| Índice | Palabras: Alfabética - Frecuencia - Inverso - Longitud - Estadísticas | Ayuda | Biblioteca IntraText |
| Mariano José de Larra Los inseparables IntraText CT - Texto |
PATRICIO, LUISA, VALBUENA, algo retirado hacia el fondo.
PATRICIO.- Querida Luisa, por fin puedo decir a usted cuán feliz soy a su lado...
LUISA.- ¿Y yo? Tenía ayer una tristeza... viendo a... (Viendo a VALBUENA que se ha ido acercando.) ¡Ay! ¡Dios mío!
PATRICIO.- ¿Qué? ¿Por qué se interrumpe usted?
LUISA.- (En voz baja.) No había reparado que el señor se había quedado aquí.
PATRICIO.- No tema usted, no puede oírnos.
LUISA.- No importa... Yo no me atrevo a hablar con usted delante de él. Patricio, dígale usted que se vaya...
PATRICIO.- ¡Dios mío! ¡Qué situación! (Aparte.) Le confieso a usted que no me atrevo... sería una grosería... es tan quisquilloso... Por otra parte, dentro de poco vamos a enlazarnos para siempre.
LUISA.- ¡Ah! Se equivoca usted; no nos casamos hasta la noche; y le aseguro a usted que de aquí allá, puede que haya mudado de idea.
PATRICIO.- ¡Santo Dios! ¡A la noche! ¿Y por qué no por la mañana?
LUISA.- Papá lo ha dispuesto así.
PATRICIO.- (Aparte.) Y yo que al anochecer tengo que volverme... (Corriendo hacia VALBUENA.)
LUISA.- Bien. Me deja por su amigo... ¿Hay mujer más desdichada?
PATRICIO.- Señor Valbuena (A VALBUENA.) deme usted unas horas más; hasta las doce siquiera.
VALBUENA.- Imposible, señorito, imposible. A las siete, o el dinero, o usted.
PATRICIO.- ¡Mal rayo! Yo no sé qué me contiene...
VALBUENA.- Caballerito... si usted se enfada...
LUISA.- ¡Ay, Dios mío! (Acercándose.) ¿Qué es eso?
PATRICIO.- ¿No lo ve usted? Le ruego que nos deje un momento solos, y se formaliza, se enfada... Tiene un genio... de todos los diablos...
LUISA.- ¿Y por un amigo semejante consiente usted en incomodarme? Me sacrifica usted a... Caballero, compóngase usted como pueda, pero mientras esté aquí, le declaro a usted que no me caso.
PATRICIO.- (Aparte.) No hay medio, no hay forma de salir del paso. -Luisa (A LUISA, bajo.) dos palabras, nada más. Oígame usted. Sepa usted que el señor no es lo que usted piensa, y que me es imposible separarme de él... No puedo decir a usted más... pero me es indispensable tenerle contento... en una palabra, mi suerte depende de él.
LUISA.- ¿Y de quién puede usted depender? Usted no tiene más parientes que su tío Antonio, el que está en la Jamaica... (Mirando a VALBUENA que se ha sentado.) ¡Ah! ¡Qué rayo de luz! ¿Sería él... por ventura? ¿Ha vuelto?
PATRICIO.- Silencio... (En voz baja.) Mañana lo sabrá usted todo. Por ahora, bástele a usted saber que la amo... que la adoro a usted... y por lo que hace mi conducta, me es forzoso obedecer... no puedo obrar de otra manera...
LUISA.- ¡Ah! ¿Y por qué no me lo decía usted?
LUISA.- Bien; callaré, callaré. ¡Su buen tío! (Aparte.) Pobre señor, ¿por qué hará estos papeles?