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Capítulo
1 I | que aquel sonoro D. Lope era composición del caballero, 2 I | cuando de esto se trataba, era una cifra tan imposible 3 I | que allí se disfrutan. No era ya Garrido trasnochador; 4 I | constar es que si D. Lope era todo afabilidad y cortesía 5 I | casa de D. Lope, que no era ciertamente una provincia 6 I | tuteaba con familiar llaneza, era joven, bonitilla, esbelta, 7 I | en tan singular criatura era que parecía toda ella un 8 I | hace reír? De papel nítido era su rostro blanco mate, de 9 I | Evangelio que la señorita era sobrina del señorón. Apuntó 10 I | del vulgo circunvecino, no era hija, ni sobrina, ni esposa, 11 I | nada del gran D. Lope; no era nada y lo era todo, pues 12 I | Lope; no era nada y lo era todo, pues le pertenecía 13 II | ni por más malo de lo que era realmente. Presumía este 14 II | aunque parecía de su cosecha, era en rigor concreción en su 15 II | vituperaba lo que a su juicio era motivo de corrupción, y 16 II | Respecto a decoro personal, era tan nimio y de tan quebradiza 17 II | intrincado fuero duelístico era consultado el gran D. Lope, 18 II | transcendencia. ~El punto de honor era, pues, para Garrido, la 19 II | considerarse como virtud, no lo era ciertamente su desprecio 20 II | Tal como lo conocía, no era más que un instrumento político, 21 II | genio. Y no se crea que era irreligioso: al contrario, 22 II | la camisa por un amigo no era una simple afectación retórica. 23 II | altruista, que no otra cosa era, del buen D. Lope. Reluz, 24 II | siglo». Como consuelo, no era de los más eficaces. Reluz 25 III | pronto se convenció de que era imposible. El tiempo corto 26 III | Calderón, y al pronto creyó que era algún casero o el dueño 27 III | la pobre enferma. Lo peor era que el buen caballero soportaba 28 III | suple al arte, museo que era para su historia de amorosas 29 IV | astro apagado y muerto. Era que al sentido moral del 30 IV | limitaciones o paradas deplorables. Era que D. Lope, por añejo dogma 31 IV | en otros puntos, en aquel era más dura y más muerta que 32 IV | adquisición, porque la chica era linda, despabiladilla, de 33 IV | hace papeles de galán. Y no era D. Lope aún tan viejo como 34 IV | despertar de Tristana no era más que una fase de la crisis 35 IV | en sus sentimientos, que era muy fácil evocarlos en la 36 V | casi siempre peligroso. Era que D. Lope, sin que ninguno 37 V | algunos montoncitos de tierra. Era la historia y la poesía 38 V | que, más que sirviente, era para ella una fiel amiga - , 39 VI | rato. Lo gracioso del caso era que, como D. Lope ignoraba 40 VI | inmediato al de su dueño, era lo menos marcado por el 41 VII | Los domingos, el paseo era de muy distinto carácter. 42 VII | Saturno, como su madre, y era rechoncho, patizambo, con 43 VII | salado no tenía ni pizca; era, sí, dócil, noblote y aplicadillo, 44 VII | despilfarro, y cuarto adquirido era cuarto lanzado a la circulación. 45 VII | El fósforo o la vida» era la consigna, y con tal saqueo 46 VII | la sangre. ~¿Qué hombre era aquel? Habíale visto antes, 47 VII | absorbía su atención, ver si era rubio o moreno, si vestía 48 VII | aún. El tal se alejaba: era joven, de buena estatura; 49 VII | prendas de vestir. El traje era gris, la corbata de lazada 50 VII | que no y qué sé yo... Esto era lo bonito y decente. Bajaron, 51 VIII | más años. ¡Qué tonta! ¡Si era un muchacho!... Y su edad 52 VIII | en el cielo. ¿Pero quién era él, quién? Horacio Díaz, 53 VIII | referencias biográficas era más hablador Horacio que 54 VIII | imaginar, y por lo mismo que ya era feliz, gozaba en revolver 55 VIII | actos del hombre, todo esto era letra muerta para él. No 56 VIII | su abuelo había sido y era el terror de toda la familia. 57 VIII | estos trabajos y martirios era un dependiente de la casa, 58 VIII | contrariar al amo, de quien era como un perro fiel, dispensaba 59 VIII | esparciese el ánimo. El chico era dócil, y de muy endebles 60 VIII | hasta de edad carecía. No era joven ni tampoco viejo. ~ 61 VIII | existencia. ~El feroz abuelo era también avaro, de la escuela 62 VIII | Este ramo del vivir era el que en mayores cuidados 63 VIII | salvar el alma, lo primerito era que Horacio se curase de 64 VIII | Pues bien, todo su empeño era reacuñar a su nieto con 65 IX | había deparado el Cielo era una excepción entre todos 66 IX | existía, que tanta belleza era mentira, engaño de la mente. 