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179 o
Benito Pérez Galdós
Tristana

IntraText - Concordancias

d

    Capítulo
1 I | maleantes; pero él respondía por D. Lope Garrido. Andando el 2 I | partida de bautismo rezaba D. Juan López Garrido, resultando 3 I | resultando que aquel sonoro D. Lope era composición del 4 I | había que matarle o decirle D. Lope. ~La edad del buen 5 I | verde que de la madura. Fue D. Lope Garrido, dicho sea 6 I | ocupación profesional, el buen D. Lope, que había gozado 7 I | hacerse constar es que si D. Lope era todo afabilidad 8 I | para estreno la casa de D. Lope, que no era ciertamente 9 I | mozuela bonita, con el gran D. Lope, jefe y señor de aquel 10 I | esposa, ni nada del gran D. Lope; no era nada y lo 11 II | luz posible en torno del D. Lope, para que no se le 12 II | física. La caballerosidad de D. Lope, como fenómeno externo, 13 II | duelístico era consultado el gran D. Lope, que opinaba y sentenciaba 14 II | nacida. ~Con tales ideas, a D. Lope le resultaban muy 15 II | el Ejército, las ideas de D. Lope picaban en extravagancia. 16 II | ni escritos el ingenioso D. Lope, porque no encontraba 17 II | entrañablemente, de nombre D. Antonio Reluz, compinche 18 II | otra cosa era, del buen D. Lope. Reluz, al casarse 19 III | patente que le quitara a D. Lope las ganas de cortejarla, 20 III | de lo desconocido. ~Quiso D. Lope poner mano en este 21 III | Con toda el alma lamentaba D. Lope la liquidación cerebral 22 III | memoria largos parlamentos de D. Gil de las Calzas verdes, 23 III | tanto amó. Un día quiso D. Lope despertar los recuerdos 24 III | ignoraba quién podría ser D. Pedro Calderón, y al pronto 25 III | perfumería y comestibles, tuvo D. Lope que dar otro tiento 26 III | de mercachifles. Cuando D. Lope vio salir su precioso 27 III | tiempo de volverlos también a D. Lope, que presente estaba, 28 III | Tristana se fue a vivir con D. Lope, y que este... (hay 29 IV | paradas deplorables. Era que D. Lope, por añejo dogma de 30 IV | chispa, y la conciencia de D. Lope, en casos de amor, 31 IV | apadrinar los disparates de D. Lope, y derogaran los articulitos 32 IV | sabía emplear el tuno de D. Lope, quien compensaba 33 IV | venturas de amor pueden ser. D. Lope le cultivaba con esmero 34 IV | podían durar: un día advirtió D. Lope que había terminado 35 IV | recobrarse. Bruscamente vio en D. Lope al viejo, y agrandaba 36 IV | papeles de galán. Y no era D. Lope aún tan viejo como 37 IV | llevaba, bajo el poder de D. Lope Garrido. ~ 38 V | siempre peligroso. Era que D. Lope, sin que ninguno de 39 V | Saturna enseñaba, la niña de D. Lope creaba, fundando sus 40 V | de abandonar la morada de D. Lope, oyó en su mente el 41 V | muy lejos: su tío materno D. Fernando, en Filipinas; 42 V | la endiablada sombra de D. Lope. Contra esto, no obstante, 43 VI | entretenían en poner en solfa a D. Lope, el cual, al verse 44 VI | trasnochadas de la vida del D. Juan caído sacaban las 45 VI | gracioso del caso era que, como D. Lope ignoraba en absoluto 46 VI | recorte de las economías; pero D. Lope sacrificó su presunción 47 VI | mudanzas, en el cual tenía D. Lope su archivo galante. 