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Juan Cortés de Tolosa
Novela de un hombre muy miserable llamado Gonzalo

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II

La pobre de la muger, en quien hazían más labor semejantes trabajos y avía cantado, gorgeándose con su vientre por la ya cercana possessión del que con tan deleytables ansias desseava, hymnos de comer y oyó los dos sucessos, quiso morirse a poder la muerte llegar a quien ya estava con ella. Gonçalo pidió recaudo para adereçar las mal heridas honradoras de la fiesta del perdido recuperado, quando de todo punto perdió la hambrienta muger la esperança de comer. ¡Desafortunada persona, pues, aun aquello que es lícito no se le da y con tantas veras huye della!

Al fin Gonçalo acabó su obra y salió solo de casa, adonde bolvió luego con algunos pedaços de carnero, parte de hígado y parte de baca y la mayor destas dos de macho. Llamó a la que a un rincón llorava muerte tan larga, cuya vida fue en ella como día de Noruega por aver sido lo más un rabioso morir, sin creer se avía de comer aquel día aun lo limitado que se acostumbrava en los de atrás, y entonces la vino más y mejor, que es muy de cosas de la tierra perder la esperança dellas y venir luego mejores y más (bien se conoce esto, pero mal se pone por execución, que es muy de los enamorados del mundo seguirle desfavoreciéndoles él que amar favorecido qualquiera lo haze). Cogió la que el alma tenía en los dientes todo lo que el marido traxo y, lavándolo, le preguntó qué se avía de hazer dello. Mandó se metiesse en una caçuela con arroz y que le llevassen al horno. ¡Sabe Dios si quisiera yrse con ella o dar una escopeta que en casa avía a Gilillo para que la guardasse! Al fin fue y vino con bien, y entonces se levantó del suelo donde tuvo las rodillas hasta que sus ojos la viessen.

Luego que en casa se habló del excesso en la comida, me acogí a mi agujero para verles comer. Púsose la mesa. Vilos a todos con mejor color, alegres los rostros, tan negociados como los que esperavan mejor ración que la acostumbrada. No me maravillo a fee que los árboles y las demás plantas por faltarles el agua, que es su comida, están tan tristes que, en lugar de desmelancoliçarnos, nos hazen partícipes de su tristeza. Acabóse la festividad en una caxa, que yo tuve por de alaxú por ser de su color y porque sacaron un cuchillo, y la mano de almirez para partir della era de mermelada y tan antigua que sonava en los dientes como turrón de Alicante: désta se dio aún menos que de pan bendito.

Levantaron los manteles después de dadas gracias y empeçóles a hazer un sermón. Baxárame luego, a no querer enterarme si hablava tan bien de lo divino como de lo humano habló, quando le oygo dezir:

- Hijos, no se vive más que un instante.

El sermón, dixe yo, es sobre la comida de los demás días. Prosiguió diziendo:

- Porque lo que ha passado ya no es de lo que vendrá, no sabéys nada; de suerte que de un instante bien vivido se compone una honesta muerte.

Las comidas de atrás, bolví a dezir, les ha predicado, porque, desde el principio al fin, casi no huvo medio y el sermón a dos palabras dio consigo en la muerte. Con esto me fuy.

No si pudo dañar a Gonçalo la fiesta que al perdido se hizo, porque, a trueco de comer, se fuera cada día el suyo. La causa de esta huyda, demás de la necessidad de comer, fue porque unos pobres, que su padre recogía so color de caridad, le davan algunas cosillas y aun casi todo el pan que se gastava; a quien devía dineros que les pidió prestados, a que no podían huyr el rostro, obligados de la buena acogida en un aposentillo que para el efecto tenía, que les costava mucho más caro que si le alquilaran. A éstos devía la hambrienta esposa más que a sus padres, porque, si aquéllos la sacaron a luz, estotros la tenían en ella. Fuéronse, cansados de sustentar una casa como si fueran casados, y Gil tras ellos.

La huérfana María consolava sus necessitadas tripas, prometiéndolas mejor tiempo, exortándolas a que llevassen lo mejor que pudiessen vida tan parecida a la muerte, diziéndolas que ¿quién más que ella quisiera tenerlas contentas y alegres y a quién le estava mejor?

