| Índice | Palabras: Alfabética - Frecuencia - Inverso - Longitud - Estadísticas | Ayuda | Biblioteca IntraText |
| Mariano José de Larra Julia IntraText CT - Texto |
CARLOS.-Ahora que estamos solos, Julia, dime, ¿por qué no vas al baile?
JULIA.-Mucho lo siento, Carlos, pero no te lo puedo decir.
CARLOS.-¡Ah! ¿tienes secretos para tu hermano?
JULIA.-Más adelante lo sabrás.
CARLOS.-Pero lo dices con un tono tan triste...
JULIA.-Como que lo estoy efectivamente... cuando me acuerdo de tus extravagancias y de tus calaveradas...
CARLOS.-¿Vas a echarme un sermón? Me voy.
JULIA.-Mira, Carlos: quédate, cállate; a lo menos te veré... No sé cómo tienes valor para estar tanto tiempo sin verme... ¿No me quieres ya, Carlos?
CARLOS.-¿Que no te quiero? Yo que no tengo sino a ti en el mundo que me interese; mi única amiga, mi compañera; tú que siempre lo has sacrificado todo por mí, la mejor de las hermanas; ¡tan generosa!... Julia, te quiero como siempre te he querido... sólo que por desgracia, aunque más joven que yo, tienes tanto juicio que muchas veces me incomodas con...
CARLOS.-Has tomado sobre mí un ascendiente tal que... te lo confirmo... en haciendo algún disparate, no me atrevo a presentarme delante de ti.
JULIA.-¡Dios mío! Y hace quince días que no te he visto.
CARLOS.-Cierto.
JULIA.-Es decir que ha ocurrido alguna desgracia...
CARLOS.-¿Pero tengo yo la culpa de que nuestro padre fuese un hombre de talento que no haya sabido dejarnos todos los bienes que necesitábamos? Si vieras qué cosa es ésa tan terrible y tan humillante... sobre todo cuando está uno entre sus amigos de colegio, o entre los que ha hecho después en el gran mundo; no quiere uno parecer un pobretón... Al contrario, es preciso hacer lo que hacen todos...
JULIA.-¿Y por qué no habías de confesar francamente que tu corta renta no te permite?...
CARLOS.-¡Oh! Nunca me he atrevido a decir que no tenía más que doce mil reales al año por mi casa; todos han creído siempre que tengo dos mil duros de alimentos; así que nunca hubiera confesado la verdad... pero a Dios gracias ya no tengo que confesarla... porque ya ni eso tengo...
CARLOS.-Todo lo he empeñado, por mejor decir, lo he vendido a don Cosme... Ya le conoces... Aquel prestamista... usurero... De este modo vine a reunir un capital de cinco mil duros con los cuales he hecho papel tres meses... como un marqués, como un grande. ¡Qué hermosura! ¡Qué placer! Yo había nacido para eso... Pero todo tiene un término en este mundo; en el día yo no tengo nada; mi paga y nada más; no hay que empezar... Estoy arruinado.
JULIA.-¡Dios mío! ¿Y qué dirá?
CARLOS.-¿Qué se ha de decir? Al contrario; esto me da cierta elegancia en el mundo... en la alta sociedad... entre la grandeza, cuyas casas frecuento... Allí dice uno: «estoy tronado, marquesa, no tengo un real»; y esto es de buen tono. «En ocho días he perdido cien onzas de oro al ecarté, condesita»; esto le da a uno cierto aire de persona principal y de atolondrado y disipador... La prueba de que esto es verdad es que he hecho una conquista, pero una conquista millonaria desde entonces acá: una duquesa viuda, un poco vieja, eso sí, pero me adora. Quiere casarse conmigo. No digas a Amelia una palabra de esto... empezaría a burlarse de mí... y...
JULIA.-Y ¿quién es esa señora?
CARLOS.-La misma que vive en esta calle.
JULIA.-¿Una mujer de sesenta años que ha enviudado ya de dos maridos?
CARLOS.-Yo seré el tercero... ya ves que te proporciono una cuñadita...
JULIA.-Y tienes valor para gastar chanzas en semejantes circunstancias.
CARLOS.-Verdad es... de mala gana las gasto... y lo peor es que no he acabado todavía... no lo he dicho todo; si me parase yo a reflexionar el compromiso en que me hallo hoy, hoy mismo... ni quiero pensar en ello.
JULIA.-¿Qué compromiso?
CARLOS.-Nada; el otro día, el hijo del Conde de Díez - Torres, uno de los muchos cuya amistad frecuento, un amigo íntimo mío, gastador como yo, necesitaba doscientos duros, por tres días nada más... me los pide sin más rodeos, de amigo a amigo, delante de algunas personas de categoría..., ¿cómo había de negárselos... sobre todo, yo que me jacto de buen tono?... Le respondí, pues, en el acto con aire desembarazado, que hizo, por cierto, muy buen efecto en la sociedad: «Esta noche los tendrá usted». Pero es el caso que la noche llegó y yo no los tenía... mas lo había prometido y no quería pasar la plaza de fanfarrón... Casualmente me hallo en el día encargado de la caja del regimiento, interinamente, hasta la vuelta del capitán cajero que está en una comisión importante, y dispuse en su favor...
JULIA.-¿De doscientos duros?
CARLOS.-Sí, por tres días no más... tres días... es lo peor que ese tercer día es hoy, yo no he vuelto a saber de él y de un momento a otro puede llegar el capitán cajero, en cuyo caso deberé entregar los fondos... ¡Bah! De aquí a la noche decididamente hay tiempo todavía... Mi amigo es rico y hombre de pundonor; así que estoy tranquilo... es decir, tranquilo, no del todo... pero pienso distraerme... Esta noche tenemos una comida donde habrá buen Burdeos y exquisito champagne... yo me muero por el champagne... Iré y...
