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| Mariano José de Larra Julia IntraText CT - Texto |
Escena XVI
Dichos y CARLOS.
CARLOS.-Deteneos. ¿A dónde vais?
AMELIA.-A firmar los contratos, no se esperaba sino a ti.
CARLOS.-Es imposible; esas bodas no pueden verificarse, yo no lo permitiré.
TODOS.-¿Cómo?
CARLOS.-Porque Eduardo no ama a Isabel.
DOÑA EUGENIA.-¿Qué se atreve usted a decir?
CARLOS.-Ama a mi hermana y es correspondido.
EDUARDO.-¡Carlos!(Corriendo a él arrebatado de alegría.)
JULIA.-¡Hermano mío!(Quiere taparle la boca.)
CARLOS.-No; no; no tengo ya consideraciones que guardar; ahora se sabrá todo. La verdad debe decirse siempre en la última hora de la vida, y yo no creo que esté muy distante la mía... y si no me es igual.
EDUARDO.-¿Qué estás diciendo?
CARLOS.-Que mi hermana ha recibido del Conde del Espinal, no un billete amoroso sino una letra de cambio destinada a pagar ciertas deudas... Esta letra era para mí... y esas deudas eran mías... Mi hermana acaba de empeñar parte de sus bienes a un usurero... ¿Y para quién? Para su hermano que se ha comido ya los suyos... Y esto no le parece bastante. Déjame,(a JULIA que trata de interrumpirle.)todo se sabrá, se deja sospechar, acusar, humillar, ¿y por quién? Siempre por su hermano, cuya boda y cuya felicidad no quiere desbaratar... Carlos podrá ser un calavera, convengo en ello, pero no es un ingrato... Toma Eduardo; ahí tienes tu dinero; toma Julia, ahí tienes tu letra... pagada y rota..., y por lo que respecta a mis deudas, ya están todas pagadas.
TODOS.-¿Pagadas?
CARLOS.-¡Pudiera haberme levantado la tapa de los sesos; éste era un arbitrio; fue el primero que me ocurrió, pero este arbitrio no remediaba nada, y sobre todo no dejaba pagados a mis acreedores... Entonces dije para mí; si de todos modos es forzoso renunciar a Amelia, hagamos el sacrificio por entero; me sorprendió un acceso de delirio, de desesperación; no me quedaba más capital que mi persona... Y lo he empeñado.
TODOS.-¿Cómo?
CARLOS.-Sí, a una mujer rica, amable, generosa, que no tiene más que un defecto, que es tener tantos años como miles de duros.
TODOS.-¿Quién?
CARLOS.-La duquesa, nuestra vecina.
TODOS.-¡Cielos!
EDUARDO.-Una duquesa viuda...
CARLOS.-No me la recuerdes, Eduardo; no hagas vacilar mi valor; he considerado toda la extensión del sacrificio... Tiene sesenta años... pero mejor..., ojalá tuviera setenta.
EDUARDO.-¿Y te has de casar con ella?
CARLOS.-Es preciso que yo sufra un castigo; lo tengo demasiado merecido... Amelia... Amelia... yo no era digno de usted, ni de su hermano; no hay esperanza ya para mí, no hay felicidad. Abandonaré el mundo... Me retiraré a mis tierras; allá irás a verme; cazaremos... Tendré perros y caballos... ¡Ah! ¡Querido amigo, qué desgraciado soy! Y usted que debe estar picado...(A DON SILVESTRE.)Hombre, si quisiera usted batirse conmigo y matarme... me haría usted un gran favor.
DON SILVESTRE.-¡Oh!, no, no; bastantes favores le he hecho ya a usted de esta especie...
CARLOS.-Hombre, será el último.
AMELIA.-¡Eso es una infamia! Postergarme a esa viuda.
EDUARDO.-Vaya... tranquilizáos; ¿habéis perdido todos el juicio? Yo me encargo de corregir a Carlos.
CARLOS.-¿Y cómo? ¿Con qué derecho?
EDUARDO.-Con un derecho que no merezco tampoco, pero que sin embargo reclamo... como cuñado.
DOÑA EUGENIA.-Eduardo...
EDUARDO.-Sí, tía mía, dígnese usted perdonarme; la amo demasiado para entregar a otra un corazón que le pertenece entero... Y tú, Julia, ¿te negarás a perdonar a un arrepentido?... ¿Vuelves la cabeza? ¿Tanto te cuesta concederme tu perdón? Enhorabuena no lo hagas por mí... sino por ese mismo hermano... Él quería sacrificarlo todo a su Julia ¿no hará Julia otro tanto por él?
JULIA.-¡Ah! He hecho tantos sacrificios por Carlos... que bien podré hacer este último... Y será...
EDUARDO.-Julia...
JULIA.-La recompensa de todos los demás.(Con ternura.)Sí, Eduardo... sí; te amo... Soy dichosa al decirlo... pero, ¿puedo ser feliz sin que lo sea mi hermano?
EDUARDO.-Eso es cuenta mía... Le devolveré a la duquesa el capital que haya adelantado... En cuanto a los intereses, yo procuraré persuadirla a que no debe cobrarlos tan caros... Y entonces, si lo consigo, como lo espero, volveremos a cimentar la felicidad de Carlos, cuanto esté enteramente corregido, y la de mi querida Amelia.
AMELIA.-¡Isabel! Todavía no se ha decidido quién de las dos ha de casarse la primera.
[TELÓN