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| Mariano José de Larra Julia IntraText CT - Texto |
JULIA.-¿Hay suerte más desgraciada? Se va y se va enfadado conmigo. Ya marcharon(Mirando a la puerta. A JORGE.)Dame presto y espera la respuesta. «Querida Julia, soy perdido. El hijo del Conde de Díez - Torres, no puede volverme mis doscientos duros, en atención a que esta madrugada al salir de una casa de juego ha cometido la torpeza de levantarse la tapa de los sesos». ¡Dios mío! «Por otra parte, acabo de recibir carta del capitán cajero en que me dice que llegará esta noche para entregarse en el acto de los fondos que debe haber en caja. Ya conoces que si no los encuentra, no me queda más que un partido que tomar, que es seguir el ejemplo de mi amigo» -desdichado - «o casarme con la duquesa viuda que está cada vez más loca de amores; pero ya te haces cargo de que la primera determinación es la más agradable... te escribo aceleradamente, por si hallas algún otro medio; voy a ponerme a la mesa, pues no puedo faltar a mis amigos, ni a la comida que me dan; y después... pero de todas maneras, ya nos veremos... no me iré al otro mundo sin darte antes un abrazo. Tu hermano Carlos». Yo tiemblo... Él es muy capaz de hacerlo como lo dice... ¿Cómo le salvaría yo? ¿Dónde encontraría yo ahora doscientos duros? Se lo confesará todo a Eduardo...; pero, ¿y su boda?(Titubeando.)¿Si hubiese algún otro medio? Desgraciadamente, Carlos no tiene ya nada, ha empeñado, ha malvendido su corto patrimonio a ese usurero de don Cosme... Está enteramente arruinado... ¡Ah! Yo no lo estoy...; si ese mismo don Cosme quisiera prestarme con las mismas condiciones con que solía prestarle a él... empeñando, vendiendo... Acaso no querrá a una mujer... No importa, probemos; felizmente sé las señas de su casa, desde que le envié últimamente treinta duros por Carlos.
JORGE.-¿Está la respuesta, señorita?
JULIA.-Espérate, Jorge, espera un momento...
JORGE.-Bien, señorita; esperaré todo lo que usted quiera.(Sentándose en un sillón en el fondo.)
JULIA.-«Señor don Cosme... necesito(Escribiendo.)en el acto, en el acto repito, doscientos duros... no sé de qué manera suelen hacerse estos negocios... le aseguro a usted que es la primera vez que esto me sucede; doy a usted por garantía, en primer lugar, mi palabra, a la cual no he faltado nunca y, en segundo lugar, la casa que tengo en esta corte y que me produce doce mil reales al año; de suerte que podrá usted quedar reintegrado en cuatro meses. Se lo pido a usted en nombre mío y de mi hermano Carlos, a quien ha prestado ya servicios de esta especie, y cuente con el eterno agradecimiento de entrambos. Julia». Toma, Jorge; lleva esta carta sin pérdida de tiempo adonde dice el sobre; que espero la respuesta inmediatamente y con la mayor impaciencia.
JULIA.-¡Quiera el cielo que mi diligencia no sea infructuosa! Carlos, Carlos, ¡qué de sacrificios me cuestas!