe vino al suelo,

el cuerpo, de la vida ya desierto.

   Viendo Nusco sin vida a su contrario

mandó que doce gatos lo llevasen

925

arrastrando, y lo echasen en su campo,

que habiendo visto el áspero suceso

llenaban todo el aire con aullidos,

y más cuando tan cerca lo hallaron

tan otro del que fue, creció el ruido

930

con mayor alboroto y más escándalo.

   Lautaro, porque no le enflaqueciesen

a los demás los ánimos, él propio

hizo hacer un hoyo y enterrallo,

por quitárselo a todos de la vista,

935

y juntando a consejo, mandó a todos

que se aprestasen con secreto apriesa

sin que el contrario oyese un solo aullido.

   Con esto, quedó todo en un profundo

silencio, y luego la factal raposa,

940

viendo ya la ocasión a que venía,

apartándose a solas ella y Nusco,

deste modo razona sobre el caso:

   «Nusco, a gran priesa el Hado me espolea

que vaya a dar principio a la vitoria

945

de nuestros gatos, y que el mundo vea

el triunfo suyo de inmortal memoria;

dispón, cual ya te he dicho, a la pelea

a todos, y asegúrales la gloria

de la batalla, y con esto, amigo,

950

vete, que yo la suerte factal sigo.»

   Diéronse entrambos un estrecho abrazo;

Nusco se fue al ejército, y la zorra

el camino derecho de Tablada

entró por él, ufana de contento

955

de ver tan agradable y fértil sitio,

donde tan grande número de reses

cual vía que por él se apacentaba,

que, admirada, iba a trechos deteniéndose,

sin saber a cuál fuese a dalle cuenta

960

del negocio importante a que venía.

Yendo así, llegó junto a donde estaba

un novillo paciendo, al cual pregunta:

   «Dime, así tengas favorable al cielo,

gallarda y bella res: ¿a quién respeta

965

todo el ganado deste fértil suelo?

o, ¿quién por fuerza o fuero lo sujeta?

Yo vengo a él en un penoso duelo

que con amarga sujeción me aprieta,

a suplicalle que su brazo fuerte

970

a un tirano deshaga y le dé muerte.

   Ponme con él y séme buen tercero,

así jamás el yugo trabajoso

oprima tu cervix, ni tu vaquero

a ensangrentar tu piel sea poderoso;

975

así jamás te llague el duro acero

encerrado en el coso riguroso,

y en pasto abundes siempre y agua clara,

y seas señor de la deidad avara.»

   Admiróse el novillo, y puso en ella

980

(dejando el pasto) la ligera vista,

y condolido de su tierno llanto,

a su razón esta razón responde:

   «La novedad del caso me suspende

y la estrañeza de animal tan nuevo

985

a mis ojos, y cierto que me ofende

no poder acudir a lo que debo;

ir a quien me demandas, que pretende

tu estrecho menester, yo te lo apruebo

por parecer discreto, en quien sin falta

990

hallarás el remedio que te falta.

   Al invencible Carrizal procuras,

que es el más fuerte toro deste prado,

y en la braveza tal, que no hay seguras

fuerzas, ni fue con ellas sojusgado;

995

a éste contarás tus desventuras

y no dudes que veas remediado

tu afán, si en contra el mundo se opusiere,

porque con él no hay más de lo que él quiere.»

   Así dijo el novillo a la raposa,

1000

poniéndose en camino entrambos juntos,

por el yerboso prado, procurando

al fuerte Carrizal, que a pocos pasos

llegaron donde estaba, y el novillo

a la raposa dice desta suerte:

1005

   «En la presencia estás del poderoso

y no vencido Carrizal, que es éste;

despide el sobresalto pavoroso,

que no te ayuda, ni hay de qué te preste

Llega, y dile tu estado congojoso,

1010

y entiende dél, que sin que afán te cueste

negociarás con él, luego que entienda

que buscas su favor que te defienda.»