- Tripas mías - saltándosele las lágrimas dezía - , ya yo veo que fuysteys desgraciadas entre todas las tripas y que ningunas tienen más razón de quexarse en aver caýdo en cuerpo que, si os tiene llenas, es de ayre. Mas consolaos, tripas de mis ojos, que tiempo tras tiempo viene y yo os asseguro grandes ventajas, y, porque conozcáys las veras con que desseo vuestro aumento, comeos este razimito de uvas que en la manga tengo.

Metióle todo en la boca y, tirando del palillo, dexó en ella los granos, tan ocupada con ellos que avía levantado los carrillos. Gonçalo tenía un hierreçuelo con que abría la puerta sin llamar, porque estuviessen siempre con cuydado, con el qual dava sobre ellos quando más seguros estavan; mas esta vez antes que entrasse en la sala le sintió y, descolgando un cruzifixo que de una cinta estava pendiente en un clavo, se le puso entre las manos, buelto el rostro a la pared como que estava rezando, hasta que las echó abajo, con lo qual dissimuló el no hablarle: que, a conocerla el juego, la abriera a açotes, como muchas vezes hizo sin qué ni para qué, cosa que a toda la gente de casa espantava, mas no a mí, porque, si esta muger hazía penitencia, era cierto que con los ayunos avían de andar las diciplinas.

Quédese esto en este estado y lleguemos hasta en casa de un médico, hermano de Gonçalo, que nació como sueño, tomando de muchas cosas un poquito, porque ansí como el que sueña de muchas nadas haze un algo, ansí el médico de padre miserable, de abuelo liberal, de un tío que fue un santo, salió más tratable tomando de cada uno un poquito; salvo que era astrólogo y dava en que no se avía de casar, porque hizo un juyzio de su nacimiento y supo las cosas que le avían de suceder, y una dellas era que sería su muger fácil, de cuyo engaño salió muy a su costa.

Passó assí, que cierta dama vino a él para que por su arte la supiesse quien la hurtó una sortija de un diamante. Hízolo. Salióle tan bien que fue hallado el ladrón en la parte que dixo: pusiéronle en la cárcel y diéronle dozientos açotes de contado, aunque después le quitaron las galeras a que también fue sentenciado. Salió della y, en el tiempo que le dieron para poner bien sus cosas para cumplir el destierro que en lugar dellas entró, dio una muy gentil cuchillada al médico. Otro hermano frayle que éstos tenían, que desseava verlo casado, le dixo:

- Hermano, ¿quándo hizo juyzio de lo que en el discurso de su vida le avía de suceder, halló que le avían de dar essa cuchillada?

Respondióle:

- No hallé tal.

- Pues, ríome de todo lo que sabe, porque no vale un quarto. De conocerá cómo es mentira lo demás y verdad que será muy bien casado.

Ea, ea, disponga de su persona! - él dixo (miren las cosas malas que trae consigo una cuchillada), y determinó hazer lo que se le pedía, porque no muy lexos de su casa avía una botica donde él receptava, cuyo boticario tenía una hija más que bonita y muy bien inclinada, a quien el dotor echó el ojo, con quien se huviera casado si el miedo de la facilidad se lo huviera permitido.

Tratóse el negocio por mano del frayle y hízose. De que Gonçalo estuvo disgustadíssimo, porque, muriendo sin hijos, tenía por sin duda ser los suyos sus herederos, mas, como no aya bien sin daño ageno y al contrario, si Gonçalo quedó disgustado, a la muger y a los hijos les estuvo bien, porque los vistió a todos de pies a cabeça. Con lo qual se hallaron en la boda, de donde se traxo, sin que lo supiesse, para comer un mes. Bueltos a casa, los despojó de los vestidos y los guardó como si él los huviera dado, sin ser bastantes los dos hermanos a que se los bolviesse: de que la madrastra pensó morir, particularmente viéndose en boca de invierno, y de invierno que amenazava gran frío. Tuvo entonces que consolar, demás de a las vazías tripas, al desabrigado cuerpo.

