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| Francisco de Quevedo Romances IntraText CT - Texto |
A Nuestra Señora en su nacimiento
Ya la oscura t triste noche,
llena de tristeza y miedo,
huye por las altas cumbres,
y por los riscos soberbios.
Yo, con ser recién nacida,
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de este mundo la destierro,
porque ya en mí reverberan
los rayos del sol inmenso.
Y aunque me miráis tan niña,
soy más antigua que el tiempo,
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mucho más que las edades
y que los cuatro elementos.
Del principio fuí criada,
que es el sumo Dios eterno,
y el primero lugar tuve
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después del sagrado Verbo.
Infinitos siglos antes
que criara el firmamento,
ya él a mí me había criado
en mitad de aquel silencio.
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Su primogénita dice
que soy el santo, y perfecto;
de su propia boca oí
este divino requiebro.
Adornome de virtudes,
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ricos tesoros del cielo,
en mí se estarán estables
de este siglo al venidero.
Entonces vendré triunfante,
pues al que es sol verdadero,
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le di mis pechos y entrañas,
y encendió de amor mi pecho.
Sírvole con gran amor,
dile el corazón sincero
en la santa habitación
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del limpio y santo Cordero.
Cubiertos tuve sus rayos,
y aunque los tuve cubiertos,
él mostró su inmensidad,
yo mi limpieza y buen celo.
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Premió tan bien mis servicios,
que en el santo monte excelso
con él quiere que descanse
en el alcázar supremo.
Pisé sus piedras preciosas,
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y hollé sus dorados suelos,
y a mí sola dieron silla
como reina de aquel reino.
Recíbeme con aplauso
cantándome himnos y versos,
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diciendo que por antigua
merezco el lugar primero.
Por antigua en la creación,
y en ser de virtud ejemplo,
por la primera en vencer
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al demonio torpe y feo.
Y porque fuí la primera
que me vestí el ornamento
de la limpia castidad,
e infinitos me siguieron.
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Por mi humildad sacrosanta,
que a los más humildes venzo;
y por aquesta humildad
fuí de Dios custodia y templo.
Porque fuí el claustro cerrado,
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donde Dios tuvo aposento,
para que el género humano
saliese de cautiverio.
Haced fiesta, mis cofrades,
que el nombre de Antigua quiero;
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estimalde y celebralde,
que yo os daré el justo premio.
Y al templo antiguo y famoso,
que alcanza tal epíteto,
enriquecelde vosotros,
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que vaya siempre en aumento.
Perseverad hasta el fin
en ser mis devotos rectos,
que yo prometo de daros,
por uno que me deis, ciento.
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