   Maravillóse la prudente zorra

de la fuerte grandeza y del hermoso

1015

color bayo y de la piel lustrosa,

de la gruesa cerviz y torva frente

cubierta en torno de crecido pelo

(que a modo de corona la ceñía),

que en cualquier movimiento le ondeaba

1020

del recogido rostro y cortos cuernos,

en igual proporción las corvas vueltas,

no desigual en la hermosa vista

que el otro toro robador de Europa.

   Estando así suspensa, cobró esfuerzo,

1025

porque el novillo se lo puso enfrente,

y poniendo en el suelo ambas rodillas,

con esta humilde voz hirió su oído:

   «Si da tu permisión a mi bajeza,

gran Carrizal, de ilustre y clara fama,

1030

licencia, que refiera la braveza

del afecto inhumano que me llama;

éste me corta, y tiene en tal flaqueza,

que con ser tal el ansia que me inflama,

me pavorece imaginar que tengo

1035

de mirarte y pedirte a lo que vengo.»

   El fiero Carrizal alzó a este punto

la barba, de tusar la fresca yerba,

y viéndola postrada en su presencia

mandóla levantar, y que dijese

1040

la causa de venillo procurando;

sin que le anude el frío temor la lengua,

ella, con nuevo espíritu, propone:

«Fácil cosa me fuera darte cuenta

(habida tu licencia), del estraño

1045

caso, que tantos daños representa

nacidos todos de un altivo daño;

éste desplace al cielo, y descontenta

a la tierra, y le ofende el falso engaño

de un arrogante can, que ardiendo en ira,

1050

tiene formado un campo en Guadaira.

   Su horrible intento es a dar la muerte

al hidalgo linaje de los gatos,

confiado que no hay potencia fuerte

que no rindan sus grandes aparatos.

1055

Los gatos, recelosos desta suerte,

teniendo en todo los agüeros gratos,

juntaron su poder, y a procurallos

vinieron, a morir o refrenallos.

   Esto ha de ser mediante el favor tuyo,

1060

oh fuerte capitán, dando tu amparo

a los gatos, que ven el poder suyo

a la dispusión del gran Lautaro;

de la memoria de quién es rehúyo,

porque en braveza y en esfuerzo es raro,

1065

de tal suerte, que dice altivamente

que su ladrido rinde al más valiente.

   Este loco blasón, y otros tan fieros

dice, y con los afetos satisface,

pues no hay en todo lo que ves vaqueros

1070

que al río lleguen, que esto y más no hace.

Ayer hizo pedazos mil carneros,

lo propio hace en tus reses si le place,

que hoy mató tres novillos que llegaron

al agua, y dos huyendo se ahogaron.

1075

   Suplícante por mí, que tu grandeza

muestres en deshacer este tirano,

porque, en faltando al día la belleza

que le da Apolo, y baje al mar oceano,

ejecutando su bestial crueza

1080

sobre nosotros con armada mano

ha de venir a dar, y deste intento

vendrá nuestro total asolamiento.»

   Puso las manos, y arrasó los ojos

de ardiente agua, dando mil suspiros,

1085

mirando al fuerte Carrizal al rostro,

a sus pies se tendió de largo a largo,

que lleno de furor dio un gran bramido

cavando el suelo con entrambos brazos,

echándose la tierra por los lomos;

1090

no quedó res, oyendo que bramaba,

que al bramido espantoso no acudiese,

y, en torno dél, aguardan qué les manda;

y volviendo a bramar, mirando a todos,

mandó a la zorra levantarse, y dice:

1095

   «Aparejaos, amigos, y asolemos

un fuerte can que nos ofende y daña,

y en menosprecio nuestro lo tenemos

con un formado ejército en campaña.

Seguídrne, apriesa, apriesa, no aguardemos,

1100

que probar quiero su braveza estraña,

alabada de tantos, y temida

más que la muerte y por su igual tenida.»

   Diciendo esto, le mandó a la zorra

que se fuese, y dijese en nombre suyo

1105

a los suyos, que el miedo desechasen,

que él iba de socorro a socorrellos

con toda aquella fuerte compañía.

Mandóle a Tarascón, el bravo toro,

a quien dio Guadiana el primer pasto,

1110

y a Rayo, el ferocísimo novillo

(bisnieto delfamoso Caldereta,

que en la plaza del Duque de Medina

en Sevilla, dio muerte a tantos hombres,

sin podello encerrar para corrello),

1115

fuesen con ella, y libre de peligro

la pusiesen en salvo con los suyos.

