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Bartolomé de Torres Naharro
Aquilana

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Introito y argumento

   Dios, questó por arrojar

un Dios salve tan complido,

que abarque medio lugar

y un pedaço del ejido.

      Mas non quiero,

5

que me ternán por grosero

si por zagales me rijo,

son habrar como escudero

pues que s'usa en regozijo.

      ¡Juri as nos!

10

Novio y novia, sálveos Dios;

que viváis hasta hartar,

y vos dé hijos dos a dos

y vos los deje perlograr.

      Y al padrino

15

por casa mucho tocino,

en el corral leña y esparto,

y en la bodega buen vino,

y en las trojas trigo harto.

      La madrina

20

que por la gracia divina

viva mil años y un cacho;

y a su hija Catalina,

buen marido y hombre macho.

      Juri al ciego

25

que en la boda del Borrego,

cuando yo estaba bailando

deste modo palaciego,

habró el alcalde en llegando.

      Por Sant Pito,

30

que no era yo tamañito,

aunque era ya enamorado,

y os daba el salto y apito,

que el pueblo estaba espantado.

      Mas quería

35

como el dïabro a Luzía,

que en vella, allí donde estaba,

tan huerte me embebecía,

que se iba con Dios la baba.

      Juri a san

40

que me ha dado tanto afán...

Dios la perdone, qu'es muerta.

Hete aquí, cada San Juan

yo le enramaba la puerta,

      y en presente

45

la daba continuamente

cuanto podía hurtar,

cada sábado, a la huente,

yo la ayudaba a cargar.

      Asmo que

50

nunca domingo bailé

que no la sacase a plaça,

son que una vez la saqué

y echome la calabaça.

      Yo esperela

55

hin a un día de la vela,

que sin dezille palabra,

mía fe, si vos plaze, apañela,

que quedó casi sin habra.

      Como alano

60

la tenía en aquel llano:

«¿Dejarás?». «¡No dejaría!».

Y ellâ morderme la mano,

y el zagal que no dormía.

      Y en aquesto,

65

ella tiesta y yo retiesto,

ella branca y yo amarillo,

no pudiendo velle el gesto

mordilla en el colodrillo.

      La maligna

70

mengarrafa la sopina;

en aquesta negra discordia,

¡Dios mal juba me festina!

Yo grito: «¡Misericordia!

      ¡Déjame ora!».

75

No quería la traidora.

«¡Deja, hermana!», y ella, envuelta:

«¡Por tu vida, ni aun agora!».

«¡Por la mía, mía fe, suelta,

      -oh, perraça -

80

papitos de gallinaza!

No llores ese velete,

que me has fecho la mostaza

reventar por el ojete».

      Conclusión:

85

que ella me pide perdón

y me dijo al cabo al cabo

que no comprase melón

sin oler primero el rabo.

      ¡Oh, borrica!

90

¿Digo yo qué significa?

Diz porque amor es malsín,

el que de amores se pica

huela el rabo, que es el fin;

      que a mi ver,

95

el melón y la mujer

a quien no los suela usar

son malos de conocer

y buenos de blasfemar.

      Quiso Dios

100

que lo quistión dentre nos

naqueste medio acabose;

dende a un año, y creo que dos,

la boba tomó y muriose.

      ¡Malograda!

105

Que viniendo del arada

muchas vezes me ganó,

que tiraba un aguijada

cuatro pasos más que yo.

      ¡Qué braçones,

110

qué pezachos, pernejones,

bocacha de oreja a oreja,

los ojos dos barreñones,

la nariz como una teja!

      Donde, di...

115

no me aliembra... sí, sí, sí:

el otro día, en una boda,

vi una mujer, juri a mí,

que se le parescía toda.

      Descrepaba

120

que Luzía no mostraba

color de negra tan fina,

que un poco más semejaba

a la mi burra mohína.

      Comoquiera

125

que me acuerdo qué tal era,

con el cariño que me atiza

la complición se me altera

y el cabello se me eriza.

      Y helo errado

130

en haberme della acordado,

que la lágrima me asoma,

y hoy no comeré bocado,

aunque me acosen que coma.

