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| Mariano José de Larra Los inseparables IntraText CT - Texto |
Escena XVI
Dichos y LUISA.
LUISA.- ¡Ay! ¡Querido Patricio! ¡Ay señor! ¡Qué maldita casualidad! Papá estaba en la sala con nosotros... le han llamado... yo le he seguido con curiosidad... y yo lo he visto, lo he oído...
LOS DOS.- ¿Qué?
LUISA.- Le han puesto, le han puesto...
PATRICIO.- ¿Qué le han puesto?
VALBUENA.- ¿Qué le han puesto a su papá de usted?
LUISA.- Le han puesto delante una letra de usted, de dos mil reales.
PATRICIO.- ¡Mía! (Mirando a VALBUENA.) ¡Santos cielos! ¿Será alguna otra que yo me haya dejado olvidada? ¡Cómo diablos... Estas letras me nacen debajo de las piedras!
LUISA.- Un maldecido alguacil...
PATRICIO.- (Tapándole la boca.) ¡Chis!
LUISA.- Sí señor, un alguacil la ha traído; y lo que ustedes no querrán creer; ese alguacil viene de parte de don Carlos, del que quería casarse conmigo.
PATRICIO.- ¡Traidor! ¡Luisa! ¿Qué partido tomaremos? ¿Qué haré?
VALBUENA.- Pagar.
PATRICIO.- Pues, pagar. Eso pronto está dicho.
LUISA.- Señor, yo se lo ruego a usted. (Echándose a los pies de VALBUENA.) Ampare usted este matrimonio desgraciado. ¿Habrá dolor que se iguale a nuestro dolor? ¿Nada le conmueve a usted?
VALBUENA.- Sí, amables jóvenes. Mi corazón no puede resistir más tiempo el embate de tantos afectos encontrados. Un almuerzo, una letra... un matrimonio, en fin; esto último es capaz de dar en tierra con la mejor cabeza del mundo. Tome usted, amigo mío, tome usted esos billetes de banco. Dos mil reales.
PATRICIO.- ¿Qué hace usted?
LUISA.- ¡Ah! ¡Excelente tío! Ya sabía yo que perdonaría y pagaría. Todos los tíos acaban siempre por ahí.
PATRICIO.- ¿Qué dice? ¿Acaso...?
VALBUENA.- ¿Qué importa? (Levantando a LUISA.) Sea yo quien fuere... Usted me ha llamado su amigo íntimo y yo no he querido faltar a las obligaciones de tal. Tome usted, pague usted a su suegro y despida a ese ministro; pero despídale usted con las consideraciones debidas a una profesión harto penosa ya por sí y tanto más sensible a las atenciones, cuanto menos acostumbrada está a ellas. Pero, silencio, es don Lino.