   La zorra, con humilde reverencia,

se despidió de Carrizal, y en medio

la cogieron los dos que la guardaban;

1120

dando alegre principio a su camino

iban el fértil prado atravesando,

por donde andaba un oledor zorrero

tras de su agudo aliento rastreando;

diole el de la raposa, y al momento

1125

vino a dar donde estaba, y junto a ella

con arrogancia dijo estas razones:

   «Esta vez, madre zorra, iréis comigo

sin que os libren de mí vuestros engaños,

aparejaos, seguid la vía que sigo

1130

si no queréis probar mayores daños.»

La zorra se rió, y le dijo: «amigo,

¿ha que nos conocemos muchos años?

Ese comedimiento le agradesca

Lautaro, o a quien más que a mí apetesca.»

1135

   Enmudeció de cólora el zorrero

y furioso arremetió a la zorra,

mas el fuerte novillo, enfurecido

bajó la barba y levantó la frente

y cogiéndolo en medio de los cuernos

1140

una gran pica y más lo arrojó en alto;

quiso dalle otro bote, y desvióse

por que en el duro suelo se estrellase,

donde quedó tendido como muerto,

echando roja sangre por la boca.

1145

Rió la zorra, y con sus fuertes guardas

a proseguir volvieron su camino,

con tal cuidado, que a la presta vuelta

con presurosa priesa los instaba

y la honrosa ocasión les daba voces.

1150

Llegaron al real de los amigos,

que no poco cuidosos aguardaban

la vuelta de su amiga la raposa,

y viéndola venir entre los toros

llenos de admiración se suspendieron

1155

mirándose y mirándolos turbados.

   La zorra, conociendo el pavoroso

espanto en que vía a todos, puesta en medio,

larga cuenta les dio de su suceso,

refiriendo por orden las razones

1160

de Carrizal, y la promesa suya

de venir en socorro, y destruille

su mortal enemigo. Aquí alentaron

los descaecidos ánimos, alzando

con alegre placer confusas voces;

1165

mas el discreto Nusco, en medio puesto,

sosegar hizo el alboroto, y dijo:

   «Leales y magnánimos amigos

enviados de aquel caudillo fuerte

a corregir los fieros enemigos

1170

que nos conturban y desean la muerte.

¿A quién puedo hacer, si a vos testigos

del bien que por vos canto en nuestra suerte,

levantando la voz en vuestra gloria

que haré eterna en la inmortal historia?»

1175

   Oyendo esto, levantaron todos

tan gran clamor, que el aire suspendían

diciendo: «viva Carrizal, y sea

entre los signos celestiales puesto.»

   Con alegres semblantes, los dos toros

1180

en oyendo estas últimas razones,

agradecidos dellas, demandaron

licencia, y despidiéndose de todos,

a buscar su caudillo dieron vuelta,

quedando todos disponiendo cosas

1185

a la ocasión que aguardan convenientes.

   Ya del golpe mortal volvió en su acuerdo

el zorrero, y cayendo y levantando,

y a veces arrastrando por el suelo,

poco a poco a su campo se acercaba,

1190

cuando marchando vio venir en orden

a Carrizal, con toda su potencia,

encaminando al campo de Lautaro;

aquí con nueva turbación se yela,

y como mejor pudo, aunque sin fuerzas,

1195

por el amigo campo a grandes voces

entró diciendo: «alarma, alarma, amigos,

que nos viene buscando un gran contrario.»

   Llenos de alteración, acuden todos

a un ladrido que dio Lautaro, en viendo

1200

el copioso ejército de toros

que en orden circular venían cercándolo.

Vino el valiente Tártaro el primero,

dando ardientes gemidos de coraje,

Charrazgo el islandés siguió sus pasos,

1205

y tú, oh Canastel, no detuviste

el presuroso curso a tu venida;

Turco y Trabuco no tardaron punto,

imitando a Galfarro y a Celucho,

que a toda priesa fueron tras Moloso.

1210




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