CARLOS.-¿Qué he de hacer? Y beberé también, aunque no de tan buen humor como suelo, eso no...
JULIA.-Carlos, yo no puedo comprender cómo te expones con esa indiferencia a una ruina completa y a perder tu opinión sobre todo... porque, al cabo, si el condecito no te paga...
JULIA.-Pero, ¿y si llegase a suceder?
CARLOS.-Si llegase a suceder... No hablemos... de eso; si llegase a suceder... Entonces... ya hallaríamos algún medio... Verdad es que ahora no me ocurre ninguno... ¡Ah, sí! Uno queda, Eduardo; nuestro amigo Eduardo llega hoy, es muy rico, y nunca malgasta nada... es un modelo en esa parte; ya sabes cómo nos quiere, sobre todo a ti; como que nos hemos criado juntos y en una misma casa... Cuéntale mi aventura y pídele en mi nombre...
JULIA.-¿Has perdido el juicio? ¿Yo le he de confesar tus yerros? ¿Y un yerro de esa especie...? ¿Yo le he de decir que, apenas entrado en mayoría, te has comido ya toda tu hijuela? ¿Qué concepto va a formar de ti? ¿Querrás que después de eso te confíe la felicidad y los bienes de su hermana?
CARLOS.-No, no; tienes razón; no me acordaba.
JULIA.-Conozco a Eduardo perfectamente..., es el hombre más honrado y el amigo más generoso...; con media palabra que yo le diga quedan tus deudas pagadas, y más si fuese necesario; pero también será preciso que renuncies entonces a Amelia... Nadie podría sacarle su consentimiento para esa boda...
CARLOS.-Tienes razón, no le digas nada... Procura, por el contrario, que no pueda sospechar siquiera, ni ahora ni jamás... de ninguna manera. Yo no puedo vivir sin Amelia. Si he de renunciar a su mano, víctima de la desesperación, quizá llegaría al extremo de intentar levantarme la tapa de los sesos.
CARLOS.-No te asustes; felizmente no tengo muchos que perder. Te juro que lo haría; podría ser que luego me pesase; pero el primer ímpetu... Por el contrario, si se consigue ocultar este secreto a Eduardo, tengo esperanzas de enmendar...
JULIA.-¡Oh! Si quisieras..., todavía es tiempo; para eso no hagas sino lo que te dicte tu corazón; tu corazón es bueno y generoso.
JULIA.-Renuncia a esa loca vanidad y a ese deseo ruinoso de figurar.
CARLOS.-Sí, hermana mía, sí.(Impaciente.)
JULIA.-Sepárate para siempre de esas compañías que te pierden...
JULIA.-Mis sermones empiezan a incomodarle ya... no importa. Dame palabra de renunciar a la amistad de esos jóvenes del gran mundo... y esta misma noche...
CARLOS.-Pierde cuidado... no jugaré tan tirado; te prometo no perder más que dos o tres duros.
JULIA.-¡Enhorabuena!
CARLOS.-Sí, pero, para eso es preciso que me los prestes...
JULIA.-¿Cómo que te los preste?(Admirada.)
CARLOS.-Cuando yo te digo que no tengo un cuarto... Yo no engaño nunca a nadie... no tengo un cuarto; tú tienes siempre tus ahorros.
JULIA.-¡Dios mío! Pero, Carlos, tú nunca quieres hacerte cargo de la razón, ni calcular... Acuérdate de que yo tampoco tengo más que cincuenta duros al mes, y de que no hace tantos días que di treinta por ti al usurero de don Cosme...
CARLOS.-Es verdad, es verdad; ya no me acordaba.
JULIA.-Acuérdate de que después has recurrido a mí en una o dos ocasiones.
CARLOS.-Cierto, cierto; yo conozco que hago mal...
JULIA.-No, eso no; no lo digo por eso; soy tan feliz cuando puedo sacarte de un apuro; pero !Ya se ve! Esto sólo puedo hacerlo cercenándolo de mis gastos, y ya es preciso confesártelo... Sabe que si no voy esta noche a ese baile, donde acaso me hubiera divertido, es porque no tengo un vestido de baile... No he querido mandármelo hacer...
CARLOS.-¿De veras? ¿Pues no te hubiera fiado tu modista?
JULIA.-Sí, pero yo no quiero. No me gusta deber nada a nadie. Sin embargo voy a infringir mis principios por primera vez; tenía aquí guardados mis últimos tres duros para pagar esta mañana a esa misma modista un pico atrasado; no importa, le diré que aguarde... Toma, llevátelos.
CARLOS.-¡Oh!, no; jamás. Mejor quisiera morirme que dejarte sin nada...
JULIA.-Yo lo exijo, Carlos; no me enfadaré... Si los rehúsas, es señal de que ya no me quieres; además, yo dentro de unos días debo tomar un tercio; de aquí allá, nada me hace falta, al paso que tú no puedes estar sin dinero... eres hombre y..., pero acuérdate que no tienes obligación de jugar.
CARLOS.-Tienes razón... Y ¿quién sabe? Bien puedo ganar... Adiós, Julia,(Cogiendo el bolsillo.)adiós... Oigo un coche que ha parado en casa; alguna visita... Cuenta con mi agradecimiento; espero volver pronto con buenas noticias; si mis esperanzas no me engañan, me consagraré enteramente a indemnizarte de tus sacrificios.(Sale corriendo por la derecha.)