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| Mariano José de Larra Julia IntraText CT - Texto |
(Siguen luces. CARLOS y después JULIA.)
CARLOS.- (Entra cantando y se dirige a la puerta de la derecha.)¡Julia! ¡Julia! No hay cosa como un par de botellas de champagne, en el vino se ahogan todas las penas, y de entre la misma espuma sale siempre algún arbitrio... Julia...
JULIA.-¡Cielos!, mi hermano... Hasta saberlo de fijo, no quiero decirle nada.(CARLOS hace un paso de baile sin notar que ha entrado JULIA.)¿Ha perdido la cabeza? ¿El sentimiento, acaso...?
CARLOS.-¡Ah! Julia. ¿Estás aquí ya? Si supieras lo que ha sucedido...
JULIA.-¿Qué ha sucedido? Pero te veo alegre... ¿Alguna buena noticia? ¿Has jugado? ¿Has ganado?
CARLOS.-Nada; es mejor que eso... En primer lugar, hemos tenido en la comida un champagne... picante, espumoso...
JULIA.-Carlos, por Dios, vamos a lo que importa...
CARLOS.-Al contrario; hablemos de champagne, aunque no fuese sino por agradecimiento; él es la causa de todo. ¿Te acuerdas de mi amigo Silvestre, el conde del Espinal, esa especie de labriego que te he presentado esta tarde... pues ése estaba a mi lado, sin hablar una palabra, taciturno... Pero eso no prueba nada... es muy amable...; durante el primer servicio no hubo quién le sacara una palabra del cuerpo; pero el Burdeos empezó ya a despejarle, y a los postres, otro loco como yo. ¡Qué frivolidad! ¡Qué elocuencia! En una palabra, al levantarse de la mesa se arroja en mis brazos, me declara que te adora y me pide tu mano.
CARLOS.-Ya ves tú si es un buen partido; tiene un palacio en La Seca, o en Rueda, yo no sé dónde; pero ello es que no hay título ni propietario más rico que él en Tierra de Campos.
CARLOS.-Tú serás la dueña de todo; yo y todos mis amigos iremos a pasar los veranos a tu casa; ya sabes que no es de buen tono pasar el verano en Madrid. Les diré... ésta es mi hermana, la Condesa del Espinal...
JULIA.-Bien; pero escúchame una palabra.
CARLOS.-¡Yo soy quien la he casado! ¡Yo soy la causa de su felicidad!
JULIA.-¿Quieres escucharme?(Asiéndole de un brazo.)
CARLOS.-¿Qué hay, condesa? ¿Qué se ofrece?
JULIA.-No se trata de mí, ni de condesas, ni de bodas. Eduardo acaba de llegar y puede descubrirlo todo. Y entretanto tú estás sin los doscientos duros, ni te acuerdas de ellos.
CARLOS.-¡Bagatelas! Ya en el día eso no me da pena..., mi cuñado Silvestre es hombre rico; ¿qué significan para él doscientos duros más o menos?
JULIA.-Espero que no le dirás una palabra.
CARLOS.-Me lo ha ofrecido, he aceptado... entre cuñados...
JULIA.-¡Dios mío! ¿Hay locura igual?
CARLOS.-Sí, hermana mía; te doy más de diez mil duros de renta... todo está arreglado ya; tanto que él vendrá a verte dentro de poco; yo le he dicho que venía delante para prevenirte...
CARLOS.-¡Oh! Es preciso recibirle bien; en primer lugar, él se ha empeñado; en segundo, es un hombre de muy buena cuna, generoso, caballero... hombre, en fin, que dentro de unas cuantas horas va a adelantarme doble dinero del que necesito.
JULIA.-Pero yo no he prometido recibirle, ni darle oídos... No le amo.
CARLOS.-¡Gran dificultad para casarse! ¿Y por qué no le amas?
JULIA.-Porque... porque no amo a nadie.
CARLOS.-Pues en ese caso, ¿qué más te da que sea él u otro? No es decir esto que quiera yo forzar tu voluntad; ¡Dios me libre! No soy yo uno de esos hermanos exigentes que se empeñan en hacer dichosas a sus hermanas a su pesar. Eres muy dueña de negarle tu mano, pero no por hoy... espérate a mañana.
JULIA.-Mañana... le querré lo mismo que hoy.
CARLOS.-¿Qué sabes tú? Y entretanto salgo yo del paso; sólo una cosa exijo de ti de aquí a mañana, que no le desesperes...
JULIA.-Pero eso es muy mal hecho... eso es ser coqueta...
CARLOS.-¿Es decir, que no te atreves a ser coqueta una noche, ni siquiera por mí? Cuando veo que tantas que lo son toda su vida por mera diversión...
JULIA.-Di lo que quieras... Es una infamia... Tengo otro arbitrio mejor que ése, y que me gusta más... Si se logra...
JULIA.-¡Dios mío! Óyeme, siquiera...
CARLOS.-No; no oigo nada; no tengo tiempo; ya es muy tarde; me estarán esperando en el baile, querían venirse temprano con motivo de la llegada de Eduardo; le he pedido a Amelia una contradanza... ¡Qué! Si tu boda me ha hecho olvidar mis propios intereses... Hermana mía, yo te lo suplico; decídete a ser dichosa, y a ser condesa... o a lo menos piénsalo, medítalo bien, y no decidas nada... Ya ves que esto no es difícil... ¡Adiós!, ¡adiós!..., me voy a bailar(Sale por el foro cantando y bailando.)
JULIA.-Pero Carlos... se va, no me escucha. Va a perder la cabeza... ¿Quién viene? ¡Dios mío! ¡Don Silvestre!