¿Qué diré de mis vezinas que también fueron combidadas? Diré que por baylar la una no se sentó, mas que, aunque la otra hizo platos, murmurando digo para dentro y fuera del lugar para amigas y enemigas, no por esso dexó de comer al passo que habló ella y bayló la otra. Passaron algunos días, en los quales el rezién casado conoció la facilidad de su muger y cómo en aquello, aun acertando, erró, porque, si fue fácil, consistió su facilidad en que por qualquier cosa a gusto o a disgusto suyo llorava.

Llamó a su hermano el frayle, a quien dio parte de la facilidad de su esposa, diziéndole cómo se avía casado con un Jeremías. Conoció el frayle quán bueno era su hermano, pues tan buena muger le avía dado Dios, prometióle curársela en breves días, para lo qual la llevó en casa de mi vezina la que baylava, de donde vino riéndose si fue llorando, porque el bayle de la una y el hablar de la otra la desvanecieron la cabeça. De manera fue que, para preguntar a su marido dónde yva, era tan grande la risa que no podía acabar de dezirlo. Passó tan adelante el negocio que conoció el dotor avérsele secado el cerebro, y, aunque se le aplicaron medicinas, no tuvieron buen efecto, de suerte que, al cabo de algunos meses, murió la frenética.

Bueno era el marido, pues gozó de muger cuyo defecto fue sólo llorar, y quando pudo venir, para no ser como hasta allí, vino riendo, y, para poner el negocio en mejor estado, confirmó después este bien con bolvérsele el juyzio y de allí morirse. En lo qual anduvo mejor que hasta entonces, pues, desde que se casó hasta que esto fue, no passaron seys meses: de lo qual todo se conocerá su bondad, pues aquello que a otras da vida se la quitó a ella. No era cosa que avía usado, que de comer carnero o gallina lo necessario ¿quién ha muerto? Nadie. Y si comiesse alguno solimán ¿moriría? Sí, señor. Luego buena muger, pues fue para ella solimán lo que para otras jacintos, buenos fueron los boticarios, pues criaron bien su hija, y buena fue la muerte, pues se llevó buena a quien quiçá viviendo pudiera mala.

Él bolvió la dote y se hizo clérigo, confessándose por uno de los mejores casados del mundo. Día pareció su casamiento de por el mes de deziembre, pues, desde amanecer hasta ser de noche, apenas vemos el medio. Acabada muger se dize para significar gran hermosura, mas yo considero la muger linda porque es honesta y agradable, y acabada porque se murió para no dexar de serlo.

A todas estas cosas la sin ventura María consolava una y muchas vezes a quien no podía remediar, bolviendo a hazerlas nuevos ofrecimientos si su avara suerte lograsse sus esperanças; era no madrastra sino madre de sus andados, queríalos bien y sentía sus trabajos, porque quando muchos padecen un mismo mal, no ay ninguno soverbio ni embidioso. ¡Libre nos Dios de que la fortuna se señale en hazer bien a alguno, que allí es ello! Si hasta entonces era christiano viejo, de allí adelante es judío y huvo quien le viesse su sanbenito; si era agradable y bien acondicionado, luego es enfadoso y sobervio, sin más razón para ello que la que Tácito da, que dize: Tenemos los mortales una inclinación heredada de naturaleza que nos enseña a mirar con ojos embidiosos a quien antes estava en lugar baxo.

No estava aún entonces lleno el número de los tormentos de la ayunada señora, que aún le faltava el mayor dellos. Passó ansí que, como Gonçalo guardasse todas las cosas que por la calle hallava y para ello llevasse una servilleta en la cinta, alçó, que non deviera, un peyne que le llenó de tiña barba y cabeça. Éste causó la muerte a María, porque, no saliendo de casa, la pudrió más y más que lo acostumbrado: y tanto la pudrió y tanto la mató de hambre, dándola, en lugar de comida, con que paladeasse las tripas, y tan desnuda la traxo, que, saliendo al patio de la casa, se quedó, si no entonces muerta, de tal manera para ello que dentro de quatro días la enterramos.

Razón fuera que la misma muerte, si no con los mismos accidentes, se llevara después de algunos infortunios este Caýn que de hambre mató al inocente Abel. Hízolo y, para tan gran fiesta, celebró primero estas vísperas, empeçándolas, Gil, que ya sabía donde estava la puerta de la calle. ¡Dios nos defienda que una vez se empiece cosa que buena no sea, particularmente en muchachos y incitados de la necessidad de comer y demasía de castigo, que ella echará raýzes! Él se fue la primera vez por comer, y reincidió la segunda, no para hazer casas ni comprar heredades, sino para el mismo efecto.

