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| Juan de la Cueva La Muracinda IntraText CT - Texto |
IV
Nabuco y Tiburón, como dos sacres
en ligereza, llegan a Lautaro,
que como iban llegando, los ponía
en la vanguardia, y ya teniendo juntos
de los perros de presa los famosos,
1215
y aquella parte dellos reforzada,
con el resto, cerró la retaguardia,
cogiendo en medio lo de menos fuerza,
y así dispuesto a Carrizal aguarda,
que con medidos pasos se le acerca
1220
hecho todo su campo media luna;
ya que podían hablarse, el atrevido
Baruquel rompió el orden, y saliendo
de su hilera a donde el fuerte toro
Tarifa estaba, llega y dice fiero:
1225
«¿Qué nos queréis? ¿Qué nos venís buscando?
¿Qué designos traéis contra nosotros?
¿Qué guerra nos venís representando
sin otra causa que querer vosotros?
Volvéos, no queráis volver llorando,
1230
y esto no lo hiciéramos con otros;
y si no lo hacéis como os lo digo
no tenéis que aguardar sino el castigo.»
Tarifa, ardiendo en vergonzosa ira
de la loca arrogancia, dio un bramido,
1235
y tras él, arremete con tal furia
que cogiendo al can loco entre los cuernos,
entre sus canes lo arrojó sin vida,
dando con él a Tártaro tal golpe
que sin sentido lo tendió en el suelo;
1240
levantóse turbado, y como pudo
arremetió a Chamorro, un toro hosco
de los campos de Andévalo traído
por el oculto Hado a dar la muerte
a Tártaro, que asiéndole la parte
1245
que le cubre la boca, el feroz toro
se mejoró, cogiéndolo en un cuerno
por la mitad del vientre, abriendo puerta
a las rojas entrañas y a la muerte,
que entró al mesmo punto que salieron.
1250
Aquí Lautaro arremetió al novillo,
que lo halló tan cerca que no pudo
dejar de asirse dél, y forcejando,
él por tenello, el toro por soltarse,
ambos cayeron en el suelo juntos
1255
sin largar de la presa el fuerte perro.
Vuélvense a levantar, y dando vueltas
a un cabo y otro el bético novillo
lo despidió de sí, dándole un golpe
que le rompió un ijar, aunque al soslayo.
1260
A Carrizal le acometió Nabuco
y hallólo tan cerca, que le pudo
alcanzar con un brazo un solo golpe
que le hizo pedazos la cabeza
y lo tendió sin más poder moverse.
1265
Turco venía asido de Bayoso,
y Tarascón, asido como estaba,
lo arrancó de la presa, atravesado
por los pechos, rendido ya a la Muerte.
Los gatos, viendo ya la lid revuelta
1270
acuden, y en los lomos de los toros
se subían, y allí con pies y manos
se agarraban hincándoles las uñas,
que con aquel estímulo incitados
en rabioso furor, hacían gran daño,
1275
sin poder la contraria resistencia
enfrenar su furor desenfrenado.
Aquí rendiste, oh Canastel, la vida,
entre los fuertes cuernos de Bayoso,
y tú, Almanzor, en los del gran Jarama;
1280
no te valió, brioso Mandricardo,
tu ardiente orgullo ni tu fuerte presa,
que en poder de Durango acabó todo;
ni a ti, Zambo, valió ser diestro en armas,
que Tarifa deshizo tu destreza
1285
de un solo golpe que te dio en los pechos,
por donde abrió que entrase en ti la Muerte.
Viendo Lautaro el gran destrozo y daño
(que sin contraste) padecían los suyos,
aulló y gimió tras esta voz llorosa:
1290
«A ti, gran can, que el reino tenebroso
donde preside el justo Radamanto
atruenas con ladrido temeroso
y suspendes las almas en su llanto;
a ti suplico en paso tan forzoso,
1295
a ti en tan triste y mísero quebranto
invocan mis gemidos si valieren
contigo, y sus afetos te movieren.
Ay triste, que deliro en ver mis males,
pues voy tan ciegamente procurando
1300
remedio a mi valor entre infernales,
y al Cancerbero piedad demando.
Lautaro: ¿qué es de ti?, ¿cuatro animales
te van de esfuerzo y de valor privando?
Vuelve sobre ellos, vuelve, y cuando mueras
1305
no mueres, pues perpetuo nombre esperas.»
No dijo más, y lleno de fiereza,
dando aullidos y saltos de coraje
con que a los suyos a lo propio incita,
que no menos briosos aguardaban
1310
que la ardiente batalla se rompiese,
puestos en sus lugares sin moverse,
Lautaro, andaba requiriendo a todos
y llegó a la vanguardia y reforzóla.