67 IX | qué había de suceder! Era yo como un seminarista sin 68 IX | propios instintos, pues no era el niño - viejo tan vicioso 69 IX | extremaba el libertinaje no era bastante hombre, y me recreaba 70 IX | fueron más reposadas, y ya no era yo el zangolotino que llega 71 IX | aquel espiritualismo, que era como bocanadas de incienso 72 IX | chorretazos de lágrimas. Ni era posible decir si aquello 73 IX | posible decir si aquello era en ambos felicidad o una 74 IX | Tristana, particularmente, era insaciable en el continuo 75 IX | esperábales Saturna, y allí era la separación, algunas noches 76 X | sin poder...? No, no, esto era imposible. Habría paseíto, 77 X | el encanto de las cosas era una proyección de sí mismos. 78 X | tan grande como su deseo era su temor de encariñarse 79 XI | no me permitió resistir. Era yo entonces un poco más 80 XI | niña muy acongojada que era esto más fácil de decir 81 XI | figura de D. Lope, más viva era su resolución de burlar 82 XII | calientes: lo que pedía era la compañía dulce de la 83 XII | acabar de perder el miedo! Era un presentimiento, ¿verdad? ¡ 84 XII | la delicadeza, en la cual era tan extremado, que ni una 85 XIII | resultaría que también ella era pintora! No le faltaban, 86 XIII | uno de los cobradores, que era su amigo, le preguntó: « 87 XIV | bueno de Horacio que aquel era el amor de toda su vida, 88 XV | realmente bonito a no poder más era el presente, y Horacio se 89 XV | de la eterna gloria. Mas era hombre de carácter grave, 90 XV | posible de los sucesos. No era de estos que fácilmente 91 XV | ejercía, fenómeno que en él era como una dulce enfermedad, 92 XV | del mismo modo. Jovial, era deliciosa la niña; enojada, ./. 93 XV | llamarse, de la ternura, era la señorita de Reluz igualmente 94 XV | obscuridad del morir. ~El arte era el que salía perdiendo con 95 XV | en la misma Italia. Dante era su única pasión literaria. 96 XV | con el de señó Juan, que era un gitano muy bruto y de 97 XV | llamaba él por su nombre. Ya era Beatrice, ya Francesca, 98 XVI | indefinibles. ¿Qué tenía? No le era fácil contestarse. Desde 99 XVI | anormales de su vida. Y no era que en aquellas horas de 100 XVI | tristes noches de doña Trini. Era esta de dulcísimo carácter, 101 XVI | lástima de la pobre viuda. ¡Era tan natural que no quisiera 102 XVI | de alejarse, sabiendo que era por tiempo breve; probar 103 XVII | Tan voluble y extremosa era en sus impresiones la señorita 104 XVII | pequeñeces domésticas. Suya era la hermosa casa en que vivía 105 XVII | buena conservación, suya era también, y el fresal espeso, 106 XVII | dicho se está que al punto era comunicado a Tristana. ~ 107 XIX | parciales el gran cuadro que era tu ilusión y la mía, el 108 XX | el libertino inservible era hombre de buenos sentimientos 109 XX | esperanzas de pronto remedio. Era cosa larga, ¡ay!, según 110 XX | cabeza al aire, Tristana no era ya ni sombra de sí misma. 111 XX | lindo rostro parecía formado era ya de una diafanidad y de 112 XX | dejas, según te acomode. ~No era la primera vez que D. Lope 113 XXII | increíble de preguntarse si era él como era, o como lo pintaba 114 XXII | preguntarse si era él como era, o como lo pintaba con su 115 XXII | otra vez, porque su sucesor era de los que todo lo curan 116 XXII | corazón, este corazón que era de bronce y ahora es pura 117 XXII | risueño, y aseguró que aquello era cosa de días. Revivió en 118 XXIII | la enviase a su destino. Era la primera vez que no se 119 XXIII | ella se derivaba, pues no era la ocasión muy propicia 120 XXIII | radicalmente, que su excitación era precursora de la mejoría 121 XXIII | entren en caja». Mas no era fácil engañarla. La pobre 122 XXIV | fingir que su situación era de las más florecientes. 123 XXIV | pieza fácil. Algo tarde era ya para adquirir la destreza, 124 XXVI | brusca. Aquel hombre no era el mismo que, borrado de 125 XXVII | representármele como antes era». ~ - Y qué, ¿gana o pierde 126 XXVII | cuerpo, lo que antes desdeñó era ya para ella como risueña 127 XXVII | a la deliciosa vida que era ya su pasión más ardiente. 128 XXVII | todo cuanto allí ocurría era que Horacio dejó de ser 129 XXVII | circunstancia digna de notarse era que jamás hablaban de lo 130 XXVII | maravillosas aptitudes. Era el profesor un hombre chiquitín, 131 XXVII | mujer, qué divinidad! ~No le era fácil a Horacio disimular 132 XXVII | ocurría, su aislamiento era completo, absoluto. Día 133 XXVII | en peligro de muerte. Así era la verdad, y a los tres 134 XXVII | vería más a Horacio. Y así era, así fue... Una mañana de 135 XXVIII| sobre sí misma, que no le era fácil a D. Lepe conocer 136 XXVIII| cartas amistosas, Garrido era el encargado de leerlas 137 XXVIII| arrancada la de carne y hueso era de lo más perfecto en su 138 XXVIII| metamorfosis? ¿O quizás tal mudanza era sólo exterior, y por dentro 139 XXVIII| las perfecciones. Si antes era un hombre, luego fue Dios, 140 XXVIII| más que el segundo, que era seguramente el definitivo. ~ 141 XXIX | si ponían huevo, si este era grande, y, por fin, preparar