      Qu'ay de mí,

135

nora mala acá nascí,

ranilla me despedasce

porque soy venido aquí

do tanta rabia me nasce.

      ¡Oh, mesquino,

140

lloricraca mortezino,

lagrimita nunca seca

y jarrazos de tocino,

coraçones de manteca;

      derretido

145

como el sebo al sol tendido,

como cera en el tejado!

¡Dome a diole, pan perdido,

corpacho mal empleado,

      perrazón,

150

sopa muelle en calderón

madeja mal devanada,

cuartachos de requesón,

zangarrones de cuajada...!

      Ved a quién,

155

do tanta gente de bien,

envían a pernociar;

que vos juri a Santarén

que estoy por no me acordar.

      Asmo que

160

la gran tirria que tomé

me ha fecho turbar así,

aunque no me patiré

sin daros cuenta de mí.

      No ha poder

165

son que tengo de caer

en el demoño a qué vengo,

pues no se me ha d'esconder...

¡Juri a diez, aquí te tengo!

      No es nadeta,

170

son que os traen de cacheta

una co... ¡oh, mal vocabro!,

una comer, o cometa...

comedia, doila al dïabro;

      que el auctor

175

no halló otro embajador

que arrojase más porradas;

y porque notéis mejor,

se parte en cinco jornadas,

      Lo primero

180

ha de entrar un escudero

que le llaman Aquilano,

con Faceto, muy artero

siervo suyo, y como hermano;

      y él con él

185

entran por este vergel

a hablar con Felicina,

que muere de amores d'él

y él por ella que se fina.

      Largamente

190

habran la noche presente,

queda esotra concertada;

salidos encontinente,

cesa primera jornada.

      Dos villanos

195

salen luego muy ufanos

a cavar, que es un misterio;

son del jardín hortelanos,

dichos Dandario y Galterio.

      Perpasadas

200

muchas pullas y alcaldadas

que entrambos han descargado,

encuentran con las pisadas

del bueno del namorado.

      Sal Dileta,

205

camarera muy secreta

y a Felicina muy junta,

que a los necios la discreta

por Faceto les pregunta.

      Vien Faceto

210

que en servir con gran efeto

a su Dileta se funda;

habla con ella en secreto:

h'aquí jornada segunda.

      Luego aína

215

con Dileta, Felicina

sale a esperar a su amigo,

y en viniendo se encamina

y os lo deja sin abrigo;

      y Aquilano,

220

como amador soberano,

sentido d'ello y no poco,

se cae cabe un mançano

dando vozes como loco.

      Y al gritar

225

lo salen a conjurar

los villanos como quiera;

va el uno el Rey a llamar:

he aquí jornada terçera.

      Muy sentido,

230

porque era muy favorido,

Bermudo, rey, llega aína,

d'España rey tan querido,

padre de la Felicina;

      y en lo oír

235

manda médicos venir.

Vienen rezios como un trueno:

Polidarios sé dezir,

y Esculapio y Galieno.

      No acertaron,

240

ni su mal adevinaron,

ni sabían medicallo,

con que por damas mandaron

que vengan a consolallo.

      Y un anciano,

245

teniendo el pulso Âquilano,

pasando la dama ingrata,

conoce luego en la mano

que Felicina lo mata.

      Ya quería

250

matallo el Rey con porfía;

diz Faceto que lo aparta

qu'es hijo del rey d'Ungría,

y acaba jornada cuarta.

      Felicina,

255

no lo sabe tan aína

sálese al jardín âhorcar;

Dandario, Dios lo encamina,

en que la sale a estorbar.

      Su Dileta

260

dos vezes, como discreta,

salió también a estorballa,

y a las tres, muy alegreta,

salió del todo âlegralla.

      Vien Faceto,

265

viene el Rey, por buen respecto,

y el novio y una tracada;

y en abraços, yos prometo,

cumple la quinta jornada.

      Concluyamos

270

que a la comedia llamamos

Aquilana, laguililla;

y atendáis, os suplicamos,

y el hombre se recoquilla.




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