48 VI | desgarrado y sucio. La cama de D. Lope, de madera con columnas 49 VI | sofocación del pecho. Renegaba D. Lope y ponía el grito en 50 VII | maldita falta les hacía el D. de la palabra! En alguna 51 VII | pensamiento de la esclava de D. Lope, y al día siguiente, 52 VII | se atrevía la esclava de D. Lope a volver la cabeza, 53 VII | respuestas de la niña de D. Lope, aquel sí pronunciado 54 VIII | hablador Horacio que la niña de D. Lope. Esta, con muchísimas 55 VIII | Para llegar a este fin, que D. Felipe Díaz conceptuaba 56 VIII | Igualmente despreciaba D. Felipe a los cómicos y 57 VIII | una mañana, hallándose D. Felipe en su escritorio 58 IX | fin en el escritorio de D. Felipe, me entretenía en 59 X | Atlas; pero tenía miedo de D. Lope, viéndole ya cual 60 X | acentuaba de día en día. D. Lope llegó al colmo de 61 X | arranques de mal genio, D. Lope llegó a inspirar a 62 X | Habría paseíto, aunque D. Lope enfermase o se muriera. 63 X | las odiosas caricias del D. Juan caduco. «Y lo raro 64 X | Al propio tiempo, volvió D. Lope a poner en el cuidado 65 XI | gentes de Chamberí, hija de D. Lope. Pero Saturna, al 66 XI | señorita es casada, y ese D. Lope, que usted cree papá, 67 XI | que unían a Tristana con D. Lope. «No, si no le quiero - 68 XI | dejó memoria triste, como D. Juan Tenorio. En palacios 69 XI | en su mente la figura de D. Lope, más viva era su resolución 70 XI | sopa. Durante la comida, D. Lope estuvo decidor, y 71 XI | comió se le volvía veneno. A D. Lope no le faltaba apetito 72 XI | equivocas... yo no tengo...». D. Lope se le imponía de tal 73 XII | XII - ~«Lo - añadió el D. Juan en decadencia, quitándose 74 XII | Los penetrantes ojos de D. Lope, clavados en ella, 75 XII | llorar tan sin consuelo, que D. Lope varió bruscamente 76 XII | habría sido peor - replicó D. Lope, defendiéndose como 77 XII | transcurrido media hora cuando D. Lope tiró de la campanilla 78 XII | Mátame cuando quieras». ~Y D. Lope, al verla salir en 79 XIII | diversos asuntos, esquivando D. Lope, con fría táctica, 80 XIII | inteligencia soberana, que D. Lope, refrenando sus ganas 81 XIII | sí, le conozco - replicó D. Lope - . Ese que... ~ - 82 XIII | tapa. Suba y véalo todo, D. Lope. Es buen chico ese 83 XIII | Lope. Es buen chico ese D. Horacio, y le recibirá 84 XV | saladísimos; remedaba a su viejo D. Lope; y, en suma, tales 85 XV | Saturna no le llama sino D. Lepe, y así le llamaré 86 XV | gustaría oírle contar a D. Lope sus historias galantes. ~ 87 XV | y la tal se escapo con D. Lope a Barcelona. Allí 88 XV | Concilio de Trento y que D. Alfonso el Sabio... oye 89 XV | esa puerta y apareciera tu D. Lope...? ~ - ¡Ay! Tú no 90 XV | Ay! Tú no conoces a D. Lepe. D. Lepe no viene 91 XV | Tú no conoces a D. Lepe. D. Lepe no viene aquí, ni 92 XV | parole di dolore, accenti d'ira... Ya, ya; la congruencia 93 XVI | colección de revólveres tiene mi D. Lepe! Y te advierto que 94 XVII | mueres, y viene a contármelo D. Lope con cara de regocijo, 95 XVIII | Mistificador! ~»Noticia fresca. D. Lope, el gran D. Lope, 96 XVIII | fresca. D. Lope, el gran D. Lope, ante quien muda se 97 XVIII | le tenga lástima al pobre D. Juan caído, porque fuera 98 XVIII | aprender una profesión. ¡Pobre D. Lepe! Antes se reía de 99 XVIII | nos hemos ponido a leer a D. Guillermo, al inmenso poeta, 100 XIX | camelias? No, hijo mío. Es que D. Lope me ha pegado su reuma. 