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Francisco de Quevedo
Romances

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Boda de negros

   Vi, debe de haber tres días,

en las gradas de San Pedro,

una tenebrosa boda,

porque era toda de negros.

   Parecía matrimonio

5

concertando en el infierno,

negro esposo y negra esposa,

y negro acompañamiento.

   Sospecho yo que acostados

parecerán sus dos cuerpos,

10

junto el uno con el otro

algodones y tintero.

   Hundíase de estornudos

la calle por do volvieron,

que una boda semejante

15

hace dar más que un pimiento.

   Iban los dos de las manos,

como pudieran dos cuervos;

otros dicen como grajos,

porque a grajos van oliendo.

20

   Con humos van de vengarse,

que siempre van de humos llenos,

de los que por afrentarlos,

hacen los labios traseros.

   Iba afeitada la novia

25

todo el tapetado gesto,

con hollín y con carbón,

y con tinta de sombreros.


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   Tan pobres son que una blanca

no se halla entre todos ellos,

30

y por tener un cornado

casaron a este moreno.

   Él se llamaba Tomé,

y ella Francisca del Puerto,

ella esclava y él esclavo

35

que quiere hincársele en medio.

   Llegaron al negro patio,

donde está el negro aposento,

en donde la negra boda

ha de tener negro efecto.

40

   Era una caballeriza,

y estaban todos inquietos,

que los abrasaban pulgas

por perrengues o por perros.

   A la mesa se sentaron,

45

donde también les pusieron

negros manteles y platos,

negra sopa y manjar negro.

   Echolos la bendición

un negro veintidoseno,

50

con un rostro de azabache

y manos de terciopelo.

   Diéronles el vino tinto,

pan entre mulato y prieto,

carbonada hubo, por ser

55

tizones los que comieron.

   Hubo jetas en la mesa,

y en la boca de los dueños;

y hongos, por ser la boda

de hongos, según sospecho.

60

   Trujeron muchas morcillas,

y hubo algunos que, de miedo,

no las comieron pensando

se comían a sí mesmos.


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   Cuál por morder el mondongo

65

se atarazaba algún dedo,

pues sólo diferenciaban

en la uña de lo negro.

   Mas cuando llegó el tocino

hubo grandes sentimientos,

70

y pringados con pringadas

un rato se enternecieron.

   Acabaron de comer,

y entró un ministro guineo,

para darles agua manos

75

con un coco y un caldero.

   Por toalla trujo al hombro

las bayetas de un entierro.

Laváronse, y quedó el agua

para ensuciar todo un reino.

80

   Negros dellos se sentaron

sobre unos negros asientos,

y negras voces cantaron

también denegridos versos.

   Negra es la ventura

85

de aquel casado,

cuya novia es negra,

y el dote en blanco.




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