Andando requiriendo las hileras,
1315
poniendo a unos y quitando a otros,
el novillo lo vio, y rompiendo el orden,
dando bramidos lo venía llamando
a la lid que dejaron comenzada.
No rehusó Lautaro la pelea,
1320
ni se detuvo punto en embestille
por la siniestra parte, y el novillo
con gran presteza revolvió la frente
dándole un golpe, y otro, que no pudo
hacer Lautaro presa, mas dio vuelta
1325
al mismo instante por la diestra banda
y quedóse colgado de la oreja;
el fuerte Rayo revolvió furioso
sobre aquel lado, y por mitad del vientre,
por entre los redaños y asadura
1330
rasgándoselo todo sin defensa,
hasta la frente le escondió el un cuerno;
volvióselo a sacar, y tras él junto
salió el vital espíritu bramando,
lleno de horror, envuelto con el aire,
1335
desamparando el natural albergue;
entregado quedó a la fría muerte
tendido entre los pies de su contrario
que teniéndolo allí, dijo en voz alta:
«Pagado has tu arrogante desatino,
1340
tu loco orgullo y tu atrevido intento;
ya tienes el castigo justo y dino
a tu vano y altivo pensamiento;
puédeste gloriar, que fuiste dino
que te privase yo el vital aliento,
1345
que es el mayor honor que pudo darte
tu suerte, cuando más quisiera honrarte.»
Dijo el valiente Rayo, y dio la vuelta.
Los canes, viendo a su Lautaro muerto
un espantable aullido levantaron,
1350
y a sus contrarios arremeten fieros,
dispuestos a vengallo o morir todos.
Carrizal envió a que se juntasen
las dos puntas, y en medio los cogiesen
para romper de hecho la batalla.
1355
Ya la ligera Fama había esparcido
la nueva de la muerte de Lautaro,
y llegado con ella a donde estaba
recogida con guarda Tribugena,
que en oyéndola, dando mil aullidos
1360
sale despavorida a procurallo
muerto, y junto con él, rendir la vida.
Como la vieron ir los que en su guarda
mandados por Lautaro habían estado,
certificados de su cierta muerte,
1365
recelando la suya por su falta,
Turco, un fiero mastín, así les dice:
«Faltando el fuerte defensor Lautaro,
que era nuestro gobierno y nuestro muro,
nuestras fuerzas acaban sin reparo,
1370
y de nosotros perro no hay seguro.
Paréceme en un riesgo que es tan claro
(que a todos nos condena a un fin oscuro)
no aguardemos, pues no hay a qué aguardemos
muerto Lautaro, y muertos los que vemos.
1375
Nosotros no venimos procurando
guerra con tan valientes animales
que nos van destruyendo y apocando,
sin hallar fuerzas que les sean iguales.
La casta Muracinda y su vil bando
1380
nos trujo a ejecutar sangrientos males
en cuantos fuesen della, y pues la suerte
se nos trocó, huigamos de la muerte.»
De todos fue aprobado el buen consejo
que les dio Turco, y con veloz carrera,
1385
como si a cada uno le pegaran
un ardiente cohete, así huyeron
por el abierto llano de Tablada.
Tribugena, entre muertos y contrarios
buscando andaba a su querido tío,
1390
hecha otra Guacolda en procurallo
sin dar reposo a la mortal fatiga
ni a su cuidado hervoroso, espacio,
acompañado de mortales ansias
que la traían sin tomar aliento;
1395
mil vueltas dando en torno por el campo,
la diligencia le cumplió el deseo
y la puso con él, donde en llegando
se arrojó sobre el cuerpo dando aullidos
envueltos en gemidos mal formados
1400
y con el muerto se quedó abrazada,
traspuesta del ardiente sentimiento.
Ya a este punto los airados canes
revueltos con los toros animosos,
trabados todos en cruel batalla,
1405
andaban en sosiego unos y otros.
Murcilo vido estar a Tribugena
gimiendo encima de su muerto tío;
llamó a Granifo, a Tinelario, y Nicus,
a Turil, Perindongo, y Marramao,
1410
que decendiesen de las reses todos
y la prendiesen, y al real llevasen
por el trofeo de mayor estima
que podían llevar de sus contrarios.
Al punto que fue dellos acordado,
1415
al mesmo lo pusieron en efeto,
y todos juntos se agarraron della,
y sin dalle lugar, ni oír voz suya,
sobre sus hombros sin tocar al suelo
la llevaron a Nusco y la raposa,
1420
que luego la amarraron fuertemente,
y a la cola la ataron de un becerro,
que Perindongo le saltó en los lomos,
que lastimado de las fuertes uñas
disparó berreando, dando saltos,
1425
a la cola llevando a Tribugena
que a pocos pasos hecha fue pedazos,
que sembrándolos iba por el campo
entre los canes y los fuertes toros
que en su batalla andaban encendidos.