101 XIX | Hombre, no te asustes; D. Lope no puede pegarme nada, 102 XIX | Qué alivio, qué alegrón! D. Lope celebra mi mejoría; 103 XIX | infernal, amanecí en un grito. D. Lope trajo al médico, un 104 XIX | muy tranquilizador, aunque D. Lepe asegura lo contrario, 105 XIX | fusilaran a Saturna, que a D. Lope le azotaran públicamente, 106 XX | Enero, entró en su casa D. Lope Garrido melancólico 107 XX | en este cambiazo, porque D. Lope apenas salía de noche, 108 XX | de cojera. ~Entró, pues, D. Lope, y soltando la capa 109 XX | Qué tal, mona? - le dijo D. Lope, acariciándole la 110 XX | medicamento externo, dice D. Augusto que sigamos con 111 XX | que lo dijo enterneció a D. Lope, hombre valiente y 112 XX | No era la primera vez que D. Lope le hablaba en este 113 XX | epistolar, entró inesperadamente D. Lope, y como la viese esconder 114 XX | tan tranquila. En tanto, D. Lepe, metido en su cuarto 115 XX | probar que cuando el gran D. Lope se atufa, nadie puede 116 XX | misterioso despotismo que D. Lope ejercía sobre ella, 117 XXI | pichona? - le preguntó D. Lepe, besando sus manos, 118 XXI | hablando de lo mismo, y D. Lope, con suma habilidad 119 XXII | pluma la visionaria niña de D. Lepe. Pero su inquietud 120 XXII | en Madrid y en la casa de D. Lope cosas de extraordinaria 121 XXII | ánimo que requería el caso, D. Lope creía conjurar el 122 XXII | compendiosas, que el mismo D. Lope, sin hacer ya misterio 123 XXII | y aún no estaba contento D. Lope, decidido a emplear 124 XXII | hierbas callejeras. Oírlo D. Lope y mandar que viniera 125 XXII | y poco le importaba que D. Augusto pusiese mala cara. 126 XXII | cosa de días. Revivió en D. Lepe la esperanza; hízose 127 XXII | provecho a la enferma. Maldijo D. Lope a todas las charlatanas 128 XXII | Echose a llorar, y el bravo D. Lepe necesitó evocar todo 129 XXII | tramadas, encerrose Miquis con D. Lope en el cuarto de este, 130 XXII | propia del caso. ~«Amigo D. Lope - dijo, poniendo sus 131 XXII | ustedes de la misa la media... D. Augusto, por la salvación 132 XXII | mayores peligros!... ~ - Sr. D. Lope - dijo Miquis con 133 XXII | me muero... yo no sirvo, D. Augusto... ~ - ¡Pobrecilla! 134 XXIII | quedarás buenísima - dijo D. Lope, envalentonándose 135 XXIII | hora, y solos Tristana y D. Lope, estuvieron un ratito 136 XXIII | y por fin la entregó a D. Lope, abierta, para que 137 XXIII | sentimientos tristísimos que D. Lope no sacó del corazón 138 XXIII | antisépticos. Recibioles D. Lope como si recibiera 139 XXIII | Augusto, a punto que entraba D. Lope consternado, medio 140 XXIII | pensamiento los llamaba D. Lope, y en cuanto creyeron 141 XXIII | manos en la triste obra. D. Lope trincaba los dientes, 142 XXIII | del diligente bisturí vio D. Lope la primera sangre, 143 XXIV | tal mi niña? - le preguntó D. Lope haciéndole caricias. ~ 144 XXIV | esas bromas». ~Augusto y D. Lope, cuando los otros 145 XXIV | al principio agradaron a D. Lope; mas no tardó el buen 146 XXIV | descontenta de sí misma, dijo a D. Lope: «¡Vaya, que tantos 147 XXIV | escribiré... yo sola». ~Dejola D. Lope un momento, y escribió 148 XXIV | señorita por hallarse presente D. Lepe. La carta... aquí 149 XXIV | echarla al correo, si el D. Horacio está en Madrid? 