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Benito Pérez Galdós
Tristana

IntraText - Concordancias

lope

    Capítulo
1 I | dijéronme que se llamaba don Lope de Sosa, nombre que trasciende 2 I | pero él respondía por D. Lope Garrido. Andando el tiempo, 3 I | resultando que aquel sonoro D. Lope era composición del caballero, 4 I | que matarle o decirle D. Lope. ~La edad del buen hidalgo, 5 I | que de la madura. Fue D. Lope Garrido, dicho sea para 6 I | profesional, el buen D. Lope, que había gozado en mejores 7 I | hacerse constar es que si D. Lope era todo afabilidad y cortesía 8 I | para estreno la casa de D. Lope, que no era ciertamente 9 I | mozuela bonita, con el gran D. Lope, jefe y señor de aquel cotarro, 10 I | esposa, ni nada del gran D. Lope; no era nada y lo era todo, 11 II | posible en torno del D. Lope, para que no se le tenga 12 II | La caballerosidad de D. Lope, como fenómeno externo, 13 II | era consultado el gran D. Lope, que opinaba y sentenciaba 14 II | Con tales ideas, a D. Lope le resultaban muy simpáticos 15 II | Ejército, las ideas de D. Lope picaban en extravagancia. 16 II | escritos el ingenioso D. Lope, porque no encontraba sitio 17 II | referirá. Siempre fue don Lope muy amigo de sus amigos, 18 II | otra cosa era, del buen D. Lope. Reluz, al casarse por amor 19 II | de la fortunilla de don Lope; el cual, encastillado en 20 III | patente que le quitara a D. Lope las ganas de cortejarla, 21 III | lo desconocido. ~Quiso D. Lope poner mano en este costoso 22 III | toda el alma lamentaba D. Lope la liquidación cerebral 23 III | tanto amó. Un día quiso D. Lope despertar los recuerdos 24 III | perfumería y comestibles, tuvo D. Lope que dar otro tiento a su 25 III | mercachifles. Cuando D. Lope vio salir su precioso arsenal, 26 III | de volverlos también a D. Lope, que presente estaba, y 27 III | Tristana se fue a vivir con D. Lope, y que este... (hay que 28 IV | deplorables. Era que D. Lope, por añejo dogma de su caballería 29 IV | chispa, y la conciencia de D. Lope, en casos de amor, aunque 30 IV | apadrinar los disparates de D. Lope, y derogaran los articulitos 31 IV | infierno, sólo para don Lope habría que crear uno, a 32 IV | sabía emplear el tuno de D. Lope, quien compensaba lo que 33 IV | venturas de amor pueden ser. D. Lope le cultivaba con esmero 34 IV | durar: un día advirtió D. Lope que había terminado la fascinación 35 IV | recobrarse. Bruscamente vio en D. Lope al viejo, y agrandaba con 36 IV | papeles de galán. Y no era D. Lope aún tan viejo como Tristana 37 IV | llevaba, bajo el poder de D. Lope Garrido. ~ 38 V | siempre peligroso. Era que D. Lope, sin que ninguno de los 39 V | enseñaba, la niña de D. Lope creaba, fundando sus atrevidos 40 V | abandonar la morada de D. Lope, oyó en su mente el hondo 41 V | endiablada sombra de D. Lope. Contra esto, no obstante, 42 VI | entretenían en poner en solfa a D. Lope, el cual, al verse en tan 43 VI | del caso era que, como D. Lope ignoraba en absoluto la 44 VI | de las economías; pero D. Lope sacrificó su presunción 45 VI | mudanzas, en el cual tenía D. Lope su archivo galante. En las 46 VI | desgarrado y sucio. La cama de D. Lope, de madera con columnas 47 VI | sofocación del pecho. Renegaba D. Lope y ponía el grito en el cielo, 48 VI | menudencias, que herían a don Lope en lo más vivo de su presunción, 49 VII | pensamiento de la esclava de D. Lope, y al día siguiente, esta, 50 VII | atrevía la esclava de D. Lope a volver la cabeza, pero 51 VII | respuestas de la niña de D. Lope, aquel sí pronunciado tres 52 VIII | Horacio que la niña de D. Lope. Esta, con muchísimas ganas 53 X | pero tenía miedo de D. Lope, viéndole ya cual monstruo 54 X | acentuaba de día en día. D. Lope llegó al colmo de la impertinencia, 55 X | encerrada toda mi vida?». ~Don Lope desahogaba su enojo con 56 X | arranques de mal genio, D. Lope llegó a inspirar a su cautiva 57 X | Habría paseíto, aunque D. Lope enfermase o se muriera. 