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| Mariano José de Larra Los inseparables IntraText CT - Texto |
VALBUENA y luego EUGENIA que prepara una mesa pequeña.
VALBUENA.- (Sin perder nunca de vista el comedor.) No puedo quejarme... es buena gente; me convidan a almorzar... en pocas casas me hacen igual recibimiento... ¿Es posible que hayan tomado las gentes tal tema con los ministros? Ésta es la primera vez que me han convidado en casa de un deudor; y yo no sé por qué; al fin, un ministro tiene estómago como todos los demás funcionarios públicos. Bebe, come como todos y a veces más... Pues, sin embargo, hay gentes que los creen insensibles. ¡Insensibles! Que se lo pregunten a mi mujer... ¡Por vida de!... Cuidado si he querido yo a mi mujer... Y aun en el día... Ahora es y... y... los amores mismos de esos muchachos me recordaban los míos; me recordaban las muchas veces que estaba celoso y tenía que dejar sola a mi mujer para ir a asegurar a otros... Porque, eso sí, he sido celoso en todo; de mi mujer y de mi deber. (A EUGENIA que ha puesto la mesa a la derecha.) Permítame usted... está demasiado lejos; mejor estará a este otro lado. (Traslada la mesa junto a la puerta del comedor.)
EUGENIA.- ¿Ahí al paso? ¡Va usted a coger un aire!
VALBUENA.- No importa; nosotros estamos acostumbrados ya a estar siempre cogiendo algo. (Mirando al comedor.) Verdad es que están apretados; difícil hubiera sido colocar uno más. Pero desde aquí, veo a toda mi gente; veo a mi hombre. ¡Apreciable joven! ¡Excelentes chuletas!
(Un CRIADO le va trayendo platos.)
CRIADO.- La señorita Luisa es quien le envía a usted todo esto; me ha mandado que cuide de que nada le falta a usted.
VALBUENA.- ¡Amable señorita! Si uno pudiera comer con tranquilidad... es cosa cruel; no poder mirar lo que uno come, para ver lo que uno no come... recobremos el tiempo perdido. (Lleva a la boca cinco o seis bocados seguidos; sin mirar al plato y sin perder de vista el comedor.) Está exquisito, pero no me puede sentar bien... estoy demasiado inquieto... (Mirando.) ese muchacho me da una pena... si fuera mi propio hijo...
EUGENIA.- No vigilaría usted todos sus pasos con más celo.
VALBUENA.- Cierto... Pero, a propósito de hijos... si yo llevase alguna friolera a mis chicos... ¿Usted me permite? ¿No es verdad?
EUGENIA.- Sí, señor. ¿Quiere usted un papel?
VALBUENA.- Gracias. (Levantándose y envolviendo unos bizcochos en el papel.) Tres tengo... tres muchachos... y mi mujer, que está todavía... muy...
EUGENIA.- La señorita viene hacia aquí... Métalo usted en su faltriquera.
VALBUENA.- ¿Qué dice usted? Estas faltriqueras no me pertenecen... Mejor será que lo ponga usted en mi surtú... allí está más seguro, y luego es más ancho.
EUGENIA.- Es verdad... faltriqueras de ministro... quién sabe lo que cabe dentro... (Aparte.) Pues, señor, me vuelvo atrás de lo dicho... a pesar de ser lo que es, es un excelente hombre. ¡Parece imposible!