150 XXIV | Dice que se avistará con D. Lope para cantarle clarito. ~ - ¡ 151 XXIV | que a la casa le amarraba, D. Lope salía muy a menudo, 152 XXIV | señorita disimulaba el pobre D. Lepe las horribles amarguras 153 XXIV | al profesor anunciado por D. Lope, oía en su mente las 154 XXIV | mano en alguna copia, y D. Lope prometió traerle buenos 155 XXV | pensaba de ello el suspicaz D. Lope. No quiso la sirviente 156 XXV | Saturna - replicó D. Lope, golpeando en la mesa 157 XXV | cómo se dice?, un rasgo, D. Lepe, digo, don Lope... 158 XXV | que es cosa fea, digo que D. Horacio es un buen mozo... 159 XXV | últimas ideas expresadas por D. Lope. ~«Señor, lo que yo 160 XXV | No hay tiempo que perder. D. Horacio tiene mucha prisa... ~ ./. 161 XXV | dado por Saturna, dirigiose D. Lope al estudio, y al subir, 162 XXV | preguntarme: ¿Y es usted aquel D. Lope...? Nunca creí que 163 XXV | dispuesto el pintor a tratar a D. Lope según los aires que 164 XXV | usted...». ~ - De modo, Sr. D. Lope - dijo Horacio con 165 XXV | alguna malicia. Sí, Sr. D. Horacio, usted puede ir, 166 XXV | donosísimas que después le dijo D. Lope pertinentes a la vida 167 XXVI | pedazo de ángel! - decía D. Lope, dejando atrás, con 168 XXVI | de la entrevista. Fingió D. Lope que se ausentaba, 169 XXVI | compasión. ~Entretanto, D. Lope iba y venía sin sosiego 170 XXVI | Llamándola al pasillo, D. Lope la interrogó con vivo 171 XXVI | Pero debo considerar que D. Lope, concediéndome verte, 172 XXVI | la estancia, sorprendió a D. Lope en el pasillo y se 173 XXVI | discreción interpretada por D. Lope como delicadeza o 174 XXVI | cierto género que agobiaban a D. Lope, se arrancó a proponer 175 XXVII | No es de estos - añadió D. Lope - , que al dejar de 176 XXVII | palabra de amor. Introdújose D. Lope en la habitación cuando 177 XXVII | que, contra la creencia de D. Lope, parecía del agrado 178 XXVII | cuantos aquel milagro veían. D. Lope estaba verdaderamente 179 XXVII | Santa Cecilia! - exclamaba D. Lope con entusiasmo, que 180 XXVII | estancia, con muletas, y a D. Lope y al otro viejo se 181 XXVII | él y Tristana, y el mismo D. Lope, las cuales en todo 182 XXVII | mañana de Noviembre entró D. Lope con cara grave en 183 XXVII | No sabes?... Nuestro D. Horacio se casa». ~ 184 XXVIII| misma, que no le era fácil a D. Lepe conocer a ciencia 185 XXVIII| cómo había de saber esto D. Lope, si ella misma no 186 XXVIII| inocente inclinación, mudose D. Lope desde lo alto del 187 XXVIII| domicilio le vino bien a D. Lope por el lado económico, 188 XXVIII| novenas y manifiestos. Cuando D. Lope notó esta nueva fase 189 XXVIII| comunión. ~Y como el buen D. Lepe, no viviendo ya más 190 XXIX | XXIX - ~No tuvo la vejez de D. Lope toda la tristeza y 191 XXIX | carnal, el arcediano de Baeza D. Primitivo de Acuña, el 192 XXIX | moral: conferenciaron; oyole D. Lope con indignación, partió 193 XXIX | radicales y disolventes, como D. Lope! ~«Aunque estoy lelo - 194 XXIX | hecho... ¡Quién lo diría! D. Lope, que en aquellos tiempos 195 XXIX | iglesia, todavía no estaba D. Lope seguro de haber abjurado 196 XXIX | ánimos para vivir mucho! D. Lope no cabía en sí de 197 XXIX | tan bien, tan bien, que D. Lope, después de catarlos,


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