58 X | propio tiempo, volvió D. Lope a poner en el cuidado de 59 XI | de Chamberí, hija de D. Lope. Pero Saturna, al llevarle 60 XI | señorita es casada, y ese D. Lope, que usted cree papá, es 61 XI | unían a Tristana con D. Lope. «No, si no le quiero - 62 XI | su mente la figura de D. Lope, más viva era su resolución 63 XI | sopa. Durante la comida, D. Lope estuvo decidor, y echaba 64 XI | se le volvía veneno. A D. Lope no le faltaba apetito aquella 65 XI | equivocas... yo no tengo...». D. Lope se le imponía de tal modo, 66 XII | Los penetrantes ojos de D. Lope, clavados en ella, la sobrecogían, 67 XII | tan sin consuelo, que D. Lope varió bruscamente de tono 68 XII | habría sido peor - replicó D. Lope, defendiéndose como pudo - . 69 XII | transcurrido media hora cuando D. Lope tiró de la campanilla para 70 XII | Mátame cuando quieras». ~Y D. Lope, al verla salir en tan decidida 71 XIII | diversos asuntos, esquivando D. Lope, con fría táctica, el tratar 72 XIII | inteligencia soberana, que D. Lope, refrenando sus ganas de 73 XIII | le conozco - replicó D. Lope - . Ese que... ~ - Ese que 74 XIII | tapa. Suba y véalo todo, D. Lope. Es buen chico ese D. Horacio, 75 XIV | verdad? El maldito don Lope ni aun eso se ha cuidado 76 XV | remedaba a su viejo D. Lope; y, en suma, tales talentos 77 XV | gustaría oírle contar a D. Lope sus historias galantes. ~ 78 XV | la tal se escapo con D. Lope a Barcelona. Allí tuvo este 79 XV | puerta y apareciera tu D. Lope...? ~ - ¡Ay! Tú no conoces 80 XVII | y viene a contármelo D. Lope con cara de regocijo, o 81 XVIII | Mistificador! ~»Noticia fresca. D. Lope, el gran D. Lope, ante quien 82 XVIII | fresca. D. Lope, el gran D. Lope, ante quien muda se postró 83 XVIII | dicho nada. El gran don Lope, terror de las familias, 84 XIX | No, hijo mío. Es que D. Lope me ha pegado su reuma. Hombre, 85 XIX | Hombre, no te asustes; D. Lope no puede pegarme nada, porque... 86 XIX | alivio, qué alegrón! D. Lope celebra mi mejoría; pero 87 XIX | amanecí en un grito. D. Lope trajo al médico, un tal 88 XIX | fusilaran a Saturna, que a D. Lope le azotaran públicamente, 89 XX | Enero, entró en su casa D. Lope Garrido melancólico y taciturno, 90 XX | este cambiazo, porque D. Lope apenas salía de noche, y 91 XX | cojera. ~Entró, pues, D. Lope, y soltando la capa en el 92 XX | tal, mona? - le dijo D. Lope, acariciándole la barbilla 93 XX | lo dijo enterneció a D. Lope, hombre valiente y de mucho 94 XX | era la primera vez que D. Lope le hablaba en este tono; 95 XX | entró inesperadamente D. Lope, y como la viese esconder 96 XX | probar que cuando el gran D. Lope se atufa, nadie puede con 97 XX | misterioso despotismo que D. Lope ejercía sobre ella, la cautiva 98 XXI | hablando de lo mismo, y D. Lope, con suma habilidad estratégica, 99 XXI | antes que se levantara don Lope, enjaretó una larga y nerviosa 100 XXII | Madrid y en la casa de D. Lope cosas de extraordinaria 101 XXII | que requería el caso, D. Lope creía conjurar el peligro 102 XXII | compendiosas, que el mismo D. Lope, sin hacer ya misterio de 103 XXII | aún no estaba contento D. Lope, decidido a emplear todos 104 XXII | entenderla! Confiesa y declara, Lope amigo, que eres un zote, 105 XXII | hierbas callejeras. Oírlo D. Lope y mandar que viniera la 106 XXII | a la enferma. Maldijo D. Lope a todas las charlatanas 107 XXII | encerrose Miquis con D. Lope en el cuarto de este, dejándose 108 XXII | propia del caso. ~«Amigo D. Lope - dijo, poniendo sus dos 109 XXII | haría llegar tarde. ~Don Lope fue asaltado de una especie 110 XXII | peligros!... ~ - Sr. D. Lope - dijo Miquis con triste 111 XXIII | quedarás buenísima - dijo D. Lope, envalentonándose al verla 112 XXIII | hora, y solos Tristana y D. Lope, estuvieron un ratito sin 113 XXIII | por fin la entregó a D. Lope, abierta, para que le pusiese 114 XXIII | sentimientos tristísimos que D. Lope no sacó del corazón a los 115 XXIII | antisépticos. Recibioles D. Lope como si recibiera al verdugo 116 