1430
Ya se habían juntado las dos puntas
como les fue de Carrizal mandado,
encerrando en un círculo los canes,
que en viéndose en aquel estrecho apremio
aullaron todos, conociendo claro
1435
su perdición, si no rompían por ellos,
abriendo el paso estrecho que los cierra,
vuelven la retaguardia y arremeten.
Grifo el primero fue que embistió a Búcar
y le asió de la cuenca del un ojo,
1440
dejándole lugar para alcanzalle
un golpe que le abrió todos los pechos,
y entre sus pies pisándolo, dio el alma.
El confuso escuadrón viene gritando
apriesa, unos a otros impeliendo
1445
embisten con los toros, y ellos, fieros,
dan en ellos haciendo gran matanza.
Aquí, oh Burón, te despojó de vida
el fiero Algaba, y tú, Vaivén, dejaste
entre los cuernos de Zaudín la tuya;
1450
aquí acabó, Lobuno, tu braveza,
y la tuya, Africano, y tú, Maluco
sin poder defenderte de Montano
hecho pedazos de sus cuernos fuiste.
Por todas partes el clamor resuena
1455
mayor que tempestad de terremoto;
unos gimiendo, que las vidas dejan,
otros bramando, que las vidas quitan.
Oyendo Carrizal los espantosos
bramidos de los suyos, y los flacos
1460
aullidos de los canes, dio un bramido
diciendo: «amigos, la sazón es esta
de romper estos flacos enemigos.
¡A ellos!». Y rompió por la vanguardia
desbaratando el orden que tenía.
1465
Acudieron sobre él a resistillo
gran número de canes animosos,
que con rabioso ardor lo amenazaban;
no pudiendo sufrillos ni aguardallos
en medio dellos se abalanza fiero,
1470
y del golpe primero en ambos cuernos
se levantó a Melampo y a Turindo,
al uno atravesado por los pechos
y al otro por mitad de los ijares;
fue dando en ellos y arrojando canes
1475
que volando los vían por el aire
tan altos, que llegaban casi a verse
con el celeste Can que está en la Esfera,
y algunos del calor volvían quemados.
Esparcía a los unos y a los otros,
1480
de la suerte que en Misia revolviendo
la seca parva, el labrador levanta
la paja, que del grano aparta el viento;
no de otra suerte, el invencible toro
iba esparciendo por el aire canes,
1485
que temerosos ya no le aguardaban
y aullando se le iban retrayendo,
derribadas las colas de desmayo
entre las piernas, evidencia clara
del temor que rendidos los tenía.
1490
Tarifa, por un lado dio tras ellos,
por él, dando a los suyos libre paso.
Furor, desbarató una gruesa escuadra
que para resistillo la formaron.
Carrizal, derribando y dando muertes,
1495
por cima de los muertos y heridos
sin defensa llegó a la retaguardia
seguido de los suyos, y en llegando,
a los pocos contrarios que quedaban
acabaron, cantando la vitoria
1500
por el valiente Carrizal a voces,
que las estremidades las volvían,
de Carrizal el nombre repitiendo.
Sus amigos, ante él arrodillados
celebrando el alegre vencimiento,
1505
al fuerte capitán y a todo el campo
daban las gracias con clamores altos.
Nusco llegó con la factal raposa,
y habiéndose humillado en su presencia
se levantaron, y en la llana frente
1510
una bella guirnalda le aplicaron
que por entrambos cuernos la ciñeron.
Deste honor, Carrizal, agradecido
lo sinifica con semblante alegre
y se lo alaba con razones graves.
1515
Pusieron fin a tantos cumplimientos,
demandando licencia para irse;
los unos de los otros se despiden.
Carrizal, con los suyos, se fue al prado.
Los vitoriosos gatos, donde estaban
1520
sus muertos enemigos, a quitalles
los bélicos despojos que tuviesen;
hallaron adornados de collares
algunos, y quitándolos a todos,
manifestaban su vitoria en ellos.
1525
Cortáronle a Lautaro la cabeza,
pusiéronla en un asta por trofeo
y un collar de veneras que traía.
Con esto dieron tras de Nusco vuelta
para pasar el Betis, que ya estaba
1530
congelado, de modo que pudieron
a las faldas llegar de Asnalfarache,
de donde comenzaron su camino
la Vega atravesando y a Triana.
Llegaron a la cumbre de Tornares,
1535
donde el sepulcro hecho a Muracinda
levantaron, cercándolo de astas,
en sus puntas poniendo los collares.