Acordóse como, de averse puesto tan en público, le vino el daño de hallarle con brevedad. Llegóse hasta en casa de un cavallero, Grande de España, y, como en semejantes casas aunque muchos vengan todos son admitidos porque no les dan salario y no les falta de comer, recibió el cozinero el nuevo oficial, que ya avía trocado el nombre de Gil en Sebastianillo. Fueles bien a los dos: a él, porque comió, y a su amo, porque, por gozar de lo que tanto necessitava, lo halló oficial quando apenas pudiera ser razonable aprendiz.

Luego que los demás hermanos conocieron quán a la larga yva su mal, cada uno tomó las de Villadiego, que una muger en una casa, sea qual fuere, mientras no es fácil de su persona, de mucho momento es: a su sombra se acierta todo y en lo que ellas ponen la mano parece tiene diferente sabor. Conoce al fin esto el que más suelto vive y el que más atado está a sus terribilidades.

Hallóse Gonçalo solo, triste, enfermo, lleno de tiña, con necessidad de curarse y sin tener a quien bolver los ojos, por cuya causa pidió a uno de los vezinos de casa que, de qualquier madre de moças, le embiasse una o vieja o moça. Hízolo ansí, aunque sabía no aver de durar con él por su miseria. Embióle una a medio andar en los años, no mal encarada ni con desaliños, de quien se pudiera temer se bolviera visto el talle y la cara de Gonçalo; mas, hallando lo que días atrás buscava, para lo qual hazía exercicios en la casa de donde fue embiada, aviendo venido de la pública de Toledo y teniendo aquí casi el mismo exercicio en una piedra del río, donde a menudo yva a labar mientras sanava de cierta enfermedad anexa a mugeres de su vivir, que la yva a la mano por no dexarla mandar bien los pies, aceptó la casa y, sirviendo algunos días diligentíssimamente le fue cevando: demás de que, le traxo una muger que le puso unos pegotes.

Estrema medicina a la enfermedad de Gonçalo, el qual estava con ellos y con la ropa donoso, a quien la dañada Medea yva traçando un juego que se le acordasse. Y salió con ello, pues le dio palabra de ser su marido delante del Christo que dissimuló las uvas de la difunta, diziéndole que no por averla hallado en casa de la madre de las moças creyesse della cosa que no fuesse de muy muger honrada, que escriviesse a Arévalo, de donde era natural, y conocería de la respuesta quien fuesse, que la avían traýdo a la Corte la muerte de sus padres y la áspera condición y mucha miseria de un tío suyo.

Creyólo él, porque, acordándose de lo que con sus mugeres y hijos cerca della avía passado, se persuadió a que sería verdad. Y, pidiéndole licencia para yr a la iglesia a confessarse si pudiesse y dándosela él, se fue con las mismas lágrimas en casa de un alcalde, a quien se querelló, ofreciéndole bastante información. Depositáronla con esto y fueron por él, y, como no pudiesse venir por estar tan cargado de tiña, le dieron la casa por cárcel, preguntándole al tenor de la querellante; el qual confessó todo lo que passava y como la dio palabra delante de un Christo que a la cabecera de la cama tenía y que él era christiano y se la avía de cumplir, atento lo qual, no avía para que gastar tiempo que él se quería casar.

¡Tanto puede una miseria como esto, que, por no gastar, haze se case este pobre hombre, y tanto puede la ociosidad el ponerse en la ocasión, cosa que tan mal se huye!

En el tiempo que passó mientras se hizieron las municiones, le tuvo para acabarse de curar, de manera que, quando vino a poder de su marido, ya vino buena: y quando no lo estuviera, dissimulara su falta con la sobra del esposo, porque le halló con la enfermedad della, y tal que no le permitía se mudasse de un lado. De manera que ya nuestro Gonçalo tenía, para principio de paga de las inocentes difuntas, cabeça y barba con tiña, dos postemas y, lo peor, una muger de la calidad que he dicho.




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