XXIII | a punto que entraba D. Lope consternado, medio muerto. ~ 117 XXIII | pensamiento los llamaba D. Lope, y en cuanto creyeron bien 118 XXIII | manos en la triste obra. D. Lope trincaba los dientes, y 119 XXIII | diligente bisturí vio D. Lope la primera sangre, su cobardía 120 XXIV | mi niña? - le preguntó D. Lope haciéndole caricias. ~Y 121 XXIV | esas bromas». ~Augusto y D. Lope, cuando los otros dos médicos 122 XXIV | principio agradaron a D. Lope; mas no tardó el buen señor 123 XXIV | descontenta de sí misma, dijo a D. Lope: «¡Vaya, que tantos días 124 XXIV | ambos la risa, y animado don Lope con su éxito, siguió hiriendo 125 XXIV | yo sola». ~Dejola D. Lope un momento, y escribió la 126 XXIV | Dice que se avistará con D. Lope para cantarle clarito. ~ - ¡ 127 XXIV | la casa le amarraba, D. Lope salía muy a menudo, movido 128 XXIV | decir... Dios mío... yo... Lope Garrido, descender a...! ¡ 129 XXIV | profesor anunciado por D. Lope, oía en su mente las dulces 130 XXIV | mano en alguna copia, y D. Lope prometió traerle buenos 131 XXIV | quieras, mujer - indicó don Lope, alzando los hombros - . 132 XXV | pensaba de ello el suspicaz D. Lope. No quiso la sirviente meterse 133 XXV | Saturna - replicó D. Lope, golpeando en la mesa con 134 XXV | rasgo, D. Lepe, digo, don Lope... y... ~En vez de incomodarse, 135 XXV | ideas expresadas por D. Lope. ~«Señor, lo que yo digo 136 XXV | por Saturna, dirigiose D. Lope al estudio, y al subir, 137 XXV | preguntarme: ¿Y es usted aquel D. Lope...? Nunca creí que llegara 138 XXV | el pintor a tratar a D. Lope según los aires que este 139 XXV | De modo, Sr. D. Lope - dijo Horacio con gracejo 140 XXV | donosísimas que después le dijo D. Lope pertinentes a la vida galante, 141 XXVI | pedazo de ángel! - decía D. Lope, dejando atrás, con menos 142 XXVI | la entrevista. Fingió D. Lope que se ausentaba, sin hacer 143 XXVI | compasión. ~Entretanto, D. Lope iba y venía sin sosiego 144 XXVI | Llamándola al pasillo, D. Lope la interrogó con vivo interés: « 145 XXVI | Pero debo considerar que D. Lope, concediéndome verte, procede 146 XXVI | estancia, sorprendió a D. Lope en el pasillo y se fue derecho 147 XXVI | discreción interpretada por D. Lope como delicadeza o más bien 148 XXVI | género que agobiaban a D. Lope, se arrancó a proponer a 149 XXVI | tengo vergüenza! ~ - ¡Don Lope, por amor de Dios!~ - Don 150 XXVI | lecciones de música. ~ - Don Lope... déjese de distingos. ~ - 151 XXVII | es de estos - añadió D. Lope - , que al dejar de amar 152 XXVII | de amor. Introdújose D. Lope en la habitación cuando 153 XXVII | contra la creencia de D. Lope, parecía del agrado de Tristana. 154 XXVII | aquel milagro veían. D. Lope estaba verdaderamente lelo 155 XXVII | Cecilia! - exclamaba D. Lope con entusiasmo, que le ponía 156 XXVII | estancia, con muletas, y a D. Lope y al otro viejo se les figuraba, 157 XXVII | Tristana, y el mismo D. Lope, las cuales en todo el año 158 XXVII | mañana de Noviembre entró D. Lope con cara grave en el cuarto 159 XXVIII| cómo había de saber esto D. Lope, si ella misma no lo sabía? ~ 160 XXVIII| inocente inclinación, mudose D. Lope desde lo alto del paseo 161 XXVIII| domicilio le vino bien a D. Lope por el lado económico, pues 162 XXVIII| y manifiestos. Cuando D. Lope notó esta nueva fase de 163 XXVIII| Pero soy yo de verdad, Lope Garrido, el que hace estas 164 XXIX | No tuvo la vejez de D. Lope toda la tristeza y soledad 165 XXIX | conferenciaron; oyole D. Lope con indignación, partió 166 XXIX | radicales y disolventes, como D. Lope! ~«Aunque estoy lelo - dijo 167 XXIX | que usted se case. ~Don Lope soltó la risa. Pero no se 168 XXIX | hecho... ¡Quién lo diría! D. Lope, que en aquellos tiempos 169 XXIX | iglesia, todavía no estaba D. Lope seguro de haber abjurado 170 XXIX | ánimos para vivir mucho! D. Lope no cabía en sí de contento, 171 XXIX | tan bien, tan bien, que D. Lope, después de catarlos, se


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